Importancia de una comunicación adaptada y comprensible con cualquier paciente

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 297

Autor principal (primer firmante): María Dolores Marín Ortiz

Fecha recepción: 09/08/2026

Fecha aceptación: 05/09/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 297

Autores:

María Dolores Marín Ortiz

Marta Moscoso Morales

Andrea Blecua Fumanal

María de la Paz Esteban Borobia

Yudi Tatiana Cano Peña

Luna Fernanda Gil Cano

Categorías: Técnica en imagen para el diagnóstico y Medicina nuclear, auxiliar de administrativo, administrativo, técnico en dietética y nutrición, pinche, celadora, limpiadora, lavandera, técnica superior en radioterapia, gestión y servicios.

Palabras clave: comunicación sanitaria, paciente, comprensión, humanización, seguridad del paciente, accesibilidad, relación asistencial.

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Introducción

Cuando una persona acude a un centro sanitario suele encontrarse en una situación diferente a la habitual. Puede tener dolor, miedo, preocupación o incertidumbre sobre lo que está ocurriendo. En ese contexto, recibir información clara puede marcar una diferencia enorme.

La comunicación sanitaria no consiste únicamente en transmitir información. También implica escuchar, observar, comprender las necesidades de la persona y comprobar que el mensaje ha sido realmente entendido.

Un profesional puede explicar perfectamente un procedimiento desde el punto de vista técnico y, sin embargo, el paciente puede marcharse sin saber qué tiene que hacer. Ahí aparece uno de los principales problemas: informar no siempre significa comunicar.

La comunicación como elemento de seguridad

Una comunicación deficiente puede favorecer errores durante el proceso asistencial. Un paciente que no comprende cómo debe tomar un medicamento, cuándo debe acudir a una revisión o qué precauciones debe seguir puede realizar incorrectamente las indicaciones recibidas.

Por este motivo, la comunicación debe considerarse una parte de la seguridad del paciente.

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Utilizar palabras sencillas, explicar las instrucciones de manera ordenada y evitar información innecesariamente compleja facilita la comprensión. También es recomendable proporcionar las indicaciones más importantes por escrito cuando puedan resultar difíciles de recordar.

Adaptar el lenguaje a cada persona

No todos los pacientes necesitan recibir la información de la misma manera.

Una persona mayor puede necesitar que el profesional hable más despacio y repita determinados conceptos. Un paciente con dificultades auditivas puede requerir contacto visual, buena iluminación o sistemas de apoyo. Una persona con discapacidad visual puede necesitar información verbal detallada.

También existen pacientes que tienen dificultades para comprender textos complejos, personas que no dominan el idioma utilizado en el centro sanitario o pacientes con alteraciones cognitivas que requieren una comunicación especialmente sencilla y estructurada.

Evitar el lenguaje excesivamente técnico

Uno de los errores más frecuentes en la comunicación sanitaria consiste en utilizar términos técnicos que resultan habituales para los profesionales, pero desconocidos para muchos pacientes.

Expresiones como "hipertensión arterial", "prurito", "disnea" o "edema" pueden sustituirse, cuando sea apropiado, por explicaciones sencillas como "tensión arterial elevada", "picor", "dificultad para respirar" o "hinchazón".

Esto no significa infantilizar el lenguaje. Al contrario. Explicar de forma sencilla demuestra que el profesional sabe transmitir sus conocimientos de manera eficaz.

Comunicación y humanización

Una atención sanitaria humanizada requiere escuchar al paciente y reconocer sus emociones.

La mirada, el tono de voz, la postura corporal y la actitud del profesional transmiten información incluso antes de pronunciar una palabra. Mostrar interés, evitar interrupciones innecesarias y permitir que el paciente formule preguntas favorece una relación basada en la confianza.

En ocasiones, unos minutos de escucha pueden evitar muchos malentendidos posteriores.

Además, una comunicación empática permite identificar preocupaciones que quizá no aparecen en una historia clínica, que pueden influir en la evolución del paciente y en su capacidad para seguir las recomendaciones sanitarias.

Barreras de comunicación

Existen numerosas barreras que pueden dificultar el intercambio de información. El ruido, la falta de intimidad, las prisas, la sobrecarga asistencial o las interrupciones constantes afectan negativamente a la comunicación.

También pueden existir barreras relacionadas con el idioma, la cultura, la discapacidad, la edad o el estado emocional del paciente.

Ante estas situaciones deben utilizarse recursos adecuados, como intérpretes profesionales, material gráfico, sistemas de comunicación aumentativa o ayudas técnicas cuando sean necesarias.

La solución no debe consistir en responsabilizar al paciente de no comprender, sino en adaptar el proceso comunicativo.

Papel de los profesionales sanitarios

Todos los profesionales que mantienen contacto con pacientes participan en la comunicación asistencial.

Médicos, enfermeros, técnicos, auxiliares, celadores, personal administrativo y otros trabajadores pueden influir en la experiencia del usuario.

Por ello, la formación en comunicación debería formar parte de la capacitación profesional. Escucha activa, empatía, lenguaje claro, comunicación no verbal y resolución de situaciones difíciles son competencias que pueden entrenarse y mejorarse.

La coordinación entre profesionales también resulta fundamental para evitar que el paciente reciba mensajes contradictorios.

Conclusión

Una comunicación adaptada y comprensible constituye una herramienta esencial para proporcionar una atención sanitaria segura, accesible y humanizada. Cada paciente presenta unas necesidades diferentes y el profesional debe ser capaz de adaptar el lenguaje, el ritmo y los recursos utilizados para facilitar la comprensión.

Hablar de manera sencilla no significa reducir la calidad de la información. Significa hacerla accesible.

Escuchar, explicar, comprobar la comprensión y permitir que el paciente participe en las decisiones relacionadas con su salud fortalece la confianza y favorece su autonomía.

En definitiva, una buena comunicación no es un complemento de la asistencia sanitaria. Es parte de la propia asistencia. Cuando un paciente entiende lo que le ocurre y sabe qué debe hacer, se encuentra en mejores condiciones para participar activamente en su cuidado y afrontar su proceso de salud con mayor seguridad.

Bibliografía

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