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Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 3–Marzo 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 3: 822
Autor principal (primer firmante): Daniel Segura Berges
Fecha recepción: 02/03/2025
Fecha aceptación: 29/03/2025
Ref.: Ocronos. 2025;8(3): 822
Autores:
- Daniel Segura Berges. Enfermero de UCI pediátrica. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Beatriz Alcober Fuertes. Enfermera de Cirugía Torácica, ORL y Maxilofacial. Hospital Universitario Miguel Servet.
- María Pilar Albero Domingo. Enfermera de Cirugía Torácica, ORL y Maxilofacial. Hospital Universitario Miguel Servet.
- María Isabel Casafranca Pinilla. Enfermera de Cirugía Torácica, ORL y Maxilofacial. Hospital Universitario Miguel Servet.
- Marta Ramos Fernández. Enfermera de Urgencias. Hospital Clínico Lozano Blesa.
Resumen
Las crisis convulsivas en pediatría representan un desafío diagnóstico y terapéutico debido a su variabilidad clínica y etiológica. La identificación adecuada del tipo de crisis es crucial para establecer un tratamiento oportuno y evitar errores diagnósticos. En este documento se integra la información obtenida de diversas fuentes con el objetivo de proporcionar una guía detallada sobre la orientación diagnóstica, manejo agudo y seguimiento de pacientes pediátricos con crisis convulsivas. Se abordan aspectos epidemiológicos, fisiopatológicos, clínicos y terapéuticos, incluyendo protocolos de estabilización y opciones farmacológicas de primera y segunda línea. La detección temprana y el tratamiento adecuado pueden mejorar significativamente el pronóstico de estos pacientes y reducir el impacto de las crisis en su calidad de vida.
Palabras clave: crisis convulsivas, epilepsia pediátrica, diagnóstico, tratamiento, manejo de crisis.
Abstract
Seizures in pediatrics represent a diagnostic and therapeutic challenge due to their clinical and etiological variability. Proper identification of the type of seizure is crucial for establishing timely treatment and avoiding diagnostic errors. This document integrates information from various sources to provide a detailed guide on diagnostic orientation, acute management, and follow-up of pediatric patients with seizures. Epidemiological, pathophysiological, clinical, and therapeutic aspects are addressed, including stabilization protocols and first- and second- line pharmacological options. Early detection and appropriate treatment can significantly improve patient prognosis and reduce the impact of seizures on their quality of life.
Keywords: seizures, pediatric epilepsy, diagnosis, treatment, seizure management.
Introducción
Las crisis convulsivas en la infancia pueden manifestarse de diferentes maneras, desde episodios febriles benignos hasta epilepsias refractarias. La Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) clasifica las crisis en focales, generalizadas y de origen desconocido, con etiologías que incluyen factores metabólicos, infecciosos, genéticos y estructurales [1]. La distinción entre crisis epilépticas y eventos paroxísticos no epilépticos es esencial para evitar tratamientos innecesarios y reducir la ansiedad en los cuidadores [2].
Epidemiología y etiología
Las crisis convulsivas son comunes en la infancia, con una incidencia aproximada de 4 a 10 casos por cada 1,000 niños [3]. Las crisis febriles representan la causa más frecuente en menores de 5 años, con una prevalencia del 2 al 5% en la población pediátrica [4]. Otras causas incluyen infecciones del sistema nervioso central, trastornos metabólicos como hipoglucemia e hipocalcemia, traumatismos craneoencefálicos y enfermedades genéticas como el síndrome de Dravet [5].
Algunas crisis pueden desencadenarse por factores ambientales como fiebre elevada, privación del sueño, exposición a luces intermitentes o estrés emocional. También se ha descrito un componente hereditario en ciertas epilepsias idiopáticas, lo que subraya la importancia de una historia familiar detallada en la evaluación clínica.
Manifestaciones clínicas
Las crisis convulsivas pueden presentarse con una amplia gama de signos y síntomas. Las crisis focales pueden manifestarse con movimientos involuntarios de una extremidad, alteraciones sensoriales o cambios en el estado de conciencia [6]. Las crisis generalizadas incluyen convulsiones tónico-clónicas, crisis de ausencia y crisis mioclónicas. Las crisis febriles simples son breves (<15 minutos) y no recurrentes en 24 horas, mientras que las complejas pueden ser prolongadas, focales o recurrentes [7].
En neonatos, las crisis suelen ser sutiles y manifestarse como movimientos oculares anómalos, apnea o hipotonía [8]. En lactantes y niños mayores, los episodios pueden ir acompañados de alteraciones del comportamiento, confusión postictal y síntomas vegetativos como sialorrea y diaforesis [9].
Es importante diferenciar las crisis epilépticas de otros episodios paroxísticos como espasmos del sollozo, síncopes, trastornos del movimiento o migrañas, que pueden simular una crisis, pero tienen mecanismos fisiopatológicos diferentes.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la anamnesis detallada, exploración física y estudios complementarios. La electroencefalografía (EEG) es fundamental para caracterizar el tipo de crisis y evaluar el riesgo de epilepsia [10]. En casos de crisis de primer episodio con hallazgos neurológicos anormales, se recomienda realizar neuroimagen (tomografía computarizada o resonancia magnética) [11]. Estudios metabólicos y análisis de líquido cefalorraquídeo están indicados en crisis febriles atípicas o en pacientes con sospecha de encefalitis o errores innatos del metabolismo [12].
El monitoreo con video-EEG puede ser útil en casos de crisis refractarias o cuando existe sospecha de crisis psicógenas. Además, estudios genéticos pueden ser necesarios en pacientes con epilepsia de inicio temprano o síndromes epilépticos específicos.
Manejo terapéutico
El tratamiento de las crisis convulsivas varía según la etiología y la duración del episodio. En crisis agudas, la estabilización del paciente es prioritaria, asegurando una vía aérea permeable, control de la oxigenación y corrección de alteraciones metabólicas. Las benzodiacepinas (lorazepam o diazepam) constituyen la primera línea de tratamiento en crisis prolongadas o estatus epiléptico [13].
En caso de persistencia de la crisis, se recomienda el uso de fármacos de segunda línea como levetiracetam, fenobarbital o fosfenitoína [14]. En crisis recurrentes, el tratamiento a largo plazo debe personalizarse según el tipo de epilepsia y la respuesta individual a los fármacos antiepilépticos [15].
Opciones terapéuticas adicionales incluyen la dieta cetogénica en epilepsias refractarias, el uso de estimuladores del nervio vago y, en casos seleccionados, cirugía de epilepsia para lesiones focales identificadas.
Seguimiento y prevención
El seguimiento de los pacientes con crisis convulsivas incluye evaluación neurológica periódica, ajuste del tratamiento farmacológico y educación a los cuidadores sobre el manejo de crisis en el hogar [16]. La identificación de factores precipitantes, como fiebre, privación del sueño y estrés, puede ayudar a reducir la frecuencia de las crisis [17]. En pacientes con epilepsia refractaria, se consideran opciones terapéuticas avanzadas como la dieta cetogénica, estimulación del nervio vago o cirugía [18].
La prevención secundaria incluye la adherencia estricta al tratamiento farmacológico, evitar la suspensión abrupta de fármacos y mantener controles regulares con neurología pediátrica. La educación de la familia es clave para mejorar la calidad de vida del paciente y reducir el estigma social asociado a la epilepsia.
Conclusiones
El manejo de crisis convulsivas en pediatría requiere una evaluación sistemática y un enfoque multidisciplinario. La clasificación adecuada de las crisis, el diagnóstico oportuno y el tratamiento dirigido pueden mejorar significativamente el pronóstico de los pacientes pediátricos. La educación a familiares y cuidadores es clave para optimizar el manejo de futuras crisis y reducir la ansiedad asociada con estos eventos. Además, la investigación continua en terapias farmacológicas y no farmacológicas permitirá mejorar las opciones de tratamiento en el futuro.
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