Incluido en la revista Ocronos. Vol. V. Nº 6–Junio 2022. Pág. Inicial: Vol. V; nº6: 164
Autor principal (primer firmante): Diana B. Barón Molina
Fecha recepción: 1 de junio, 2022
Fecha aceptación: 27 de junio, 2022
Ref.: Ocronos. 2022;5(6) 164
Autoras
- Diana B. Barón Molina
- María Belén Ruiz Serrano
- Soledad Alba Pérez
- Adoración Saiz Gracia
- Jessica Enguita Muñoz
- Verónica Bazaco Saz
Categoría: TCAE
Palabras clave:
Duelo, muerte, paciente, salud.
Introducción
Denominados como «duelo» al proceso psicológico que sufre un individuo ante la pérdida de, generalmente, una persona, aunque puede darse ante otras perdidas como las de un animal muy querido, o incluso ante la desaparición de objetos o el surgimiento de un evento significativo.
En este sentido, según la definición dada por Sigmund Freud, el duelo es “la reacción frente a la pérdida de la persona amada o de una abstracción equivalente”. Se trata, en definitiva, de la ruptura de un vínculo afectivo que el sujeto tenía con otro ser u otro ente. Experimentando, por ello, una pérdida que se siente real y en cuya añoranza se pierde el interés por el resto de sucesos del mundo exterior, viniendo a ser monopolizado el pensamiento por aquello perdido.
Es un proceso complejo que posee múltiples componentes, tanto emocionales, como fisiológicos y sociales. Y cuya intensidad y duración vendrán establecidas por la dimensión y el significado de la pérdida. Entre los determinantes más significativos que influyen en como el sujeto va a apercibir y experimentar su estado de duelo se encuentran: el tipo de relación afectiva con el objeto del duelo y el grado de parentesco y/o de dependencia; la duración de la fase de despedida previa a la perdida y la agonía de lo desaparecido; la forma y contexto en la que se percibió; la red social y de apoyo del superviviente; las ideas religiosas, filosóficas o espirituales y la forma en la que se percibe el proceso de la muerte; experiencias previas de otros procesos de duelo; etc.
La manifestación externa del duelo es el luto. Expresión cultural y socialmente formalizada de responder a la situación de muerte, es decir, la manera en la que la sociedad espera que nos comportemos ante el fallecimiento de un ser querido.
El modelo Kübler-Ross
Tal y como describió en su trabajo «On death and dying» la doctora Elisabeth Kübler- Ross (1926-2004), el duelo viene a manifestarse en cinco fases:
Fase de Negación. Que consiste en negar la realidad de lo acontecido, ante sí mismo y los demás, a modo de escudo o defensa, permitiendo al individuo, temporalmente, asumir una perdida inesperada o repentina.
Fase de Enfado, también denominado de Ira o de Indiferencia. Que es el estado de descontento por el que se buscan infructuosamente razones causales y de
culpabilidad, hacía uno mismo o terceros. Llegando, incluso, a manifestarse en contra de la alegría o felicidad ajena.
Fase de Negociación. Consiste en buscar una solución a la pérdida, a pesar de reconocerse la imposibilidad de que tal cosa suceda. Evoca la esperanza de cambiar el final por otro más asumible para el individuo.
Fase de Dolor Emocional o fase de depresión. Se experimenta tristeza por la pérdida, llegando a sucederse episodios depresivos
Fase de Aceptación. Por la que se asume la pérdida sufrida, introduciendo una nueva forma de enfrentarse a una situación que es inevitable. Es la fase última esperable en la que se entiende que el suceso ha acontecido (o va a acontecer) y que no se puede luchar contra el resultado ni puede ignorársele; sino que ha de aceptarse como parte de la vida.
El periodo de cada fase, y del proceso en su conjunto, va a variar según la persona y puede referirse tanto al paciente que debe enfrentarse a su propia muerte, como a la persona allegada que sufre (o está sufriendo) la pérdida de un ser querido. Normalmente, se extenderá entre seis meses y un año.
De igual modo, debe entenderse que no todos los individuos pasan por todas las fases, que no se dan necesariamente en el orden indicado y que en ocasiones se solapan y se retorna a fases, aparentemente, superadas. El duelo es, en definitiva, algo individual que depende de muchos otros factores y que, por lo tanto, se vive de forma muy diferente.
Críticas al modelo
Diversas investigaciones, como las de George Bonanno de la Universidad de Columbia, o el estudio realizado en el periodo 2000-2003 en Yale, ponen en duda la validez del modelo al no haber podido hallar evidencia científica que lo sustente. Entendiéndose, por tanto, como una hipótesis que carece de prueba empírica para respaldarlo.
Pese a ello, este modelo permite acercarnos a formulaciones teóricas sobre como los humanos nos enfrentamos a un proceso tan natural, y a la vez tan traumático emocionalmente, como es la muerte ajena y la constatación de la fragilidad de nuestra propia existencia.
Conclusiones
El personal al servicio de los centros sanitarios debe cuidar de todos los aspectos de la salud, tanto física como emocional. Los procesos de muerte son procesos emocionalmente complejos en los que se debe ser especialmente cuidadoso. No solo en lo que respecta al propio fallecido, su intimidad y el respeto a sus creencias, sino en los aspectos que afectan a las personas del entorno del paciente que quedan en un momento delicado y especialmente sensible de sus vidas.
Empatizar con los procesos de duelo, Identificar las señales de alarma, ser respetuoso con el proceso del dolor emocional es tarea de todo el personal al servicio de los centros sanitarios.
Bibliografía
- Kubler-Ross, E.: On death and dying. Nueva York: Routledge, 1973.
- Van der Poel, Johannes Hendrikus: An evaluation of the relevance of the Kübler- Ross model to the post-injury responses of competitive athletes. University of the Free State, 2000.
- Bonanno, G. The other side of sadness: what the new science of bereavement tells us about life after a loss. Basic Books, 2009
- Maciejewski, P. K.; Baohui Zhang, S. D. Block, H. G. Prigerson: «An empirical examination of the stage theory of grief.» JAMA, 297 (7): págs. 716-723, 21 de febrero de 2007. Consultado el 12 de



