El trabajo con familias en el centro de intervención comunitaria

AUTORES:

Reyes de Uribe Zorita, Isabel, Psicóloga Clínica del Centro de Intervención Comunitaria (CIC) del Hospital Universitario Río Hortega (HURH) de Valladolid; Ordoñez Álvarez, María Jesús, Enfermera especialista en Salud Mental del CIC, HURH; Segura Rodríguez, Raquel, Terapeuta Ocupacional del CIC, HURH; Catalina Fernández, Cristina, Psicóloga Clínica del EAPS, Programa de atención integral a personas con Enfermedades Avanzadas de “La Caixa”, en el HURH.

INTRODUCCIÓN

En el Centro de Intervención Comunitaria se atiende a personas con malestar psíquico grave, fundamentalmente, diagnosticadas de trastornos psicóticos y trastornos de personalidad.

Una gran parte de los conflictos presentes están ligados al ámbito familiar. El propio malestar genera dificultades para un desarrollo hacia la independencia y esto provoca, en muchas ocasiones, el seguir conviviendo con la familia de origen con las dificultades que esto implica para la convivencia.

Por otro lado, la clínica existente también genera conflictos en las relaciones y, a menudo, con más intensidad con los familiares que componen el núcleo más cercano de relación.

El modelo desde el que se atiende en este centro contempla el trabajo directo con los familiares.

La intervención se realiza en dos modalidades: una grupal y otra individual. El formato individual consiste en la reunión con una sola familia que se compone del paciente al que se atiende y los familiares directos que el paciente quiere que intervengan. A esta serie de reuniones asisten los profesionales que trabajan directamente con ese paciente.

El presente trabajo se centra en el formato grupal, el grupo para familiares. 

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Se trata de un grupo dirigido a familiares de pacientes atendidos, fundamentalmente acuden padres, en ocasiones algún hermano, pero está dirigido a todos los familiares que quieran asistir y que el paciente así lo autorice.

El grupo lo dirige un terapeuta, psicólogo clínico.

OBJETIVOS

Aquí se propone una revisión de los objetivos de la intervención en su modalidad grupal. Valoramos tres objetivos fundamentales:

  • Facilitar la descarga emocional de los familiares,
  • El cambio personal, atendiendo a su implicación en el conflicto.
  • Uniendo los dos primeros objetivos, tendríamos un tercero que consiste en que el grupo pueda actuar como grupo de apoyo mutuo. Es decir, que no se reduzca a una simple descarga o “desahogo” sino que entre los distintos miembros del grupo puedan señalarse y sugerirse distintas formas de actuación, y que no sea únicamente el terapeuta quien tenga esta función ya que, por otro lado, se ha comprobado la importancia que tienen estos señalamientos y cuestionamientos cuando provienen por parte de iguales, muchas veces, surtiendo mayor efecto que si provienen de un profesional.

METODOLOGÍA

Se utiliza una metodología cualitativa, además de la observación participante que se realiza durante las sesiones del grupo de familia.

RESULTADOS

En líneas generales, a través de las entrevistas mantenidas con los distintos miembros del grupo, se aprecia una alta satisfacción que se traduce, además, en una elevada participación (con una media de asistencia de un 80% de las familias convocadas) y comentarios explícitos al respecto a lo largo de las sesiones.

En cuanto al objetivo de la descarga emocional, se realizan frecuentes verbalizaciones al respecto. También se pueden observar las expresiones emocionales en forma de llanto (y otras formas de expresión emocional de menor intensidad) en numerosas ocasiones.

Por otro lado, a lo largo de las sesiones, se observa un cambio en la actitud de los padres hacia el hijo diagnosticado, que se traduce en una mayor tolerancia, mayor flexibilidad, disminución de la emoción expresada así como permitir que cada parte pueda asumir su responsabilidad respecto al conflicto actual. Esto siempre diferenciando la responsabilidad de la culpabilidad ya que se observa que la culpa está muy presente en estas familias y se pretende rebajar este sentimiento así como los comportamientos derivados de la culpa.

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Por último, el objetivo de constituir un auténtico “grupo de apoyo mutuo” se observa a través de cómo las interacciones que se producen durante las sesiones no son del tipo familiar-terapeuta, sino que las interacciones de comunicación se producen continuamente entre distintos participantes, devolviéndose respuestas entre ellos en forma de sugerencias de cambio, feedback, comentarios de apoyo emocional… de forma que el terapeuta acaba teniendo un rol de moderador.

Otro hecho que avala la consistencia del grupo es que, a partir de estas reuniones, los familiares han decidido constituirse como Asociación, intentando llegar a otros familiares fuera del centro y con el proyecto de formar un grupo de apoyo mutuo autónomo que se extienda a una población más amplia.

CONCLUSIONES

Esta experiencia apoya la evidencia de estudios previos a favor de la intervención directa con familiares, en este caso, incluyéndolos como una parte activa.

En este tipo de intervención en concreto se apuesta por un trabajo activo por parte de las familias. A diferencia de otros formatos como es el de la psicoeducación en el que los familiares asumen un rol más pasivo aquí se les otorga  la oportunidad de reflexionar acerca de su posición ante los conflictos con el fin de detectar los factores propios y ajenos que intervienen acrecentando y aliviando el conflicto y poder poner así en marcha los cambios necesarios.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Tizón, J. (2014). Familia y psicosis. Barcelona: Herder.

Godoy García, J.F. & Muela Martínez, J.A. (2001). Programa de intervención familiar en esquizofrenia Apuntes de psicología, Vol. 19, nº 3, p.4. Recuperado de

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2224876, el 1 de febrero de 2019.

Vallina Fernández, O. & Lemos Giráldez, S. (2000). Dos décadas de intervenciones familiares en la esquizofrenia. Psicothema. 12 (4), pp. 671-681. Recuperado de http://hdl.handle.net/10651/27506, el 1 de febrero de 2019.