Diseño y evaluación de un programa de prevención de caídas dirigido a personas mayores de 65 años

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 12–Diciembre 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº 12: 192

Autor principal (primer firmante): Irene Figuer Enciso

Fecha recepción: 15/11/2023

Fecha aceptación: 11/12/2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(12): 192

Autores:

Irene Figuer Enciso (Fisioterapeuta)

Natalia Ortiz Martinez (TCAE)

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Carlos Enrique Rastrero (Celador)

Francisco Delgado Quintana (Celador)

Nuey Montero Sanz (TCAE)

Diego Jeria Ordóñez (Enfermero)

Palabras clave: Prevención, caídas, personas mayores

Introducción

La incidencia de las caídas en la población anciana es mucho mayor que en el resto de la población. Los ancianos muchas veces lo aceptan como parte inevitable del envejecimiento y por ello con mucha frecuencia dejan de consultar al especialista acerca de este hecho. La incidencia anual de caídas entre personas ancianas que viven en la comunidad aumenta del 25% entre los 65-70 años, al 35% después de los 75. La mitad de las personas mayores que se caen lo hacen repetidas veces y son más frecuentes en hogares de ancianos y residencias.

Las mujeres parecen sufrir más caídas que los hombres hasta los 75 años, a partir de la cual la frecuencia es similar en ambos sexos

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Las caídas provocan lesiones importantes y fracturas que en los pacientes de edad geriátrica conllevan un largo y difícil tratamiento, pudiendo llegar a ser en ocasiones fatales; además traen consigo, por leves que sean, factores físicos o psicológicos, pérdida de la movilidad y para las personas ancianas, esto es tan precioso como la vida misma.

La mayoría de las caídas no son resultado de una única causa, sino que se deben a múltiples interacciones entre un individuo con propensión a la caída y factores de mediación agudos.

Características individuales asociadas a las caídas

En los adultos mayores, no sólo las enfermedades médicas crónicas como el déficit cognitivo o la artrosis se asocian con un aumento del riesgo de sufrir una caída, sino que también existen cambios fisiológicos normales relacionados. Estudios prospectivos de cohortes han identificado una serie de comorbilidades como factores de riesgo de caídas.

La enfermedad de Parkinson puede incrementar el riesgo de caídas a través de varios mecanismos incluidos la rigidez de la musculatura de la extremidad inferior, bradiquinesia y en algunos casos la alteración cognitiva.

El accidente cerebrovascular constituye otra alteración neurológica que se asocial constantemente con las caídas. La demencia, independientemente de su etiología, es un fuerte predictor de caídas, en parte debido a una pobre conciencia de seguridad. La osteoartritis es otra disfunción asociada a un aumento del riesgo de caídas, ya que altera la capacidad para maniobrar alrededor de los objetos.

Los cambios fisiológicos que se producen en la tercera edad incrementan el riesgo de caídas. Por ejemplo, con el paso del tiempo, existe una disminución de la visión, audición y propiocepción, que puede provocar una alteración del equilibrio.

Otros estudios demuestran que las personas mayores presentan una disminución de la masa muscular, aunque no está del todo claro la influencia que dicha pérdida puede tener en la fuerza muscular.

La medicación puede ser uno de los factores de riesgo característicos de la edad adulta avanzada.

La medicación psicotrópica (benzodiacepinas, anticonvulsivos y neurolépticos) presente una fuerte asociación con el riesgo de caídas. Los agentes hipoglucémicos también han sido identificados como factor de riesgo de caídas en algunos estudios retrospectivos. No está del todo claro si estos agentes provocan las caídas durante los periodos de hipoglucemia o si por el contrario, se trata simplemente de marcadores sucedáneos para personas con neuropatía diabética.

Por último, un estudio de laboratorio que examinaba el equilibrio en hombres mayores de 65 años que utilizaban diferentes tipos de calzado, halló que los zapatos con suelas duras y finas se relacionaban con una mejor capacidad de equilibrio.

Factores ambientales como los suelos húmedos, iluminación pobre y una altura inadecuada de la cama pueden incrementar el riesgo de caídas. Si se abordan estos factores extrínsecos, se puede lograr una disminución de la incidencia de las caídas. Esto enfatiza la importancia de considerar estos factores ambientales extrínsecos como posible causa de caídas.

Factores intrínsecos, como las alteraciones del sueño se asocian a un incremento del riesgo de fractura. Las enfermedades agudas, como la fiebre o la deshidratación también pueden provocar caídas si además se acompañan de delirio e ingesta de medicación.

Entre las consecuencias más frecuentes de las caídas se encuentran las siguientes:

  • Físicas: La fractura es la consecuencia más seria de las caídas. La tasa de mortalidad entre los enfermos que han sufrido una fractura de cadera es del 10-20   más alta que entre aquellas de igual sexo y edad que no la han sufrido. La mayor parte de estos fallecimientos ocurren en los 4 meses siguientes, además es causa de incapacidad física posterior, ya que la mitad de los que sobreviven tras ella no recuperan nunca el nivel funcional que tenían antes. Otras consecuencias son daños de tejidos blandos, los traumas de tejidos nerviosos (poco frecuente, pero graves); así como la hipotermia, deshidratación, infecciones respiratorias y sobre todo, el tromboembolismo pulmonar y las úlceras de decúbito.
  • Psíquicas: Generan miedo a caer otra vez, o un estado continuo de ansiedad, pérdida de confianza en sí mismo, aislamiento social, y restricción de las actividades de la vida diaria.
  • Sociales: Los familiares ante una caída, con frecuencia reaccionan con ansiedad y se convierten en sobreprotectores que limitan la relativa autonomía del anciano.

Conclusiones

Debido a la alta incidencia de las caídas entre la población mayor de 65 años y las consecuencias, a menudo fatales derivadas de las mismas, se pretende elaborar un programa de intervención con el objetivo de prevenir las caídas entre las personas de este grupo poblacional, así como evitar las secuelas derivadas de estos traumatismos.

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