La higiene en el paciente encamado: ética y práctica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 10–Octubre 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº10: 162

Autor principal (primer firmante): Nuey Alba Montero Sanz

Fecha recepción: 17 de septiembre, 2023

Fecha aceptación: 12 de octubre, 2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(10) 162

Autores:

  1. Nuey Alba Montero Sanz (TCAE)
  2. Francisco Delgado Quintana (Celador)
  3. Carlos Enrique Rastrero (Celador)
  4. Irene Figuer Enciso (Fisioterapeuta)
  5. Carlos García Ruiz (Celador)
  6. Diego Jeria Ordóñez (Enfermero)

Resumen

La higiene y el aseo del paciente que está hospitalizado forman parte de la serie de cuidados que tradicionalmente se han asignado como función principal al equipo de Enfermería y, por ende, al Técnico Auxiliar en Cuidados de Enfermería (TCAE).

Estos cuidados constituyen la esencia de la función de estos profesionales sanitarios.

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La evolución de la ciencia y la tecnología ha traído consigo muchos avances médicos, pero también ha supuesto una instrumentalización del paciente, algo que ha implicado, a su vez, la deshumanización de las relaciones entre el usuario de los servicios de salud y el profesional sanitario.

Sin negar los constatados beneficios que el desarrollo científico y técnico ha tenido en el aumento de la calidad de vida del ciudadano, sería recomendable un cambio en las prácticas para poner al paciente en el centro de la labor del TCAE y del equipo de Enfermería en general.

Esto implica humanizar las relaciones intersubjetivas a través de una comunicación asertiva y poniendo el foco en el respeto a su dignidad.

Palabras clave: Ética, cuidados, higiene, Enfermería

Introducción

La higiene y el aseo del paciente que está interno en una institución sanitaria forman parte de la serie de cuidados que tradicionalmente se han asignado al TCAE; éste encuentra, por tanto, una de sus tareas principales en realizar dicho aseo.

La higiene del paciente encamado está muy relacionada con el confort, cuestión que está considerada por muchos autores como la motivación básica de la acción de Enfermería 1. Otros autores, como Kolcaba, hablan de comodidad en la misma línea 2.

Cuando aparece la enfermedad, ésta trae consigo muchas cuestiones que disminuyen, en mayor o menor medida, la calidad de vida de la persona.

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Pueden aparecer el dolor o diversas molestias, y la incertidumbre y el miedo ante una posible muerte; con el ingreso del paciente en el hospital éste pierde su intimidad y el control sobre su hábitos personales: no decide sobre lo que come, ni cuándo asearse, ni por dónde o cuánto moverse.

Aparece, igualmente, una especie de desarraigo al haber tenido que abandonar su actividad laboral y su vida social, que continúan fuera del centro sanitario.

Toda esta serie de inconvenientes influyen en la calidad de vida del paciente, que puede medirse, entre otras variables, por el mayor o menor nivel de comodidad o confort que siente el paciente.

Objetivos

Reflexionar sobre la importancia de incluir una mirada ética en la higiene del paciente, algo que implica una humanización de los cuidados para lograr una mayor comodidad y confort reales durante su estancia hospitalaria.

Metodología

Se ha realizado una búsqueda en las plataformas PubMed, Sciielo, Dialnet y Google Académico con las palabras clave ética, cuidados, higiene, Enfermería.

Discusión protocolo de higiene

La realización de la higiene y el aseo forman parte de las tareas del TCAE, y estos cuidados son lo que diferencia a estos profesionales del resto de disciplinas médicas 2. Por tanto, veamos cómo realizar una correcta higiene.

Debe realizarse de manera diaria, con agua templada y jabón neutro, y realizando un aclarado riguroso. El secado lo haremos por contacto y sin fricción, ya que podríamos lesionar la epidermis, que deteriora la capa córnea 3.

En pieles delicadas y de personas de edad avanzada es muy recomendable aplicar tras el lavado crema hidratante, con lo que aumentamos la capacidad de resistencia de la piel.

Además, para incidir en esto último, prevenir úlceras por presión (estadio I) y también para mejorar la microcirculación, se pueden aplicar ácidos grasos hiperoxigenados.

La aplicación de los ácidos grasos hiperoxigenados debe hacerse sin aplicar masaje y, por otro lado, es importante no incluir productos que lleven alcohol en la higiene de la piel, ya que la resecan (y es lo contrario de lo que se persigue).

La realización de la higiene y el aseo del paciente encamado persiguen varios objetivos. Por un lado, evitar las infecciones y otras patologías que puede traer consigo la acumulación de suciedad (sudor, orina, heces, etc.)

Por otro lado, esta tarea realizada a diario permite al profesional sanitario apreciar con una frecuencia sistemática, y con detalle, el estado del paciente (presencia de nuevas patologías o evolución de las presentes, úlceras por presión, etc.)

Las úlceras por presión son una de las complicaciones más frecuentes de los ingresos hospitalarios y están directamente relacionados con la calidad de los cuidados del TCAE.

En pacientes encamados las movilizaciones deben producirse cada 2 o 3 horas, o cada 15 o 30 minutos si el paciente está en sedestación, para prevenir las úlceras por presión.

Dichas movilizaciones mejoran la circulación sanguínea, entre otras cuestiones clínicas. Además, es muy importante a la hora de prevenirlas evitar la humedad producida por el sudor, por exudados de heridas, o por la orina y las heces, con una correcta higiene.

Algunos autores afirman que este tipo de lesiones pueden evitarse en el 95% de los casos 3.

De ahí la importancia de aplicar los cuidados adecuados, de manera sistemática y con una visión holística.

La ética de los cuidados

En las últimas décadas, la ciencia y la tecnología han logrado numerosos avances que han mejorado enormemente la calidad de vida de los pacientes.

Sin embargo, este desarrollo ha traído consigo también una instrumentalización en el trato con el paciente, al que se le ha ido considerando como un ‘objeto sobre el que hay que intervenir.

Esta visión tiene una parte justificada, en la medida en que el profesional sanitario está formado para realizar y aplicar los cuidados de la manera más adecuada.

Pero en ocasiones, las relaciones con el paciente adolecen de cierto paternalismo, de manera que se trata al usuario como alguien pasivo, sin capacidad para decidir sobre su estado, o sin capacidad para expresar sus necesidades y que éstas sean debidamente escuchadas 4.

La rutina, el volumen de trabajo y la falta de recursos pueden dar lugar, igualmente, a que el personal TCAE no atienda debidamente sus funciones y realice su labor de manera mecánica y poco delicada.

Una asistencia realizada en horarios extraordinarios y poco acomodados a las necesidades del paciente puede conllevar que el individuo llegue a sentirse tratado como ‘un número más’ dentro del hospital.

La variable cultural también es importante, ya que proporcionar comodidad y confort – y, por tanto, cómo y en qué condiciones realizar la higiene- pueden no significar lo mismo en culturas diferentes 4.

En esta diversidad a la hora de concebir qué es la comodidad y el confort también influyen la edad, los conocimientos sobre salud e higiene o el estado físico o psicológico de la persona 4.

En todo caso, cuando una persona está ingresada en una institución sanitaria se siente especialmente vulnerable y desprotegida debido a la incertidumbre sobre su futuro y la enfermedad, a la separación con su red de apoyo (social y familiar) y a la pérdida de autonomía.

Todas estas cuestiones -que suponen estar fuera de su zona de confort- afectan de manera directa sobre la dimensión emocional del paciente y el TCAE debe ser consciente de ello y adoptar una actitud empática y sensible para abordarlo de una manera cálida y amorosa.

De nuevo volvemos a la necesidad de lograr la comodidad o el confort como objetivo terapéutico, también en su dimensión psicoafectiva.

El TCAE debe reivindicar, como profesional sanitario, el derecho a poder ejercer su labor poniendo al paciente y sus cuidados (con la higiene como parte de ellos) en el centro de su quehacer diario.

Esto supone entender la tarea de la higiene desde una óptica multidimensional, que incluye no solo los protocolos prácticos y funcionales de lavado.

El aseo del paciente es una labor que debe incluir la parte emocional del paciente, con una escucha activa y el establecimiento de interacciones que permitan construir un vínculo humano e íntimo, donde la persona hospitalizada sienta bienestar y con ello se sienta reconfortada.

La palabra cuidado tiene su origen en el término latino cogitatus, que significa reflexión, pensamiento, interés reflexivo que uno pone en algo.

Es decir, los cuidados que el TCAE aplica sobre los pacientes deben incluir una mirada de reconocimiento del otro en tanto que ser humano -y no como mero ‘objeto’-, una mirada consciente y que incluya un interés sincero sobre la persona que tiene delante.

Este enfoque supone una nueva postura política y ética del TCAE a la hora de entablar relación con los usuarios: se debe construir un vínculo humano e íntimo, donde el paciente se sienta recogido y en confianza, donde pueda expresar sus necesidades y éstas sean tenidas en cuenta.

La relación TCAE-paciente (durante la higiene o cualquier otro momento de la intervención profesional) debe ser empática, respetuosa y reconfortante; y debe tener la comodidad como objetivo terapéutico 4.

Dignidad

Lo señalado en el párrafo anterior entronca con el concepto de dignidad. Tratar con dignidad al paciente implica tenerlo en cuenta en tanto ser humano y persona que es, así como a sus derechos individuales.

Y este respeto debe estar presente en todo momento durante la relación con el paciente -durante la higiene, los cambios posturales, a la hora de las comidas, etc.-, con independencia del grado de consciencia que tenga éste 5.

Históricamente, y hasta hace no mucho, se ha considerado al enfermo como alguien de moralidad débil o inconsistente 5.

Pero el respeto a la dignidad humana obliga a los profesionales sanitarios a no instrumentalizar al usuario y a reconocer su derecho a la libertad y autonomía, así como a la intimidad 5.

Esta nueva mirada también implica -para el paciente- afirmar la propia existencia y ser valorado y apreciado por quienes nos rodean 5.

El derecho a la dignidad es una cuestión no solo ética, sino que está recogida en diversas normas, entre ellas la Constitución Española de 1978 (artículo 10), en el artículo 1º de la Declaración Universal de Derechos Humanos y en las actas de la Conferencia General de la UNESCO 5.

Comunicación asertiva

Otro factor a tener en cuenta para abordar la higiene y los cuidados del paciente desde una perspectiva más ética es el de la comunicación asertiva.

Ésta puede definirse como la habilidad personal que nos permite expresar nuestros sentimientos y necesidades de manera clara y directa, en el momento adecuado y sin humillar o degradar al otro interpelado.

Muchas veces, debido al malestar producido por el dolor, la desorientación, el desarraigo o la incertidumbre o el miedo, los pacientes proyectan su enfado sobre el profesional sanitario.

Éste puede recibir este tipo de reacción generalmente de dos maneras: o con la misma hostilidad, o con pasividad 6 y desafección, para tratar de evitar el síndrome de burnout.

El TCAE -y, en general, los profesionales sanitarios- debe disponer de herramientas para la comunicación asertiva con el usuario y para poder gestionar de una manera resolutiva y que evite el conflicto la interacción con éste.

Conclusiones

En una época de ritmos frenéticos, relaciones esporádicas o, como diría Bauman, líquidas y de individualización es urgente volver a unas relaciones humanizadas, amorosas y empáticas.

En el ámbito sanitario más que nunca, si cabe, ya que las personas a las que se atiende -pacientes hospitalizados, encamados- se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad.

Una buena relación TCAE-usuario es fundamental para lograr también una buena calidad de vida y para recuperar la salud, no solo por los cuidados específicamente clínicos o médicos, si no por la dimensión emocional de la interacción.

Las personas somos seres sociales y para mantener un buen estado de ánimo y una autoestima alta – fundamental para una pronta recuperación- es importante crear vínculos íntimos y de calidad con quienes nos rodean.

Con más razón si, además, estamos viviendo una situación estresante como es padecer una enfermedad.

El TCAE debe convertirse en la persona de confianza del paciente, en alguien al que poder transmitirle sus inquietudes y necesidades y en alguien que mira al usuario con calidez, afecto y empatía.

Porque realizar la higiene tiene que perseguir, además de la limpieza estricta, la construcción de un vínculo de confianza que genere bienestar, tranquilidad y equilibrio anímico en el paciente.

Es cierto que vivimos en usa sociedad cosificadora y que instrumentaliza a las personas. Los tiempos y ritmos que exige el mercado son contrarios a la humanidad y la calidad en las relaciones.

Muchas veces el volumen de trabajo y la escasez de recursos suponen que el profesional sanitario no llega a realizar todas sus funciones y tareas o, al menos, no con la calidad deseada.

Además, esta falta de recursos y de tiempo supone un factor de estrés para el TCAE, que acaba revertiendo negativamente en su interacción con el usuario.

Por eso es tan importante realizar inversión pública en Sanidad. Porque solo así el sistema sanitario contará con los recursos (humanos y tecnológicos) suficientes como para ofrecer una atención de calidad (a nivel humano y técnico).

Y sólo así tanto el paciente como el profesional sanitario lograrán una mayor comodidad y confort en sus respectivos ámbitos: el TCAE realizando la higiene y el resto de los cuidados, y el paciente recibiéndolos.

Bibliografía

  1. Carneiro Mussi Fernanda, Santana Freitas Kátia, Almeida Moraes Gibaut Mariana De. Prácticas del cuidar en Enfermería para la promoción del confort. Index Enferm [Internet]. 2014 Jun [citado 2021 Nov 13]; 23(1-2): 65-69. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?s cript=sci_arttext&pid=S1132- 12962014000100014&lng=es. https://dx.doi.org/10.4321/S1132-1296201 4000100014.
  2. González Gómez A, Montalvo Prieto A, Herrera Lían A. Comodidad de los pacientes hospitalizados en unidades de cuidado intensivo e intermedio. Enf Global [Internet]. 28 de diciembre de 2016 [citado 13 de noviembre de 2021];16(1):266-94. Disponible en: https://revistas.um.es/eglobal/article/v iew/260101
  3. Martínez Cuervo F, Soldevilla Agreda JJ, Verdú Soriano J, Segovia Gómez T, García Fernández FP, Pancorbo Hidalgo PL. Cuidados de la piel y prevención de úlceras por presión en el paciente encamado. Rev ROL Enf [Internet] 2007 [citado 13 de noviembre de 2021]; 30(12):801-808. Disponible en: http://www.caib.es/sacmicrofront/archivo pub.do?ctrl=MCRST254ZI61249&id=61249
  4. Carvajal Carrascal Gloria, Montenegro Ramírez Juan David. Higiene: cuidado básico que promueve la comodidad en pacientes críticos. Enferm. glob. [Internet]. 2015 Oct [citado 2021 Noviembre 13]; 14(40): 340-350. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?scrip t=sci_arttext&pid=S1695- 61412015000400015&lng=es.
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  6. Rumbo Prieto, José Mª; Arantón Areosa, Luis; Carballal Balsa, Mª Consuelo. Ética asertiva y conflictos relacionales derivados del proceso de cuidar. Ética de los Cuidados [Internet]. 2008 ene-jun [Citado 13 noviembre de 2021];1(1). Disponible en <http://www.index-f.com/eticuidado/n1/et 6761.php>