El papel de Enfermería en la detección de la soledad no deseada en personas mayores

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 790

Autor principal (primer firmante): Ana Julian Martinez

Fecha recepción: 24/07/2026

Fecha aceptación: 20/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 790

Autores:

Ana Julian Martinez- Enfermera especialista familiar y comunitaria

Ana Mañas Bernad- Enfermera especialista familiar y comunitaria

María del Mar Bueso Alberdi- TCAE

M.Carmen Sanchez Sanchez- Enfermera especialista familiar y comunitaria

Beatriz Villar Brun- Enfermera

Alba María Maldonado Calvo- Fisioterapeuta

Palabras clave:

Soledad no deseada; personas mayores; Enfermería; envejecimiento; atención primaria; bienestar emocional.

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Resumen

La soledad no deseada se ha convertido en uno de los principales desafíos sociosanitarios asociados al envejecimiento de la población. Más allá de la ausencia de compañía, esta situación puede tener importantes consecuencias sobre la salud física, psicológica y social de las personas mayores. El profesional de Enfermería, por su proximidad y continuidad asistencial, ocupa una posición privilegiada para detectar precozmente situaciones de aislamiento social y desarrollar intervenciones orientadas a mejorar el bienestar de este grupo de población. El objetivo de este trabajo es analizar el papel de Enfermería en la identificación de la soledad no deseada y revisar las principales estrategias de actuación descritas en la literatura científica.

Introducción

El aumento de la esperanza de vida y los cambios en las estructuras familiares han modificado la forma en que muchas personas mayores viven y se relacionan con su entorno. Aunque vivir solo no implica necesariamente sentirse solo, existe un número creciente de personas que experimentan una sensación persistente de aislamiento emocional o social que afecta a su calidad de vida.

La soledad no deseada se define como la discrepancia entre las relaciones sociales que una persona desea tener y las que realmente mantiene. Se trata de una experiencia subjetiva que puede aparecer incluso en presencia de familiares o cuidadores y que se asocia a un mayor riesgo de deterioro funcional, depresión, fragilidad y mortalidad.

En los últimos años, este fenómeno ha adquirido una relevancia creciente en el ámbito sanitario debido a sus repercusiones sobre la salud y a la necesidad de implementar estrategias preventivas. En este contexto, Enfermería desempeña un papel fundamental, especialmente en atención primaria y en los servicios comunitarios, donde mantiene una relación cercana y continuada con las personas mayores.

El presente trabajo tiene como finalidad revisar la evidencia disponible sobre la detección de la soledad no deseada y analizar las intervenciones enfermeras dirigidas a prevenir sus consecuencias y promover un envejecimiento saludable.

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Desarrollo

La soledad no deseada es una realidad compleja influida por factores personales, sociales y económicos. La pérdida de seres queridos, la jubilación, las limitaciones físicas, las enfermedades crónicas o la reducción de las redes de apoyo pueden favorecer su aparición y aumentar la vulnerabilidad de las personas mayores.

La literatura científica muestra que esta situación no solo afecta al bienestar emocional, sino que también se relaciona con un peor estado de salud general. Las personas que experimentan soledad presentan con mayor frecuencia síntomas depresivos, trastornos del sueño, deterioro cognitivo y un mayor riesgo de hospitalización. Además, la sensación de aislamiento puede disminuir la adherencia a los tratamientos y dificultar el autocuidado.

Ante esta realidad, la detección precoz adquiere una importancia fundamental. El profesional de Enfermería, debido a su contacto habitual con los pacientes y a la visión integral que caracteriza su práctica, se encuentra en una posición privilegiada para identificar señales de alarma. Cambios en el estado de ánimo, disminución de la participación social, falta de apoyo familiar o expresiones relacionadas con sentimientos de abandono pueden constituir indicadores de una posible situación de soledad no deseada.

La escucha activa y la creación de un clima de confianza permiten abordar este tema de manera natural y respetuosa. En ocasiones, las personas mayores no expresan abiertamente sus sentimientos de soledad por miedo al rechazo o por considerar que forman parte del envejecimiento normal. Por ello, es necesario que los profesionales desarrollen habilidades comunicativas que faciliten la exploración de este tipo de necesidades.

Diversos estudios destacan la utilidad de herramientas de valoración social y emocional para complementar la entrevista clínica y favorecer una detección más sistemática. Sin embargo, más allá del uso de escalas, la observación y la relación terapéutica continúan siendo elementos esenciales para comprender la realidad de cada persona.

Una vez identificada la situación, Enfermería puede poner en marcha diferentes intervenciones orientadas a fortalecer las redes de apoyo y promover la participación social. Entre ellas se encuentran la derivación a recursos comunitarios, la educación para la salud, la promoción de actividades grupales y la coordinación con otros profesionales del ámbito social y sanitario.

Asimismo, las nuevas tecnologías ofrecen oportunidades para reducir el aislamiento mediante herramientas de comunicación digital y programas de acompañamiento a distancia. La alfabetización tecnológica y el apoyo en el uso de estos recursos pueden contribuir a mejorar la conexión social y la autonomía de las personas mayores.

No obstante, la intervención debe adaptarse a las preferencias y circunstancias individuales, evitando soluciones estandarizadas. La atención centrada en la persona y el respeto a sus valores y deseos constituyen la base para desarrollar estrategias efectivas y sostenibles.

Conclusiones

La soledad no deseada representa un importante problema de salud pública con repercusiones significativas sobre la salud física y emocional de las personas mayores. Su carácter subjetivo y multifactorial hace necesaria una detección precoz y una intervención individualizada que contemple tanto las necesidades sociales como las sanitarias.

La Enfermería, por su proximidad y continuidad asistencial, desempeña un papel esencial en la identificación de situaciones de soledad y en la puesta en marcha de estrategias dirigidas a mejorar el bienestar y la calidad de vida de este grupo de población. La escucha activa, la coordinación con recursos comunitarios y la promoción de la participación social son herramientas clave para afrontar este desafío.

Avanzar hacia modelos de atención más integrales y sensibles a las necesidades emocionales de las personas mayores permitirá ofrecer cuidados más humanos y contribuir a un envejecimiento más saludable y satisfactorio.

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