Miedo, el gran paralizador de la mujer en la violencia de género

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 9–Septiembre 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº9: 106

Autor principal (primer firmante): Cristina Perez Sorbe

Fecha recepción: 8 de agosto, 2023

Fecha aceptación: 5 de septiembre, 2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(9) 106

Autores:

  1. Cristina Perez Sorbe. Hospital Universitario Lozano Blesa Zaragoza
  2. Ana Sobreviela Pérez. Hospital Universitario Lozano Blesa Zaragoza
  3. María Teresa Echarte Obregozo. Hospital Universitario Lozano Blesa Zaragoza
  4. Elena Tapia Marcos. Hospital Universitario Lozano Blesa Zaragoza
  5. Elena María Bandres Allue. Hospital Universitario Lozano Blesa Zaragoza
  6. Natalia Barrio Forné. Hospital Universitario Lozano Blesa Zaragoza

Categoría profesional: matronas

Resumen

Hoy en día la violencia contra la mujer está muy presente en la sociedad, sin embargo, en la mayoría de los casos se asocia a una violencia de tipo físico o violencia visible.

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Existen diferentes tipos de violencia, y muchas de ellas son desconocidas. Con esta revisión bibliográfica se pretende conocer los tipos de violencia de género y visibilizar la parte menos visible de ésta.

Este tipo de violencia invisibilizada por parte de la sociedad podría atribuirse a la violencia cultural y violencia estructural descritas por Johan Galtung.

Para analizar el concepto este autor propone la teoría del triángulo de la violencia, en el cual describe tres tipos de violencia, diferenciándolas en un tipo más pequeño, pero más visible y, por tanto, más accesible de abordar; y otra parte más oculta y compleja de tratar.

Este autor recalca la importancia de la cultura y estructura de la sociedad como formas de educación para conseguir la paz.

Por otro lado, y no menos importante vamos a tratar del ciclo de la violencia, resumiendo sus principales ítems. Para ello se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica en diferentes bases de datos.

Palabras clave: Violencia de género, mujer, miedo, violencia visible e invisible, ciclo de la violencia, triangulo de la violencia

Métodos

Se ha llevado a cabo una revisión bibliográfica mediante una búsqueda en las bases de datos:

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PubMed, Cochrane y Google académico. La búsqueda se ha realizado utilizando la unión de palabras clave a través de operadores booleanos. Incluyendo aquellos artículos cuyo contenido se ajusta al objetivo de dicha revisión.

Desarrollo

El 23 de febrero de 1994 se publica el primer documento internacional que refleja de manera clara la tipología de la violencia de género.

Se trata de La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, aprobada en Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas 48/104 el 20 de diciembre de 1993.

En el artículo primero de dicho documento las Naciones Unidas definen la violencia contra la mujer como:

“Todo acto de violencia de género que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.

Teniendo en cuenta esta definición podríamos clasificar la violencia de género en tres grandes grupos: física, sexual y psicológica.

En este artículo, dada la gran extensión del tema, vamos a hablar principalmente del ciclo de la violencia, dando unas pinceladas también a la diferencia entre violencia visible e invisible.

Vamos a partir resumiendo los principales ítems relacionados con la violencia de género y su ciclo, la indefensión aprendida, la coerción como herramienta de presión…

El modelo de «indefensión aprendida» fue propuesto por Walker en 1979 aplicando las investigaciones de Seligman.

Según este modelo, una mujer sometida a acontecimientos incontrolables, en este caso actos violentos, generará un estado psicológico donde la respuesta de reacción o huida queda bloqueada.

Propuesto como alternativa científica frente a la teoría del masoquismo femenino, fue no obstante posteriormente criticado desde el análisis feminista por el énfasis que ponía sobre una actitud pasiva en la mujer. Al i

gual que el modelo del masoquismo, sigue teniendo una presencia actual dentro de las teorías explicativas.

Para La Violette y Barnett, la imposibilidad de controlar la agresión generará en la víctima una afectación motivacional y pasividad consiguiente, dificultades para la resolución de problemas, y por tanto la confrontación con la situación, al tiempo que un trauma emocional que se manifiesta en forma de indefensión, incompetencia, frustración y depresión.

Maltrato impredecible y la indefensión aprendida

Inicialmente, se consideraba ambos términos como equivalentes. El modelo de indefensión aprendida establecía una relación directa entre el «maltrato impredecible» y la «inmovilización y paralización».

Según el artículo: “La persuasión coercitiva, modelo explicativo del mantenimiento de las mujeres en una situación de violencia de género.

I: Las estrategias de la violencia “se encuentra lo que se antojaba como una contradicción a dicha asociación lineal: mientras en la mayoría de literatura las relaciones directas entre el «maltrato impredecible» y el miedo, y entre esta misma emoción y la «inmovilización y paralización», el «maltrato impredecible» y la «inmovilización / paralización» no parecían relacionarse directamente entre sí.

Lo que se extrajo realmente del estudio, fue que una emoción, el miedo, se encontraba entre el «maltrato impredecible» y la «inmovilización / paralización»

Miedo y maltrato impredecible versus Miedo e inmovilización / paralización

Una posible respuesta a esta contradicción con la teoría original de Walker la encontramos en Peterson, Maier y el propio Seligman, cuando, años después de la monografía del último autor, revisaron el impacto de la teoría de la indefensión aprendida, incluida su vinculación con el síndrome de la mujer maltratada.

Para estos autores, la aplicación al maltrato de la indefensión aprendida que Walker había hecho era incorrecta, y sólo daba cuenta parcialmente del fenómeno.

Consideraban que la pasividad que se describía entre víctimas de la violencia doméstica podía tratarse más bien de un efecto instrumental.

Las cogniciones de indefensión estarían presentes como corresponde a un contexto incontrolable, pero podían deberse también a una historia de reforzamiento explícito de la pasividad.

Por otra parte, a diferencia del escaso peso que había tenido el miedo en la monografía original de Seligman, esta emoción cobraba ahora un papel preponderante en la revisión del concepto. De hecho, sería el miedo lo que era generado por la indefensión aprendida.

Por otra parte, la paralización podría ser efecto de numerosos elementos cognitivos, no de la indefensión aprendida. La propuesta sería entonces que el maltrato impredecible generaba miedo, el cual actuaba junto con otros elementos para provocar un efecto de inmovilización.

Se debe considerar pues que el concepto de «indefensión aprendida» no tiene la capacidad explicativa que en un momento se le otorgo, más aún cuando el propio concepto de inmovilización en la mujer como sinónimo de pasividad, debe revisarse.

El «ciclo de la violencia» y el «maltrato impredecible»

Los ciclos de violencia son asimismo impredecibles, pues, aunque la mujer perciba el aumento del nivel de tensión, no ha podido prevenir la aparición de dicho ciclo, y tampoco podrá prevenir dentro del mismo el inicio del ataque.

Realmente, el ciclo de la violencia es una forma de maltrato impredecible. Es la presencia o no de la estrategia del arrepentimiento, intercalada entre los episodios de agresión la que genera la ilusión de una periodicidad.

Pero el inicio de la fase de tensión, el momento de su descarga en forma de violencia, y la declaración de arrepentimiento, son iniciadas siempre por el maltratador y nunca pueden predecirse por la víctima.

Conforme se consoliden las distintas estrategias de maltrato, la estrategia de arrepentimiento escaseará cada vez más y los ciclos de violencia irán perdiendo presencia

La «estrategia del arrepentimiento»

El arrepentimiento que oferta el agresor hace abrigar a la mujer la esperanza de que su proyecto de una relación de pareja pueda sobrevivir.

Este arrepentimiento concluye con la negación o la justificación de las conductas de él que realiza la mujer, siendo estos mecanismos desarrollados por ella para preservar la «ilusión» de que la relación, sin violencia, puede existir como proyecto vital.

Aislamiento

Cuando hablamos de aislamiento en violencia lo hacemos en alusión al espacio psíquico.

El aislamiento físico es una instrumentalización cuyo fin último es el confinamiento mental, esto es, la separación de la mujer de cualquier otro referente externo al propio maltratador. Los celos ejercen este efecto, de igual forma que lo hace el aislamiento físico.

El aislamiento constituye la estrategia más comúnmente recogida en toda la literatura.

Funciona como el crisol en el cual, perdidos para la víctima los referentes externos, el maltratador actuará libre de cualquier injerencia y materializará su deseo de una relación dual exclusiva.

Así, el aislamiento se inicia desde las primeras fases de la relación. Al principio el aislamiento parece formar parte del mismo juego de seducción que establece el maltratador al inicio de la relación, «valorándola» o halagándola.

Un elemento clave del aislamiento es desposeerla de medios económicos.

La distancia física y el idioma pueden ser factores importantes de aislamiento. El maltratador intenta apartar a la víctima de su familia al tiempo que intenta introducirla en su entorno.

Violencia visible y violencia invisible

Por otro lado, según la naturaleza de la violencia, vamos a exponer otro tipo de clasificación en la violencia de género en dos tipos: violencia visible y violencia invisible.

La violencia visible se podría aplicar a las formas que se identifican fácilmente como inapropiadas; mientras que la violencia invisible sería todo aquello que puede pasar desprevenido, pero tiene implícitamente consecuencias negativas.

La violencia invisible está muy adentrada en la sociedad y en la cultura patriarcal, aunque de forma inconsciente. Como indica Ana María Fernández: “Lo invisible no es lo oculto, sino lo denegado, lo interdicto de ser visto”.

Los comportamientos invisibles, sean del tipo que sean (políticos, laborales, económicos, psicológicos…) constituyen una de las múltiples estrategias de producción de la desigualdad de género, ya que nacen de la “naturalidad” de la inferioridad que se atribuye al sexo femenino.

Una de las teorías más representativas sobre la violencia hace referencia también a dicha clasificación de violencia visible e invisible.

Se trata de la teoría desarrollada por el sociólogo y matemático noruego Johan Galtung, uno de los más importantes investigadores sobre la paz y la resolución de conflictos.

Según Johan Galtung “la violencia está presente cuando los seres humanos se ven influidos de tal manera que sus realizaciones afectivas, somáticas y mentales están por debajo de sus realizaciones potenciales”.

En ocasiones, la violencia física se produce a consecuencia del paradigma social que las personas establecen, llegando en algunos casos a legitimarla. Ejemplo de ello son la cultura y la religión, ya que, guiándose por ellas, la violencia puede ser interpretada como algo “natural” aunque no lo sea.

Triángulo de la violencia

Para analizar este concepto Galtung propone la teoría del triángulo de la violencia. Según este autor la violencia es como un iceberg, la violencia visible es solo una pequeña parte del conflicto. Solucionarlo supone actuar en todos los tipos de violencia, clasificándola en tres tipos:

  • La violencia directa, la que se ve, corresponde a la física y verbal. Este tipo de violencia es la más conocida y, por tanto, la más identificable.

  • La violencia estructural, está originada por un conjunto de estructuras físicas y organizativas, que no permiten la satisfacción de las necesidades. Nace de la injusticia y la desigualdad a nivel social. Es la más difícil de reconocer.

  • La violencia cultural, hace referencia a aspectos de la cultura.

Así pues, de los tres tipos de violencia descritas por Galtung, la directa es clara y visible, por lo que resulta sencillo tomar medidas para combatirla.

En cambio, la violencia cultural y la violencia estructural son invisibles, pues en ellas intervienen más factores, por lo que detectar su origen, prevención y solución resulta más dificultoso.

Este triángulo de la violencia confirma lo anteriormente expuesto: los efectos de la violencia se extienden más allá de lo visible.

Análisis reflexivo

Según datos del INE, en 2022 se registraron 32.644 mujeres víctimas de violencia de género correspondientes a los asuntos en los que se habían dictado medidas cautelares u órdenes de protección, lo que supuso un aumento del 8,3% respecto al año anterior.

Casi la mitad (el 48,1%) tenían entre 30 y 44 años. La tasa de víctimas fue de 1,5 por cada 1.000 mujeres de 14 y más años. El valor más elevado se alcanzó en el tramo de edad de 25 a 34 años (3,6 víctimas por cada 1.000 mujeres)

La violencia visible engloba aquellos actos claramente identificados como violentos. Ésta es fácilmente reconocible y abordable.

Mientras que la violencia invisible hace referencia a todas aquellas manifestaciones que atentan contra la autonomía y dignidad de la persona, en la mayoría de los casos muy difícilmente identificables y, por tanto, complejos de tratar.

Para abordar este tema es necesario considerar los contextos en su globalidad, a nivel social, político, histórico, cultural y económico, ya que dependerá de la cultura y la ideología que tenga la sociedad para considerar un acto como violento.

Necesitamos concienciación, educación y un mayor compromiso político para hacer visible la parte de la violencia que por “naturalidad” hemos llevado oculta y la necesidad e importancia de la parte legal para proteger a las personas que la sufren.

Para ello se hace necesaria la implementación de protocolos y ayudas a nivel comunitario y estatal.

El tema de la violencia de género es un tema de total actualidad y aunque desgraciadamente en pleno apogeo en nuestra sociedad.

De los datos del INE se refleja lo que hemos descrito en el apartado anterior…una situación que parece insostenible e increíble para las personas ajenas a ella se convierte en prisión, indefensión y miedo para las víctimas…

Por ello los datos de que incluso las víctimas no llegan a interponer denuncia.

El maltratador ejerce sobre ellas una presión y un completo control físico, psíquico y de todo tipo que hace de su víctima un ser sin voluntad, ni control y totalmente sometido.

Estos datos deberían hacernos reflexionar y poner en duda e incluso hacer tambalear los cimientos de nuestra educación y más particularmente de nuestra educación sexual.

Debemos instaurar un sistema de protección a las víctimas, el actual sistema Viogen en constante mejora y remodelación parece no ser totalmente efectivo. Igualmente debemos los profesionales tomar mayor conciencia y formación en este tan delicado tema.

Y por último y no menos importante debemos empoderar a la mujer para que sea capaz de desarrollar sus propias herramientas y así hacer frente y no ser víctima de esta lacra que es el maltrato.

Conclusiones

El mantenimiento o prolongación de la mujer en una relación de violencia de género puede ser comprendida entendiendo esta violencia como una forma de persuasión coercitiva.

Las distintas formas de violencia buscan el control constante de la víctima por parte del maltratador, cuya relación, bajo sus términos, él necesita. El aislamiento junto al control en el tiempo del ejercicio de los actos violentos modula el proceso.

La violencia de género tiene también técnicas particulares adaptativas para mantener su fin (éste es el caso de la técnica de arrepentimiento del ciclo de la violencia).

Comparado con otros modelos propuestos: aplicación del concepto de masoquismo, el modelo de indefensión aprendida o el trastorno por estrés postraumático, el modelo de persuasión coercitiva presenta una ventaja fundamental: permite integrar estrategias que actúan a distintos niveles (cognitivo, emocional y, social) sobre las víctimas.

La aplicación de este modelo conserva algunas similitudes con la del «síndrome de Estocolmo» adaptado a la violencia de género, en el sentido de que no describe a la mujer como un agente meramente pasivo sin capacidad de respuesta ante la violencia.

El papel que juegan las emociones como elementos que favorecen el mantenimiento del maltrato. Así, la emoción del miedo iría dirigida a generar paralización en la víctima; la culpa impuesta por la propia persuasión vincularía a la víctima al maltratador por su función reparadora, mientras que la vergüenza favorecería el retraimiento social de la víctima y la ocultación de su situación, completando con ello el aislamiento social

Johan Galtung en su teoría de la violencia hace hincapié en la violencia estructural y en la violencia cultural. Tanto la estructura como la cultura son producidas por las personas, y por lo tanto pueden ser modificadas.

A partir de lo expuesto, se entenderá como violencia todos aquellos actos que culminen en un daño, ya sea físico o psicológico, y que sitúe a las personas y/o grupos en una situación de desventaja social frente a otros, vulnerando los derechos humanos.

Para poner solución a esta gran problemática social hay que hacer especial énfasis en la educación en igualdad de género. Es primordial generar una concienciación del estado actual de violencia, especialmente de violencia contra la mujer, por el simple hecho de serlo.

Es fundamental enfocar este problema en las relaciones afectivas, basadas en el apoyo y la solidaridad, así como en la consideración de la mujer para el adecuado desarrollo de una sociedad.

A partir de esta concienciación se podría hacer visible la parte de la violencia que por “naturalidad” hemos llevado oculta y la necesidad e importancia de la parte legal para proteger a las personas que la sufren. Para ello se hace necesaria la implementación de protocolos y ayudas a nivel comunitario y estatal.

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