Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 3–Marzo 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº3: 73
Autor principal (primer firmante): Sara Ibáñez Cecilia
Fecha recepción: 1 de Marzo, 2022
Fecha aceptación: 26 de Marzo, 2022
Ref.: Ocronos. 2022;5(3) 73
Autores
- Sara Ibáñez Cecilia. Enfermera.
- Hildoara Liena Béjar Torrijo. Enfermera.
- Naomi Sancho Bustín. Enfermera.
- Álvaro Alonso Rubio. Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería.
- María Utrilla Chamarro. Enfermera.
- Selina Buil Sanz. Enfermera.
Resumen
La preeclampsia es una enfermedad multifactorial, multisistémica, progresiva y dinámica, que se puede presentar durante la gestación o el posparto de una mujer.
Constituye un síndrome hipertensivo del embarazo que consiste en la elevación de la presión arterial ≥ 140/90 mmHg después de 20 semanas de gestación, acompañado de proteinuria o disfunción de órgano blanco. Durante este proceso se podrían ver afectados órganos como los riñones, el hígado, el cerebro y el sistema de coagulación.
Es una complicación grave que se presenta entre el 2% y el 10% de mujeres embarazadas. Durante este proceso patológico se produce una constricción de los vasos sanguíneos en la placenta que interfiere con el paso de alimentos y oxígeno al feto, lo que podría producir una inhibición del crecimiento del mismo y un nacimiento demasiado temprano.
Palabras clave
Preeclampsia, hipertensión, embarazo
Introducción
Los síndromes hipertensivos constituyen una de las complicaciones médicas más frecuentes durante el embarazo. Estos síndromes se pueden clasificar según la gravedad del aumento de la presión arterial en preeclampsia y eclampsia, teniendo en cuenta que la preeclampsia antecede a la eclampsia. La preeclampsia no posee una etiología claramente definida, pero en términos generales se entiende como una presión arterial sistólica mayor a 140 mmHg y una presión arterial diastólica mayor a 90 mmHg asociada a proteinuria (>30 mg en muestra única o >300 mg en muestra de 24 horas), que se presenta en mujeres con más de 20 semanas de embarazo 1.
Desarrollo del tema
Esta enfermedad es una de las principales causas de morbimortalidad materno fetal presentando una prevalencia muy diversa de entre un 2 a un 10% en dependencia del nivel de desarrollo de cada país, pudiendo ocasionar la muerte de entre un 18 a un 27% de las mujeres embarazadas a nivel mundial. Así mismo, hay que tener en cuenta que la preeclampsia genera en el feto un aumento del riesgo de crecimiento intrauterino retardado en un 25%, prematuridad en un 27% y muerte intrauterina en un 4% 1,2.
En un embarazo que progresa de manera adecuada, las arterias que se encargan de perfundir la placenta y el feto sufren una remodelación que aumenta la capilaridad, mientras que en condiciones de preeclampsia se produce un daño estructural y disfunción del tejido endotelial que afecta a la luz de las arterias espirales, lo que conlleva la inhibición de la perfusión placentaria y los procesos vasodilatadores generados a causa de la disminución del flujo sanguíneo placentario por isquemia, así como la liberación de factores tisulares que debutan en un estado de hipertensión arterial (HTA), proteinuria y edema. En ausencia de proteinuria, la preeclampsia se diagnostica por la presencia de HTA asociada a daño de órgano blanco 1-3.
Este proceso patológico se puede desarrollar rápidamente aún en mujeres con manifestaciones iniciales leves, por lo que se debe prestar especial atención al empeoramiento de síntomas visuales, dolor abdominal, náuseas, vómitos o cefalea 3.
Criterios diagnósticos
Para el diagnóstico de preeclampsia leve se debe presentar al menos presión arterial ≥ 140/90 mmHg y/o edema generalizado, mientras que para la preeclamsia severa se deben de dar HTA ≥ 160/110 mmHg y/o proteinuria ≥30 mg en muestra única, proteinuria ≥300 mg en 24 horas, edema pulmonar, alteración visual y cefalea, transaminasas ≥2 veces el límite superior normal o trombocitopenia ≥1,1 mg Hg.
La preeclampsia asociada a hipertensión arterial crónica aparece en mujeres con HTA conocida, que desarrollan empeoramiento de la misma en combinación con proteinuria, nueva disfunción de órgano o disfunción útero-placentaria.
En los últimos años los criterios diagnósticos han sido actualizados y se ha propuesto el uso de nuevos marcadores como el ácido úrico o los factores reguladores de la angiogénesis. Estas nuevas herramientas permiten un diagnóstico rápido y un manejo clínico adecuados, que son cruciales para minimizar el desarrollo de complicaciones.
En el contexto de la preeclampsia se encuentran dos alteraciones adicionales que corresponden a formas de presentación más grave de los síndromes hipertensivos asociados al embarazo. Estas son el síndrome HELLP, que describe una serie de manifestaciones, como hemólisis, elevación de las enzimas hepáticas y trombocitopenia; y la eclampsia, que se refiere a la presencia de convulsiones tónico-clónicas focales o multifocales en la mujer embarazada, durante el parto o el postparto sin otra causa atribuible, como epilepsia, isquemia cerebral, hemorragia intracraneal o uso de medicamentos. La búsqueda etiológica de las convulsiones no debe retrasar el inicio del tratamiento y cualquier convulsión generalizada pasada la semana 20 de gestación debe ser manejada como eclampsia, excepto que exista una causa etiológica diferente 3,4.
Factores de riesgo
Existen diversos factores de riesgo que influyen en el desarrollo de preeclampsia:
Factores de riesgo alto: Historia de preeclampsia anterior, gestación múltiple, HTA crónica, diabetes mellitus, enfermedad renal y enfermedad autoinmune.
Factores de riesgo moderado: Nuliparidad, obesidad, historia familiar de preeclampsia en madre o hermana, raza afroamericana o bajo nivel económico, edad mayor a 34 años y factores de historia personal como bajo peso al nacer o pequeño para edad gestacional, resultado adverso en embarazo previo, intervalo entre embarazo >10 años.
Factor de riesgo bajo: Parto a término no complicado 3,5.
Prevención y tratamiento
En cuanto al tratamiento, se han estudiado diferentes estrategias para tratar de prevenir los trastornos hipertensivos asociados al embarazo, basados en terapias nutricionales, suplementos vitamínicos y fármacos. Se conoce que la suplementación con antioxidantes como las vitaminas C y E puede disminuir el estrés oxidativo produciendo un posible efecto protector. Además, un déficit de vitamina D parece ser un factor predisponente a desarrollar preeclampsia.
Se ha demostrado que la administración de ácido acetilsalicílico en dosis bajas iniciado antes de la semana 16 (antes de que se transformen las arterias espirales) disminuye la incidencia de la enfermedad en un 29%, de parto prematuro en un 19% y de retraso del crecimiento intrauterino en un 20%, por lo que se recomienda en pacientes con riesgo alto de padecer la enfermedad. Por otra parte, la administración de calcio (1.5-2.0 g/día) también ha demostrado ser útil en su prevención 1,3,4.
Conclusiones
La preeclampsia es un síndrome hipertensivo que se da en un porcentaje sustancioso de embarazadas. Por esta razón, resulta importante dar a conocer esta enfermedad y enfocar los objetivos hacia un abordaje efectivo que salvaguarde el bienestar de la madre y el bebé.
No existen tratamientos suficientemente sólidos para su prevención. Sin embargo, están claros los factores de riesgo asociados, por lo que el primer paso en la prevención implica identificar a la población que presenta riesgo de desarrollar la enfermedad.
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