Larvas migratorias viscerales

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 5–Mayo 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 5: 817

Autor principal (primer firmante): Mairym Zapata Moran

Fecha recepción: 02/05/2025

Fecha aceptación: 29/05/2025

Ref.: Ocronos. 2025;8(5): 817

Autores:

Mairym Zapata Moran (CELADOR)

Jorge Fuertes Lahoz (CELADOR)

José Manuel Doña Muñoz (CELADOR)

Alba Doña Muñoz (TCAE)

Salvador Zorraquino Hernández (TCAE)

David Gómez López (TCAE)

Categoría profesional: CELADOR Y TCAE

Resumen

Las larvas migratorias viscerales representan una condición médica causada por la migración de larvas de nematodos, principalmente del género Toxocara, a través de los órganos internos del cuerpo humano. Esta zoonosis, que afecta predominantemente a niños pequeños, se origina por la ingestión accidental de huevos de parásitos presentes en el suelo contaminado o en las heces de mascotas infectadas. Las larvas eclosionan en el intestino y emprenden un viaje errático por diversos tejidos, provocando una serie de manifestaciones clínicas que varían según los órganos afectados. El diagnóstico de LMV se complica debido a la inespecificidad de sus síntomas.

Palabras clave:

Publica TFG cuadrado 1200 x 1200

Larvas migratorias viscerales, Toxocara, zoonosis, eosinofilia, granulomas, hepatomegalia, neumonitis, serología, antiparasitarios, prevención, larva, parásito.

Introducción

Las larvas migratorias viscerales (LMV) constituyen una preocupante manifestación de la interacción entre los seres humanos y ciertos parásitos del reino animal. Esta condición, descrita por primera vez en 1952 por Beaver y colaboradores, se hace notar en la comunidad médica debido a su peculiar patogenia y las diversas presentaciones clínicas que adopta.

En esencia, las LMV son el resultado de un «viaje equivocado» que emprenden las larvas de ciertos nematodos, principalmente del género Toxocara, al interior del cuerpo humano. Estos diminutos invasores, que normalmente completarían su ciclo vital en el intestino de perros o gatos, se encuentran perdidos en un huésped que no les corresponde, provocando una serie de reacciones en su intento por sobrevivir y completar un ciclo que, en el ser humano, está destinado al fracaso.

Etiología y ciclo de vida

El protagonista principal de esta historia parasitaria es, sin duda, el Toxocara canis, aunque su primo felino, el Toxocara cati, también puede desempeñar un papel en esta trama. Estos nematodos, en su estado adulto, residen cómodamente en el intestino de perros y gatos, respectivamente. Sin embargo, el problema surge cuando sus huevos son liberados al medio ambiente a través de las heces de estos animales.

Aquí es donde entra en escena el ser humano, generalmente un niño pequeño con hábitos de geofagia o simplemente con poca higiene. Al ingerir tierra contaminada con estos huevos, se inicia un viaje que ninguna de las partes involucradas había planeado. Los huevos eclosionan en el intestino humano, liberando larvas que, lejos de encontrar las condiciones adecuadas para su desarrollo, se ven obligadas a migrar erráticamente por el organismo.

publica-articulo-revista-ocronos

Patogenia

Una vez que las larvas atraviesan la pared intestinal y alcanzan el torrente sanguíneo, comienza una odisea que puede llevarlas a prácticamente cualquier órgano del cuerpo. El hígado, los pulmones, el corazón e incluso el sistema nervioso central se convierten en potenciales destinos para estos viajeros indeseados.

En su periplo, las larvas dejan tras de sí un rastro de destrucción microscópica. Los tejidos invadidos responden con inflamación, formando los característicos granulomas eosinofílicos que son la marca registrada de esta condición. Estos granulomas, lejos de ser una simple curiosidad patológica, son el resultado de una intensa batalla inmunológica que el cuerpo libra contra los invasores.

La respuesta inmune del huésped es, de hecho, un arma de doble filo. Por un lado, busca eliminar a las larvas; por otro, es responsable de gran parte de la sintomatología asociada a las LMV. La liberación de mediadores inflamatorios, la activación de eosinófilos y la producción de anticuerpos específicos conforman un cóctel inmunológico que, si bien es necesario para combatir la infección, también puede causar daño colateral en los tejidos del huésped.

Manifestaciones clínicas

El espectro de manifestaciones clínicas de las LMV es tan variado como los órganos que pueden verse afectados. Sin embargo, existen algunas presentaciones que son particularmente frecuentes y que merecen una atención especial.

La hepatomegalia es uno de los hallazgos más comunes, el hígado, actuando como un filtro natural del organismo, suele ser uno de los primeros órganos en recibir la visita de las larvas migratorias. La inflamación resultante puede manifestarse como un aumento palpable del tamaño hepático, acompañado en ocasiones de dolor abdominal e incluso ictericia en casos severos.

Los pulmones, otro destino frecuente de las larvas, pueden responder a la invasión con una neumonitis. Los pacientes presentarían tos, sibilancias y disnea, en un cuadro que puede confundirse con un asma de novo. La radiografía de tórax revelará infiltrados pulmonares cambiantes, un hallazgo que, aunque inespecífico, debería hacer sospechar de LMV en el contexto adecuado.

El sistema nervioso central no está exento de la visita de estos parásitos errantes. Cuando las larvas logran atravesar la barrera hematoencefálica, pueden provocar síntomas neurológicos tales como cefaleas persistentes, convulsiones y alteraciones del comportamiento. La afectación ocular, aunque técnicamente parte del sistema nervioso, merece una mención aparte debido a su potencial gravedad. La larva migrans ocular puede causar pérdida de visión e incluso ceguera si no se diagnostica y trata oportunamente.

Un hallazgo prácticamente constante en las LMV es la eosinofilia periférica. Este aumento en el número de eosinófilos en sangre es una respuesta directa a la invasión parasitaria y puede alcanzar niveles notablemente elevados. Acompañando a la eosinofilia, es común encontrar una elevación de la IgE sérica, reflejando la intensa respuesta inmune de tipo Th2 que caracteriza a esta condición.

Diagnóstico

La inespecificidad de los síntomas y la naturaleza errática de la migración larvaria hacen que esta condición pueda imitar una amplia variedad de enfermedades.

La sospecha clínica es el primer paso, por ejemplo, un niño con antecedentes de geofagia o contacto cercano con mascotas, que presenta una combinación de síntomas sistémicos, eosinofilia marcada y manifestaciones orgánicas específicas, debería hacer sonar las alarmas.

Las pruebas serológicas, particularmente el ELISA para detectar anticuerpos anti-Toxocara, se han convertido en el eje diagnóstico. Es importante recordar que un resultado positivo indica exposición, no necesariamente enfermedad activa. La interpretación de estos resultados debe hacerse siempre en el contexto clínico.

Los estudios de imagen son de gran utilidad cuando hay sospecha de afectación de órganos específicos. La ecografía hepática revelaría lesiones hipoecoicas características, mientras que la tomografía computarizada o la resonancia magnética pueden evaluar la afectación del sistema nervioso central.

La biopsia, aunque rara vez necesaria, proporciona evidencia histológica definitiva en casos dudosos. Los granulomas eosinofílicos son el hallazgo característico, aunque la visualización directa de las larvas es extremadamente infrecuente.

Tratamiento

El enfoque es individualizado, basado los órganos afectados. En casos leves, especialmente en niños pequeños, la observación vigilante puede ser suficiente, ya que la condición tiende a autolimitarse con el tiempo. Sin embargo, en casos severos o cuando hay afectación de órganos críticos, el tratamiento antiparasitario está indicado. El albendazol es generalmente el fármaco propicio, administrado en ciclos de 5 días. En casos de afectación ocular o del sistema nervioso central, se puede considerar el uso de corticosteroides para mitigar la respuesta inflamatoria.

Es importante recordar que el tratamiento antiparasitario, si bien eficaz para eliminar las larvas vivas, no tiene efecto sobre los granulomas ya formados. Por lo tanto, algunas secuelas pueden persistir incluso después de un tratamiento exitoso.

Prevención

Las medidas preventivas se centran en interrumpir el ciclo de transmisión del parásito.

La desparasitación regular de mascotas, sobre todo perros y gatos, es fundamental. Igualmente, importante es la eliminación adecuada de las heces de estos animales, evitando la contaminación del suelo con huevos de Toxocara.

La educación de los niños sobre la importancia de la higiene personal, e el lavado de manos después de jugar en el suelo o con mascotas, reduce el riesgo de infección.

En áreas endémicas, se debe considerar la posibilidad de implementar programas de desparasitación masiva, similar a los utilizados para otras helmintiasis.

Conclusiones

Las larvas migratorias viscerales son ejemplo vivo de las interacciones entre los seres humanos y el mundo parasitario que nos rodea. Esta condición, que surge de un «error» en el ciclo vital de ciertos nematodos, nos recuerda la importancia de mantener un equilibrio saludable en nuestra relación con los animales domésticos y el medio ambiente.

El diagnóstico de LMV requiere una aproximación multisistémica, dada la variedad de órganos que pueden verse afectados. El tratamiento, aunque generalmente efectivo, debe ser individualizado y considerar no solo la eliminación del parásito, sino también la respuesta inflamatoria asociada.

La prevención, centrada en la interrupción del ciclo de transmisión, sigue siendo la estrategia más efectiva para controlar esta zoonosis.

Bibliografía

  1. https://www.medicoverhospitals.in/es/diseases/visc eral-larva-migrans/.
  2. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC153144/.
  3. https://pesquisa.bvsalud.org/portal/resource/midia s/biblio-902298.
  4. https://www.msdmanuals.com/es/professional/enferme dades-infecciosas/nematodos-gusanos- redondos/toxocariasis.
  5. https://www.scielo.cl/pdf/rcp/v54n4/art09.pdf.
  6. https://www.scielo.org.mx/pdf/acm/v83n2/v83n2a7.pd f.
  7. https://en.wikipedia.org/wiki/Visceral_larva_migra ns.
  8. https://www.cfsph.iastate.edu/Factsheets/es/toxoca riasis-es.pdf.
  9. https://dialnet.unirioja.es/descarga/artículo/8080 646.pdf.
  10. https://www.elsevier.es/es-revista-archivos-cardio logia-mexico-293-artículo-manifestaciones- cardiovasculares-toxocariasis-humana-S140599401300 0049.
  11. https://www.thieme-connect.com/products/ejournals/ pdf/10.1055/s-0043-1776263.pdf.
  12. https://revistas.upch.edu.pe/index.php/RMH/article /view/297.
  13. https://www.cdc.gov/dpdx/toxocariasis/index.html.
  14. https://www.elsevier.es/es-revista-Medicina-famili a-semergen-40-artículo-lesiones-cutaneas- parasitarias-larva-migrans-13020299.
  15. https://www.cfsph.iastate.edu/FastFacts/spanish/la rvamigrans_F-es.pdf.
  16. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/00063 3.htm.
  17. https://www.scielo.org.ar/pdf/aap/v116n6/v116n6a19 .pdf.
  18. https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/00145 4.htm.
  19. https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/240 76-visceral-larva-migrans.
  20. http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext &pid=S1684-18242018000200020.
  21. https://medlineplus.gov/ency/article/000633.htm.
  22. https://ssl.adam.com/content.aspx?productid=118&is articlelink=false&pid=5&gid=000633&site=nuestras alud.adam.com&login=NUES7600.
  23. https://taylorandfrancis.com/knowledge/Medicine_an d_healthcare/Infectious_diseases/Visceral_larva_mi grans/.
  24. https://www.msdmanuals.com/es/hogar/infecciones/in fecciones-parasitarias-nematodos- lombrices/toxocariasis.
  25. https://www.cfsph.iastate.edu/FastFacts/pdfs/larva migrans_F.pdf.
  26. https://actasdermo.org/es-larva-migrans-cutanea-pr esentacion-8-artículo-13036366.
  27. https://www.cfsph.iastate.edu/Factsheets/es/larva_ migrans-es.pdf.