La enfermedad de Lyme

Autoras: Eva Vázquez Fernández, Carla García Fernández, Clara Suárez Pérez, Laura Rodríguez García, María Gómez de Cos, Elena Sánchez Huerta, Alba Couce Pérez, Almudena Díaz González

Definición

La enfermedad de Lyme es una zoonosis causada por Borrelia burgdorferi, una espiroqueta aislada por primera vez en 1982, que utiliza como reservorio animal las garrapatas, especialmente aquellas del género Ixodes. La enfermedad fue descrita en los años sesenta por Allen Steere durante un brote epidémico de artritis reumatoidea juvenil en Connecticut. Steere, quien había tenido entrenamiento previo en el Centro para el Control de Enfermedades sospechaba de la naturaleza infecciosa de la enfermedad, y fue así que descubrió su asociación con un vector.

Manifestaciones dérmicas de la enfermedad de Lyme, tales como el erythema migrans (EM), ya habían sido descritas a principios del siglo XX. La espiroqueta B.b. fue hallada en el tubo digestivo de garrapatas del género Ixodes por Burgdorfer en 1984. La enfermedad de Lyme constituye una enfermedad infecciosa emergente de proporciones globales. A pesar de haber sido descrita en Norteamérica, la borreliosis es endémica en muchos países de Europa y Asia. También ha sido descrita en África del Norte, Oceanía, y Sudamérica.

Causas

La picadura Borrelia burgdorferi inocula el microorganismo al género humano, donde por su abundante cantidad de proteínas de superficie desencadena una rápida reacción inflamatoria.

Existe cierta especificidad entre Borrelia y garrapata, de modo que las diferentes especies de Borrelia utilizan diferentes vectores para su transmisión en distintas áreas geográficas. Más aún, diferentes especies de Borrelia están asociadas con diferentes presentaciones clínicas de la enfermedad.

Borrelia existe en la naturaleza en un ciclo enzoótico, en garrapatas, mayormente del género Ixodes. En Norteamérica, B.b. es transmitida mayormente por Ixodes scapularis e Ixodes pacificus, mientras que en Europa y Asia Ixodes ricinus e Ixodes persulcatus, respectivamente, son mayormente utilizados.

Se cree que estas garrapatas fueron introducidas en el nuevo mundo por animales ungulados como el venado. Se han encontrado larvas y ninfas de I. pararicinus en roedores y aves. Garrapatas de la familia Ixodidae, pero pertenecientes a otros géneros, tales como Haemaphysalisy Amblyomma también han sido encontradas en aves sudamericanas. El ciclo zoonótico de Borrelia involucra reservorios en la naturaleza tales como el roedor Peromyscus leucopus y el venado Odocoileusvirginianus. En Sudamérica, varias especies de aves, roedores y lagomorfos tales como la liebre se han propuesto como reservorios.

En España está aumentando el número de casos principalmente en el norte del país, se cree que este hecho esté sucediendo debido a un mayor contacto del hombre con la naturaleza o al aumento de la población de garrapatas debido a cambios ambientales y a una mayor disponibilidad de hospedadores

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La distribución de esta garrapata a nivel mundial hace de la borreliosis de Lyme una enfermedad asociada a áreas forestales de hoja caduca del hemisferio norte. La cornisa cantábrica y el nordeste de España están ampliamente pobladas por este artrópodo. Se han encontrado Ixodes en Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco y Castilla y León, en la zona este (Cataluña), en la zona centro (Madrid) y en el sur (Andalucía). Zonas del norte de España como La Rioja, Navarra o la sierra del Sueve en Asturias son zonas endémicas de borreliosis de Lyme.

Signos y síntomas

El síntoma más común es un rash eritematoso radiante llamado eritema migrans. Este eritema se inicia como una pequeña pápula o mácula eritematosa que aparece en el sitio de la mordedura una a dos semanas después (3 a 32 días). La lesión puede mostrar vesículas centrales o áreas necróticas. Hay ocasiones que el eritema migrans es asintomático, sin embargo, en otros casos puede aparecer síntomas inespecíficos tales como como fatiga, cefalea, artralgias, mialgias y, con menor frecuencia, fiebre. La mayoría de los pacientes con eritema migratorio (80%) tienen una lesión única, pero la bacteria se puede diseminar vía hematógena a otros sitios de la piel o fuera de ella.

Las lesiones del eritema migratorio temprano suelen ser homogéneamente eritematosas y con frecuencia no muestran el aclaramiento central con apariencia de tiro al blanco. Éstas usualmente se manifiestan en localizaciones como la axila, la fosa poplítea, la espalda, el abdomen y las ingles, lo que puede ayudar a establecer el diagnóstico.

De esa manera, una vez la espiroqueta invade el territorio cutáneo en el que fue inoculada, alcanza el torrente sanguíneo, mostrando organotropismo por el sistema cardiovascular, articular y neurológico.

Las manifestaciones clínicas dependen del estadio de la enfermedad:

  • Enfermedad temprana localizada: eritema migrans o migratorio (EM).
  • Enfermedad temprana diseminada: EM múltiple, parálisis de nervios craneales (especialmente del nervio facial), meningitis, carditis.
  • Enfermedad tardía: artritis, encefalopatía o polineuropatía subaguda.

Prevención

Como medidas preventivas se recomienda llevar pantalones largos o la aplicación de repelentes. El examen cutáneo en busca de garrapatas es recomendable, aunque de efectividad dudosa, dada la facilidad de que pasen desapercibidas por su pequeño tamaño. Una vez localizada, la garrapata debe ser extraída mediante una pequeña pinza, lo más cerca posible de su cabeza y evitando la compresión de su cuerpo, la rotación del mismo o la aplicación de agentes químicos tópicos. No está indicada la profilaxis antibiótica tras la picadura, aún en zonas endémicas.

Diagnóstico

El diagnóstico de la forma temprana requiere una elevada sospecha clínica ante un antecedente epidemiológico compatible y un cuadro clínico sugestivo; y en las formas crónicas el índice de sospecha es menor, sobre todo en países donde la incidencia es tan baja.

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El diagnóstico en países donde la incidencia es alta puede realizarse sólo con datos clínicos, pero en nuestro medio, es preciso documentar la infección con exámenes de laboratorio complementarios. En este sentido la espiroqueta se puede aislar de las lesiones cutáneas y raras veces del líquido cefalorraquídeo o articular, mediante cultivo en el medio Barbour-Stoenner-Kelly, pero este proceso es complejo y el crecimiento puede tardar hasta 12 semanas. También se puede diagnosticar mediante la detección de ácidos nucleicos con la Reacción en Cadena de Polimerasa (PCR), aunque la prueba es costosa y de sensibilidad variable.

Es por esta razón que el método de confirmación indirecta mediante la detección de anticuerpos es el de elección, ya que es más barato, menos complejo y con mayor sensibilidad que los anteriores. Para ello se detectan anticuerpos IgG e IgM contra proteínas bacterianas de alta inmunogenicidad con inmunofluorescencia indirecta o ELISA y luego se confirma con Western blot, según recomendaciones internacionales. En la fase temprana puede haber ausencia de anticuerpos IgM, llevando a un falso negativo, así mismo otras patologías como mononucleosis, sífilis, leptospirosis y enfermedades autoinmunes pueden dar resultados falsos positivos por reactividad cruzada de los antígenos.

Tratamiento

El tratamiento antibiótico está indicado en todos los estadios clínicos de la misma, aunque es más efectivo en las etapas tempranas, siendo el de elección la doxiciclina 100 mg vía oral por 14 días. Alternativas posibles son la amoxicilina por 14 días y la azitromicina por 5 días, ambas en dosis usuales. En todos los casos es suficiente una administración oral del tratamiento por 14 días, excepto cuando existe compromiso del sistema nervioso central o cardiovascular donde se recomienda administración parenteral por 14–22 días. En los casos que requieran terapia endovenosa se recomienda penicilina sódica, ceftriaxone o cefotaxime.

Conclusión

Los estudios consultados indican la presencia de los principales elementos para esta zoonosis se produzca, a saber, reservorios como venados, ganado, roedores y aves, vectores del género Ixodes. El ser humano es un hospedero accidental del ciclo zoonótico mantenido en la naturaleza. La potencial transmisión de B. burgdorferi a los humanos es alta, debido a que existen las condiciones ambientales y ecológicas para la proliferación de garrapatas y es reconocido que en área rurales existe una alta infestación de humanos con garrapatas.

El síndrome de Lyme crónico es una entidad de baja incidencia epidemiológica y con fundamento teórico aún en investigación. Este último debe dirigirse no solo a la erradicación microbiológica, sino también al manejo sintomático y la rehabilitación física integral, debido a la morbilidad asociada.

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