Intervenciones Enfermeras ante la prevención y detección de la conducta suicida. Revisión bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 5–Mayo 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº5: 75

Autor principal (primer firmante): Melani Pozo Celma

Fecha recepción: 16 de Abril, 2021

Fecha aceptación: 8 de Mayo, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(5): 75

Autores

  1. Melani Pozo Celma (autora principal): Enfermera en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. Máster en Cuidados especializados de Enfermería en urgencias y críticos. Universidad de Alcalá. Experto Universitario en Urgencias en Salud Mental. Universidad Europea Miguel de Cervantes
  2. Noelia Roxana Mayta Huaraca. Enfermera en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
  3. Gema Bermúdez Moreno. Enfermera en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa Zaragoza. Máster Oficial en Gerontología social. Longevidad, salud, calidad por la Universidad de Jaén. Máster en farmacoterapia para Enfermería Universidad de Valencia.
  4. Hernando Antonio Guarin Duque: Enfermero en Hospital Universitario Miguel Servet Zaragoza. Máster en Salud Pública por la Universidad de Zaragoza.
  5. Eliana Barrientos Jaramillo: Enfermera en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza. Máster en Salud Pública por la Universidad de Zaragoza.
  6. Carolina Ortego Destre: Enfermera en Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.

Resumen

Introducción: Según señala la Organización Mundial de la Salud (OMS) una persona se suicida en el mundo cada 40 segundos. En España la tasa de suicido es de 7,4 por cada 100.000 habitantes. Objetivos: Conocer las características de la conducta suicida, factores de riesgo asociados y protocolos de actuación e intervención enfermera en la literatura científica publicada.

Método: Revisión bibliográfica. El tamaño de la muestra se determinó considerando los descriptores seleccionados para la estrategia de búsqueda en inglés y castellano (factores riesgo, España, Suicidio, conducta, intervención) en las bases de datos: CUIDEN, Scielo, Lilacs y PubMed).

Resultados: Se diferencia el abordaje entre profesionales de atención primaria y urgencias. Varios autores coinciden en un perfil de ideación suicida que será útil a la hora de detectar las conductas suicidas. Varias recomendaciones insisten en que la formación no se centre únicamente en los de la rama sanitaria, sino que incluya a otro tipo de profesionales. Las intervenciones se centran en la presencia de trastornos psiquiátrico, la reducción del acceso a medios para autolesionarse y la formación de los profesionales.

Conclusiones: Siguiendo la línea de Europa, debemos de crear programas de tipo preventivo dirigidos al personal sanitario de atención primaria, que nos ayuden a poder detectar a tiempo estas conductas suicidas. Por otro lado, debemos de validar una escala de detección que nos ayude a utilizarse como único medio en la detección de la conducta suicida. Esta revisión pone en manifiesto la necesidad de realizar un estudio nacional de tipo cualitativo donde se pueda recoger información relevante sobre el suicidio.

Palabras clave: Suicidio, intervenciones enfermeras, factores de riesgo, conducta suicida, España.

Abstract

Introduction: As pointed out by the World Health Organization (WHO) A person commits suicide in the world every 40 seconds. In Spain the suicide rate is 7,4 per 100,000 habitants.

Objectives: To determine the characteristics of suicidal behavior, and risk factors associated and protocols of nursing intervention in the published scientific literature.

Method: Literature review. The sample size was determined considering the descriptors selected for the search strategy in English and Spanish (risk factors, Spain, Suicide, behavior intervention) databases: (CUIDEN, Scielo, Lilacs and PubMed)

Results: The collision between primary care and emergency difference. Several authors agree a profile of suicidal ideation that will be useful in detecting suicidal behavior. Several recommendations insist that training does not focus solely on the health branch, but includes other professionals. Interventions focus on the presence of psychiatric disorders, reduced access to means for self-harm and training of professionals.

Conclusions: Following the line of Europe, we must create preventive programs aimed at primary care health workers, to help us to detect in time these suicidal behavior. On the other hand we have to validate a scale screening to help us used as the only means to detect suicidal behavior. This review makes manifest the need for a n

national qualitative study where we can collect relevant information about suicide.

Key words: Suicide, nursing interventions, risk factors, suicidal behavior, Spain.

Introducción

Según señala la Organización mundial de la Salud (OMS) una persona se suicida en el mundo cada 40 segundos. En España la tasa de suicido es de 7,4 por cada 100.000 habitantes.

La mayoría de los estudios ya sean internacionales o nacionales apuntan a que la mayor mortalidad es en hombres ancianos, aunque se ha creado una alarma del incremento del número de suicidios en las edades jóvenes. El suicidio en hombres es tres veces mayor al de las mujeres. (1)

Recientemente se han realizado estudios a nivel europeo estudiando la ideación suicida, con el estudio Outcome for Depression International Network (ODIN), que se realizó a 5 países entre los que estaba España, se comprobó que en España la ideación suicida es menor (2’3 %) en comparación con otros países europeos como Noruega (7’4%), Finlandia (9’8%) y Irlanda (14’6%)

A pesar de ser uno de los de menos riesgo de toda Europa, nos tiene que preocupar el incremento de la mortalidad en los últimos años. (2)

Epidemiología

A nivel mundial, el suicidio se sitúa entre las quince primeras causas de muerte en el mundo. tal y Nuevamente como se ha venido observando en los últimos años, el suicidio se mantiene como la primera causa de muerte externa en nuestro país con 3.539 fallecimientos (a pesar de seguir con la tendencia decreciente detectada en 2016, y de haberse registrado un descenso del 3,8% en relación con 2017). (3)

El suicidio se mantuvo como la primera causa de muerte externa durante los cinco primeros meses de 2020, con 1.343 fallecimientos registrados, un 8,8% menos que en el mismo periodo del año anterior. (2,4)

Respecto a los intentos de suicidio en España se cifran entre 50-90 por 100000 habitantes al año, aunque cabe destacar que las cifras reales son difíciles de estimar debido a la dificultad de la recogida de datos. (5)

Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España el mayor número de suicidios corresponde a los varones de entre 30 y 39 años. Coincidiendo en el mismo rango de edad las mujeres.(5,6)

En cuanto al medio empleado para llevar a cabo el suicidio es la lesión autoinfligida intencionalmente por ahorcamiento, estrangulación o sofocación con 192 muertes en varones y 31 en hembras, el segundo método es la lesión autoinfligida intencionalmente saltando de un lugar elevado con 89 en varones y 43 en hembras. Estos datos coinciden si los comparamos con los datos de España. (2,8)

Aunque inexistente hasta hoy, todos los datos anteriores ponen la urgente necesidad de implementar un Plan Nacional para la prevención del suicidio en España. Se debería implantar una redefinición de los objetivos y de las acciones que se llevan a cabo en la prevención del suicidio para el desarrollo de medidas eficaces que puedan hacer frente a este grave problema, son algunas de las líneas estratégicas recogidas en la actualización de la vigente Estrategia Nacional de Salud Mental, del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.

La ministra de Sanidad, en septiembre de 2019, adelantó que el documento con la actualización de la Estrategia se encontraba en una fase muy avanzada. Haciendo hincapié en la necesidad de visibilización de esta realidad y la ruptura del tabú que aun a día de hoy existe en torno a este grave problema de salud pública.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo en la conducta suicida se dividen en dos grandes grupos, los modificables (factores sociales, psicológicos y psicopatológicos) y los inmodificables (asociadas al propio sujeto). (9,10)

Figura 1: factores de riesgo

Factores protectores

Los factores protectores del riesgo de suicidio podrían dividirse en los propios del individuo, estos recogerían el manejo de la ira, la capacidad de la resolución de problemas, estrategias de afrontamiento adecuadas, alta resiliencia y autoestima, autocontrol de la impulsividad, matrimonio e hijos entre otros; y por otro lado los del entorno que lo rodean, que van dirigidos al apoyo social y familiar, la integración social, poseer creencias religiosas, tratamiento integral de pacientes con trastornos mentales, restricción de armas o medicamentos letales, etc. (2)

Intervención por parte del profesional de salud

Existen dos herramientas básicas para la evaluación del riesgo suicida; la entrevista clínica y las escalas de evaluación, estas son un apoyo complementario ya que no pueden sustituir al juicio clínico.

Dado pues que no existe un único instrumento de evaluación, se recomienda utilizar aquellos que se aproximen más a las características del paciente y el lugar donde se realice la evaluación. (11)

  • La entrevista clínica es un instrumento esencial ya que supone el inicio de la interacción entre el paciente y el profesional,comprende unas preguntas específicas para valorar la frecuencia y gravedad de las ideas suicidas además de la posibilidad real de suicidio. La entrevista clínica debe contener como mínimo una serie de información entre la que se encuentra: datos personales básicos del paciente, los factores de riesgo y/o protectores que posee, las características de la ideación suicida o del intento de suicidio previo y una evaluación clínica por parte del profesional.

La información necesaria para la valoración del riesgo de suicidio puede provenir tanto, de diferentes fuentes, como familiares, amigos, allegados y otros profesionales sanitarios o cuidadores.

  • Aplicación de escalas. Se llevarán a cabo una serie de escalas, con el objetivo de cuantificar el riesgo suicida del paciente.

Las siguientes escalas son las que se utilizan a modo de screening:

  1. Escala SAD PERSONS: Es una escala diseñada por Patterson, su nombre es un acrónimo formado por la inicial de 10 indicadores de conductas de riesgo, ayuda al profesional a decidir la intervención a llevar a cabo con el paciente. Esta escala ha sido recomendada en nuestro país por su facilidad de uso y contenido didáctico en atención primaria. (9)
  2. Escala de ideación suicida (Scale for Suicide Ideation, SSI): Diseñada por Beck, cuantifica y evalúa el alcance o intensidad de los pensamientos suicidas retrospectivamente o actualmente. (10,12)
  3. Escala de intencionalidad suicida (Suicide Intent Scal, SIS): Diseñada por Beck, cuantifica la gravedad de la conducta suicida reciente, aconsejando su uso tras el intento de suicidio. Se diseñó para valorar aspectos verbales y no verbales antes y después del intento suicida. (10,11,12)
  4. Escala de valoración de la depresión de Hamilton (Hamilton Rating Scale for Depression, HRSD): Esta escala fue diseñada para valorar la gravedad de la sintomatología depresiva. Contiene un ítem que valora la ausencia o presencia de ideación o conducta suicida, presentando una correlación alta con la SSI. (10,11,12)

Objetivos

Generales

  • Conocer las características de la conducta suicida, factores de riesgo asociados y protocolos de actuación e intervención enfermera en la literatura científica publicada.

Específicos

  • Identificar los criterios diagnósticos que determinan una conducta suicida
  • Conocer los factores asociados a la conducta suicida
  • Describir los diferentes planes de intervención (protocolos de actuación, guías clínicas) elaborados para prevenir la conducta suicida.

Metodología

Se ha realizado una revisión bibliográfica de naturaleza documental sobre la conducta suicida, su epidemiología, estrategias de detección e intervención precoz para disminuir el número de suicidios consumados; mediante la lectura crítica de los artículos seleccionados, y así poder desarrollar el conocimiento, la epidemiologia, fenomenología y el perfil de los pacientes con ideación suicida, intento de suicidio y suicidio consumado.

Las bases de datos empleadas para la búsqueda bibliográfica han sido CUIDEN, Scielo, Lilacs y PubMed y diferentes páginas webs (OMS, INE).

Los criterios de inclusión establecidos son:

  • Artículos que aborden la conducta y la intervención en la conducta suicida
  • Todos aquellos artículos que hacen referencia al abordaje terapéutico o intervenciones de los profesionales de salud en relación a la conducta suicida.
  • Todos aquellos artículos que describan específicamente el rol de Enfermería en la prevención de la conducta suicida.
  • Estudios clínicos publicados en los últimos 10 años
  • Artículos en la lengua castellana e inglesa.

Por otra parte, se han señalado los siguientes criterios de exclusión:

  • Artículos y estudios donde no se hiciera mención directa sobre el suicidio.
  • Artículos y estudios en los que no hubiera evidencia clara de cuál es la población estudiada.
  • Artículos y estudios que basaran su estudio en una determinada edad de la población

Los estudios recopilados, se incluyeron independientemente de su metodología, con el objetivo de obtener información desde diferentes vertientes.

Resultados

Como se describe en el artículo de Lozano Serrano et al. existen tres tipos de pacientes suicidas. El primer tipo, que corresponde a la población joven, es el tipo leve y no tiene consecuencias fatales; los métodos empleados son poco violentos.

El segundo tipo, que se relaciona con una población de edad más mayor (más de 40 años), es el tipo severo y utilizan métodos más drásticos con presentación de daños físicos severos. Y por último el tercer grupo se refiere al tipo mixto, tanto el paciente como el episodio mostrarían características de los dos. (17)

Como puntualiza Caballero-Guerrero. MJ (18) et al. en su artículo para trabajar con los pacientes con ideación suicida debemos de tener claros cuales son los principales objetivos que tenemos que plantearnos (siguiendo la clasificación de resultados, NOC)

  • 1405 Control de los impulsos
  • 1408 Autocontención del suicidio
  • 1409 Control de la depresión

Por otro lado, las intervenciones de Enfermería a realizar (NIC) que puntualiza son las siguientes:

  • 4640 Ayuda para el control del enfado
  • 5230 Aumentar el afrontamiento
  • 6400 Apoyo en la protección contra los abusos
  • 6487 Manejo ambiental: prevención de la violencia.

Varios autores hacen diferencias, entre el abordaje en atención primaria y el del Servicio de Urgencias. En atención primaria, debemos tener claro que hablar con un paciente que presenta conducta suicida, sobre su ideación y sobre el suicidio, puede ayudar a disminuir su ansiedad y contribuir a que se sientan más comprendidos, todo ello puede hacer descender el riesgo de desencadenar una conducta suicida. La guía de práctica clínica de prevención y tratamiento de la conducta suicida del Sistema Nacional de Salud (SNS) puntualiza que el que un paciente hable sobre suicido no elimina la posibilidad de que lo cometa. (19)

Los servicios de urgencias por otro lado tienen gran relevancia, ya que muchas veces los pacientes son el primer lugar que visitan después de un intento autolítico. El personal que atienda estas urgencias no solo deberá valorar y tratar las necesidades físicas, si no que siempre deberá realizar una evaluación psicopatológica y social, donde se deberá incluir las necesidades básicas del paciente.

En la guía de práctica clínica del SNS se identifican una serie de mejoras en el área de Urgencias, entre las que se destaca la comunicación paciente-profesional, la formación de los profesionales, empatía e información a pacientes, familiares etc. (19)

Normalmente, y como apuntan varios estudios, la decisión de ingresar a un paciente que ha cometido un intento autolítico dependerá de tres factores principales: la repercusión médico-quirúrgica de la conducta suicida, el riesgo que existe para que el paciente vuelva a comer el intento y la necesidad de tratamiento de la enfermedad mental de base o la inexistencia de apoyo socio familiar. (19,20)

También hay que tener en cuenta el grado de letalidad del intento de suicidio, ya que es un predictor (por ejemplo: el ahorcamiento, una persona que intenta quitarse la vida sin existo ahorcándose, en un futuro será un suicidio consumado). (19)

Así pues, Atención primaria debe encargarse de un abordaje diagnóstico y psicoterapéutico de la conducta suicida y por otro lado en el servicio de urgencias la actuación de los profesionales debe ir mas encaminada hacia la evaluación y el manejo del paciente.

Sí que la mayoría de autores coinciden en que la presencia de un trastorno psiquiátrico o intentos autolíticos previos aumentan la posibilidad de realizar un suicidio consumado. (17,18,20,21,22,23,24,25,26,27,28)

La conducta suicida debe considerarse algunas veces como una expresión de su patología psiquiátrica, por lo que además de evaluar esta conducta debemos de revisar dicha patología y su tratamiento. (29)

La mayoría de estudios muestran que las mujeres son más susceptibles a llevar a cabo conductas suicidas que los hombres, sin embargo, ellos consumaran el acto en un porcentaje 3 veces mayor que el sexo femenino.(21,22,23,24,30)

Gabilondo A et al., Lozano C et al. y González M. D et al.(17,21,22) coinciden en un perfil de ideación suicida que nos puede ser muy útil a la hora de detectar las conductas suicidas en la población, este perfil es: mujer, 34 años, que convive con otras personas y está en paro, en tratamiento psiquiátrico e ideación suicida reciente

Recomendaciones preventivas

Como objetivan la mayoría de los artículos, tanto la depresión como los trastornos psiquiátricos son el factor de riesgo principal. Estos dos factores muchas veces, son tratados en atención primaria, con lo cual un mejor reconocimiento y tratamiento de la depresión ayudarían a reducir el número de suicidios. Ayuso J et al. (20)sugiere en su artículo, siguiendo el ejemplo de varios países de Europa, la necesidad de realizar programas educativos hacia los profesionales de atención primaria.

A pesar de que la tentativa de suicidio y los trastornos psiquiátricos son los principales factores de riesgo de la conducta suicida, existe otro porcentaje que se lleva a cabo por otro tipo de razones. Es decir, aunque es importante la identificación y el seguimiento de pacientes tanto psiquiátricos, como aquellos que han llevado a cabo una tentativa de suicidio, no conseguimos abarcar todo el número de pacientes.

Por lo tanto, varias recomendaciones (18,19,20,23) insisten en que la formación a profesionales no se centre únicamente en los de la rama sanitaria, sino que también incluya a profesionales de la educación y servicios sociales, profesionales de centros penitenciarios, policías y bomberos.

Existen múltiples medidas de prevención; en una de las medidas desarrolladas por el Sistema Nacional de Salud (SNS) es la guía de Práctica Clínica de Prevención y tratamiento de la conducta suicida, en ella se desarrolla el abordaje de la prevención desde atención primaria. (19)En esta guía se habla de la importancia de implantar programas formativos como ayuda a la futura intervención enfermera ante una conducta suicida.

Si comparamos a España con otros países europeos, podemos ver la escasa implantación de programas de tipo preventivo. En España no existe un plan nacional preventivo, hasta ahora solo se han desarrollado planes y estudios a nivel local por Comunidades Autónomas. (19)

El uso de escalas para la evaluación del riesgo suicida no suele ser muy frecuente en nuestro país. (19,20)Esto puede deberse a que el uso de escalas psicométricas para la evaluación del comportamiento suicida aún no se ha incorporado de modo rutinario a la práctica clínica cotidiana. (20) En España tan solo un 10% de los profesionales sanitarios emplean escalas y cuestionarios estructurados para evaluar el riesgo de suicidio en parte debido a que muchas escalas no han sido adaptadas a nuestro idioma. (34)

Como nuevas posibles medidas a implantar en nuestro sistema sanitario García-Nieto R. et al.(20) tiene en cuenta en su estudio la Escala de Pensamientos y Conductas Autolesivas, EPCA (adaptación lingüística de la escala Self-Injurious Thoughts and Behaviors Interview, SITBI), en la que se incluyen ítems que recogen información sobre la motivación del paciente a realizar la conducta auto lesiva (ideación suicida, planes de suicidio, gestos suicidas, intentos de suicidio y las autolesiones) y los acontecimientos desencadenantes de esta. (16)

A modo de resumen debe quedar constancia de que una buena formación hacia todo el personal que está en contacto con el paciente, desde el primer momento, puede reducir notablemente la conducta suicida. Estos programas de salud deben incluir aspectos relacionados con una buena evaluación, conocimientos sobre los factores de riesgo, el tratamiento y un buen manejo de la conducta suicida; así como información sobre el estigma y la discriminación que mediáticamente y socialmente se asocia a las personas con trastornos mentales y/o conductas suicidas. (19)

Así pues, como medidas de prevención que deben tener en cuenta los profesionales que entren en contacto con personas que presentan conducta suicida se encuentran varias; por un lado, la OMS, recomienda como tratamiento de elección el desarrollo de grupos de apoyo formado por personas que hayan pasado por la misma situación. Otra de las estrategias más efectivas en los últimos estudios es la prescripción de los medicamentos antidepresivos a pacientes que padecen trastorno depresivo. Como he comentado antes si prevenimos uno de los factores de riesgo más importantes, estamos abarcando un 50 % de la población.

Además, como última medida de prevención esta la reducción del acceso a medios para autolesionarse (en particular armas de fuego, plaguicidas, y acceso a medicamentos tóxicos que se puedan tomar en sobredosis) y una praxis informativa que sensibilice a la población política y mediática sobre la magnitud del problema por parte de los medios de comunicación. (29)

Conclusiones

Esta revisión pone en manifiesto la necesidad de realizar un estudio nacional de tipo cualitativo donde se puedo recoger información relevante sobre el suicidio, el perfil de conducta suicida, los factores que llevan a desencadenarlo y la prevención que como profesionales de salud podemos realizar.

Siguiendo la línea de Europa, debemos de crear programas de tipo preventivo dirigidos al personal sanitario de atención primaria (ya que están en constante contacto con estos pacientes); que nos ayuden a poder detectar a tiempo estas conductas suicidas. Además, se ha evidenciado en diferentes artículos de esta revisión que el principal factor relacionado con el suicidio es el trastorno psiquiátrico, como la depresión, con lo cual, si desde atención primaria somos capaces de detectar la depresión, estaremos indirectamente reduciendo el número de suicidios consumados.

Por último, pero no menos importante, debemos de validar una escala de detección que nos ayude a utilizarse como único medio en la detección de la conducta suicida, ya que a día de hoy en España no existe un único medio para poder detectarla.

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