Gingivoestomatitis herpética aguda en el paciente octogenario

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 697

Autor principal (primer firmante): Jose Francisco Castillo Rojas

Fecha recepción: 22/07/2026

Fecha aceptación: 18/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 697

Autores:

  • José Francisco Castillo Rojas (TCAE)
  • Paula Vera Puertolas (GRADO DE ENFERMERÍA)
  • Sara Izquierdo Valiente (ÓPTICO OPTOMETRISTA)
  • Miguel Angel Lainez Narvaez (CELADOR)
  • Paula Andrea Osorio Real (GRADO DE ENFERMERÍA)
  • Patricia Jimenez Torres (DIPLOMADA EN ENFERMERÍA)

Categoría: TÉCNICO EN CUIDADOS AUXILIARES DE ENFERMERÍA

PALABRA CLAVE:

GINGIVOESTOMATITIS / HERPÉTICA / HERPES / OCTOGENARIO / INMUNOSENESCENCIA

/ DOLOR / ANTIVIRAL / ENVEJECIMIENTO

Introducción

La gingivoestomatitis herpética aguda (GEHA) es la manifestación clínica más común de la infección primaria por el Virus del Herpes Simple tipo 1 (VHS-1). Aunque el noventa por ciento de los casos ocurre en niños menores de cinco años, su aparición en pacientes octogenarios está aumentando. En la tercera edad, este cuadro suele ser el resultado de una reactivación viral debida a la inmunosenescencia (el envejecimiento natural del sistema inmune) o a factores estresantes sistémicos.

El impacto de la inmunosenescencia

A los 80 años o más, el sistema inmunitario sufre cambios profundos. La respuesta de los linfocitos T (encargados de mantener al virus latente en los ganglios nerviosos) disminuye de forma natural. Si a esto le sumamos factores comunes en el anciano como:

  • Polifarmacia y desnutrición subclínica.
  • Enfermedades crónicas subyacentes (diabetes, insuficiencia renal, etc.).
  • Estrés físico severo (cirugías recientes, infecciones respiratorias).

El virus encuentra la ventana perfecta para reactivarse de manera agresiva, extendiéndose por toda la cavidad oral en lugar de limitarse al clásico "calentillo" o herpes labial común.

Presentación clínica y diagnóstico diferencial

En un paciente octogenario, los síntomas pueden ser más insidiosos y graves que en un paciente joven. El cuadro suele debutar con:

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  • Pródromos: Fiebre leve, malestar general y dolor urente (sensación de quemazón) en la boca.
  • Fase eruptiva: Aparición de múltiples vesículas puntiformes que se rompen rápidamente, dejando úlceras dolorosas con un halo eritematoso (rojo) en las encías, lengua, paladar y mucosa yugal.
  • Encías sangrantes: Las encías se muestran inflamadas, edematosas y sangran con facilidad al menor contacto.

Diagnóstico diferencial

Es crucial diferenciar la GEHA de otras patologías orales frecuentes en el anciano:

  • Estomatitis aftosa recurrente: Úlceras de mayor tamaño que no suelen afectar de forma tan masiva a la encía queratinizada y no presentan pródromos febriles severos.
  • Pénfigo o penfigoide: Enfermedades autoinmunes ampollares de curso crónico.
  • Candidiasis eritematosa: Común en portadores de prótesis dentales, pero sin la presencia de ulceraciones múltiples tan dolorosas.

El mayor riesgo: deshidratación y desnutrición

El dolor es tan intenso que el paciente suele rechazar tanto los alimentos sólidos como los líquidos (fobia a la deglución). En personas de más de 80 años, esto es una emergencia médica. La reserva homeostática es mínima, y 48 horas de baja ingesta hídrica pueden desencadenar un fracaso renal agudo, delirio por deshidratación o desequilibrios electrolíticos graves.

Protocolo de manejo y tratamiento

El tratamiento debe ser rápido y bidireccional: combatiendo el virus y protegiendo el estado general de la paciente.

Terapia antiviral sistémica: Iniciar en las primeras 48-72 horas

Aciclovir (400 mg 5 veces al día) o Valaciclovir (1000 mg cada 12 horas) durante 7 a 10 días. Nota crítica: Es indispensable ajustar la dosis si la paciente presenta insuficiencia renal basal (aclaramiento de creatinina disminuido).

Control del dolor y manejo tópico: Antes de cada comida

Enjuagues con lidocaína viscosa al 2% o bencidamina para adormecer la mucosa antes de intentar la ingesta. Analgésicos sistémicos como el paracetamol (evitando los AINEs si hay riesgo renal o gástrico).

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Soporte nutricional e hídrico: Monitoreo continuo

Dieta líquida o semipastosa, blanda, fría o a temperatura ambiente. Evitar estrictamente alimentos ácidos, salados o picantes. Si la ingesta oral es nula, se debe valorar la hidratación endovenosa subcutánea (hipodermoclisis) domiciliaria o el ingreso hospitalario a corto plazo.

Conclusión

La gingivoestomatitis herpética aguda en el paciente octogenario es una entidad clínica que trasciende lo estrictamente odontológico para convertirse en un reto geriátrico multidimensional. La combinación de inmunosenescencia, fragilidad y comorbilidades transforma una infección viral habitualmente benigna en la infancia en un cuadro potencialmente desestabilizador en la tercera edad.

El éxito del manejo no radica únicamente en la terapia antiviral oportuna, sino en la prevención activa de la deshidratación y la desnutrición secundarias al dolor oral severo. Un enfoque interdisciplinar que involucre a médicos de familia, geriatras, odontólogos y cuidadores es fundamental para garantizar un diagnóstico precoz, adaptar los fármacos a la función renal de la paciente y preservar su calidad de vida y autonomía durante el proceso infeccioso.

Bibliografía

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