Hipercolesterolemia y beneficios del aporte del ácido omega-3 en la dieta

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 6–Junio 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº6: 123

Autor principal (primer firmante): Blanca Jimeno Sierra

Fecha recepción: 25 de Mayo, 2021

Fecha aceptación: 20 de Junio, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(6): 123

Autores

  • Blanca Jimeno Sierra. Diplomada Universitaria en Enfermería. Enfermera Hospital Clínico Lozano Blesa.
  • Amanda Cano Moreno. Diplomada Universitaria Enfermería. Enfermera Hospital Royo Villanova.
  • Elizabeth Regina Fernández Valdivia. Diplomada Universitaria en Enfermería. Enfermera Hospital Clínico Lozano Blesa.
  • Macarena Jiménez Martín. Diplomada Universitaria en Enfermería. Enfermera Hospital Clínico Lozano Blesa.
  • Margarita Jiménez Moya. Diplomada Universitaria en Enfermería. Enfermera Hospital Clínico Lozano Blesa.
  • Luis R. Velázquez Rodríguez. Diplomado Universitario en Enfermería. Enfermero Hospital Clínico Lozano Blesa.

Palabras clave

Hipercolesterolemia, Colesterol, cLDL, Factores de riesgo, enfermedad cardiovascular, ácido Omega-3, hábitos saludables.

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Resumen

El colesterol es una molécula indispensable y de vital importancia para todo el organismo ya que es un componente estructural de las membranas celulares (1). Entre sus funciones nos encontramos con la síntesis de hormonas esteroideas y de vitamina D, así como la síntesis de ácidos biliares que facilitarán la absorción y digestión de las grasas en nuestra dieta (2,3). El organismo sintetiza aproximadamente el 50% (colesterol endógeno) y el resto se obtiene de la dieta (colesterol exógeno). A la acumulación excesiva de colesterol en nuestros tejidos y altas concentraciones en sangre es lo que conocemos como hipercolesterolemia.

La hipercolesterolemia es la dislipemia más frecuente e importante en las enfermedades cardiovasculares, se considera el principal factor de riesgo de la arterioesclerosis (4). Se define como la presencia de niveles excesivamente elevados de colesterol en sangre que se observa por el aumento de los valores de colesterol total y de colesterol de las lipoproteínas de baja densidad (cLDL) por encima del percentil 95 para la edad y el sexo (5), es decir, valores de Colesterol total ≥250 mg/dl o cLDL ≥130 mg/dl. En prevención secundaria y en pacientes diabéticos se habla de hipercolesterolemia cuando los valores de colesterol son >200 mg/dl. (6). Se clasifica, en:

  • Primaria: de base genética o familiar causante de los trastornos lipoproteicos ya que se caracteriza por un aumento de los niveles plasmáticos de cLDL (7).
  • Secundaria: asociada a una enfermedad adyacente.

La prevalencia en España es elevada ya que el factor de riesgo cardiovascular más frecuente es la hipercolesterolemia con un 46,7% de la población española, seguido de la hipertensión arterial con un 37,6% siendo las zonas sureste y mediterránea las más afectadas y las áreas norte y centro las menos afectadas (8).

Entre los factores de riesgo no modificables nos encontramos, el sexo, la edad, y los antecedentes familiares (genética) y entre los factores de riesgo modificables nos encontramos: (9)

  • La hipertensión arterial. El consumo de ácidos grasos Omega-3 (3 a 6 gramos/día) disminuyen la presión arterial sistólica y diastólica según los resultados de un meta-análisis de 31 estudios (10,11,12).
  • Diabetes Mellitus.
  • Tabaquismo.
  • Valores aumentados de lípidos en sangre. La ingesta de 4 gramos diarios de ácidos grasos Omega-3 disminuye en un 45% las concentraciones plasmáticas de triglicéridos y un aumento del 13% del cHDL (13).
  • Sobrepeso. Una disminución de 5 a 10 kg de peso disminuye el colesterol y los triglicéridos en plasma, en personas con sobrepeso (14,15).
  • Obesidad. El tratamiento de la obesidad disminuye el cLDL, triglicéridos y aumenta el cHDL (14,15).
  • Ausencia de actividad física. Realizar ejercicio aumenta los valores de cLDL y ayuda a eliminar la grasa de nuestro organismo (16).
  • Malos hábitos alimenticios cotidianos. Por lo que a rasgos generales deberemos incluir en las siguientes recomendaciones para reducir o evitar los factores de riesgo que perjudiquen a nuestro sistema cardiovascular, actuando de forma preventiva contra la arterioesclerosis (9).
    • Reducir el aporte diario total de grasas a < 30% limitando el consumo de grasas animales.
    • Consumir preferentemente aceite de oliva.
    • Consumo de verduras (espinacas, lechuga) y frutas frescas varias veces al día.
    • Consumo de quesos y productos lácteos desnatados.
    • Consumir legumbres con más frecuencia y preferentemente productos integrales de trigo.
    • 1-2 veces por semana consumir pescados ricos en grasa.
    • Comer menos dulce y sustituyéndolo por chocolate negro amargo.
    • No fumar y consumo de alcohol moderado.
  • Estrés. Un elevado nivel de estrés se relaciona con el aumento del colesterol (16).
    Modificaremos los estilos de vida en la dieta para reducir los niveles de cLDL. En los alimentos nos encontramos 3 tipos de ácidos grasos: (16)
  • Ácidos grasos saturados (AGS): se encuentran en productos de origen animal y en dos aceites de origen vegetal (aceite de coco y palma). Estos últimos se emplean con bastante frecuencia en productos de bollería industrial. Los AGS (excepto el esteárico que se encuentra en el sebo y tocino) aumentan los niveles de Colesterol Total y de cLDL Y la disminución del cHDL. Esto es lo que determina su acción arteroesclerótica.
  • Ácidos grasos Monoinsaturados (AGM): El más representativo es el ácido oleico. Es el componente principal del aceite de oliva. También presente en avellanas, pistachos y almendras. Tiene un efecto beneficioso ya que disminuye los niveles plasmáticos de colesterol y de cLDL y aumenta o estabiliza el cHDL. Además, se le atribuyen acción antiagregante plaquetaria y vasodilatadora (17).
  • Ácidos grasos Poliinsaturados (AGP): ácidos grasos Omega-3 y ácidos grasos Omega-6.

En la familia de los Omega-3 nos encontramos con el pescado azul y en algunos frutos secos (nueces). Tiene propiedades cardioprotectoras y neuroprotectoras. Disminuyen los niveles plasmáticos de triglicéridos, de Colesterol total y de cLDL. Tienen además un efecto antiagregante plaquetario y vasodilatador (18).

En la familia de los Omega-6 nos encontramos el aceite de semilla (girasol, soja, maíz, cacahuete). Tienen propiedades hipocolesterolemiantes. Favorecen la agregación plaquetaria y la vasoconstricción.

Los AGP manipulados por la industria se conocen como ácidos grasos trans” y se relaciona con el aumento del cLDL.

Una dieta saludable rica en ácidos grasos Omega-3 (pescados grasos), reducida en grasas y aumento de la actividad física es lo más recomendable para tratar cifras elevadas de colesterol disminuyendo así la mortalidad por enfermedad coronaria (19).

Recomendaciones dietéticas para pacientes con hipercolesterolemia:

  • Aumentar consumo de frutas y verduras frescas y de temporada.
  • Consumir 4 veces a la semana legumbres para asegurar un aporte de fibra soluble.
  • Priorizar el consumo de pescado azul (salmón, bonito, atún, caballa) frente al pescado blanco y el pescado blanco a las carnes como fuente de energía.
  • Disminuir el consumo de carnes rojas (máximo 1 vez cada 10 días), lácteos enteros y sus derivados (quesos, mantequillas o natas), embutidos grasos.
  • Consumo de huevos hasta 4 veces a la semana.
  • Consumir aceite de oliva virgen extra evitando los aceites de coco y de palma (en alimentos ultraprocesados).
  • Realizar ejercicio físico vigoroso unos 300 minutos a la semana.
  • Evitar consumo de tabaco y alcohol.

Un estudio llamado The Seven Countries de 20 años de seguimiento, demostró que los pacientes que consumían en la dieta 30 gramos diarios de pescado azul disminuían un 50% el riesgo de mortalidad por enfermedad coronaria frente a los pacientes que no consumían (20).

Conclusiones

La dieta para los pacientes con hipercolesterolemia debe ser baja en grasas saturadas, baja en colesterol y baja en ácidos grasos “trans”, haciendo hincapié en el consumo diario de frutas y vegetales frescos, legumbres, aceite de oliva, cereales y especialmente, el consumo de ácidos grasos Omega-3 ya que a largo plazo puede

disminuir o eliminar la enfermedad cardiovascular, a su vez junto con estos cambios de hábitos saludables debemos complementar con un aumento de la actividad física en la medida de lo posible.

Bibliografía

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