La importancia de la salud dental y los beneficios de la implantología

Nuestra boca constituye una parte fundamental de nuestro sistema digestivo. De hecho, es en ella donde se inicia la digestión. Todos los elementos que la integran (dientes, lengua o encías, por ejemplo) cumplen una función determinante en el procesamiento de alimentos y nutrientes. Por ello, cuando nuestra salud bucodental se ve comprometida, indirectamente estamos poniendo en riesgo nuestra salud.

Con el desarrollo de la tecnología y su aplicación dentro del campo de la odontología, en la actualidad podemos acceder a tratamientos 100% adaptados (por ejemplo, dentro del campo de la implantología) que permiten paliar y reparar daños ocasionados por enfermedades como la caries. No obstante, la mejor forma de proteger nuestra salud bucodental sigue siendo la prevención.

¿Cómo nos afecta la higiene dental y por qué es tan importante la salud bucal?

Mitiga y neutraliza los dolores y síntomas ocasionados por afecciones bucales

Con el desarrollo de la medicina odontológica hemos adquirido una conciencia global sobre la relación que existe entre la higiene bucal y la salud. Una limpieza adecuada no sólo actúa como uno de los mejores agentes preventivos que existen sino que, además, también ejerce un efecto paliativo cuando se sufre de algún tipo de afección. Cuando se producen roturas o fracturas, infecciones o llagas las rutinas de limpieza se convierten en una necesidad perentoria y que evita que se produzcan problemas de mayor gravedad a largo plazo.

Se bloquean focos potenciales de enfermedades en otros órganos o regiones del cuerpo

El estado de salud de nuestra boca está directamente relacionado con nuestro estado de salud generalizado. Hoy sabemos gracias a la odontología neurofocal que la presencia de focos bacterianos en nuestra boca puede desembocar en problemas de salud en otros órganos de nuestro cuerpo que, a priori, podrían parecer independientes. Lo cierto es que existe una relación causal y todo está más conectado con nuestra boca de lo que se cree. De hecho, cuando un médico diagnostica enfermedades que afectan a determinadas regiones del cuerpo suele solicitar un análisis complementario de salud bucodental para descartar que el origen del foco bacteriano se encuentre en la boca.

Acrecienta nuestra autoestima y facilita las relaciones interpersonales

Existen razones de tipo social más allá de las implicaciones que nuestra dentadura pueda tener sobre nuestro estado de salud. Una boca saludable y cuidada se convierte en un importante indicativo de que nos encontramos ante una persona higiénica. Asumir el compromiso de mantenerla en buen estado se convierte en una fuente de autoestima y nos ayuda a generar una imagen agradable ante el resto de personas. En algunos contextos sociales como el laboral la imagen puede convertirse en un factor determinante e incluso condicionante.

Ahorro económico

Adoptar el hábito de acudir a un centro especializado en salud bucodental supone una inversión a largo plazo. En realidad, uno de los principales motivos que llevan al encarecimiento de ciertos tratamientos bucodentales es producto de una falta de prevención. Cuando una enfermedad o problema de salud no se trata sufre un agravamiento continuado en el tiempo. Como consecuencia, aquellos pacientes que deciden renunciar a un dentista o eludir sus procesos de seguimiento periódicos se ven abocados a problemas que revisten una mayor gravedad y que comprometen su salud o su estética pero, también, su bolsillo. La mayoría de los problemas de salud bucodental pueden evitarse a partir de un diagnóstico precoz. No obstante, la detección requiere de cierta responsabilidad del propio paciente y de su compromiso individual con su salud dental.

La revolución de la implantología: Recuperar la sonrisa y la salud dental es posible

La implantología ha supuesto una revolución dentro del campo de la odontología. Hoy los implantes constituyen uno de los tratamientos más solicitados ¿La razón? La calidad de sus resultados permite preservar o recuperar una buena calidad de vida y garantizar una buena salud bucodental.

Los implantes dentales actúan como una fijación de tipo permanente que impide la aparición de problemas estéticos y funcionales. Cuando un diente o una muela natural se caen (debido mayoritariamente a patologías como la caries o la periodontitis) el espacio interdental que dejan entre las piezas dentales anexas compromete la salud, la estética y la funcionalidad.

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Este vacío rompe la estructura dental natural con espacios artificiales. Con el paso del tiempo, el resto de piezas dentales comienzan a desplazarse hacia ese punto y, si no se toman medidas para evitarlo puede derivar problemas en la mordida a medio plazo y otras consecuencias más graves a largo plazo.

3 beneficios de los implantes dentales

A nivel estético

Los procesos de elaboración de piezas dentales artificiales han evolucionado y, en la actualidad, se producen modelos capaces de mimetizarse con el resto de piezas. La producción parte de un proceso completamente adaptado al paciente y se tienen en cuenta parámetros como el color de los dientes o las medidas de la pieza. Como resultado, se obtienen resultados orgánicos siendo imposible la discrepancia visual entre las piezas naturales y las artificiales.

A nivel funcional

Después de un implante el paciente recupera la armonía de su sonrisa desde un punto de vista estético pero también su capacidad para masticar de forma correcta o poder hacer uso de su boca sin ningún tipo de restricción provocada por un desequilibrio estructural. Cuando el proceso de osteointegración llega a su fin, el paciente puede volver a masticar con normalidad todo tipo de alimentos (especialmente aquellos que presentan un cuerpo sólido) sin exponerse a riesgos de desprendimiento o rotura. Además, sus capacidades comunicativas a nivel fonético no se ven entorpecidas o afectadas.

A nivel de seguridad

El proceso de implantación utiliza materiales biocompatibles asegurando la compatibilidad con el usuario y evitando cualquier reacción inmunitaria. Algunos de los materiales más comunes son la porcelana, el zirconio o el titanio. Además la estructura interna del implante (la que se sitúa bajo la corona y presenta forma de tornillo) está elaborada para facilitar su fijación al hueso de forma sencilla y proporcionando un elevado grado de rigidez. Como consecuencia se minimizan por completo riesgos potenciales como la acumulación de residuos, las roturas o fracturas y los desplazamientos.

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