Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 42
Autor principal (primer firmante): Zahra Maatok El Bahi
Fecha recepción: 03/08/2026
Fecha aceptación: 30/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 42
Autores:
- Zahra Maatouk El Bahi
- Elisa Isabel Pérez Monterde
- Estefany Sofía Chourio Bohorquez
- Silvia Chazo Subiron
- Oksana Kholodna Starushko
- María Inés Leal Lidón
Técnico en cuidados de Enfermería
Resumen
El inicio de la hemodiálisis supone un cambio importante en la vida de las personas con enfermedad renal crónica avanzada. La incorporación a un tratamiento periódico, las restricciones dietéticas, los cambios en la rutina diaria y la incertidumbre sobre el futuro generan nuevas necesidades físicas, emocionales y sociales. La adaptación a esta etapa requiere un proceso progresivo en el que la Enfermería desempeña un papel fundamental mediante la educación sanitaria, el apoyo emocional y el acompañamiento continuo. Identificar las necesidades percibidas por los pacientes permite ofrecer cuidados individualizados que favorezcan la adherencia al tratamiento, la autonomía y la calidad de vida. Este artículo analiza las principales necesidades expresadas por los pacientes durante el proceso de adaptación a la hemodiálisis y la importancia de una atención centrada en la persona.
Palabras clave:
Hemodiálisis; enfermedad renal crónica; Enfermería; adaptación; calidad de vida.
Introducción
La enfermedad renal crónica constituye un importante problema de salud pública debido a su elevada prevalencia y a las complicaciones que aparecen en fases avanzadas. Cuando la función renal disminuye de forma significativa, algunos pacientes necesitan iniciar un tratamiento renal sustitutivo, siendo la hemodiálisis una de las modalidades más utilizadas.
El comienzo de la hemodiálisis implica una transformación profunda en la vida del paciente. La asistencia periódica al centro sanitario, las limitaciones relacionadas con la alimentación y la ingesta de líquidos, los cambios en la actividad laboral y familiar y la dependencia del tratamiento pueden generar sentimientos de incertidumbre y preocupación.
La adaptación a esta nueva situación no depende únicamente del estado físico, sino también del apoyo recibido, de la información disponible y de los recursos personales para afrontar los cambios. En este contexto, la Enfermería desempeña un papel esencial en la identificación de necesidades y en el desarrollo de estrategias que faciliten la adaptación al tratamiento.
Desarrollo
El proceso de adaptación comienza desde el momento en que el paciente recibe la información sobre la necesidad de iniciar hemodiálisis. En esta fase suelen aparecer dudas relacionadas con el funcionamiento del tratamiento, las posibles complicaciones y el impacto que tendrá sobre la vida cotidiana. Una información clara, comprensible y adaptada al nivel de conocimientos del paciente contribuye a disminuir la ansiedad y facilita la toma de decisiones.
Una de las necesidades más frecuentes es la necesidad de información. Los pacientes desean conocer cómo se desarrollan las sesiones de diálisis, la función del acceso vascular, los cuidados necesarios para prevenir complicaciones y las modificaciones que deberán realizar en su estilo de vida. La educación sanitaria impartida por Enfermería permite resolver estas dudas y favorece una mayor participación en el autocuidado.
Las necesidades emocionales adquieren una gran relevancia durante las primeras semanas de tratamiento. Es habitual que aparezcan sentimientos de miedo, tristeza, frustración o incertidumbre relacionados con la evolución de la enfermedad y la dependencia de la diálisis. La escucha activa, la empatía y el acompañamiento proporcionados por el personal de Enfermería favorecen la adaptación psicológica y fortalecen la relación terapéutica.
La pérdida de autonomía constituye otra preocupación frecuente. Muchos pacientes perciben que el tratamiento condiciona su capacidad para organizar su tiempo, viajar o mantener determinadas actividades sociales y laborales. Ayudar a planificar la vida diaria y fomentar la independencia en aquellas actividades que pueden realizar de forma autónoma contribuye a mejorar la percepción de control sobre la enfermedad.
La alimentación representa uno de los cambios más importantes. Las restricciones relacionadas con el consumo de líquidos, sodio, potasio y fósforo generan dificultades para muchas personas. La Enfermería, en coordinación con el equipo de nutrición, desempeña un papel fundamental en la educación alimentaria, ofreciendo recomendaciones prácticas que faciliten el cumplimiento de la dieta sin comprometer el estado nutricional.
El cuidado del acceso vascular también constituye una necesidad prioritaria. Los pacientes deben aprender a reconocer signos de infección, mantener una adecuada higiene y evitar situaciones que puedan comprometer el funcionamiento de la fístula arteriovenosa o del catéter venoso central. La formación continuada favorece la prevención de complicaciones y aumenta la seguridad del paciente.
El apoyo familiar influye de forma significativa en el proceso de adaptación. La implicación de familiares y cuidadores facilita el cumplimiento del tratamiento y proporciona un importante soporte emocional. Informar también a la familia sobre las características de la enfermedad y las necesidades del paciente contribuye a crear un entorno más favorable para el autocuidado.
Las relaciones sociales pueden verse afectadas por la frecuencia de las sesiones de diálisis y por la aparición de fatiga tras el tratamiento. Favorecer la participación en actividades compatibles con el estado de salud y promover el contacto con asociaciones de pacientes puede reducir el aislamiento y mejorar el bienestar emocional.
El seguimiento continuado permite identificar nuevas necesidades a medida que el paciente avanza en su proceso de adaptación. La evaluación periódica de la calidad de vida, la adherencia al tratamiento y el estado emocional facilita la implantación de intervenciones individualizadas y mejora la continuidad de los cuidados.
Finalmente, el trabajo coordinado entre Enfermería, nefrología, nutrición, psicología y trabajo social permite abordar de forma integral las múltiples dimensiones que intervienen en la adaptación a la hemodiálisis, ofreciendo una atención centrada en las necesidades y preferencias de cada persona.
Conclusiones
La adaptación a la hemodiálisis constituye un proceso complejo en el que confluyen necesidades informativas, emocionales, físicas y sociales. Identificar estas necesidades desde el inicio del tratamiento permite diseñar intervenciones individualizadas que favorezcan la adherencia, el autocuidado y la calidad de vida.
La Enfermería desempeña un papel esencial mediante la educación sanitaria, el apoyo emocional y el seguimiento continuado, facilitando que el paciente adquiera conocimientos, afronte los cambios asociados a la enfermedad y participe activamente en su tratamiento. Una atención integral y multidisciplinar contribuye a mejorar la adaptación a la hemodiálisis y a promover un mayor bienestar a largo plazo.
Bibliografía
- Kidney Disease: Improving Global Outcomes. KDIGO Clinical Practice Guideline for the Evaluation and Management of Chronic Kidney Disease. Bruselas: KDIGO; 2024.
- Organización Mundial de la Salud. Integrated care for chronic conditions. Ginebra: OMS; 2023.
- Sociedad Española de Nefrología. Guías de práctica clínica sobre enfermedad renal crónica y tratamiento renal sustitutivo. Madrid: SEN; 2023.



