Manifestaciones clínicas de la gangrena vesicular

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 1–Enero 2026. Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 1: 300

Autor principal (primer firmante): Sara Fraguas Mochales

Fecha recepción: 31/12/2025

Fecha aceptación: 27/01/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(1): 300

Autores:

  1. Sara Fraguas Mochales
  2. Scherezade Martín Bernal
  3. Miguel Chicapar Calvo
  4. Naiara Serrano Peirani
  5. Saul Domínguez Calvo
  6. Laura Grande Torres

Categoría:

Enfermería, Trabajo Social, Celador, TCAE, Administración, Electricista, Pinche de cocina, Telefonista, Servicios generales.

Palabras clave:

Vesícula biliar, sistema digestivo, enfermedades.

Introducción

La gangrena vesicular constituye una de las formas más graves y avanzadas de la colecistitis aguda, caracterizada por la necrosis transmural de la pared de la vesícula biliar y un riesgo elevado de perforación, peritonitis y sepsis. Es una urgencia quirúrgica con una mortalidad significativa, especialmente en pacientes de edad avanzada, diabéticos o con comorbilidades cardiovasculares. Las manifestaciones clínicas de la gangrena vesicular suelen ser variables y, en muchos casos, se superponen con las de la colecistitis aguda no complicada, lo que puede dificultar su diagnóstico precoz. Sin embargo, existen signos clínicos, analíticos e imagenológicos que pueden sugerir la progresión hacia la necrosis vesicular.

Desde el punto de vista fisiopatológico, la gangrena vesicular se desarrolla como consecuencia de una combinación de isquemia, obstrucción biliar e infección bacteriana. La oclusión del conducto cístico por un cálculo o por edema inflamatorio eleva la presión intraluminal y compromete el flujo sanguíneo de la arteria cística. La hipoperfusión mantenida, junto con la acción de mediadores inflamatorios y toxinas bacterianas, conduce a necrosis de la mucosa, hemorragia subserosa y, finalmente, necrosis transmural. Este proceso suele evolucionar en cuestión de horas o días, y sus manifestaciones clínicas reflejan tanto la respuesta inflamatoria local como la sistémica.

Desarrollo

En la mayoría de los pacientes, los síntomas iniciales son indistinguibles de los de una colecistitis aguda clásica. El dolor abdominal es el síntoma cardinal, localizado en el cuadrante superior derecho o en el epigastrio, con irradiación hacia la región escapular derecha o el dorso. En la gangrena vesicular, este dolor tiende a ser más intenso, continuo y menos dependiente de la ingesta alimentaria. A menudo se describe como un dolor de tipo punzante o profundo que no cede con analgésicos convencionales. La distensión vesicular y la necrosis tisular contribuyen a este dolor severo, que suele acompañarse de hipersensibilidad marcada a la palpación del hipocondrio derecho.

El signo de Murphy, característico de la colecistitis aguda, puede estar ausente en la gangrena vesicular avanzada debido a la necrosis de la pared vesicular y la disminución de la sensibilidad nerviosa local. Este hallazgo es clínicamente importante, pues la ausencia de Murphy en un paciente con signos inflamatorios puede indicar necrosis vesicular o perforación inminente. En casos de perforación, el dolor puede generalizarse y volverse difuso, simulando una peritonitis.

La fiebre es otro signo frecuente, aunque su intensidad varía. En las etapas iniciales puede ser moderada, pero en la gangrena establecida o en presencia de sepsis puede superar los 39 °C. Los escalofríos y la diaforesis son comunes, reflejando la respuesta sistémica a la infección bacteriana. En pacientes ancianos o inmunocomprometidos, la fiebre puede ser mínima o ausente, lo que retrasa el diagnóstico.

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Las náuseas, los vómitos y la anorexia son síntomas inespecíficos pero comunes, producto del íleo reflejo y de la inflamación peritoneal local. Estos síntomas pueden contribuir a la deshidratación y al desequilibrio hidroelectrolítico, agravando el estado general del paciente. En ocasiones, los vómitos biliosos indican obstrucción del flujo biliar o irritación duodenal secundaria.

En el examen físico, se observa sensibilidad localizada en el hipocondrio derecho, con o sin defensa muscular. En la gangrena, la defensa tiende a ser más marcada, y en algunos casos aparece rigidez abdominal compatible con peritonitis. La palpación puede revelar una masa dolorosa, correspondiente a una vesícula distendida o a un plastrón inflamatorio. La ictericia no es una característica predominante, pero puede presentarse en casos de obstrucción biliar concomitante o colangitis.

En el contexto de gangrena o perforación, los signos sistémicos de sepsis se vuelven evidentes. El paciente puede presentar taquicardia, taquipnea, hipotensión y alteración del estado mental. La piel fría y húmeda, junto con la oliguria, indican hipoperfusión tisular.

Estos hallazgos corresponden a un cuadro de shock séptico que requiere intervención inmediata.

En los análisis de laboratorio, los hallazgos son indicativos de inflamación sistémica e infección grave. La leucocitosis es marcada, con recuentos que pueden superar los 15.000 a 20.000 leucocitos/µL, y con predominio de neutrófilos. En casos de necrosis avanzada, pueden observarse desviación izquierda y presencia de formas inmaduras. La elevación de la proteína C reactiva (PCR) y de la procalcitonina refleja la magnitud de la respuesta inflamatoria. Los niveles de transaminasas, fosfatasa alcalina y bilirrubina pueden estar moderadamente elevados si existe compromiso del flujo biliar o colangitis asociada.

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En la gangrena vesicular, la necrosis tisular puede liberar enzimas citosólicas al torrente sanguíneo, lo que a veces se traduce en un aumento leve de lactato deshidrogenasa (LDH) y creatinfosfocinasa (CK). La presencia de acidosis metabólica y elevación del lactato sérico son signos de hipoperfusión tisular y se correlacionan con un mal pronóstico.

El diagnóstico diferencial incluye otras causas de abdomen agudo, como úlcera péptica perforada, pancreatitis aguda, colangitis, apendicitis subhepática y absceso hepático. En este contexto, las técnicas de imagen son fundamentales para identificar signos sugestivos de gangrena vesicular.

La ecografía abdominal es la herramienta diagnóstica inicial. Los hallazgos típicos de colecistitis aguda, como el engrosamiento de la pared vesicular, la presencia de cálculos y el signo de Murphy ecográfico, pueden acompañarse de hallazgos más específicos de gangrena. Entre ellos destacan la presencia de bandas ecogénicas intramurales irregulares, ausencia de flujo en la pared en el Doppler color, ecos intraluminales móviles sin sombra (que corresponden a membranas desprendidas de la mucosa necrosada) y áreas heterogéneas que indican necrosis. En ocasiones se detecta gas en la pared vesicular o en su interior, un hallazgo altamente sugestivo de colecistitis enfisematosa, una variante grave de gangrena.

La tomografía computarizada (TC) abdominal aporta información más detallada. Permite visualizar engrosamiento irregular de la pared, zonas de baja atenuación compatibles con necrosis, presencia de gas intramural o extraluminal, líquido pericolecístico y signos de perforación o absceso. La falta de realce mural tras la administración de contraste intravenoso es un signo radiológico característico de la necrosis gangrenosa. En casos avanzados, puede observarse colapso de la vesícula y burbujas de gas que se extienden hacia el hígado o la cavidad peritoneal.

La resonancia magnética (RM) con colangiorresonancia puede utilizarse en casos seleccionados para valorar el árbol biliar y descartar coledocolitiasis, aunque no es el método de elección en la urgencia.

El curso clínico de la gangrena vesicular depende de la extensión de la necrosis y de la rapidez con la que se instaure el tratamiento quirúrgico. Sin intervención, el proceso puede evolucionar hacia la perforación de la vesícula, la formación de abscesos pericolecísticos, fístulas biliares o peritonitis generalizada. La perforación se manifiesta clínicamente por un aumento brusco del dolor, signos de irritación peritoneal difusa, hipotensión y deterioro hemodinámico.

En algunos casos, especialmente en pacientes diabéticos o ancianos, las manifestaciones clínicas pueden ser atípicas o escasamente expresivas. El dolor puede ser leve o ausente, la fiebre discreta y los signos de irritación peritoneal mínimos. Esta presentación silente contribuye a un diagnóstico tardío y a un aumento de la mortalidad.

La gangrena vesicular puede también asociarse a complicaciones sépticas sistémicas. La translocación bacteriana y la liberación de endotoxinas pueden desencadenar un síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SRIS), con fiebre, taquicardia, taquipnea y leucocitosis. Si el proceso progresa, puede desarrollarse sepsis grave con disfunción multiorgánica, incluyendo insuficiencia renal aguda, shock séptico y coagulación intravascular diseminada (CID).

El pronóstico depende en gran medida de la sospecha clínica precoz y de la intervención quirúrgica inmediata. La colecistectomía urgente es el tratamiento definitivo, y el retraso en su realización aumenta significativamente la mortalidad.

En conclusión, las manifestaciones clínicas de la gangrena vesicular reflejan la evolución de una colecistitis aguda hacia una fase necrosante y potencialmente mortal. El cuadro clínico se caracteriza por dolor abdominal intenso en el hipocondrio derecho, fiebre alta, signos de sepsis, defensa abdominal y, en ocasiones, ausencia del signo de Murphy. Las alteraciones analíticas muestran una respuesta inflamatoria severa, y los estudios de imagen permiten identificar signos sugestivos de necrosis y complicaciones locales. La identificación precoz de estos signos es crucial para evitar la perforación y la sepsis generalizada. La sospecha clínica basada en la intensidad de los síntomas, la edad avanzada del paciente y los hallazgos radiológicos específicos constituye la clave para un manejo oportuno y efectivo.

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