Intento autolítico y suicidio: Revisión Bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 1–Enero 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº1: 9

Autor principal (primer firmante): María Antonieta Flores Salinas

Fecha recepción: 17 de Diciembre, 2021

Fecha aceptación: 30 de Diciembre, 2021

Ref.: Ocronos. 2022;5(1) 9

Autores:

María Antonieta Flores Salinas1, Ivan Andres Monsalve Serrano2, Santiago Andrés Vintimilla Pesántez 3

  1. Médica. CESFAM-Ancud, Protesorera del Colegio de Médicos del Azuay.
  2. Médico. SAR-Ancud.
  3. Médico Rural. Hospital Básico Misereor – Gualaquiza

Membrete bibliográfico:

Flores M, Monsalve I, Vintimilla S.

Resumen

El intento autolítico y el suicidio constituyen un problema de salud mundial que crece rápidamente. En general, las tasas de suicidio varían entre los sexos y los métodos difieren según los países. La conducta suicida está determinada por varios factores de riesgo como lo son: la pobreza, desempleo, pérdida de seres queridos, ruptura de relaciones amorosas, maltratos durante la infancia; además de determinadas enfermedades psiquiátricas como la depresión y la esquizofrenia. Los suicidios pueden prevenirse, al menos parcialmente, restringiendo el acceso a los medios de suicidio, capacitando a los médicos de Atención Primaria y al personal sanitario para identificar a las personas en riesgo.

El suicidio representa un importante problema social y sanitario; por lo tanto, se le debe dar una alta prioridad.

Palabras clave: Intento autolítico, suicidio, ingesta de tóxicos.

Abstract

Self-harm and suicide are rapidly growing global health problems. In general, suicide rates vary between the sexes and the methods differ between countries. Suicidal behavior is determined by several risk factors such as poverty, unemployment, loss of loved ones, breakdown of love relationships, child abuse; in addition to certain psychiatric illnesses such as depression and schizophrenia. Suicides can be prevented, at least partially, by restricting access to the means of suicide, training primary care physicians and health personnel to identify people at risk.

Suicide represents a major social and health problem; therefore, it should be given a high priority.

Key words: Autolytic attempt, suicide, toxin ingestion

Materiales y métodos

Este trabajo se realizó en dos fases;en la primera se obtuvo bibliografía mediante motores de búsqueda especializados:PubMed, SCIELO, ScienceDirect, Dialnet entre otros; así como revisión de informes y protocolos de instancias internacionales como los pertenecientes a la Organización Mundial de la Salud. Para la búsqueda se utilizaron las siguientes palabras claves: Intento autolítico, suicidio, ingesta de tóxicos. Se admitieron artículos publicados entre los años 1994-2020, en los idiomas español e inglés. De esta manera se consiguió información concreta sobre los estudios realizados, reduciendo la probabilidad de pérdida de información valiosa.

En la segunda fase se organizó y analizó la información, aplicando criterios de selectividad para identificar los más relevantes.

Introducción

El intento autolítico o intento suicida es un gran problema de salud que cada día crece y se vuelve más frecuente en el contexto mundial, llegando a convertirse en una de las pandemias más grandes del último siglo, que, si no es controlada, continuará creciendo de manera exponencial con un gran número de víctimas mortales. En el primer informe de prevención del suicidio emitido por la organización mundial de la salud cada año, más de 800 000 personas se quitan la vida, lo que representa un suicidio cada 40 segundos; de estos, el 75% ocurren en países de bajos y medianos ingresos y las causas más comunes son la intoxicación con plaguicidas, el ahorcamiento y las armas de fuego. Las tasas de suicidio más elevadas se registran en personas de 70 años o más, aunque la tasa en jóvenes en algunos países es alta, estando como segunda causa de muerte entre los 15 y 29 años de edad, siendo más común en hombres que en mujeres (OMS, 2014).

La conducta suicida está determinada por varias causas como: la pobreza, desempleo, humillación, pérdida de seres queridos, ruptura de relaciones amorosas, maltratos durante la infancia; además de determinados trastornos mentales como la depresión y la esquizofrenia (Hernández & Villarreal, 2015).

Los intentos autolíticos son más prevalentes que los suicidios; estimándose que hay 20 intentos autolíticos por cada suicidio cometido. Además, se ha evidenciado que entre el 20 – 47% de los intentos suicidas en la población psiquiátrica adolescente, fueron entre rangos menores de 18 años. Los comportamientos suicidas conllevan a comportamientos graves, que pueden ir desde ideas pasivas de muerte, hasta pensamientos de “matarse” incluyendo planes de suicidio. Otra característica de este comportamiento son las amenazas suicidas, entendido como la expresión verbal de estos pensamientos. Por lo que, un intento suicida se definiría como una secuencia de acciones, que inician por una persona que tiene pensamientos suicidas, que luego pueden tener un resultado fatal como consecuencia de la posterior sucesión de acciones. Finalmente, el suicidio es el resultado fatal de un intento de suicidio (Villar F et al, 2018).

Epidemiología

Según datos de la organización mundial de la salud, más de 800.000 personas murieron por suicidio en el 2012. El rango de intentos de suicidio fue menor en hombres que en mujeres. Sin embargo, la letalidad fue mucho mayor en varones, resultado en altos rangos de suicidios relacionado con las mujeres; dicho sea de paso, que los varones encontraban métodos más letales para su realización. Es importante mencionar que los intentos de suicidio son hasta 30 veces más comunes que los suicidios siendo importantes predictores de intentos repetidos y suicidios consumados. Las intoxicaciones son el método más utilizado, e incluso, este método es usado mayormente por las mujeres, en un 71%, mientras que, en el caso de hombres, se encuentra en un 50% de frecuencia de uso de este método. En países de ingresos bajos y de mediano ingreso, los pesticidas y otros tóxicos son utilizados (Bachmann S., 2018) (Hegerl Ulrich, 2016).

A nivel mundial, los suicidios son la segunda causa principal de mortalidad prematura en personas de 15 a 29 años, (precedidos por accidentes de tráfico) y el número tres entre las personas de 15 a 44 años de edad (Bertolote, J.M and Fleischmann, A, 2002).

La tasa global de mortalidad por suicidio es del 1,4%; las diferencias surgen entre regiones y países con respecto a la edad, el género y el nivel socioeconómico del individuo y el país respectivo, el método de suicidio y el acceso a la atención médica. Un rango de 0,5% se puede observar en regiones africanas y de 1,9% en la región de Asia sudoriental. Las tasas más altas de ≥15 se encontraron en Suiza, Sierra Leona, Suecia, India, República Popular de Corea (Norte), Bulgaria, Tailandia, Finlandia, Austria, Francia, Serbia, Bolivia, Estonia, Japón, Federación de Rusia, Bélgica, Eslovenia, Hungría, Letonia, Polonia, Kazajstán, Mongolia, República de Corea (Sur), Lituania y Sri Lanka (Bachmann S., 2018).

El área europea presenta una tasa de suicidio de 10,7 por 100.000 para ambos sexos; esta sigue siendo una cifra bastante alta, a pesar de las medidas preventivas con las que cuentan. Sin embargo, por otro lado, la calidad de los datos es mucho mejor en comparación con otras regiones del mundo, y las estadísticas carecen de menos incidentes (Matsubayashi, T and Michiko, U, 2011).

En los países en vías de desarrollo, donde la identificación temprana es complicada debido a los limitados recursos y servicios; incluido un insuficiente tratamiento y soporte, mismos que en su mayoría se sitúan en América Latina y el Caribe tienen rangos de suicidio relativamente bajos, en un 6,1% por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, en los últimos 20 años, esto ha incrementado en toda la región. El rango de mortalidad se encuentra según el 2015, en 5.31; y, sobre todo, este rango es mayor en jóvenes (Dávila-Cervantesa & Luna-Contrerasa, 2019).

Respecto a las personas lesbianas, gays, transgénero y bisexuales, se puede decir que tienen un riesgo elevado de suicidio; los intentos de suicidio entre las personas transgénero alcanzan el 30-50% en algunos países (Haas, A.P and col, 2011) (Virupaksha and col, 2016).

El suicidio es la segunda causa principal de muerte en jóvenes de 10 a 24 años en todo el mundo, pero detectar a las personas en riesgo es un desafío. Se requieren nuevas estrategias preventivas con una amplia influencia en todas las poblaciones. Ha ido en aumento el interés en el potencial de influencias tanto perjudiciales como de apoyo del uso de las redes sociales e internet sobre el comportamiento suicida; sin embargo, la relación sigue sin estar clara (Sedgwick, 2019).

Factores de riesgo

Los factores de riesgo en el ser humano se relacionan con eventos negativos, que conducen a cambios en los aspectos social, emocional y físico; lo que provoca un aumento de la vulnerabilidad en los individuos a situaciones adversas. Los factores de riesgo incluyen: familias disfuncionales, inestabilidad económica, violencia física o sexual, vivir en comunidades violentas y condiciones de trabajo inseguras; también se incluyen comportamientos de riesgo como: uso de drogas y sexo sin protección. Todas estas condiciones de vulnerabilidad pueden desencadenar soluciones drásticas como el suicidio (Pereira, Willhelm, Koller, & Almeida. 2018).

En relación a la población adolescente y adultos jóvenes, los factores de riesgo más estudiados fueron desórdenes psiquiátricos, uso de sustancias peligrosas, orígenes étnicos, estatus socioeconómico bajo, historia familiar de suicidio y estar soltero. Sin embargo, el principal factor de riesgo descrito es el haber cometido un intento autolítico previo, y este riesgo aumenta mientras mayor numero sea los intentos autolíticos (sobre todo adolescentes). Como prioridad, se debe identificar factores de riesgo para evidenciar recurrencias y prevenir suicidios, sobre todo, en pacientes con comportamientos suicidas (Villar F et al, 2018).

En un estudio de 2014 por O’Connor & Nock, se menciona que los 3 factores predictores más importantes son: la depresión, desesperación e impulsividad; estos se vieron estadísticamente confiables al momento de realizar una medición del riesgo suicida. La depresión resulta ser el predictor más fuerte para las ideaciones suicidas, pero no diferencia entre aquellos que han intentado suicidarse de aquellos que han experimentado ideas suicidas sin llegar a los intentos autolíticos.

La desesperación es bien conocida por ser un predictor prospectivo de suicidio e intentos autolíticos en estudios de largo tiempo; este factor se encuentra elevado en aquellos que han experimentado ideas suicidas, aunque no es elevado en quienes han intentado suicidarse. En relación a la impulsividad, este es un factor de riesgo clave para ideaciones suicidas, ya que, este evalúa el paso directo entre el pensamiento a la acción; por lo cual, es un factor clínico crítico en relación a la progresión del cuadro psiquiátrico; sin embargo, se debe recalcar que algunos estudios han determinado su relación con intentos autolíticos, mientras que otros no han encontrado relación significativa; esta característica es más alta en quienes han experimentado ideas o han intentado suicidarse, comparado con aquellos sin historia o riesgo de suicidio (O’Connor & Nock, 2014).

Se ha evidenciado que algunos desórdenes mentales confieren alto riesgo para intentos autolíticos y suicidios; en países desarrollados, los desórdenes que mayormente predicen un intento de suicidio subsecuente son los bipolares, estrés postraumático y de la depresión mayor; en países desarrollados, los factores predictivos más comunes son: estrés postraumático, trastornos de conducta, y abuso de sustancias. Análisis adicionales han demostrado que los intentos de suicidio son altamente causados por este tipo de trastornos, lo que conlleva al desarrollo de ideaciones suicidas (E. David Klonsky, 2016).

Según Hernández y colaboradores, el acceso a los medios necesarios para suicidarse constituye un factor de riesgo y un determinante del suicidio. Los métodos más comunes son los plaguicidas, las armas de fuego y diversos medicamentos, que pueden resultar tóxicos si se consumen en cantidades excesivas (Hernández & Villarreal, 2015).

Factores protectores

Los factores protectores que previenen el intento autolítico son aquellos que mitigan los efectos de eventos negativos; dentro de los cuales se incluyen todas aquellas características personales, como autoeficacia y bienestar personal o un buen entorno donde ellos viven (familia y amigos), cuya ayuda puede darles soporte para manejar sus problemas. Se tiene que recordar que estos factores actúan de manera conjunta y no individual; para esto, se necesita construir habilidades sociales, que le permitan a la persona mantener una relación que se puede convertir en un soporte efectivo (Pereira, Willhelm, Koller, & Almeida. 2018).

Como consecuencia, la presencia de factores de protección pueden mitigar los riesgos y ayudar a manejar mejor situaciones y eventos estresantes e incentivar a resultados positivos en las situaciones que uno presenta (Villar F et al, 2018).

Manifestaciones Clínicas

Las alteraciones en el comportamiento son los principales síntomas que pueden presentar los pacientes con intento autolítico, como depresión, o desórdenes bipolares. Ellos, suelen presentar tristeza todo el tiempo, llanto fácil, labilidad emocional, sensación de culpabilidad o inutilidad, con disminución del interés en la mayoría de actividades; ganancia o pérdida de peso importante, aumento o disminución considerable del apetito, insomnio o hipersomnia, fatiga, falta de energía, disminución de la habilidad de concentración, problemas académico, escaparse de la casa, desafío a la autoridad, vandalismo, consumo de sustancias de abuso, delincuencia, y pensamientos de muerte o suicidas. Algunos pacientes presentan este tipo de sintomatología; sin embargo, otros pacientes presentan síntomas somáticos, como dolor abdominal, dolor torácico, cefalea, letargia, mareo y síncopes (Shain, B., & COMMITTEE ON ADOLESCENCE, 2016).

Algunos estudios y casos clínicos a considerar

Martínez A. y colaboradores reportan un caso de un paciente de 51 años, con antecedentes de depresión, dependencia alcohólica, problemas con el juego y económicos, que ingresa al servicio de emergencia por intento autolítico con arma de fuego de baja potencia; al examen físico paciente estable, con Glasgow de 15/15, sin presentar focalidad neurológica, con visualización de bala superficial a nivel de región temporo-parietal izquierda. Se realiza tomografía computarizada donde se evidencia cefalohematoma temporo-parietal izquierdo, en plano superficial de la bala sin signos de sangrado intraparenquimatoso agudo, sin signos de hemorragia subaracnoidea. Se extrae el proyectil bajo anestesia local sin presentarse complicaciones y recibe terapia multidisciplinaria por parte del área de psiquiatría, con evolución favorable siendo dado de alta con acompañamiento familiar (Martínez, Estabén, & Casado, 2020).

En un estudio realizado en Bagcilar-Estambul, con un muestreó al azar de 2035 estudiantes, se encontró que 50,36% fueron niñas y 49,64% niños; la edad media fue de 14,35 años; 46,09% fue expuesto a al menos un comportamiento suicida en algún momento en sus vidas y 9,83% informaron un intento de suicidio. El ser mujer se asoció a un mayor riesgo de intento de suicidio (OR ¼ 1,70, p <0,01). Las siguientes variables se asociaron a una mayor probabilidad de intento suicida: cambio de escuela (OR ¼ 1,84, p <0,01), depresión (OR ¼ 1,99; p <0,001), eventos negativos en la vida (OR ¼ 1,60, p <0,001) y tabaquismo (OR = 1,92, p <0,01); mientras que el apoyo de amigos (OR = .77, p <0.05) y el apego a la escuela (OR = 0,76, p <0,01) se asoció a un menor riesgo (Yıldız, Orak, Walker, & Solakoglu, 2019).

En un estudio se analizó la influencia del internet, sobre todo en jóvenes, en el aporte de información para realizar intentos autolíticos y se encontró que existen distintos métodos como el uso de gases, productos químicos, fármacos y otros más selectivos. Se concluyó que la difusión de métodos de suicidio por medio del internet podría tener repercusiones en el incremento de casos, dado que se podrían popularizar nuevas técnicas, además de tener acceso a instrumentos que facilitarían el proceso, convirtiéndose este en un nuevo reto para los profesionales de la salud (Arroyo & Bertomeu, 2012).

Una búsqueda sistemática de artículos encontró una asociación directa independiente entre el uso intensivo de las redes sociales e internet y el aumento de los intentos de suicidio en siete estudios (los OR ajustados variaron de 1.03 a 5.10). Además, concluyó que la dirección de la causalidad, sigue sin estar clara y que la evidencia actual sugiere una asociación independiente débil entre el uso de las redes sociales e internet y el riesgo de suicidio en los adolescentes, por lo que se requiere una mayor investigación (Sedgwick, 2019).

Un estudio retrospectivo con 223 pacientes con esquizofrenia, entre 18- 65 años admitidos en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Selcuk y en el Hospital de Capacitación e Investigación de la Clínica Psiquiátrica de Beyhekim, Konya, Turquía, entre enero de 2014 y enero de 2018, se encontró que 40,8% de los pacientes con esquizofrenia intentaron suicidarse al menos una vez y 39,6% tuvieron intentos recurrentes, también se pudo observar que la psicosis no tratada, presencia de eventos traumáticos en la vida y un mayor número de hospitalizaciones influyo en un mayor número de intentos suicidas (Aydın M, 2019).

Un estudio de cohorte longitudinal retrospectivo, desde enero de 1998 hasta diciembre de 2015 incluyó a 974 adolescentes con intentos de suicidio no fatales; los predictores candidatos incluyeron factores diagnósticos, demográficos, de medicación y socioeconómicos. Se concluyó que el aprendizaje automático sobre datos clínicos longitudinales puede proporcionar un enfoque escalable para ampliar la detección del riesgo de intentos de suicidio no fatales en adolescentes. (Walsh, 2018).

Formas de prevención

La organización mundial de la salud considera que las maneras más efectivas de prevenir el suicidio son: la limitación o restricción al acceso a los medios de suicidio, evitar manifestaciones sensacionalistas respecto del suicidio y la descripción de los métodos utilizados y un buen seguimiento por parte del personal sanitario y apoyo comunitario de los pacientes que han intentado suicidarse. También es imprescindible un compromiso de los gobiernos nacionales respecto del establecimiento y aplicación de un plan de acción coordinado (OMS, 2014).

Una de las más efectivas para reducir el suicidio es bloquear el acceso a los medios respectivos como lo son: veneno, medicamentos potencialmente venenosos como paracetamol, puentes, armas de fuego y vías férreas. Como ejemplos podemos citar a las barreras en el puente Golden Gate en San Francisco, el Empire State Building en la ciudad de Nueva York y la Torre Eiffel en París (O’Carroll and col, 1994).

El personal de salud debe identificar factores de riesgo como lo son problemas emocionales y uso de drogas, abuso de sustancias y dependencia; identificación de progreso del desarrollo y estimación de distrés; además de evaluar el daño auto infringido y hacia otros. Las ideaciones suicidas pueden ser detectadas preguntando directamente o por un auto reporte (Shain, B., & COMMITTEE ON ADOLESCENCE, 2016).

Otra medida para reducir las tasas de suicidio son los programas de concienciación comunitaria. Estos generalmente incorporaron líneas de ayuda y educación pública en los lugares de trabajo y las escuelas para aumentar el conocimiento y reducir los estigmas. Los programas recurren el clero, los maestros y los socorristas de primera línea que reciben capacitación especial, lo que constituye un medio importante de prevención, evaluación y manejo del suicidio en lugares donde los recursos de atención médica son escasos (Coveney and col, 2012).

Desde el año 2000, se han establecido estrategias nacionales de prevención en 28 países; incluyendo estrategias preventivas primarias y secundarias en Europa (13 programas), América (8 programas), Pacífico Occidental (5 programas), Sudeste de Asia (2 programas) y África y Mediterráneo Oriental (0 programas) (WHO, 2014).

Conclusión

El intento autolítico y el suicidio son un gran problema de salud a nivel mundial por lo que es de vital importancia seguir creando estrategias preventivas para evitar que este mal continúe creciendo, por lo que es importante que el personal médico y la población en general conozca de este tema a profundidad para poder actuar de la manera más adecuada, tomando en cuenta la importancia de la salud mental y como su alteración puede ser influenciada por el entorno y condiciones donde los pacientes se desenvuelven.

Contribución de los autores:

Flores M, Vintimilla S: Concepción y diseño del autor. Recolección de datos, revisión bibliográfica, escritura y análisis del artículo con lectura y aprobación de la versión final.

Información de los autores

María Antonieta Flore Salinas: Médica CESFAM-Ancud. Protesorera Colegio de médicos del Azuay. ORCID: https://orcid.org/ 0000-0002-8217-7816

Ivan Andrés Monsalve Serrano: Médico SAR-Ancud. ORCID: https://orcid.org/ 0000-0002-6606-3712

Santiago Andrés Vintimilla Pesántez: Médico Rural del Hospital Misereor – Gualaquiza. ORCID: https://orcid.org/ 0000-0003-1450-6128

Disponibilidad de datos

Los datos fueron recolectados de revistas y bibliotecas virtuales y está a disposición.

Consentimiento para la publicación

Los autores aprueban de manera unánime el envío de esta revisión bibliográfica a la Revista.

Aprobación ética y consentimiento para la publicación

Los autores no reportan conflictos de intereses.

Financiamiento

Los autores no reportan financiamiento por parte de ninguna organización o empresa.

Conflicto de intereses

Los autores no reportan conflictos de intereses.

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