Hipertensión arterial en el anciano

Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 9–Septiembre 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº 9: 257

Autor principal (primer firmante): Nuria Huerta González

Fecha recepción: 29 de agosto, 2022

Fecha aceptación: 26 de agosto, 2022

Ref.: Ocronos. 2022;5(9): 257

Autora: Nuria Huerta González

Elevación de la PA y enfermedad cardiovascular en el anciano

La hipertensión arterial (HTA) es el principal factor de riego modificable del desarrollo de enfermedad cardiovascular o enfermedad crónica renal. La HTA se define clásicamente como la elevación sostenida de la presión arterial (PA > 140/90 mm Hg, pero es bien conocido que el riesgo asociado al aumento de la PA se produce de forma continua a partir de valores de PA > 115/75 mm Hg, como podemos ver en las figuras, la relación es continua, y el incremento por encima de estos niveles de PA lleva asociado un aumento de la mortalidad, tanto por ictus como por enfermedad coronaria 1.

Figura 1: Elevación de la PA y mortalidad por ictus

publica-TFG-libro-ISBN

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Prospective Studies Collaboration. Ref 1

Figura 2: Elevación de la PA y mortalidad por enfermedad coronaria

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Prospective Studies Collaboration. Ref 1

Esto ha conllevado a que la PA óptima es definida en las guías como una PA < 120/80 mm Hg 2.

Este riesgo de enfermedad cardiovascular atribuible a la elevación de la PA puede ser ampliamente revertido con el tratamiento antihipertensivo 3.

El aumento de esperanza de vida que se ha producido en los últimos años ha comportado que la HTA sistólica aislada sea especialmente prevalente en la población anciana, especialmente en los mayores de 75-80 años 4.

Tabla 1: Elevación de la PA y enfermedad cardiovascular en el anciano

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Benetos A et al. Ref 4

En este grupo de pacientes ancianos con HTA es aún más relevante realizar en la primera visita la mediad bilateral de la PA en ambos brazos, y la media de la PA en bipedestación´, tal como hemos mencionado en el módulo 1.

Es bien conocido que el aumento progresión vede la edad es un factor de riesgo no modificable que tiene una fuerte influencia en la estimación del riesgo, el riesgo absoluto en este grupo poblacional es elevado cuando coexisten otros factores de riesgo cardiovascular, si bien es preciso utilizar tablas de riesgo validadas para este grupo poblacional. 5

Tabla 2: Elevación de la PA y enfermedad cardiovascular en el anciano

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Cooney MT al. Ref 5

Tabla 3: Elevación de la PA y enfermedad cardiovascular en el anciano

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Las tablas SCORE para mayores de 64 años (SCORE OP) identifican menos pacientes de alto riesgo que las tablas SCORE, lo que implicaría tratar potencialmente menos pacientes de estas edades con hipolipemiantes 6, pero por lo que respecta al tratamiento antihipertensivo la decisión de iniciar el tratamiento iría en función de las cifras de PA, la presencio o no de lesión silente de órganos diana y o la asociación con otros factores de riesgo cardiovascular o complicaciones cardiovasculares o renales asociadas 2.

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Clasificación de las etapas de la hipertensión según los niveles de PA, la presencia de factores de riesgo cardiovascular, HMOD o comorbilidades

Fuente: ESC/ESH Hypertension Guideliness, 2018 Ref 6

Cambios de la presión arterial durante el proceso de envejecimiento. Rigidez arterial

La prevalencia de HTA incrementa a medida que avanza la edad, a expensas sobre todo del incremento en la PA sistólica debido al envejecimiento vascular.

El envejecimiento comporta un progresivo aumento de la rigidez arterial, pero este proceso se verá más o menos acelerado en función de la coexistencia de los distintos factores de riesgo y de su tasa de control 7.

Figura 3: Cambios de la PA durante el proceso de envejecimiento

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Sethi et al. Ref 9

En la figura siguiente podemos ver los distintos mecanismos propuestos 8:

Figura 4: Mecanismos propuestos para la rigidez arterial

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Dumor K et al.Ref 11

El aumento de la presión diferencial o presión del pulso (PP) es un marcador indirecto de rigidez arterial, que ha mostrado en diversos estudios epidemiológicos su valor independiente de incremento del riesgo cardiovascular.

En las últimas 2 décadas, especialmente a partir de 2003, se ha resaltado el valor del aumento de la velocidad de la onda del pulso (VOP); como signo de rigidez arterial. La Guía Europea para el manejo de la HTA 2 ha definido un valor de corte por encima de 10 m/s como afectación de órgano diana, pero el valor de la VOP aumenta con la edad, por lo que probablemente se deberían definir valores de normalidad según la edad-8-10.

El aumento de la VOP tiene relevancia clínica, dado que la rigidez arterial es un predictor independiente de morbilidad y mortalidad cardiovascular, como ha puesto de manifiesto un meta-análisis de 17 estudios longitudinales llevado a cabo por Vaclapoulus et al11 Este valor predictivo de riesgo vascular del aumento de la VOP ha sido demostrado en pacientes con HTA, diabetes mellitus, enfermedad renal crónica y en sujetos > 70 años.

Figura 5: Aumento de la velocidad de la onda del pulso y riesgo cardiovascular

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Vlachopoulus C et al. Ref 12

Aunque no hay unanimidad respecto al valor pronóstico de la PA central, medida de forma no invasiva respecto a lo que aporta la medida de la PA periférica o braquial, algunos estudios en cohortes validadas han mostrado que un valor de PA central ≥ 130/90 mm Hg sería diagnóstico de HTA y comportaría un peor pronóstico 12.

Evaluación clínica de los sujetos ancianos con HTA

Aunque la definición tradicional de persona anciana, se establecía a partir de los 65 años, el aumento progresivo de la esperanza de vida ha comportado un aumento progresivo de las personas > 75-80 años, las cuales pueden presentar un buen estado de salud, pero con frecuencia presentan comorbilidad asociad o cierto estado de fragilidad. Dado la elevada prevalencia de HTS en este grupo edad, se recomienda una evaluación básica, con la finalidad de:

  1. Confirmar el diagnóstico, mediante una medida adecuada de la PA, descartando asimetrías entre ambos brazos y descartando o confirmando la existencia de hipotensión ortostática, y evaluando el riesgo cardiovascular como en todos los hipertensos. La medida de la PA en bipedestación se debería evaluar de nuevo tras la introducción o cambios en el tratamiento antihipertensivo. En relación a hipertensos más jóvenes, en este grupo de edad avanzada se deben hacer más énfasis en la historia personal que en la familiar, y en la exploración se recomienda la auscultación de soplos o palpación de masa pulsátil para descartar aneurisma abdominal, cuya sospecha debería confirmarse mediante ecografía abdominal.
  2. Un segundo aspecto específico para este grupo poblacional, es la necesidad de evaluar el estado funcional global del sujeto: comorbilidad, recogida de todas las mediaciones prescritas, y evaluación del grado de fragilidad y de autonomía 13. La fragilidad es un proceso continuo, y debe reevaluarse periódicamente, así como definir el grado de fragilidad.

Figura 6: Evaluación clínica del paciente anciano con HTA: Fragilidad

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Benetos A et al. Ref 14

Otro aspecto relevante que ya hemos mencionado, es recoger la comorbilidad asociada, y la polifarmacia, con la finalidad de prevenir o detectar precozmente las posibles interacciones o efectos adversos. En este grupo de edad es frecuente la depresión, o el parkinsonismo que deben ser tenidos muy en cuenta en la evaluación clínica y en la indicación del tratamiento antihipertensivo.

La depresión se asocia con frecuencia a la enfermedad cardiovascular, especialmente después de sufrir un evento cardiovascular, afectando de forma importante en la cálida de la vida del paciente, lo que a su vez puede tener efectos negativos en la adherencia del tratamiento de la HTA y de otras enfermedades crónicas 14.

La mayoría de estos pacientes son tratados en asistencia primaria, siendo un síndrome heterogéneo que se puede presentar de múltiples formas 15. Por otra parte, algunos antidepresivos podrían presentar efectos cardiovasculares o interacciones que deben tenerse en cuenta 16.

Tabla 5: Evaluación clínica del paciente anciano con HTA: Depresión

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Piña BL et al. Ref 14

Beneficios del tratamiento antihipertensivo en el anciano

Diversos ensayos clínicos publicados hace ya más de 25 años mostraron el beneficio de los sujetos ancianos mayores de 65 años, con HTA, incluyendo los sujetos con HTA sistólica aislada. Posteriormente la publicación del ensayo clínico HYVET 16, publicado ya hace más de 10 años, se mostró también el beneficio en octogenarios., recomendándose una meta terapéutica en este grupo de edad para la PA sistólica < 150 mm Hg.

Figura 7: Beneficios del tratamiento antihipertensivo en el anciano. Estudio HYVET

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Beckett N et al. Ref 1

Más recientemente, la publicación de los resultados del estudio SPRINT17,18 y de los resultados específicos en sujetos ancianos mayores de 756 años, mostró los beneficios de un tratamiento más intenso de la PA, incluso en pacientes con fragilidad, por lo que las actuales guías recomiendan conseguir con tratamiento una PA sistólica

< 140 mm Hg.

Tabla 6: Beneficios del tratamiento antihipertensivo en el anciano

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: SPRINT Investigators Ref 18

Figura 8: Beneficios del tratamiento antihipertensivo en el anciano.

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Williamson JD et al. Ref 19

Objetivo terapéutico en el tratamiento de la HTA en el anciano

Como proponen las nuevas guías europeas 2 y autores prácticos como Benetos et al19, el tratamiento antihipertensivo en el anciano ha de tener en cuenta las características clínicas anteriormente mencionadas y el grado de funcionalidad y fragilidad, y adaptar la meta terapéutica a las características de cada paciente, pero una reducción gradual de la PA por debajo de 140/90 mm Hg, si se tolera bien, traduce en un mayor beneficio que riesgo en la prevención de la morbimortalidad cardiovascular 2,4.

Tabla 7: Objetivo terapéutico en el tratamiento de la HTA

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: ESC/ESH Hypertension Guideliness, 2018 Ref 6

Interacciones y efectos adversos de la medicación antihipertensiva en el anciano. Cómo evitarlo

Como hemos mencionado anteriormente, la definición de anciano varía según las guías, y ha ido evolucionando con el tiempo, en función de una mayor longevidad, pero siempre teniendo en cuenta no solo la edad biológica, sino la edad vascular y sobre todo la comorbilidad asociada, así como el grado de autonomía y de fragilidad de cada paciente.

Se debe realizar un adecuado seguimiento, con detección de los posibles efectos adversos, con especial intención a la presentación de hipotensión postural a, o de alteraciones en el ionograma con los diuréticos tiazídicos, frecuentemente utilizados en la HTA, y especialmente en este grupo poblacional, ya que muchos de ellos son visitados en servicios de urgencias por dicho motivo 19. Estos efectos son reversibles, y se deberían detectar de forma precoz, para evitar complicaciones.

Figura 9: Efectos adversos de la medicación antihipertensiva en el anciano con HTA

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Olson K et a. Ref 20

Hiponatremia por tiazidas

  • El riesgo de hospitalización por hiponatremia secundaria a tiazidas es de 0.49/100 pacientes-año con hidroclorotiazida y de 0.69/100 pacientes-año con clortalidona (Dhalla IA et al, Ann Intern Med 2013;158:447-455).
  • El riesgo es más frecuente en ancianos, siendo difícil de predecir (Frenkel NJ et al. J Hypertens 2015;33:627-633), es más frecuente con dosis elevadas, y más frecuentes con clortalidona que con hidroclorotiazida (Van Blijderveen JA et al. Am J Med 2014;127:763-771).

Se debe tener especial cuidado con las interacciones farmacológicas en estos pacientes, pues con frecuencia son polimedicados 20.

Tabla 8: Hipertensión arterial en el anciano inducida por antidepresivos

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Krishnaswami A et al. Ref 21

La reducción de la PA debe hacerse de forma gradual, cuando se intensifica el tratamiento antihipertensivo deber evitarse la producción de hipotensión o sincopes, así como la aparición de la función renal o electrolítica. El estado de autonomía, y fragilidad y de la comorbilidad asociada debe evaluarse periódicamente, y en algunas situaciones pude plantearse la reducción de dosis o desprescripción de algunos fármacos 20.

HTA y enfermedad cerebrovascular

En España, como en otros países, el ictus es una de las causas más frecuentes de morbi-mortalidad, y la primera causa de discapacidad. Por otra parte, es uno de los factores que contribuye al desarrollo de alteración de la función cognitiva y demencia.

Los pacientes con ictus presentan un elevado riesgo de sufrir nuevos eventos cardiovasculares, incluyendo la recurrencia del ictus, y de mortalidad cardiovascular. El riesgo medio anual de padecer una recurrencia tras un episodio inicial de ictus isquémico o AIT es aproximadamente del 3-4%, aunque el riesgo individual viene determinado por distintos factores como la edad, comorbilidad y adherencia al tratamiento. El riesgo acumulativo de ictus recurrente es del 5% a los 6 meses, y del 8% al año, el riesgo de mortalidad cardiovascular del 14,8 y 17,1%, y el de mortalidad total del 20,6% y 24,5%, respectivamente 21.

Los factores de riesgo de ictus incluyen los no modificables, como la edad, que dobla el riesgo de ictus por cada década sucesiva a partir de los 55 años, y la historia familiar, y los modificables, que son fundamentalmente la HTA, la diabetes mellitus,

el tabaquismo, o el elevado consumo de alcohol. Se estima que un porcentaje elevado de ictus pueden ser prevenido mediante un adecuado uso de medidas preventivas: modificación del estilo de vida (dieta y ejercicio), reducción de la presión arterial (PA) con medicación antihipertensiva, antiagregantes plaquetarios, estatinas y reducción del consumo elevado consumo de alcohol 22,23.

La HTA es el factor de riesgo modificable más importante de padecer un ictus, en sus diversas formas y la enfermedad cerebrovascular de vaso pequeño (ECVP) es frecuente, y su incidencia aumenta con la edad 24.

HTA y enfermedad cerebrovascular

Figura 10: HTA y enfermedad cerebrovascular

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Faraco G et al. Ref 24

La enfermedad cerebrovascular de pequeño vaso l (ECPV) se puede presentar clínicamente en forma de infarto lacunar o hemorragia intracerebral, pero también puede cursar de forma silente 25-27. La HTA es el factor principal modificable de ECPV, y su frecuencia aumenta a medida que aumenta la edad.

Figura 11: HTA y enfermedad cerebrovascular de vaso pequeño

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Cardona P. Ref 25

El ictus lacunar es causado por la oclusión de ramas perforantes de las arterias del polígono de Willis y representa un 25% de los isquémicos de ictus. La hipertensión arterial y la diabetes son los principales factores de riesgo vascular relacionados con estos subtipos de ictus isquémico. La ECPV es relativamente frecuente, sobre todo en su forma silenciosa, y se relaciona un riesgo futuro de ictus o de alteración cognitiva 27,28.

Figura 12: La enfermedad cerebrovascular de vaso pequeño como predictor de recurrencia de ictus

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Nam KW et al. Ref 26

La ECPV se puede manifestar en la RM craneal como espacios perivasculares dilatados, leucoaraiosis, infartos lacunares (IL) o microsangrados (MS). Se ha sugerido que la presencia de EM puede corresponder a unas fases más avanzadas de la MPVC mientras que la dilatación de los espacios perivasculares podría corresponder a fases más iniciales.

Figura 12: HTA y enfermedad cerebrovascular de vaso pequeño

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Smith EE et al. Ref 28

Los microsangrados cerebrales (MSC) son macrófagos conteniendo hemosiderina en los espacios perivasculares de los vasos pequeños cerebrales, que indican extravasación previa de sangre. Pueden estar localizados en diferentes zonas cerebrales y persiste indefinidamente tras su detección.

Se pueden observan tanto en sujetos con ictus isquémico como hemorrágico, y lo más importante, pueden predecir un aumento del riesgo de padecer un ictus, especialmente el ictus hemorrágico bajo tratamiento antitrombótico 29.

HTA y enfermedad cerebrovascular de vaso pequeño:

  • Los microsangrados cerebrales (MSC) son macrófagos conteniendo hemosiderina en los espacios perivasculares de los vasos pequeños cerebrales, que indican extravasación previa de sangre.
    • Los MSC pueden estar localizados en diferentes zonas cerebrales y persiste indefinidamente tras su detección.
    • Se pueden observar tanto en sujetos con ictus isquémico como hemorrágico, y lo más importante, pueden predecir un aumento del riesgo de padecer un ictus, especialmente el ictus hemorrágico bajo tratamiento antitrombótico.

Figura 13: HTA y enfermedad cerebrovascular de vaso pequeño

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Wilson D et al. Ref 28

Figura 14: Mecanismos de la hemorragia intracraneal en el paciente con microsangrados cerebrales

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Wilson D et al. Ref 29

Figura 15: Riesgo de ictus isquémico y de hemorragia intracraneal en función del número de microsangrados cerebrales en pacientes que ya han padecido un ictus isquémico o un AIT

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Wilson D et al. Ref 29

Desgraciadamente el grado de control de los distintos factores de riesgo en la prevención secundaria del ictus dista es muy bajo 30. Estudios llevados a cabo en nuestro país han mostrado un grado de control de los principales factores del riesgo menor del 10% en pacientes que han sufrido un ictus.

Figura 16: HTA y alteración cognitiva en el anciano

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Abellán J, Armario P et al. Ref 30

Datos más recientes del EUROASPIRE III31 son algo mejores, pero el grado de control sigue siendo pobre: En un total de 881 pacientes con una media de edad de 66 años, que habían sufrido un ictus y que fueron entrevistados a los 550 días, un 17,6% continuaban fumando, un 35,5% presentaban un IMC ≥ 30 kg/m2, un 62,4% presentaba elevación de la PA y un 75,5% elevación de los niveles de LDLc. A pesar de que un 87,2% recibían medicación antihipertensiva y un 84,4% eran tratados con estatinas, el porcentaje de pacientes que alcanzaron la meta terapéutica fue del 34,3% y 34,4% respectivamente.

Hipertensión arterial y alteración cognitiva

Es bien conocida la asociación entre HTA y alteración cognitiva, especialmente cuando coexiste con otros factores de riesgo frecuentemente asociados a la HTA, como la diabetes 32.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente un 50% de los sujetos que han padecido un ictus presentan algún grado de alteración física o cognitiva, y un 20% de ellos requieren cuidados en una institución. En la figura posterior podemos ver las distintas complicaciones del ictus, tanto durante la hospitalización como tras el alta a más largo plazo 33. Durante la hospitalización se han de vigilar y tratar especialmente las infecciones, las complicaciones cardiacas y las trombosis venosas, y posteriormente tras el alta, las medidas se han de dirigir a la prevención de las recurrencias, y al impacto del ictus en la calidad de vida: fatiga, depresión y alteraciones cognitivas.

Figura 17: HTA y alteración cognitiva en el anciano

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Bustamante A et al. Ref 32

Figura 18: HTA y alteración cognitiva en el anciano

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Fadini GP et al. Ref 33

En un estudio reciente Vicario et al34 han observado una prevalencia del 22,1%, siendo más elevada a medida que avanza la edad. En dicho estudio, entre el 29,4- 41,5% de los pacientes con puntuaciones considerada normales en el Mini-Mental State Examination (MMSE), podían presentar disfunción ejecutiva y deterioro de la memoria semántica. Los mecanismos no son bien conocidos, pero no se puede descartar que la afectación de funciones corticales en los pacientes hipertensos sea producida por microinfartos cerebrales ocasionados por la ECPV 27, patología que como hemos visto, está estrechamente ligada al incremento de la PA y al aumento dPV y alteración cognitiva 35 y la rigidez arterial. Un reciente meta-análisis ha mostrado la asociación entre enfermedad cerebrovascular y alteración cognitiva 35.

Figura 19: HTA y alteración cognitiva en el anciano

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Van Sloten TT et al. Ref 35

Figura 20: Metaanálisis

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Van Sloten TT et al. Ref 35

La prevención de estas alteraciones precisa de un control de los factores de riesgo vascular. Recientemente se ha publicado un ensayo clínico aleatorizado 36, a doble ciego, llevado a cabo en 732 ancianos hipertensos, en el que se observó que el tratamiento con dosis bajas de rosuvastatina (asociado al tratamiento antihipertensivo) se tradujo en una reducción en la progresión de las lesiones de sustancia blanca y a la reducción de la función cognitiva.

Figura 21: Estudio de 732 ancianos hipertensos con hidroclorotiazida que se asignaron aleatoriamente a telmisartán VS placebo y a rosuvastatina dosis bajas. Efecto sobre la progresión de lesiones de sustancias blancas.

Ver: Anexos – Hipertensión arterial en el anciano, al final del artículo

Fuente: Zhang H et al. Ref 36

Resumen y conclusiones

  • Existe una relación continua entre la elevación de la PA por encima de 115/75 mmHg y una mayor incidencia de enfermedad cardiovascular y renal, por lo que se define la PA óptima como la PA espontánea por debajo 120/80 mm Hg.
  • El riesgo de enfermedad cardiovascular atribuible a la elevación de la PA puede ser ampliamente revertido con el tratamiento antihipertensivo, y el adecuado control e otros factores de riesgo.
  • La prevalencia de HTA aumenta progresivamente con la edad, siendo muy elevada e el anciano, especialmente la correspondiente a HTA sistólica aislada.
  • El aumento de la PA diferencial o presión del pulso es un signo indirecto de rigidez arterial que incrementa de forma independiente el riesgo vascular. Mediante técnicas no invasivas se puede medir la rigidez arterial, siendo el parámetro más estandarizado la medida de la velocidad de la onda del pulso (VOP). Una VOOP > 10 m/s es considerado por las guías actuales como lesión de órgano diana.
  • En la evaluación clínica de los ancianos con HTA es básico:
    • Una adecuada medida de la PA, con media bilateral simultanea de la PA en ambos brazos.
    • Descartar hipotensión ortostática mediante media de la PA tras 1-3 minutos en bipedestación, en la primera visita y tras la y media de la PA en bipedestación, durante la primera visita, o tras la intensificación del tratamiento.
    • Evaluación del estado funcional, grado de autonomía y fragilidad, en el momento inicial y a lo largo del seguimiento.
  • En el tratamiento de la HTA en el anciano se ha de tener en cuenta:

o El beneficio del tratamiento antihipertensivo, aplicado de forma correcta supera al riesgo, incuso en sujetos octogenarios y en sujetos con HTA sistólica aislada, como han demostrado diversos ensayos clínicos, el más reciente los datos del SPRINT en sujetos > de 75 años, en el que se incluyeron sujetos con diversos grados de fragilidad.

  • La comorbilidad asociada, y las posibles interacciones medicamentosas, en los pacientes polimedicados.
  • Monitorización clínica y de los parámetros bioquímicos, especialmente de la función renal e ionograma durante el seguimiento.
  • La meta terapéutica en general a es un descenso de la PA sistólica < 140 mm Hg, aunque en algunos caos con HTS sistólica aislada octogenarios podría ser suficiente una PA sistólica < 150 mm Hg..
  • Si durante la evolución se produce un deterioro de la evolución del paciente anciano, se ha de plantar la reducción de dosis o desprescripción de algunos fármacos.

Anexos – Hipertensión arterial en el anciano.pdf

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