Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1136
Autor principal (primer firmante): Yazmin Camila Avilés Quilodrán
Fecha recepción: 30/07/2026
Fecha aceptación: 26/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1136
Autores:
- Yazmin Camila Avilés Quilodrán, TCAE
- Ruth Gracia Pérez, Administrativa
- Jezabel Navarro Lahuerta, TCAE
- Luz Raquel, Contreras Picon
- Reyna Isabel Hernández Treminio, TCAE
- Isela Patricia Hernández Treminio, TCAE
Resumen
El insomnio es el trastorno del sueño más frecuente en la población general y representa un importante problema de salud pública por su elevada prevalencia y por las repercusiones físicas, psicológicas y sociales que ocasiona. Se caracteriza por la dificultad para iniciar el sueño, mantenerlo o lograr un descanso reparador, a pesar de disponer de condiciones adecuadas para dormir. Su origen suele ser multifactorial, interviniendo factores biológicos, psicológicos, conductuales y ambientales.
Además de afectar a la calidad de vida, el insomnio se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, ansiedad, depresión y deterioro del rendimiento laboral y académico. El objetivo de este artículo es revisar la evidencia científica más reciente sobre la epidemiología, fisiopatología, manifestaciones clínicas, diagnóstico y tratamiento del insomnio, destacando la importancia de un abordaje multidisciplinar y del papel de los profesionales sanitarios en la detección precoz y el manejo integral de este trastorno.
Palabras clave:
Insomnio; trastornos del sueño; higiene del sueño; terapia cognitivo-conductual; Medicina del sueño; salud mental.
Introducción
El sueño constituye una necesidad fisiológica imprescindible para el adecuado funcionamiento del organismo. Durante el descanso nocturno tienen lugar procesos fundamentales relacionados con la recuperación física, la consolidación de la memoria, la regulación endocrina y el equilibrio inmunológico. Cuando la calidad o la cantidad de sueño se alteran de forma persistente, aparecen importantes consecuencias sobre la salud y el bienestar.
El insomnio es el trastorno del sueño más prevalente y uno de los principales motivos de consulta tanto en Atención Primaria como en las consultas de neurología, psiquiatría y Medicina del sueño. Aunque puede presentarse de forma transitoria como respuesta a situaciones estresantes, en muchos pacientes adquiere un carácter crónico que requiere una valoración específica y un tratamiento individualizado.
Actualmente, el insomnio se considera una entidad clínica independiente cuando produce repercusión funcional significativa, independientemente de que coexistan otras enfermedades médicas o psiquiátricas.
Objetivos
Objetivo general
- Actualizar los conocimientos clínicos sobre el insomnio mediante una revisión de la evidencia científica disponible.
Objetivos específicos
- Describir los principales factores implicados en el desarrollo del insomnio.
- Revisar las manifestaciones clínicas y los criterios diagnósticos actuales.
- Analizar las opciones terapéuticas basadas en la evidencia científica.
- Destacar el papel de los profesionales sanitarios en la prevención, educación y seguimiento de los pacientes.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante la consulta de publicaciones científicas indexadas en PubMed, Scopus y Google Scholar, así como de documentos elaborados por la American Academy of Sleep Medicine (AASM), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la European Sleep Research Society (ESRS) y la American Psychiatric Association (APA).
Se seleccionaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, guías de práctica clínica y documentos de consenso publicados preferentemente durante los últimos años, además de manuales internacionales de referencia sobre trastornos del sueño.
Epidemiología
El insomnio afecta aproximadamente a un 10-15% de la población adulta en su forma crónica, mientras que hasta un tercio de las personas experimenta episodios ocasionales de dificultad para dormir.
Su frecuencia aumenta con la edad y es más elevada en mujeres, especialmente durante el embarazo, el posparto y la menopausia. También es más frecuente en personas con enfermedades crónicas, trastornos psiquiátricos, dolor persistente o situaciones mantenidas de estrés.
Las consecuencias del insomnio trascienden el ámbito individual, ya que incrementan el absentismo laboral, disminuyen la productividad y aumentan el riesgo de accidentes de tráfico y laborales relacionados con la somnolencia y la disminución del estado de alerta.
Etiopatogenia
El desarrollo del insomnio suele responder a la interacción de múltiples factores.
Entre los factores predisponentes destacan la susceptibilidad genética, el sexo femenino, la edad avanzada y determinados rasgos de personalidad, como la tendencia a la ansiedad o al perfeccionismo.
Los factores precipitantes incluyen acontecimientos vitales estresantes, problemas familiares o laborales, enfermedades agudas, hospitalización y cambios importantes en los horarios habituales.
Por otra parte, determinados hábitos contribuyen a perpetuar el trastorno, como el uso prolongado de dispositivos electrónicos antes de dormir, horarios irregulares, consumo excesivo de cafeína, alcohol o nicotina, siestas prolongadas y conductas inadecuadas relacionadas con el descanso.
Desde el punto de vista fisiopatológico, el insomnio se relaciona con un estado de hiperactivación fisiológica y cognitiva que dificulta el inicio y el mantenimiento del sueño.
Manifestaciones clínicas
El insomnio puede manifestarse de diferentes formas:
- Dificultad para conciliar el sueño.
- Despertares frecuentes durante la noche.
- Despertar precoz con imposibilidad para volver a dormir.
- Sensación de sueño poco reparador.
- Fatiga y cansancio durante el día.
- Irritabilidad y cambios del estado de ánimo.
- Dificultades de atención, memoria y concentración.
- Disminución del rendimiento laboral o académico.
- Somnolencia diurna en algunos pacientes.
Cuando estos síntomas aparecen al menos tres noches por semana durante un periodo igual o superior a tres meses y producen repercusión funcional significativa, se considera insomnio crónico.
Diagnóstico
El diagnóstico es fundamentalmente clínico y se basa en una historia detallada del patrón de sueño y de los síntomas diurnos asociados.
La valoración debe incluir:
- Horarios habituales de sueño.
- Rutinas previas al descanso.
- Consumo de medicamentos, alcohol o sustancias estimulantes.
- Presencia de enfermedades médicas o psiquiátricas.
- Factores ambientales que puedan interferir con el descanso.
Puede ser útil solicitar un diario de sueño durante varias semanas y emplear cuestionarios validados para valorar la gravedad de los síntomas.
La polisomnografía no está indicada de forma rutinaria, reservándose para aquellos casos en los que se sospechen otros trastornos del sueño, como apnea obstructiva del sueño, movimientos periódicos de las extremidades o parasomnias.
Tratamiento
El tratamiento debe individualizarse según las características de cada paciente.
La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) constituye el tratamiento de primera elección y ha demostrado una eficacia superior al tratamiento farmacológico a largo plazo. Incluye educación sobre higiene del sueño, control de estímulos, restricción del tiempo en cama, técnicas de relajación y reestructuración cognitiva.
Las medidas de higiene del sueño comprenden mantener horarios regulares, evitar el uso de pantallas antes de acostarse, limitar el consumo de cafeína y alcohol en las horas previas al descanso, realizar ejercicio físico de forma regular y favorecer un ambiente adecuado para dormir.
Cuando las medidas no farmacológicas resultan insuficientes o existe una afectación importante de la calidad de vida, pueden emplearse tratamientos farmacológicos durante periodos limitados y bajo supervisión médica. Entre ellos se incluyen hipnóticos no benzodiacepínicos, benzodiacepinas seleccionadas, antagonistas del receptor de orexina y agonistas melatoninérgicos, teniendo en cuenta el perfil clínico del paciente, los posibles efectos adversos y el riesgo de dependencia.
Papel de los profesionales sanitarios
Los profesionales sanitarios desempeñan un papel esencial en la detección precoz del insomnio y en la identificación de los factores que contribuyen a su mantenimiento.
En Atención Primaria es posible realizar un cribado oportunista mediante preguntas sencillas sobre la calidad del sueño y el impacto funcional de los síntomas.
Los profesionales de Enfermería desarrollan funciones relevantes en la educación sanitaria, promoviendo hábitos saludables de sueño, reforzando la adherencia al tratamiento y realizando seguimiento de la evolución clínica.
La coordinación entre Atención Primaria, neurología, psiquiatría, psicología clínica y unidades especializadas de sueño permite ofrecer una atención integral basada en la evidencia científica.
Conclusiones
El insomnio es un trastorno del sueño de elevada prevalencia que repercute de manera significativa sobre la salud física, mental y social de quienes lo padecen. Su naturaleza multifactorial requiere una evaluación clínica completa que permita identificar tanto los factores desencadenantes como aquellos que favorecen su cronificación.
La terapia cognitivo-conductual constituye actualmente el tratamiento de primera elección, mientras que el tratamiento farmacológico debe reservarse para situaciones concretas y durante el menor tiempo posible. La promoción de hábitos saludables, la educación sanitaria y el seguimiento multidisciplinar son fundamentales para mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes.
La formación continuada de los profesionales sanitarios facilita la detección temprana, el tratamiento adecuado y la prevención de las complicaciones derivadas de este frecuente trastorno del sueño.
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