La prevención en el ámbito sanitario tras la pandemia COVID-19

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 12–Diciembre 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº 12: 312

Autor principal (primer firmante): Luis Miguel Riestra Fernández

Fecha recepción: 22/11/2023

Fecha aceptación: 19/12/2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(12): 312

Autor: Luis Miguel Riestra Fernández – Logopeda – Celador

Introducción

Tras haber pasado la fase más compleja de la pandemia, los altos niveles de inmunidad alcanzados en la población española han determinado un cambio significativo con respecto al trato hacia el COVID-19, que apoya un cambio hacia estrategias diferentes, y que además dirija y vigile las actuaciones tanto a personas como a ámbitos de mayor vulnerabilidad.

Este cambio de estrategia, con mayor control del COVID-19 implica aceptar un cierto nivel de transmisión del SARS-CoV-2 (no olvidemos que el virus sigue existiendo), tanto en poblaciones vacunadas como en jóvenes, en las que la infección tiene un impacto menor y menos visible.

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Reflejaremos cómo ha avanzado la sanidad en el momento actual después de la pandemia y la aparición de las vacunas, y si hay cambios significativos para seguir luchando contra este grave problema de salud pública.

Desarrollo

Cuando se declaró el estado de alarma y se produjo el confinamiento a nivel nacional, se implantaron duras y estrictas medidas de seguridad ante el desconocimiento del funcionamiento del virus y la falta de herramientas para luchar contra él. Actualmente tras la vacunación, se mantienen en vigor varias de ellas y en la mayoría de los casos se sugieren como recomendación (como por ejemplo la mascarilla o la distancia social).

En marzo de 2022 la Comisión de Salud Pública (CSP), actualizó la “Estrategia de Vigilancia y Control frente a la COVID-19” tras la fase aguda de la pandemia. Las indicaciones para realizar pruebas, se modificaron de tal forma que se centran en personas con factores de vulnerabilidad, en los ámbitos vulnerables (sanitarios y sociosanitarios) y en casos graves.

Esta estrategia se aplica siempre que los indicadores de utilización de servicios asistenciales se encuentren en nivel de riesgo bajo.

La CSP concluye que estos cambios se fundamentan principalmente en los altos niveles de inmunidad alcanzados por la población española, gracias a la administración de las vacunas y a su efectividad.

Estos hechos han determinado un cambio en la epidemiología del virus que apoya la transición hacia estrategias diferentes que controlen las actuaciones a personas y ámbitos de mayor vulnerabilidad, llegando a monitorizar los casos de COVID-19 más graves (sobre todo mayores de 60 años, inmunodeprimidos y embarazadas).

Los trabajadores en áreas asistenciales de centros sanitarios, centros sociosanitarios, y que están al cuidado de personas vulnerables que se infecten con el virus, se les permite reubicarse en áreas del centro de trabajo calificadas como “no vulnerables” o pedir el teletrabajo. Si no es viable ninguna de las opciones, en la mayoría de centros se les permite ausentarse del trabajo una media de 5 días, y si pasado el tiempo estipulado (siempre que pasen 24 horas tras la desaparición de los síntomas), si el resultado de la siguiente prueba es negativo podrán volver a incorporarse a su puesto de trabajo.

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En todo caso, a partir del séptimo día desde el inicio de síntomas o desde la prueba positiva en el caso de personas asintomáticas, y siempre que el trabajador esté asintomático/a o con síntomas residuales, se podrá incorporar a su puesto de trabajo con las correspondientes medidas de protección.

En relación al control de la COVID-19 en la población general, los casos confirmados que sean leves y asintomáticos no realizarán ningún tipo de aislamiento y sus contactos estrechos no realizarán cuarentena alguna.

Sin embargo, se emitirán recomendaciones dirigidas a las medidas preventivas como la utilización de la mascarilla en todos los ámbitos y evitar contacto con las personas más vulnerables. En los ámbitos vulnerables, como centros sanitarios asistenciales o sociosanitarios, se podrán implementar medidas específicas de aislamiento y control propias.

Debemos resaltar que las estructuras extraordinarias de vigilancia y control creadas durante la pandemia se mantendrán operativas, para controlar indicadores clave que permitan detectar precoz y eficazmente los cambios en la situación que puedan requerir reimplantar o reorganizar las medidas de control.

Seguirán en vigor, mientras no se produzcan cambios significativos en la tendencia que indiquen una circulación no controlada del SARS-CoV-2, o bien un cambio en la situación epidemiológica que requiera restablecer medidas de vigilancia y control especiales.

Conclusiones

En España más del 92% de la población mayor de 12 años se encuentra vacunada con la pauta completa de vacunación. La evidencia indica que las vacunas contra el virus tienen una efectividad muy alta para reducir los riesgos graves de la enfermedad, así como su mortalidad.

Sin embargo, aunque las vacunas reducen la probabilidad de infección, son menos eficaces para evitar la replicación del virus en la mucosa de las vías respiratorias superiores de los vacunados, por lo que es posible la transmisión a partir de personas vacunadas que se hayan infectado incluso si la enfermedad es leve o asintomática.

Con ello queremos decir que la situación, aunque haya mejorado no podemos descuidar que el virus sigue existiendo y evolucionando, y que debemos de mantener y adaptar los protocolos de seguridad en la sanidad en prevención a futuros problemas de esta índole.

Bibliografía

  1. nueva_estrategia_vigilancia_y_control_08 _11_2022_adaptada_cm.pdf (comunidad.madrid)
  2. 29290c0c-447a-51c6-95 5e-2c427333cf33 (araba.eus)
  3. Ministerio de Sanidad – Gabinete de Prensa – Notas de Prensa