Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 583
Autor principal (primer firmante): Patricia Jimenez Torres
Fecha recepción: 18/07/2026
Fecha aceptación: 14/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 583
Autores:
- Patricia Jimenez Torres (DIPLOMADA EN ENFERMERÍA)
- José Francisco Castillo Rojas (TCAE)
- Paula Vera Puertolas (GRADO DE ENFERMERÍA)
- Sara Izquierdo Valiente (ÓPTICO OPTOMETRISTA)
- Miguel Angel Lainez Narvaez (CELADOR)
- Paula Andrea Osorio Real (GRADO DE ENFERMERÍA)
Categoría: DIPLOMADA EN ENFERMERÍA
PALABRA CLAVE:
CITOMEGALOVIRUS / RESERVORITIS REFRACTARIA / INFECCIÓN / ENFERMEDAD INFLAMATORIA / ILEAL / INMUNOSUPRESOR / COLITIS
Introducción
La reservoritis (o pouchitis) es la complicación a largo plazo más común en pacientes con Colitis Ulcerosa a quienes se les ha realizado una proctocolectomía total con anastomosis ileoanal con reservorio (IPAA). Aunque la inmensa mayoría de los casos responden rápidamente a un ciclo corto de antibióticos (como ciprofloxacina o metronidazol), existe un pequeño porcentaje de pacientes que desarrollan una forma refractaria.
Es precisamente en este escenario de reservoritis refractaria donde la infección por Citomegalovirus (CMV) emerge como una causa infrecuente pero críticamente importante que todo clínico debe sospechar.
Suele estar vinculada a fenómenos de disbiosis (alteración de la flora bacteriana) en el reservorio. Sin embargo, cuando la inflamación persiste a pesar del tratamiento convencional, es obligatorio expandir el diagnóstico diferencial. La reactivación del Citomegalovirus (CMV) en la mucosa del reservorio ileal es una entidad poco común, pero con alta morbilidad si no se diagnostica a tiempo.
El CMV afecta al reservorio ileal
El CMV es un virus de la familia Herpesviridae extremadamente común en la población general. Tras la primoinfección, el virus permanece latente en el organismo de por vida.
En pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal (EII), la inflamación crónica de la mucosa y, muy especialmente, el uso de terapias inmunosupresoras (corticoides, inmunomoduladores o terapias biológicas) actúan como un caldo de cultivo ideal para la reactivación local del virus. El CMV tiene un marcado tropismo por las células endoteliales inflamadas, lo que agrava la lesión tisular mediante microtrombosis e isquemia local.
Manifestaciones clínicas: cuando sospechar
La presentación clínica inicial puede ser indistinguible de una reservoritis bacteriana común, pero con algunas banderas rojas (red flags):
- Aumento severo de la frecuencia evacuatoria: Generalmente más de 10 deposiciones en 24 horas.
- Síntomas sistémicos asociados: Presencia de fiebre alta (hasta en el 71% de los casos documentados), malestar general y pérdida de peso.
- Sangrado rectal e incontinencia: Mayor tendencia a la ulceración profunda de la mucosa.
- Refractariedad terapéutica: Falta de respuesta tras 7-14 días de tratamiento antibiótico empírico de amplio espectro.
El desafío diagnóstico
El diagnóstico de reservoritis por CMV requiere una combinación de sospecha clínica, evaluación endoscópica y confirmación histopatológica.
Hallazgos endoscópicos (Pouchoscopia)
La inspección visual suele revelar una mucosa intensamente inflamada, eritematosa y friable. El hallazgo más característico que orienta hacia CMV es la presencia de úlceras mucosas focales, tanto superficiales como profundas, que a menudo se extienden hacia el asa aferente (ileítis prepouch).
Histopatología: el estándar de oro
Para confirmar la presencia del virus, es indispensable tomar entre 4 y 6 biopsias tanto del cuerpo del reservorio como de las zonas ulceradas.
- Tinción de H&E: Permite observar el cambio citopático clásico: células notablemente agrandadas (citomegalia) con inclusiones intranucleares densas en "ojo de búho".
- Inmunohistoquímica (IHQ): Aumenta drásticamente la especificidad al utilizar anticuerpos monoclonales específicos contra antígenos del CMV.
- PCR en tejido: Es la herramienta más sensible (92%-96%). Se debe solicitar si la sospecha clínica es muy alta pero la inmunohistoquímica resulta negativa.
Nota sobre pruebas en sangre: La PCR cuantitativa en sangre (carga viral) y las serologías (IgM/IgG) son útiles para evaluar el estado sistémico, pero una carga viral negativa en sangre no descarta la enfermedad local, ya que la reactivación puede estar estrictamente confinada a la mucosa del reservorio.
Enfoque terapéutico y pronóstico
Una vez confirmado el diagnóstico, el pilar del tratamiento ya no son los antibióticos ni el escalamiento de inmunosupresores (lo cual empeoraría el cuadro), sino la terapia antiviral específica.
Ver tabla al final del artículo.
Ajuste de la inmunosupresión
Paralelamente al inicio del antiviral, se recomienda, en la medida de lo posible, reducir o suspender temporalmente la terapia inmunosupresora (especialmente los corticoides sistémicos) para permitir que el propio sistema inmune del paciente ayude a controlar la réplica viral.
Conclusión
La infección por Citomegalovirus es una causa infrecuente pero devastadora de reservoritis. En todo paciente con falla del reservorio ileal que muestre resistencia a los antibióticos de primera línea, acompañe el cuadro con fiebre o presente ulceraciones profundas en la endoscopia, se deben tomar biopsias dirigidas para descartar CMV. El diagnóstico oportuno y el inicio temprano de ganciclovir o valganciclovir evitan el fracaso definitivo del reservorio y salvan la calidad de vida del paciente.
Bibliografía
- https://revistagastrocol.com/index.php/rcg/article /view/837?time=1771301700.
- https://dialnet.unirioja.es/servlet/artículo?codig o=9536737.
- https://www.researchgate.net/publication/390884670 _Infeccion_por_citomegalovirus_como_causa_infrecue nte_de_reservoritis.



