Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 21
Autor principal (primer firmante): Zoila Del Carmen Fajardo López
Fecha recepción: 03/08/2026
Fecha aceptación: 30/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 21
Autores:
- Zoila del Carmen Fajardo López
- Erica Morago Fuentes
- María Elena Morago Fuentes
- Héctor Yarza Ibarzo
- Jair Ruben Arapa Ale
- María Isabel Paz Rodríguez
Categoría:
Enfermería, TCAE, TSIDMN, Celador, Administrativo, Farmacia, Telefonista, Conductor, Servicios generales.
Palabras clave:
Sistema inmunológico, envejecimiento, cambios, salud, cuerpo humano.
Introducción
Las enfermedades autoinmunitarias son un grupo de trastornos caracterizados por una respuesta inmunológica anormal en la que el sistema inmunitario pierde la capacidad de distinguir entre los componentes propios del organismo y los agentes extraños. Como consecuencia, las células inmunitarias y los anticuerpos atacan tejidos sanos, produciendo inflamación, lesión celular y alteraciones funcionales en diferentes órganos. Aunque tradicionalmente se consideraba que la autoinmunidad afectaba principalmente a personas jóvenes o de mediana edad, actualmente se reconoce que el envejecimiento del sistema inmunológico modifica profundamente los mecanismos de tolerancia inmunitaria y favorece un aumento de la incidencia de enfermedades autoinmunitarias y de la presencia de autoanticuerpos en la población adulta mayor. Estos cambios forman parte del proceso conocido como inmunosenescencia y están estrechamente relacionados con la inflamación crónica de bajo grado o inflammaging.
Desarrollo
En condiciones normales, el sistema inmunológico posee mecanismos muy eficaces para evitar que las células defensivas reaccionen contra los propios tejidos del organismo. Este fenómeno recibe el nombre de tolerancia inmunológica y constituye uno de los pilares fundamentales del funcionamiento del sistema inmunitario.
La tolerancia inmunológica comienza durante el desarrollo de los linfocitos en los órganos linfoides primarios.
Los linfocitos T maduran en el timo.
Durante este proceso son sometidos a mecanismos de selección positiva y selección negativa.
Aquellos linfocitos capaces de reconocer con gran intensidad proteínas propias del organismo son eliminados mediante apoptosis antes de abandonar el timo.
Este mecanismo evita que células potencialmente autorreactivas circulen por el organismo. Con el envejecimiento, el timo experimenta una involución progresiva.
Gran parte del tejido funcional es reemplazado por grasa y tejido fibroso.
Como consecuencia disminuye notablemente la producción de nuevos linfocitos T. Además, la eficacia de la selección negativa disminuye parcialmente.
Esto favorece que algunos linfocitos autorreactivos escapen hacia la circulación periférica.
Los linfocitos B también poseen mecanismos de selección durante su maduración en la médula ósea.
Las células capaces de reconocer autoantígenos con elevada afinidad son eliminadas o modifican sus receptores.
Durante el envejecimiento estos procesos también pierden eficacia.
Como consecuencia aumenta la supervivencia de linfocitos B potencialmente autorreactivos.
Otro mecanismo fundamental para mantener la tolerancia inmunológica corresponde a los linfocitos T reguladores.
Estas células limitan la activación excesiva del sistema inmunitario y suprimen respuestas dirigidas contra tejidos propios.
Con la edad, aunque el número de linfocitos T reguladores puede mantenerse relativamente estable o incluso aumentar ligeramente, su capacidad funcional disminuye.
La menor eficacia reguladora favorece la aparición de respuestas autoinmunes.
El envejecimiento también altera profundamente la función de los linfocitos T colaboradores.
Estas células coordinan gran parte de la respuesta inmunológica mediante la producción de citocinas.
Durante la inmunosenescencia aparece un desequilibrio entre diferentes subpoblaciones de linfocitos T.
Algunas poblaciones proinflamatorias aumentan su actividad mientras disminuyen los mecanismos reguladores.
Este desequilibrio favorece la inflamación persistente y la activación inapropiada de otras células inmunitarias.
Los linfocitos B también presentan importantes alteraciones funcionales.
Disminuye la producción de nuevos linfocitos B vírgenes y aumenta la acumulación de células de memoria envejecidas.
Además, se incrementa la producción espontánea de autoanticuerpos dirigidos contra componentes propios del organismo.
La presencia de autoanticuerpos aumenta de forma significativa con la edad, incluso en personas sin enfermedad autoinmunitaria manifiesta.
Sin embargo, en determinados individuos estos autoanticuerpos pueden participar en el desarrollo de enfermedades clínicas.
La inflamación crónica de bajo grado representa uno de los principales mecanismos responsables de este fenómeno.
Durante el envejecimiento aumenta la producción mantenida de citocinas proinflamatorias como interleucina 6, interleucina 1 beta y factor de necrosis tumoral alfa.
Estas moléculas mantienen al sistema inmunitario en un estado permanente de activación.
La exposición prolongada a este ambiente inflamatorio favorece la pérdida progresiva de tolerancia inmunológica.
Las células senescentes desempeñan un papel importante en este proceso. Estas células dejan de dividirse, pero permanecen metabólicamente activas.
Desarrollan el denominado fenotipo secretor asociado a la senescencia, caracterizado por la liberación continua de citocinas inflamatorias, quimiocinas y enzimas proteolíticas.
La acumulación progresiva de células senescentes en distintos tejidos incrementa el estado inflamatorio sistémico y favorece la activación de linfocitos autorreactivos.
El estrés oxidativo constituye otro mecanismo implicado.
Durante el envejecimiento aumenta la producción de especies reactivas de oxígeno mientras disminuye la eficacia de los sistemas antioxidantes.
Estas moléculas lesionan proteínas, lípidos y ADN.
Las proteínas dañadas pueden sufrir modificaciones estructurales que las convierten en autoantígenos capaces de estimular respuestas inmunológicas inapropiadas.
La apoptosis también experimenta alteraciones.
Normalmente las células envejecidas o lesionadas son eliminadas rápidamente mediante muerte celular programada.
Durante el envejecimiento algunos restos celulares permanecen durante más tiempo en los tejidos.
La exposición prolongada de componentes nucleares y citoplasmáticos facilita su reconocimiento por el sistema inmunitario y favorece la producción de autoanticuerpos.
La microbiota intestinal también participa en la regulación de la autoinmunidad.
Existe una estrecha comunicación entre los microorganismos intestinales y el sistema inmunológico.
Con la edad aparece una disminución de bacterias beneficiosas y un aumento de microorganismos potencialmente proinflamatorios.
Esta disbiosis favorece la alteración de la barrera intestinal.
Como consecuencia aumenta la permeabilidad intestinal permitiendo el paso de productos bacterianos hacia la circulación.
Estos componentes estimulan continuamente el sistema inmunológico y favorecen la pérdida de tolerancia inmunológica.
Las alteraciones hormonales propias del envejecimiento también influyen sobre la autoinmunidad.
La disminución de estrógenos durante la menopausia modifica la regulación inmunológica y puede favorecer determinadas enfermedades autoinmunitarias.
En los hombres, la reducción progresiva de testosterona también altera diversos mecanismos inmunitarios.
La disminución de hormona del crecimiento y del factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 limita además la capacidad regenerativa de numerosos tejidos.
El envejecimiento del sistema hematopoyético constituye otro factor relevante.
Las células madre hematopoyéticas acumulan mutaciones y alteraciones funcionales con el paso de los años.
Como consecuencia aparecen cambios en la producción de células inmunitarias que modifican el equilibrio entre respuestas inflamatorias y mecanismos reguladores.
La predisposición genética continúa desempeñando un papel importante.
Diversos genes relacionados con el complejo mayor de histocompatibilidad y con la regulación inmunológica aumentan la susceptibilidad a enfermedades autoinmunitarias.
Sin embargo, el envejecimiento favorece que estos factores genéticos se manifiesten con mayor intensidad debido a la pérdida progresiva de mecanismos reguladores.
Entre las enfermedades autoinmunitarias cuya incidencia aumenta o cuya evolución puede modificarse con la edad destacan la artritis reumatoide de inicio tardío, la polimialgia reumática, la arteritis de células gigantes, el síndrome de Sjögren, algunas vasculitis, la tiroiditis autoinmunitaria y determinadas enfermedades ampollosas de la piel.
Asimismo, aumenta la frecuencia de autoanticuerpos frente a diferentes componentes celulares, aunque no siempre se acompañan de enfermedad clínica.
La artritis reumatoide constituye uno de los ejemplos más representativos.
En esta enfermedad los linfocitos T y B reaccionan frente a proteínas presentes en las articulaciones.
La producción de autoanticuerpos y citocinas inflamatorias provoca inflamación crónica, destrucción del cartílago y erosión ósea progresiva.
La arteritis de células gigantes aparece casi exclusivamente en personas mayores de cincuenta años.
Se caracteriza por inflamación de arterias de mediano y gran calibre, especialmente las arterias temporales.
La activación anormal de linfocitos T y macrófagos desempeña un papel fundamental en su desarrollo.
La polimialgia reumática también se relaciona estrechamente con el envejecimiento inmunológico.
Los pacientes presentan dolor y rigidez muscular acompañados de elevación de marcadores inflamatorios.
Aunque su causa exacta continúa investigándose, la alteración de las citocinas parece desempeñar un papel importante.
El aumento de enfermedades autoinmunitarias también puede coexistir con una mayor susceptibilidad a infecciones.
Este fenómeno aparentemente contradictorio constituye una característica de la inmunosenescencia.
El sistema inmunitario pierde eficacia para responder frente a microorganismos mientras aumenta la probabilidad de reaccionar contra tejidos propios.
Las enfermedades autoinmunitarias afectan significativamente la calidad de vida.
Producen dolor crónico, limitación funcional, fatiga, pérdida de independencia y aumento del consumo de recursos sanitarios.
Además, muchos tratamientos inmunosupresores incrementan aún más el riesgo de infecciones en pacientes de edad avanzada.
Diversas estrategias pueden contribuir a reducir parcialmente estos riesgos.
Una alimentación equilibrada rica en frutas, verduras, pescado, aceite de oliva y alimentos ricos en antioxidantes ayuda a disminuir la inflamación sistémica.
La actividad física regular reduce la producción de citocinas proinflamatorias y mejora la regulación inmunológica.
Dormir adecuadamente favorece el equilibrio hormonal e inmunitario.
El control del estrés psicológico disminuye la liberación mantenida de cortisol y mejora la función de los mecanismos reguladores.
Asimismo, mantener una microbiota intestinal saludable mediante una dieta rica en fibra y el uso racional de probióticos y prebióticos puede favorecer la tolerancia inmunológica.
Actualmente se investigan nuevas estrategias terapéuticas destinadas a restaurar la tolerancia inmunológica durante el envejecimiento.
Entre ellas destacan los fármacos senolíticos para eliminar células senescentes, terapias dirigidas a modular los linfocitos T reguladores, inhibidores específicos de citocinas inflamatorias, tratamientos orientados a restaurar la microbiota intestinal y nuevas terapias celulares.
Estas investigaciones ofrecen perspectivas prometedoras para disminuir el impacto de la autoinmunidad en la población envejecida.
Conclusión
En conclusión, el envejecimiento del sistema inmunológico favorece un aumento de la incidencia de enfermedades autoinmunitarias mediante múltiples mecanismos interrelacionados. La disminución de la tolerancia inmunológica, la alteración de los linfocitos T y B, la pérdida de eficacia de los linfocitos T reguladores, la inflamación crónica de bajo grado, la acumulación de células senescentes, el estrés oxidativo y la disbiosis intestinal contribuyen conjuntamente a la aparición de respuestas inmunológicas dirigidas contra tejidos propios. Estas alteraciones explican el incremento de diversas enfermedades autoinmunitarias y la mayor presencia de autoanticuerpos durante el envejecimiento. La adopción de hábitos de vida saludables y el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas dirigidas a modular el sistema inmunitario representan herramientas fundamentales para favorecer un envejecimiento más saludable y reducir la carga de estas enfermedades.
Bibliografía
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