Papel de Enfermería en la identificación precoz de la fragilidad tecnológica en personas mayores

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 144

Autor principal (primer firmante): M.Carmen Sanchez Sanchez

Fecha recepción: 06/08/2026

Fecha aceptación: 02/09/2026

Fecha de publicación: 04/09/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 144

Autores:

  • M.Carmen Sanchez Sanchez – Especialista en Enfermería familiar y comunitaria.
  • Beatriz Villar Brun – Enfermera
  • Alba María Maldonado Calvo – Fisioterapeuta
  • Ana Julian Martinez – Enfermera especialista familiar y comunitaria
  • Ana Mañas Bernad – Enfermera especialista familiar y comunitaria
  • María del Mar Bueso Alberdi – TCAE

Palabras clave:

Fragilidad tecnológica; personas mayores; Enfermería; salud digital; alfabetización digital; atención primaria.

Resumen

La transformación digital de los sistemas sanitarios ha mejorado el acceso a la información y ha ampliado las posibilidades de seguimiento clínico. Sin embargo, no todas las personas mayores disponen de las competencias necesarias para beneficiarse de estas herramientas, lo que puede generar situaciones de vulnerabilidad conocidas como fragilidad tecnológica. Este concepto hace referencia a la dificultad para acceder, comprender o utilizar recursos digitales relacionados con la salud. El objetivo de este trabajo es analizar el papel de la Enfermería en la identificación precoz de la fragilidad tecnológica en personas mayores y revisar las estrategias dirigidas a prevenir sus consecuencias. La evidencia científica muestra que la detección temprana de estas limitaciones y el desarrollo de intervenciones educativas individualizadas favorecen la inclusión digital y mejoran la continuidad asistencial.

Introducción

La incorporación de las tecnologías digitales al ámbito sanitario ha transformado la forma en que las personas acceden a la atención médica y participan en el cuidado de su salud. La utilización de aplicaciones móviles, consultas telemáticas, portales del paciente y sistemas de telemonitorización se ha extendido progresivamente, ofreciendo nuevas oportunidades para mejorar la calidad y la accesibilidad de los cuidados.

No obstante, el avance tecnológico también ha puesto de manifiesto desigualdades relacionadas con la capacidad para utilizar estas herramientas. Las personas mayores constituyen uno de los grupos más vulnerables debido a factores como la falta de experiencia con dispositivos digitales, las limitaciones sensoriales, el deterioro cognitivo o la ausencia de apoyo social.

En este contexto surge el concepto de fragilidad tecnológica, entendido como la situación en la que una persona presenta dificultades para beneficiarse de los recursos digitales disponibles, lo que puede afectar a su autonomía y limitar su acceso a los servicios sanitarios.

La detección precoz de esta situación resulta esencial para evitar que la digitalización se convierta en un factor de exclusión. La Enfermería, por su cercanía al paciente y su visión integral de los cuidados, se encuentra en una posición privilegiada para identificar necesidades, valorar capacidades y desarrollar estrategias de apoyo adaptadas a cada persona.

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El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica sobre la fragilidad tecnológica en personas mayores y analizar el papel de la Enfermería en su identificación precoz y abordaje.

Desarrollo

El envejecimiento de la población y la creciente digitalización de los servicios sanitarios han modificado la relación entre los pacientes y el sistema de salud. Cada vez es más frecuente que las citas se gestionen mediante aplicaciones, que los resultados de pruebas se consulten a través de plataformas digitales o que el seguimiento de enfermedades crónicas se realice mediante dispositivos conectados.

Sin embargo, la capacidad para utilizar estas herramientas no es homogénea. Muchas personas mayores presentan dificultades para manejar teléfonos inteligentes, interpretar mensajes electrónicos o navegar por plataformas sanitarias. Estas limitaciones pueden provocar inseguridad, dependencia de terceros e incluso renuncia al acceso a determinados servicios.

La fragilidad tecnológica no depende únicamente de la edad. Factores como el nivel educativo, la situación económica, la experiencia previa con tecnologías o la existencia de limitaciones visuales y auditivas influyen de manera importante en la capacidad para interactuar con recursos digitales.

La Enfermería desempeña un papel fundamental en la detección precoz de estas dificultades. Durante las consultas y visitas domiciliarias es posible valorar aspectos relacionados con la alfabetización digital, la autonomía para utilizar dispositivos electrónicos y la confianza del paciente en el manejo de herramientas tecnológicas.

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La observación directa y la entrevista clínica permiten identificar señales de alerta, como la imposibilidad para solicitar citas por internet, el desconocimiento del uso de aplicaciones sanitarias o la necesidad constante de ayuda para acceder a información médica. Reconocer estas situaciones facilita la puesta en marcha de intervenciones tempranas.

Una vez identificada la fragilidad tecnológica, la Enfermería puede desarrollar actividades educativas orientadas a mejorar las competencias digitales del paciente. Estas intervenciones incluyen la enseñanza del manejo básico de dispositivos electrónicos, la explicación del funcionamiento de aplicaciones sanitarias y la promoción de hábitos seguros en el uso de internet.

El acompañamiento emocional también es relevante. Muchas personas mayores experimentan miedo a cometer errores o sienten frustración ante las dificultades tecnológicas. Crear un ambiente de confianza y respetar el ritmo de aprendizaje favorece una mejor aceptación y aumenta la motivación para adquirir nuevas habilidades.

Asimismo, la participación de familiares y cuidadores puede facilitar el proceso de adaptación tecnológica. Su colaboración permite reforzar los conocimientos adquiridos y ofrecer apoyo en situaciones en las que la autonomía del paciente es limitada.

Por otro lado, es importante que las instituciones sanitarias desarrollen herramientas digitales accesibles y adaptadas a las características de la población mayor. Interfaces sencillas, instrucciones claras y sistemas de apoyo pueden reducir las barreras de acceso y favorecer una utilización más equitativa de los recursos tecnológicos.

En consecuencia, la fragilidad tecnológica debe considerarse un nuevo determinante de la salud que requiere una atención específica por parte de los profesionales sanitarios, especialmente de Enfermería, para evitar situaciones de exclusión y promover la participación activa de las personas mayores en el cuidado de su salud.

Conclusiones

La fragilidad tecnológica constituye un fenómeno emergente asociado a la creciente digitalización de los servicios sanitarios y puede limitar la autonomía y el acceso a la atención de las personas mayores.

La Enfermería desempeña un papel esencial en la identificación precoz de esta situación mediante la valoración de las competencias digitales, la detección de barreras y el desarrollo de intervenciones educativas adaptadas a las necesidades individuales.

Promover la alfabetización digital y diseñar estrategias de apoyo específicas permitirá reducir desigualdades, favorecer la inclusión tecnológica y avanzar hacia modelos de atención más accesibles, humanizados y centrados en la persona.

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