Manejo de las alarmas más frecuentes en ventilación mecánica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 9–Septiembre 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº9: 145

Autor principal (primer firmante): Irene Pérez González

Fecha recepción: 20 de agosto, 2022

Fecha aceptación: 17 septiembre, 2022

Ref.: Ocronos. 2022;5(9) 145

Autora:

  • Irene Pérez González.

Categoría profesional:

Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud Benavente Sur (Zamora).

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Resumen

La ventilación mecánica está sujeta a una serie de alarmas en el respirador que constituyen un sistema de seguridad para garantizar el bienestar de paciente. Informan mediante señales sonoras y lumínicas al profesional sanitario que asiste al paciente sobre discordancias entre los parámetros programados en el respirador y las lecturas obtenidas del paciente. Las alarmas más frecuentes en los respiradores son relativas a la presión en la vía aérea (Paw), al volumen minuto (Vm) y a la frecuencia respiratoria (FR).

Las alarmas en una situación de urgencia y/o de emergencia pueden responder a situaciones banales como una mínima fuga que no afecte a la ventilación ni a la oxigenación del paciente, pero también a situaciones graves como la desconexión del ventilador, la extubación accidental o la existencia de un neumotórax a tensión.

El profesional de urgencias y emergencias debe seguir una sistemática de actuación para interpretar correctamente las alarmas monitorizadas, y actuar de forma rápida y eficaz identificando la causa de las mismas y restableciendo el correcto funcionamiento del sistema (paciente-interfase-respirador).

Palabras clave: Ventilación mecánica, Respirador, Alarma técnica, Alarma ventilatoria, Volumen minuto (Vm), Presión en la vía aérea (Paw), Volumen corriente (VT), Resistencia en la vía aérea (Raw), Frecuencia respiratoria (FR), Fuga aérea, Inadaptación, Asincronía.

Desarrollo

Es fundamental el seguimiento de una sistemática para resolver de forma rápida y eficaz los problemas que desencadenan la aparición de las alarmas en ventilación mecánica. Se deben evitar actos reflejos erróneos y peligrosos, como silenciar una alarma sin solventar la causa que la ha generado, o únicamente relajar al paciente ante una alarma por aumento de presión en la vía aérea sin antes comprobar lo que le ocurre.

Los problemas más habituales que nos encontramos y sus respectivas causas, son los siguientes:

  • Presión en la vía aérea (Paw) elevada: Obstrucción o acodamiento del tubo endotraqueal, aumento de secreciones respiratorias, broncoespasmo, intubación selectiva del bronquio derecho, neumotórax, atelectasias, edema agudo de pulmón, inadaptación entre el paciente y el respirador (por tos, convulsiones, escasa sedación y relajación), distensión gástrica o abdominal, patología torácica restrictiva, hiperinsuflación aérea…
  • Presión en la vía aérea (Paw) baja: desconexión del respirador, extubación accidental, fuga aérea por mal sellado del balón de neumotaponamiento o fallo en el circuito…
  • Descenso del volumen minuto (Vm): desconexión del sistema, fuga aérea o tubo alojado por encima de las cuerdas vocales, asincronías entre el paciente y el respirador, fístula broncopleural…
  • Ausencia bilateral de ventilación: desconexión del respirador, intubación esofágica, extubación accidental, obstrucción completa del tubo endotraqueal, neumotórax bilateral, broncoespasmo intenso…
  • Asimetría de la ventilación: intubación selectiva del bronquio derecho, neumotórax unilateral, atelectasias…
  • Hipotensión arterial al inicio de la ventilación mecánica: debido a la sedoanalgesia, a la alcalosis respiratoria, a la disminución del retorno venoso y del gasto cardíaco por el aumento de la presión intratorácica…
  • Inadaptación a la ventilación mecánica: programación inadecuada del ventilador, sedoanalgesia insuficiente, aparición de complicaciones (dolor, agitación, hipoxemia, fiebre, aumento de las necesidades ventilatorias…).
  • Hipercapnia (Acidosis respiratoria): Volumen minuto (Vm) insuficiente, inadaptación entre el paciente y el sistema, aumento del metabolismo celular y de la producción de CO2, aumento del espacio muerto con aumento de la hipoventilación…
  • Hipocapnia (Alcalosis respiratoria): aumento del volumen minuto (Vm).
  • Deterioro de la oxigenación o desaturación: aparición de complicaciones, progresión del proceso de base, inadaptación del paciente…

A partir de lo anterior, se pueden identificar 2 tipos de alarmas: técnicas y ventilatorias:

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Alarmas técnicas

  1. Por fallo de red o de suministro eléctrico: aparecen cuando no existe suministro eléctrico o este es insuficiente para el mantenimiento del aparato. Significa que la batería está agotándose o que es defectuosa, y/o que el respirador no está conectado a la red eléctrica.

    La vida media habitual de la batería de un respirador es de aproximadamente 2 años.

  2. Presión de alimentación baja: implica que no llega suficiente suministro de oxígeno desde la fuente al respirador, bien porque la toma de pared esté estropeada, porque la bala de oxígeno esté agotada, cerrada o no esté conectada al respirador…

Alarmas ventilatorias

1. Alarmas ventilatorias bajas: debidas a 3 posibles causas:

  • Fuga aérea.
  • Volumen minuto (Vm) bajo.
  • Presión en la vía aérea (Paw) baja.

Todas ellas implican la existencia de un escape de aire entre el respirador y la vía aérea del paciente, en cualquier punto del sistema, aunque con frecuencia se encuentra en el balón de neumotaponamiento del tubo endotraqueal, en la toma de capnografía y en la toma para la aspiración gástrica.

También puede saltar esta alarma cuando exista una fisura en la tubuladura con fuga aérea, cuando la válvula espiratoria esté mal colocada, cuando el paciente se desconecte del respirador, o cuando se produzca una extubación accidental.

Se deben comprobar todos los materiales que utilizamos y asegurarnos de que se encuentran en condiciones óptimas de uso.

2. Alarmas ventilatorias altas: aparecen cuando existe una presión en la vía aérea (Paw) elevada, con aumento de resistencia al paso de aire entre el respirador y la vía aérea del paciente.

Las causas más frecuentes están relacionadas con el paciente o con la evolución de su patología de base, y son: la obstrucción, el acodamiento o la compresión del tubo endotraqueal, la presencia de secreciones respiratorias abundantes, el broncoespasmo, la intubación selectiva del bronquio derecho, la distensión gástrica, la patología torácica restrictiva, el neumotórax, el edema pulmonar, el atrapamiento aéreo, la presencia de asincronía o inadaptación entre el paciente y el respirador…

Cuando aparezca una alarma ventilatoria, es imprescindible explorar al paciente, comenzando por la auscultación pulmonar y la medición de las constantes vitales. Mediante los datos obtenidos con la exploración física, las constantes vitales y el tipo de alarma, podremos identificar la causa y resolverla mediante la medida correctora más apropiada.

Las alarmas ventilatorias pueden estar conmutadas, es decir, presentarse de forma consecutiva debido a la presencia de varias alteraciones que precisen su correspondiente medida correctora. En estos casos, debemos establecer un orden de prioridad: primero resolveremos la presión de alimentación baja, posteriormente la alarma ventilatoria baja, y por último la alarma ventilatoria alta. Después de cada media correctora es fundamental comprobar la situación clínica del paciente y la monitorización de sus constantes vitales, incluso aunque el problema se haya resuelto y la alarma se haya apagado.

Es imprescindible realizar el mantenimiento rutinario y la revisión diaria del correcto funcionamiento del respirador, con un pulmón de prueba, es decir, con un sistema estanco.

Conclusiones

Los sistemas de alarma en los respiradores durante la ventilación mecánica, permiten controlar al paciente, al sistema y al equipo. Deben ser precisas y fácilmente interpretables para resolver las situaciones anómalas de forma rápida, segura y eficaz. Suelen ser acústicas y visuales, e informan cuando se rebasa el límite superior e inferior de los parámetros monitorizados. Se recomienda programar los límites entre un 10% y un 20% por encima y por debajo del valor normal de los parámetros establecidos.

Entre los parámetros programables encontramos la alta y baja presión en la vía aérea (Paw), el alto y bajo volumen minuto exhalado (Vm), la elevada y baja frecuencia respiratoria (FR), el alto y bajo volumen corriente exhalado (VT). Por el contrario, entre las alarmas no programables encontramos el fallo de red o de suministro eléctrico, la baja presión de alimentación o de oxígeno (O2), el fallo en la válvula de exhalación, la aparición de apnea, la presencia de la válvula de seguridad abierta…

Es fundamental evitar errores frecuentes en el manejo de las alarmas:

  1. Solucionar la alarma apagando la señal acústica.
  2. No realizar la comprobación de forma rutinaria de todo el sistema con el pulmón de prueba todas las mañanas.
  3. Dar por hecho que la ventilación mecánica sólo consiste en programar parámetros en el respirador y no modificarlos según la evolución del estado clínico del paciente.
  4. Asumir que una alarma ventilatoria alta se debe a inadaptación o asincronía entre el paciente y el respirador, y tratar de solucionarlo sólo sedándole y relajándole. Es imprescindible explorar al paciente, monitorizar sus constantes, y posteriormente ajustar los parámetros respiratorios en base a lo anterior.

Bibliografía

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