Prevención de la toxoplasmosis en gestantes y actuación en caso de primoinfección

Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 3–Marzo 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº3: 5

Autor principal (primer firmante): Nieves Pina Fuertes

Fecha recepción: 1 de Febrero, 2022

Fecha aceptación: 27 de Febrero, 2022

Ref.: Ocronos. 2022;5(3) 5

Autoras:

Nieves Pina Fuertes (Matrona), Patricia Marcos De Marco (Matrona), Rocío Alcántara Cano (Matrona), María Sampietro Palomares (Matrona), Lara Sánchez Serrano (Matrona), María del Carmen Llorente González (Matrona).

Resumen

La toxoplasmosis es una infección causada por el protozoo Toxoplasma Gondii, esta enfermedad es poco frecuente en España, sin embargo, si se contrae durante el embarazo ocasiona complicaciones graves en el feto.

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La sintomatología de la enfermedad para la mujer es leve o incluso asintomática, pero la infección neonatal puede ocasionar hidrocefalia, coriorretinitis, convulsiones y calcificaciones intracraneales en el feto, siendo esta afectación fetal más grave, si la infección se produce al inicio del embarazo con respecto a una gestación avanzada.

En esta revisión, se trata de conocer las recomendaciones de prevención en las mujeres no infectadas y del tratamiento en caso de una infección.

Introducción

La toxoplasmosis congénita es una enfermedad poco frecuente, pero si se produce, puede producir graves complicaciones para el feto, dejando importantes secuelas en el recién nacido, por lo que hace que sea motivo de interés y preocupación por parte de obstetras y pediatras.

La incidencia de la toxoplasmosis gestacional y congénita varía mucho de unos países a otros e incluso de unas regiones a otras dentro del propio país. En España, la seroprevalencia de toxoplasmosis en mujeres embarazadas en los últimos años en nuestro país está entre el 11 y el 28%, mientras que la incidencia de toxoplasmosis gestacional es del 1,9‰

Esta infección es causada por el protozoo Toxoplasma Gondii.

La vía de transmisión es alimentaria, por contacto directo con heces de gato o a través de tierra y agua contaminada, siendo la infección congénita, por transmisión transplacentaria.

El periodo de incubación en los humanos es de 10 a 23 días tras la ingestión de carne contaminada y de 5 a 20 días después de la exposición a gatos infectados.

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El riesgo de transmisión es mayor a medida que aumenta la gestación, siendo la afectación fetal más grave, cuando la mujer embarazada, se infecta al principio del embarazo.

Las embarazadas infectadas suelen ser asintomáticas o con síntomas leves, malestar general, fiebre y linfadenopatías.

La afectación neonatal, suele ser asintomática en el 85% de los recién nacidos, pero a largo plazo un 20-30% pueden desarrollar alteraciones oculares. La infección neonatal sintomática cursa con la Tétrada de Sabin (hidrocefalia, calcificaciones intracraneales, coriorretinitis y convulsiones). Además de bajo peso, hepatoesplenomegalia, ictericia y anemia. Las secuelas neurológicas permanentes se desarrollan en el 4% de los recién nacidos infectados.

El diagnóstico de la enfermedad se realiza a través de un estudio serológico, determinando la IgG y IgM en suero materno. En caso de una infección primaria materna, se investiga la infección fetal con ecografía y PCR en líquido amniótico.

Dada la gravedad en caso de contraer la enfermedad y con el fin de disminuir la morbilidad y mortalidad atribuible a la toxoplasmosis, es necesaria una revisión de las recomendaciones de prevención en las mujeres no infectadas y del tratamiento en caso de infección.

Metodología

Se ha realizado una revisión bibliográfica en las bases de datos PubMed y Cochrane. Palabras clave: infección, embarazo, toxoplasmosis, toxoplasmosis congénita.

Objetivo

Conocer las medidas actuales de prevención de la toxoplasmosis en mujeres embarazadas y el manejo en los casos de infección confirmada.

Resultados

El riesgo de enfermedad grave en el recién nacido en caso de que la madre contraiga la enfermedad, hace necesario realizar una prevención primaria adecuada.

Su éxito depende de la modificación de hábitos y estilos de vida.

Las recomendaciones deben incluir higiene de manos, higiene en la manipulación de alimentos (limpieza de las superficies), evitar beber agua potable no tratada, utilizar guantes en trabajos que impliquen contacto con arena o tierra, evitar adoptar gatos nuevos mientras se está embarazada y si ya se tienen, evitar cambiar la caja de arena o utilizar guantes, realizando un lavado de manos posterior, en caso de que la gestante tenga que cambiar el arenero.

En cuanto a las medidas dietéticas, se recomienda cocinar la carne a temperatura suficiente (cortes enteros >63º y dejar reposar 3 min, cortes troceados >71º sin tiempo de reposo, aves de corral >74º y reposar 3 minutos), congelar la carne antes de consumir durante varios días, las frutas y verduras lavarlas a fondo y pelarlas en la medida de lo posible.

En embarazadas con diagnóstico de infección por toxoplasma, la actuación se basa en el tratamiento prenatal de la toxoplasmosis, persiguiendo dos objetivos: disminuir el riesgo de infección fetal y disminuir las secuelas de los fetos infectados.

El tratamiento farmacológico consiste en la administración de espiramicina, ya que demuestra un beneficio si se inicia de forma temprana después de su diagnóstico y ayuda a disminuir la probabilidad de infección fetal y su gravedad.

En caso de confirmación de infección fetal de toxoplasmosis en el líquido amniótico, se recomienda el cambio a pirimetamina más sulfadiazina y ácido folínico. Se utiliza esta combinación para disminuir las secuelas en los fetos infectados, siendo un tratamiento controvertido.

En cuanto al cribado prenatal de la toxoplasmosis, según la sociedad española de ginecología y obstetricia, considera que no cumple los criterios necesarios para ser aplicado rutinariamente, aunque en la práctica clínica se solicita de forma trimestral a la mayoría de las gestantes seronegativas.

Conclusión

El desarrollo de una infección por toxoplasmosis en mujeres embarazadas es de suma importancia, ya que puede afectar al feto produciéndole secuelas muy graves.

Las gestantes son susceptibles de padecer la enfermedad, pero no es una población de más riesgo de infección. Es importante disminuir el riesgo de exposición, mediante las medidas descritas y en caso de producirse la infección, detectarla lo antes posible para coordinar la actuación profesional y por tanto del tratamiento.

Las recomendaciones y acciones de promoción y prevención deben ir dirigidas a todas las gestantes, informándoles de los riesgos si se produce la infección. Así mismo, no es necesario efectuar cribados masivos en mujeres embarazadas sanas, si las medidas de educación para la salud son adecuadas.

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