Impacto de la pandemia COVID-19 en la salud mental de las enfermeras en Europa

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 12–Diciembre 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 12: 641

Autor principal (primer firmante): Elena Vidal Samper

Fecha recepción: 19/11/2025

Fecha aceptación: 16/12/2025

Ref.: Ocronos. 2025;8(12): 641

Autores:

Elena Vidal Samper

Beatriz Borau Nuez

Alberto Manuel Muñoz Martínez

Lidia Pérez Bayod

Ivone Vallespí Comas

Ana Belén Torres Nuez

Categoría profesional:

Enfermería

Palabras clave:

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COVID-19, Enfermeras y enfermeros, Enfermería, Salud mental, Depresión, Ansiedad, Trastornos por estrés postraumático, Pandemias, Europa.

Resumen

Durante la pandemia de COVID-19, el personal de Enfermería europeo fue uno de los colectivos más afectados psicológicamente debido a la presión asistencial, la sobrecarga laboral y la exposición continua a situaciones críticas. Entre las principales alteraciones mentales detectadas destacan el estrés, la ansiedad, la depresión, el insomnio, el síndrome de burnout y el trastorno de estrés postraumático (TEPT). La ansiedad alcanzó prevalencias elevadas entre el 40% y el 70% especialmente en países como Italia y Turquía. La depresión afectó a entre un 30% y un 50% del personal, mientras que el insomnio y los trastornos del sueño superaron el 50% en algunos estudios. El burnout se manifestó sobre todo como agotamiento emocional (34%), y los síntomas de TEPT llegaron a superar el 50% en varios países europeos.

Estos resultados se vieron influidos por factores laborales, organizativos y personales. Trabajar en unidades COVID o residencias de ancianos, la escasez de recursos humanos y materiales, la falta de formación y apoyo institucional, y la sobrecarga de trabajo fueron determinantes en el deterioro de la salud mental. A nivel personal, ser mujer, joven o carecer de redes de apoyo social incrementó el riesgo de sufrir ansiedad, burnout o TEPT.

Ante esta situación, diversos países europeos desarrollaron estrategias de afrontamiento y programas de apoyo psicológico, destacando el modelo británico del NHS, que ofreció terapia gratuita, apoyo telefónico y recursos digitales de salud mental. A nivel organizacional, se promovieron medidas de apoyo entre colegas (peer support), reuniones breves de equipo, mentorías y la priorización de necesidades básicas como descanso y seguridad. Las recomendaciones internacionales subrayan la necesidad de fortalecer la resiliencia colectiva del personal, implementar programas de detección precoz de problemas psicológicos y garantizar el acceso a tratamientos basados en evidencia, como la Terapia Cognitivo- Conductual.

Introducción

La pandemia de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19), declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en marzo de 2020, desencadenó una crisis sanitaria global sin precedentes. La rápida propagación del SARS-CoV-2 resultó en un estado de gran alarma y tuvo un impacto masivo en los sistemas de salud a nivel mundial. Entre marzo de 2020 y diciembre de 2021, se confirmaron más de 263 millones de casos y se registraron más de 5.2 millones de muertes a nivel global.

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En el contexto europeo, España e Italia fueron epicentros de la crisis sanitaria durante la primera ola. El aumento acelerado de pacientes diagnosticados con COVID-19 provocó la saturación de los hospitales, así como una elevada presión asistencial en centros sociosanitarios y residencias de ancianos. Los profesionales sanitarios, especialmente el personal de Enfermería de primera línea, se vieron obligados a atender a pacientes gravemente enfermos, a menudo en condiciones laborales precarias, como el alto volumen de trabajo y la escasez de equipos de protección personal (EPP).

El confinamiento y las medidas de distanciamiento social impuestas para contener la pandemia, aunque necesarias, generaron una situación de gran incertidumbre social y sanitaria. A esta tensión se sumó la experiencia de aislamiento social y, para algunos profesionales, la discriminación social derivada de la coronafobia. La combinación de la sobrecarga laboral y emocional resultó en que mucha gente se moría, y el personal de Enfermería tuvo que brindar cuidados en momentos de enfermedad y muerte, a menudo actuando como sustitutos de los familiares debido a las estrictas reglas de aislamiento. El impacto en los trabajadores de la salud fue grave, con una estimación global de más de 115,000 muertes entre ellos.

Ante este escenario de crisis humanitaria y colapso asistencial, el presente trabajo se centra en analizar las consecuencias psicológicas que esta presión sostenida generó en el colectivo de Enfermería en Europa, abordando las alteraciones sufridas, los factores de riesgo asociados y las respuestas de apoyo implementadas.

Objetivos

Objetivo general

Analizar el impacto de la pandemia de COVID-19 en la salud mental de las enfermeras en Europa, identificando los principales factores asociados, las consecuencias psicológicas derivadas y las estrategias implementadas para mitigar sus efectos.

Objetivos específicos

  1. Describir las principales alteraciones psicológicas (estrés, ansiedad, depresión, síndrome de burnout) que afectaron a las enfermeras europeas durante la pandemia de COVID-19.
  2. Identificar los factores laborales, organizativos y personales que influyeron en la aparición o agravamiento de los problemas de salud mental en este colectivo.
  3. Examinar las estrategias de afrontamiento, apoyo institucional y programas de intervención psicológica desarrollados en distintos países europeos para promover el bienestar emocional del personal de Enfermería.

Metodología

Se ha realizado una revisión de la literatura publicada en castellano o inglés, entre los años 2015 y 2025 en la base de datos PubMed. Finalmente se han seleccionado 6 artículos.

Descripción de las principales alteraciones psicológicas que afectaron a las enfermeras europeas durante la pandemia de COVID-19.

El personal de Enfermería se encontró entre los trabajadores de la salud con mayores problemas psicológicos como consecuencia de la pandemia. La presión sostenida afectó negativamente su salud mental.

Estrés y distrés

El estrés y el distrés (malestar subjetivo) fueron consecuencias significativas. En un estudio realizado en Navarra, España, el 68% de las enfermeras encuestadas reportó algún nivel de depresión, ansiedad, insomnio y distrés. De ellas, el 38% presentó síntomas moderados o graves. El distrés en respuesta a la pandemia alcanzó niveles moderados a graves en un 29% a 40% del personal sanitario en varios estudios. En particular, los factores como la sobrecarga laboral y los problemas en el lugar de trabajo, derivados de la mayor demanda asistencial y la escasez de profesionales, condicionaron este aumento del nivel de distrés.

Ansiedad

La ansiedad fue una de las alteraciones más prevalentes, con una media global de prevalencia del 42.64% en estudios analizados.

  • Prevalencia europea alta: En Italia, uno de los países más golpeados en la primera ola, un estudio reportó una prevalencia general de síntomas de ansiedad del 77.6%. Un estudio posterior en Italia, durante la segunda ola, encontró que el 50% de las enfermeras reportó síntomas consistentes con el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) de moderados a graves (puntuación GAD-7 10).
  • Síntomas moderados a graves: La prevalencia promedio de síntomas de ansiedad de moderados a graves fue del 29.55%.
  • Contextos específicos: Un estudio realizado en Turquía con enfermeras de quirófano reportó una prevalencia de síntomas de ansiedad del 71.9%.

Depresión

La depresión también mostró una prevalencia significativa. A nivel mundial, la prevalencia agrupada de depresión entre el personal de Enfermería fue del 32%. En los estudios revisados, la prevalencia media de síntomas de depresión de leves a graves fue del 38.79%.

  • Prevalencia europea: Un estudio en España (Navarra) indicó que el 68% de las enfermeras presentó algún nivel de depresión. En Rusia, una prevalencia del 50.4% de depresión fue reportada en enfermeras. En Holanda (personal de UCI), se reportó una prevalencia del 18.6%.

Insomnio y trastornos del sueño

  • El aspecto más afectado del bienestar del personal de Enfermería fue el insomnio, con una prevalencia promedio del 53.60% (40.66% para síntomas moderados a graves) en los pocos estudios que analizaron este resultado.
  • Impacto en Italia: Un estudio italiano reportó que el 75.72% de las enfermeras presentaba una mala calidad del sueño.

Síndrome de burnout

Las enfermeras experimentaron niveles elevados de burnout durante la pandemia. Un metaanálisis sistemático que incluyó estudios sobre enfermeras (incluyendo 4 estudios europeos) encontró que la prevalencia general fue:

  • Agotamiento emocional: 34.1%.
  • Despersonalización: 12.6%.
  • Falta de realización personal: 15.2%.

Estos niveles de burnout, especialmente el agotamiento emocional, son superiores a los experimentados por enfermeras que trabajan en entornos tradicionalmente estresantes como cuidados paliativos.

Trastorno de estrés postraumático (TEPT)

El TEPT fue una consecuencia psicológica reportada. La prevalencia promedio de síntomas de TEPT en estudios fue del 39.06% (29.8% para síntomas moderados a graves).

  • Prevalencia europea específica: En Italia, el 56.8% de las enfermeras encuestadas durante la segunda ola de la pandemia presentó predictores clínicos de TEPT. Otros estudios italianos reportaron una prevalencia de sintomatología grave de TEPT de hasta el 65%. En Canadá (enfermeras de UCI), el 73.4% reportó síntomas.

Identificación de los factores laborales, organizativos y personales que influyeron en la aparición o agravamiento de los problemas de salud mental

Diversos factores, categorizados como sociodemográficos, sociales y ocupacionales, influyeron en el aumento o la gravedad de los problemas de salud mental y el burnout en el personal de Enfermería.

Factores laborales y ocupacionales

El entorno de trabajo durante la pandemia fue el principal determinante del impacto psicológico.

  • Ubicación de trabajo de alto riesgo: Haber trabajado en unidades hospitalarias COVID o en centros sociosanitarios/residencias de ancianos fue asociado con peores resultados de salud mental y mayor riesgo de síntomas moderados o graves. En Navarra, España, las enfermeras que trabajaron en unidades COVID tenían 1.8 veces más probabilidades de estar en grupos con síntomas moderados o graves, y aquellas que trabajaban en residencias de ancianos tenían 1.7 veces más probabilidades. Trabajar en el área de cuidados críticos también se asoció significativamente con la presencia de síntomas de TEPT.
  • Carga de trabajo y recursos: La sobrecarga de trabajo, las demandas laborales elevadas y la falta de recursos humanos y materiales, incluyendo la escasez de equipos de protección personal (EPP), fueron factores cruciales que generaron estrés y distrés.
  • Formación y confianza: Un nivel bajo de formación especializada sobre COVID-19, la falta de confianza en el cuidado de pacientes con COVID-19 y la disminución de la seguridad laboral mientras se cuidaba a estos pacientes se asociaron con mayor burnout.
  • Tiempo de trabajo: Tiempos de trabajo más largos en áreas de cuarentena aumentaron el burnout.
  • Cambios y dilemas éticos: La adaptación a dinámicas nuevas, los cambios en roles profesionales y el tener que afrontar dilemas éticos y morales (como decisiones de tratamiento basadas en recursos finitos) fueron estresores clave.

Factores organizacionales

Las fallas sistémicas, como las limitaciones de recursos materiales y personales, generaron estrés físico, emocional y moral.

  • Apoyo institucional inadecuado: La falta de apoyo organizacional o de la autoridad hospitalaria fue un factor de riesgo. Además, la sensación de que la voz de la Enfermería fue marginada en debates sobre EPP adecuados generó ira y frustración.

Factores personales y sociodemográficos

Algunas características individuales también se relacionaron con peores resultados de salud mental:

Género: Ser mujer fue un factor de riesgo para el desarrollo de peor salud mental, mayor agotamiento emocional, ansiedad y síntomas de TEPT. Las enfermeras italianas (mujeres) tuvieron una probabilidad ajustada de 1.88 de presentar síntomas de TEPT en la segunda ola.

  • Edad: La edad más joven se ha relacionado con un mayor burnout y distrés psicológico. Esto podría deberse a la menor familiaridad con las medidas de control de infecciones y menor experiencia en el manejo de eventos extremos.
  • Apoyo social: La disminución del apoyo social fue un factor asociado al aumento del burnout. El aislamiento de la familia y amigos para reducir la propagación del virus interrumpió la vida social y familiar.
  • Infección de allegados: Tener un familiar o amigo diagnosticado con COVID-19 se relacionó con un mayor nivel de burnout.

Examen de las estrategias de afrontamiento, apoyo institucional y programas de intervención psicológica

Ante el grave impacto, fue esencial implementar medidas de apoyo a nivel individual, de equipo y organizacional.

Programas de apoyo institucional y organizacional (europeo)

Los gobiernos y las organizaciones de salud deben actuar para preparar los sistemas sanitarios y reducir el impacto del burnout.

  • Recomendaciones de política sanitaria: Se recomienda la implementación de programas de coaching y emocionales para apoyar a las enfermeras de primera línea. También es urgente implementar programas nacionales de capacitación para fortalecer la preparación ante emergencias sanitarias. Además, se necesitan políticas de ratio mínima enfermera-paciente para asegurar condiciones laborales positivas.
  • Apoyo específico en el reino unido: En el Reino Unido (UK), el personal del NHS recibió acceso gratuito a más de 1,500 especialistas, terapia online, sesiones de terapia de grupo y líneas de ayuda telefónicas atendidas por organizaciones benéficas. También se ofreció acceso gratuito a aplicaciones de apoyo (como Headspace y UnMind) para la meditación guiada y herramientas contra la ansiedad y los problemas del sueño.

Apoyo de equipo y compañeros (Peer support)

El apoyo entre compañeros y equipos fue crucial.

  • Necesidades fisiológicas y seguridad: La prioridad inmediata debe ser garantizar las necesidades fisiológicas y de seguridad del personal (alimentos, refugio, descanso, sueño y EPP adecuado).
  • Apoyo mutuo: Se debe fomentar el apoyo entre pares para recordarse mutuamente la necesidad de cuidarse.
  • Huddles y reuniones: Se recomienda realizar discusiones breves a mitad del turno (mid-shift cluster discussions) o reuniones (huddles) al inicio y final del turno para verificar el bienestar y activar el apoyo social.
  • Buddying y mentoría: El sistema de buddying (emparejamiento con compañeros más experimentados) puede ayudar al personal reasignado o a los nuevos miembros del equipo. Para el personal directivo, el acceso a un mentor o par respetado para apoyo confidencial es importante.

Intervenciones psicológicas y afrontamiento

La literatura sugiere que las estrategias deben ser flexibles y por capas, desde la prevención hasta el tratamiento, y deben cambiar con el tiempo.

  • Detección temprana: Se necesita la detección de enfermedades mentales y las intervenciones de apoyo temprano para las enfermeras de alto riesgo. La evaluación de los trastornos de ansiedad, por ejemplo, utilizando el cuestionario GAD-7, puede ser un predictor fiable para una segunda detección de TEPT en empleados con puntuaciones de ansiedad superiores a la media.
  • Resiliencia organizacional: Aunque se necesita cierta resiliencia individual, se enfatiza que la resiliencia nunca debe considerarse una responsabilidad individual, sino colectiva y organizacional. La resiliencia del equipo está más relacionada con los vínculos entre los miembros que con el perfil psicológico individual.
  • Afrontamiento y crecimiento: Es necesario desarrollar estrategias de apoyo que consideren la resiliencia y las habilidades de regulación emocional como instrumentos para el crecimiento y el bienestar psicológico, promoviendo el apoyo social a nivel organizacional.

Recuperación a largo plazo

Tras la fase aguda, es fundamental comprender las necesidades psicológicas continuas del personal de Enfermería para evitar consecuencias a largo plazo.

  • Tratamientos específicos: Para aquellos que lo requieran, se necesita acceso a tratamientos basados en evidencia para el trauma establecido (como la Terapia Cognitivo-Conductual enfocada en el trauma o la Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares), asegurando equidad de acceso.
  • Evitar patologización temprana: Es importante no patologizar los miedos y ansiedades que son normales en situaciones tan extraordinarias. Las intervenciones intensas demasiado tempranas (como el debriefing psicológico, si se realiza de manera inapropiada) pueden ser perjudiciales.

Conclusión

La pandemia de COVID-19 supuso un evento traumático de gran magnitud para el personal de Enfermería, especialmente en países europeos como España e Italia. Los hallazgos confirman un alto impacto en la salud mental de las enfermeras, con una prevalencia significativa de ansiedad, depresión, TEPT e insomnio, superando en muchos casos las tasas prepandémicas e incluso las de otras especialidades de alto estrés.

El riesgo de padecer estas alteraciones fue marcadamente influenciado por factores laborales y organizacionales, destacando el trabajo en unidades COVID hospitalarias y residencias de ancianos, la sobrecarga laboral, la escasez crítica de recursos (como EPP y personal), y la falta de apoyo organizacional. Además, se identificaron factores personales vulnerables, siendo el género femenino un predictor clave del aumento de ansiedad y TEPT.

A pesar de la magnitud de la crisis, se articularon estrategias de apoyo que enfatizan la importancia de la respuesta organizacional y de equipo. Las recomendaciones de política sanitaria apuntan a la necesidad urgente de programas de coaching y emocionales, mejor preparación ante emergencias y el cumplimiento de ratios enfermera-paciente adecuadas. Mirando hacia el futuro, es imperativo establecer programas de cribado de salud mental (particularmente para ansiedad y TEPT) y garantizar el acceso a tratamientos especializados para la recuperación a largo plazo de las enfermeras, asegurando que la resiliencia sea vista como una responsabilidad colectiva, no individual.

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