Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 1–Enero 2026. Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 1: 315
Autor principal (primer firmante): Araceli Sebastián Morfioli
Fecha recepción: 02/01/2026
Fecha aceptación: 29/01/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(1): 315
Autores:
Araceli Sebastián Morfioli, TCAE
Eugenia, Bedoya Rua, TCAE. HUMS
Jessica Feliciano Salvatierra, TCAE
Xochil Beatriz Espinoza Castillo, TCAE.HCULB
María Olga Biescas Duato, TCAE
Claudia Carp Farcas, TCAE. HUMS
Resumen
La enfermedad por hígado graso no alcohólico (EHGNA) se ha convertido en una de las patologías hepáticas más prevalentes a nivel mundial, estrechamente relacionada con el aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico. Su carácter asintomático en fases iniciales dificulta el diagnóstico precoz, favoreciendo la progresión hacia estadios más graves como la esteatohepatitis no alcohólica, la cirrosis e incluso el carcinoma hepatocelular. El presente artículo revisa los aspectos epidemiológicos, fisiopatológicos, clínicos y preventivos del hígado graso, destacando su impacto como problema emergente de salud pública en el siglo XXI.
Palabras clave: hígado graso, esteatosis hepática, síndrome metabólico, salud pública, prevención.
Introducción
En las últimas décadas, los cambios en los estilos de vida, caracterizados por una dieta hipercalórica y el sedentarismo, han favorecido el incremento de enfermedades metabólicas. Entre ellas, la enfermedad por hígado graso no alcohólico ha emergido como una de las principales causas de enfermedad hepática crónica en países desarrollados y en vías de desarrollo. Se estima que afecta aproximadamente al 25-30 % de la población adulta mundial, lo que la convierte en una auténtica epidemia silenciosa. A diferencia de otras patologías hepáticas, el hígado graso suele cursar sin síntomas evidentes en sus etapas iniciales, lo que retrasa su detección y tratamiento oportuno. Este hecho subraya la importancia de la concienciación sanitaria y del abordaje preventivo desde atención primaria y salud comunitaria.
Concepto y clasificación
La enfermedad por hígado graso se define por la acumulación excesiva de lípidos, principalmente triglicéridos, en más del 5% de los hepatocitos, en ausencia de un consumo significativo de alcohol u otras causas secundarias. Se distinguen dos entidades principales:
- Esteatosis hepática simple, caracterizada por infiltración grasa sin inflamación significativa.
- Esteatohepatitis no alcohólica (EHNA), que asocia inflamación, daño hepatocelular y riesgo de progresión a fibrosis, cirrosis y cáncer hepático.
Esta diferenciación es relevante desde el punto de vista pronóstico, ya que la EHNA conlleva un mayor riesgo de complicaciones hepáticas y cardiovasculares.
Epidemiología y factores de riesgo
La prevalencia del hígado graso ha aumentado de forma paralela al incremento de la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2. Entre los principales factores de riesgo se incluyen el sobrepeso, la resistencia a la insulina, la dislipemia, la hipertensión arterial y el síndrome metabólico. Asimismo, se ha observado una creciente incidencia en población pediátrica, lo que representa un importante desafío sanitario a largo plazo.
Factores genéticos, hormonales y ambientales también influyen en la susceptibilidad individual, explicando por qué algunos pacientes evolucionan hacia formas graves mientras otros permanecen estables.
Fisiopatología
La fisiopatología del hígado graso es compleja y multifactorial. El modelo actualmente aceptado es el de “múltiples impactos”, en el que la resistencia a la insulina desempeña un papel central. Esta favorece el aumento del flujo de ácidos grasos libres al hígado y la síntesis hepática de lípidos, superando la capacidad de oxidación y exportación.
El estrés oxidativo, la disfunción mitocondrial, la inflamación crónica de bajo grado y las alteraciones del microbioma intestinal contribuyen a la progresión desde la simple esteatosis hasta la esteatohepatitis y la fibrosis hepática.
Manifestaciones clínicas y diagnóstico
La mayoría de los pacientes con hígado graso son asintomáticos. Cuando aparecen síntomas, suelen ser inespecíficos, como astenia, malestar abdominal o pesadez en hipocondrio derecho. El diagnóstico suele realizarse de forma incidental mediante pruebas de imagen o alteraciones leves de las transaminasas.
La ecografía abdominal es la técnica inicial más utilizada, mientras que la biopsia hepática continúa siendo el patrón oro para evaluar la inflamación y el grado de fibrosis, aunque se reserva para casos seleccionados. En la actualidad, se emplean cada vez más métodos no invasivos para la estratificación del riesgo.
Prevención y abordaje terapéutico
No existe actualmente un tratamiento farmacológico específico aprobado para el hígado graso. La piedra angular del manejo es la modificación del estilo de vida. La pérdida de peso gradual, una alimentación equilibrada tipo dieta mediterránea y la práctica regular de ejercicio físico han demostrado mejorar la esteatosis y reducir la inflamación hepática.
Desde una perspectiva de salud pública, la prevención primaria mediante la promoción de hábitos saludables es fundamental para frenar la progresión de esta enfermedad silenciosa y reducir su impacto socioeconómico.
Conclusiones
El hígado graso representa una de las mayores amenazas emergentes para la salud global en el siglo XXI. Su elevada prevalencia, evolución silenciosa y estrecha relación con las enfermedades metabólicas obligan a un abordaje integral y multidisciplinar. La detección precoz, la educación sanitaria y la prevención son herramientas clave para evitar su progresión y reducir la carga futura de enfermedad hepática crónica.
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