Detección de fragilidad en el paciente geriátrico

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VII. N.º 7–Julio 2024. Pág. Inicial: Vol. VII; N.º 7: 326

Autor principal (primer firmante): Luis Carlos Royo Sierra

Fecha recepción: 10/06/2024

Fecha aceptación: 06/07/2024

Ref.: Ocronos. 2024;7(7): 326

Autores:

  1. Luis Carlos Royo Sierra. Enfermero en Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
  2. Inés Abad Lausín. Enfermera en Hospital de Día del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
  3. Wendy Yadira Pinango Pilla. Enfermera en Consultas Externa del Hospital Clínico de Zaragoza.
  4. María Gandara Martín. Enfermera en Medicina Interna del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.
  5. Marta García Corona. Enfermera en Medicina Interna del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.
  6. Alicia Fayed Coca. Enfermera en Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.

Resumen

La fragilidad es un síndrome geriátrico que se define como “estado clínico que aumenta la vulnerabilidad de un individuo para desarrollar dependencia y/o aumentar la mortalidad cuando es expuesto a un factor de estrés”.

El objetivo de este trabajo es realizar una revisión bibliográfica sobre la detección del síndrome de fragilidad y la importancia que presenta en el manejo del paciente geriátrico, así como Identificar los métodos de abordaje más óptimos para tratar las diferentes causas que provocan la fragilidad en el paciente geriátrico.

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La detección de la fragilidad es importante para un correcto abordaje de la vulnerabilidad y patología en el anciano y permite a los profesionales realizar intervenciones individualizadas, focalizadas en los déficits a mejorar.

Palabras clave: “fragilidad”, “anciano frágil”, “valoración geriátrica”.

Introducción

La fragilidad es un síndrome geriátrico que se define como “estado clínico que aumenta la vulnerabilidad de un individuo para desarrollar dependencia y/o aumentar la mortalidad cuando es expuesto a un factor de estrés. Puede ser el resultado de una serie de enfermedades y condiciones médicas, y su evolución hacia la discapacidad puede retrasarse o evitarse si se identifica y maneja precozmente” (1).

Existe una gran dificultad para abordar de forma operativa la fragilidad en el paciente geriátrico, la prevalencia supera el 10% en la población mayor a 65 años y se encuentra muy relacionada con los efectos adversos en la salud (2). En la actualidad 22,9% de la población es mayor de 65 años (3-5).

La edad avanzada se acompaña de una pérdida progresiva o sobrevenida por un evento adverso de la funcionalidad, llegando incluso a ocasionar una dependencia. Es trabajo de los profesionales en geriatría la detección de los factores que influyen en el estado de vulnerabilidad del paciente anciano y el consiguiente desarrollo de dependencia y aumento de la mortalidad, es decir, detectar la fragilidad e intervenir sobre ella (6-8).

Objetivos

  1. Realizar una revisión sobre la detección del síndrome de fragilidad y la importancia que presenta en el manejo del paciente geriátrico.
  2. Identificar los métodos de abordaje más óptimos para tratar las diferentes causas que provocan la fragilidad en el paciente geriátrico.

Desarrollo

Para la valoración del nivel de fragilidad en un paciente se pueden utilizar dos modelos, el modelo de Fried (Fried et al, 2001) y el modelo de Rockwood (Lockwood et al, 1994) (2).

El modelo de fragilidad de Linda Fried mide la fragilidad a través de 5 criterios fenotípicos que disponen que la falta de ejercicio físico, una nutrición inadecuada, la aparición de enfermedades y el exceso de fármacos junto con el proceso de envejecimiento podría dar lugar a una malnutrición crónica, una pérdida de masa ósea y muscular, dando lugar a una sarcopenia (9).

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Las 5 dimensiones que engloban los criterios de fragilidad son (1):

  1. Disminución de la fuerza muscular.
  2. Baja resistencia al esfuerzo o agotamiento auto referido.
  3. Velocidad lenta de la marcha.
  4. Baja actividad física.
  5. Pérdida de peso involuntaria de al menos 5 kg durante el último año.

Los pacientes que cumplan tres o más criterios deberán ser considerados frágiles; si cumplen uno o dos, serán identificados como pacientes prefrágiles y si no cumplen ningún criterio estarán exentos de fragilidad (7).

La valoración de fragilidad a través del modelo de Rockwood y Mitnitski se basa en la identificación de hasta 92 déficits que incluyen el estado cognitivo, nutricional, emocional, social y funcional. El número de déficits que presenta la persona nos permite predecir el grado de mortalidad y establecer las necesidades y ayudas a corto y medio plazo que puede tener el paciente (8).

El conjunto de déficits identificados puede ser agrupados creando índices de fragilidad (IF) que permite medir con una variable continua el grado de fragilidad que presenta una persona. Se podría identificar como una valoración geriátrica integral (VGI) cuantificada (9).

En el año 2016 Amblás et al publicaron en la Revista Española de Geriatría y Gerontología publicó un artículo en el que recogía un Índice de Fragilidad basado en una valoración geriátrica integral con 25 déficits (2).

Se evalúan diferentes variables (2):

  • Actividades básicas de la vida diaria: se utiliza el índice de Barthel (IB): no dependencia (IB ≥ 95 puntos), dependencia leve (IB 90-65) dependencia moderada- grave (IB 25-60: 2 puntos) y dependencia absoluta (IB ≤ 20).
  • Actividades instrumentales: manejo del dinero, teléfono y medicación.
  • Marcador nutricional: pérdida de ≥ 5% de peso en los últimos 6 meses.
  • Marcador cognitivo: presencia de síndrome depresivo e insomnio/ansiedad emocionales.
  • Marcador social: percepción subjetiva de vulnerabilidad social por parte del equipo asistencial.
  • Síndromes geriátricos se valoran: aparición de delirium, caídas, polifarmacia y disfagia. Síntomas con criterios de severidad: dolor y la disnea.
  • La presencia de enfermedades crónicas: oncológica, respiratoria, cardiovascular, neurológica, hepática, renal.
  • Deterioro cognitivo: se categoriza en 3 apartados mediante la Global Deterioration Scale (GDS) de Reisberg.

La valoración multidimensional cuantificada mediante el IF-VIG permite realizar el diagnóstico situacional del paciente y de esta forma establecer el punto de partida para contextualizar la realidad clínica, los objetivos del paciente y el plan terapéutico.

Con el resultado obtenido en la valoración del índice de fragilidad se puede establecer las diferentes intervenciones que se pueden aplicar a los pacientes, desde intervenciones preventivas (por ejemplo, aquellos con un IF-VIG < 0,3) de aquellos en los que es preferible realizar un enfoque conservador (por ejemplo, IF-VIG > 0,6).

Intervenciones para abordar la fragilidad (1,10-15):

Las intervenciones para actuar frente a la fragilidad deben de ser individualizadas en función de las deficiencias y los factores vulnerables identificados durante la valoración. Si es cierto que han demostrado ser efectivas las intervenciones multicomponente, que combinan varias de ellas.

  • Programas de ejercicio físico multicomponente: El ejercicio físico ha demostrado ser eficaz tanto para la prevención como para el manejo de la fragilidad. Se recomiendan sesiones de 30-45 minutos durante 3 días a la semana combinando ejercicios aeróbicos, flexibilidad, equilibrio y fuerza muscular.
  • Recomendaciones nutricionales: Dentro de la valoración geriátrica integral el abordaje nutricional en el paciente geriátrico es de gran importancia. Se puede profundizar con herramientas validadas como el Mini Nutritional Assesment (MNA), y de esta forma realizar una plan nutricional adecuado a las necesidades. Una dieta rica en proteínas, variada y con suplementos nutricionales aporta beneficios frente a la fragilidad y sarcopenia.
  • Recomendaciones sobre la polimedicación: La polifarmacia se asocia con la fragilidad y con otros efectos adversos en personas de edad avanzadas, se debe revisar la polimedicación, las prescripciones inapropiadas/inadecuadas o no indicadas y desprescribir cuando sea necesario.

Herramientas como STOPP-START son útiles para reducir el uso de fármacos. Es importante detectar la adherencia al tratamiento y corroborar la toma de todos los fármacos.

Además de las recomendaciones anteriormente señaladas, también es importante tener en cuenta intervenciones para el manejo de la morbimortalidad, síndromes geriátricos detectados, actuaciones para prevenir y tratar deterioro cognitivo y aquellas que promueven la independencia y autonomía.

Conclusiones

La fragilidad es un síndrome geriátrico que afecta a una gran parte de la población mayor. Su detección es importante para un correcto abordaje de la vulnerabilidad y patología en el anciano. Determinar el grado de fragilidad permite a los profesionales realizar intervenciones individualizadas, focalizadas en los déficits a mejorar.

Existe evidencia que las actividades multicomponente son las que mejores resultados han dado como medidas preventivas o para el manejo de la fragilidad.

Bibliografía

  1. Vellas B et al. El libro blanco de la fragilidad.
  2. Amblás J et al. Índice frágil-vgi: diseño y evaluación de un índice de fragilidad basado en la Valoración Integral Geriátrica. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2016;53(3)119-127.
  3. Conde JI. González C.[Publicación en línea]“El proceso de envejecimiento en España”. 1-22. 2021 [Consulta: 3/6/2022]. Disponible en: <https://documentos.fedea.net/pubs/eee/e ee2021- 07.pdf>
  4. Rodríguez l. El informe de la organización mundial de la salud sobre envejecimiento y salud: un regalo para la comunidad geriátrica. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2016;51(5):249-251.
  5. Sanchez A. Moody´s advierte del aumento de la factura sanitaria por el envejecimiento en España. El país; 13 de mayo de 2021 [consulta: 4/7/2022] Disponible en: https://elpais.com/economia/2021-05-13/m oodys-advierte-del-aumento-de-la-factu ra-sanitaria- por-el-envejecimiento-en-espana.html
  6. Luengo C, Maicas L, Navarro Mj, Romero L. Justificación, concepto e importancia de los síndromes geriátricos. en: Tratado de Geriatría para residentes. Editorial: International Marketing & Communication, S.A. (IM&C). Madrid, 2006. 143-150.
  7. Abizanda Soler P, et al. Fragilidad y dependencia en Albacete (estudio Fradea): razonamiento, diseño y metodología. Rev Esp Geriatr Gerontol. 2011.
  8. Jauregui, J. & Rubin, R. Fragilidad en el adulto mayor. Revista Del Hospital Italiano De Buenos Aires. 2012; 32(3), 110-115.
  9. Peris JF et al. aproximación al desarrollo de un índice de fragilidad basado en la valoración integral geriátrica en centros sociosanitarios. farmacia hospitalaria. 2017;42(4):159-162.
  10. Ministerio de Sanidad. Actualización del documento de consenso sobre prevención de la fragilidad en la persona mayor (2022). Madrid.
  11. Abizanda P et al. Guía de buena práctica clínica en geriatría: Fragilidad y nutrición en el anciano. Madrid: IMC; 2014.
  12. Rosas A, Castell M, Otero Á, González J. Falta de adherencia en ancianos frágiles a un programa estructurado multicomponente de ejercicio físico. rev esp geriatr gerontol 2019;54(1):59-62.
  13. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Guía para desarrollar programas de actividad física multicomponente en recursos comunitarios y locales. 2014.
  14. Hoyos M et al. Actividades preventivas en los mayores. Actualización PAPPS 2018.50;109- 124.
  15. Casas Á, Cadore E, Martínez N, Izquierdo M. El ejercicio físico en el anciano frágil: una actualización. Rev Esp Geriatr Gerontol 2015;50(2):74-81