Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1067
Autor principal (primer firmante): Luna Fernanda Gil Cano
Fecha recepción: 29/07/2026
Fecha aceptación: 25/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1067
Autores:
Luna Fernanda Gil Cano
Erika Salvador Tirado
María de la Paz Esteban Borobia
Ester Biel Hernández
Jesús Soler Pérez
Yudi Tatiana Cano Peña
Categorías Pinche, Técnico en cuidados auxiliares de Enfermería, auxiliar administrativo, administrativo, celador, telefonista y lavandero
Palabras clave: lenguaje claro, comunicación sanitaria, alfabetización en salud, seguridad del paciente, calidad asistencial, atención centrada en la persona.
Introducción
Todos hemos vivido alguna vez esa sensación de salir de una consulta pensando que lo hemos entendido todo… hasta que llegamos a casa y aparecen las dudas. El nombre de la enfermedad resulta complicado, el tratamiento parece confuso y las indicaciones escritas contienen palabras difíciles de interpretar.
Cuando esto ocurre, el problema no siempre está en la cantidad de información recibida. Muchas veces está en la forma de transmitirla.
En el ámbito sanitario, una explicación poco clara puede tener consecuencias importantes. Un medicamento tomado de forma incorrecta, una preparación inadecuada para una prueba diagnóstica o la falta de comprensión de un tratamiento pueden comprometer la seguridad del paciente y dificultar su recuperación.
¿Qué se entiende por lenguaje claro?
El lenguaje claro consiste en comunicar la información de forma que las personas puedan encontrarla, comprenderla y utilizarla fácilmente para tomar decisiones.
En el ámbito sanitario implica sustituir expresiones excesivamente técnicas por palabras sencillas siempre que sea posible, organizar la información de manera lógica y comprobar que el paciente realmente ha comprendido las explicaciones recibidas.
Hablar con claridad no supone reducir el rigor científico. Al contrario, representa una forma de hacer que ese conocimiento llegue realmente a quien más lo necesita.
La importancia de la alfabetización en salud
La alfabetización en salud hace referencia a la capacidad que tienen las personas para obtener, comprender y utilizar la información relacionada con su salud.
Un bajo nivel de alfabetización sanitaria puede dificultar la interpretación de informes médicos, prospectos, consentimientos informados o instrucciones terapéuticas. Como consecuencia, aumenta el riesgo de errores en la medicación, disminuye la adherencia a los tratamientos y pueden producirse más ingresos hospitalarios evitables.
Favorecer una comunicación sencilla y accesible contribuye a reducir estas dificultades y permite que los pacientes participen de forma más activa en el cuidado de su salud.
Beneficios del lenguaje claro
El empleo de un lenguaje comprensible genera ventajas para pacientes, profesionales e instituciones sanitarias.
Los pacientes experimentan una mayor confianza, comprenden mejor su enfermedad y participan con mayor seguridad en la toma de decisiones relacionadas con su tratamiento. Esta comprensión favorece el cumplimiento terapéutico y reduce la ansiedad que suele acompañar a muchas situaciones clínicas.
Los profesionales también se benefician de una comunicación más eficaz. Disminuyen las dudas repetidas, se reducen los malentendidos y mejora la relación con los pacientes y sus familias.
Barreras para una comunicación efectiva
A pesar de su importancia, todavía existen numerosos obstáculos que dificultan la implantación del lenguaje claro en la práctica asistencial.
El uso habitual de terminología médica, la falta de tiempo durante las consultas y la costumbre de utilizar expresiones técnicas pueden limitar la comprensión de los pacientes.
También influyen factores relacionados con la edad, el nivel educativo, las diferencias culturales o las dificultades visuales, auditivas y cognitivas.
La creciente digitalización de los servicios sanitarios plantea nuevos desafíos. Muchas personas encuentran dificultades para interpretar la información disponible en aplicaciones móviles, páginas web o portales electrónicos de salud, especialmente cuando el contenido no está redactado de manera accesible.
Estrategias para mejorar la información sanitaria
Promover el lenguaje claro requiere un cambio de enfoque en la comunicación sanitaria.
Utilizar frases breves, evitar tecnicismos innecesarios y organizar la información por orden de importancia facilita su comprensión. Cuando sea imprescindible emplear términos médicos, conviene acompañarlos de una explicación sencilla.
Otra estrategia eficaz consiste en comprobar que el paciente ha entendido las indicaciones. Pedirle que explique con sus propias palabras cómo tomará la medicación o qué debe hacer antes de una prueba diagnóstica permite detectar posibles errores antes de que aparezcan complicaciones.
Los materiales escritos también deben diseñarse pensando en el lector. Tipografía legible, frases cortas, buena organización visual y un lenguaje directo favorecen la comprensión.
El lenguaje claro como herramienta de humanización
Una comunicación sencilla también es una forma de respeto. Cuando los profesionales adaptan sus explicaciones a las necesidades del paciente, transmiten cercanía, interés y compromiso con su bienestar.
El lenguaje claro fortalece la relación de confianza entre profesionales y pacientes, favorece la toma de decisiones compartidas y mejora la percepción de calidad asistencial.
Conclusión
El lenguaje claro representa una herramienta imprescindible para mejorar la calidad asistencial, reforzar la seguridad del paciente y favorecer una atención verdaderamente centrada en las personas. Comunicar de manera sencilla, precisa y adaptada a las características individuales permite reducir errores, incrementar la adherencia a los tratamientos y fortalecer la confianza entre pacientes y profesionales.
En una sociedad cada vez más diversa y con un acceso creciente a la información sanitaria, garantizar una comunicación comprensible constituye un compromiso ético y una responsabilidad compartida. Apostar por el lenguaje claro no significa reducir el contenido científico, sino hacerlo accesible para que todas las personas puedan comprenderlo, utilizarlo y participar activamente en las decisiones relacionadas con su salud.
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