Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 8–Agosto 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº8: 108
Autor principal (primer firmante): Patricia Fernández Valdivia
Fecha recepción: 31 de Julio, 2021
Fecha aceptación: 26 de Agosto, 2021
Ref.: Ocronos. 2021;4(8): 108
Autoras
- Patricia Fernández Valdivia. Diplomada Universitaria en Enfermería. Hospital Universitario «Miguel Servet».
- Amanda Cano Moreno. Diplomada Universitaria en Enfermería. Hospital «Royo Villanova».
- Macarena Jiménez Martín. Diplomada Universitaria en Enfermería. Hospital Clínico Universitario «Lozano Blesa».
- Margarita Jiménez Moya. Diplomada Universitaria en Enfermería. Hospital Clínico Universitario «Lozano Blesa».
- Blanca Jimeno Sierra. Diplomada Universitaria en Enfermería. Hospital Clínico Universitario «Lozano Blesa».
- Elizabeth Regina Fernández Valdivia. Diplomada Universitaria en Enfermería. Hospital Clínico Universitario «Lozano Blesa».
Palabras clave
Envejecimiento, radicales libres (RL), antioxidantes.
Objetivo
Realizar una revisión actualizada acerca de la información existente sobre el estrés oxidativo y la influencia que ejercen los radicales libres en el envejecimiento y en el desarrollo de sus patologías, así como en la importancia de ingerir dietas ricas en antioxidantes, con el fin de ayudar a los profesionales de la sanidad en su papel de promotor de la salud para un mejor abordaje en esa etapa de la vida.
Métodos
Se realizó una revisión bibliográfica de los artículos científicos que trataban el tema del estrés oxidativo disponibles a texto completo y gratuito.
Las bases de datos electrónicas utilizadas fueron PUBMED, SCIELO, SCIENCE DIRECT.
Resumen
La manifestación de cambios irreparables que se producen a medida que van pasando los años y que son inherentes al proceso del envejecimiento, afecta a células, órganos y tejidos en todo nuestro organismo. (1)
Aun así, no podemos considerar el envejecimiento como una enfermedad, pero es cierto que la vejez ocasiona el desarrollo de determinados procesos crónicos y la aparición de cambios fisiológicos y físicos, así como la disminución de la esperanza de vida por la acción de los radicales libres que se ocupan de las reacciones de oxidación enzimática. (2,3,4)
Los cambios físicos que se evidencian son, por ejemplo, la disminución de las funciones sensoriales y de percepción, la disminución de estatura, fuerza y rapidez en la realización de actividades motoras, la disminución en la capacidad de respuesta de los mecanismos inmunológicos, la alteración en la adaptación de frío y calor, la atrofia de glándulas sebáceas en la zona facial y el endurecimiento y pérdida de elasticidad de la pared arterial. (5,6)
Fisiológicamente hablando, envejecer produce cambios a nivel global como la disminución de la capacidad pulmonar, de la frecuencia cardíaca y a nivel de barorreceptores (por lo que puede producirse hipotensión ortostática), la reducción del agua corporal, de la motilidad intestinal, así como de la memoria a corto plazo y lentitud en los procesos centrales haciendo referencia a la parte neurológica entre otros. (1,2)
Generalmente, el cerebro del ser humano después de los 50 años, disminuye un 2% de su peso por cada década, y después de los 60 se da una reducción de neurotransmisores. En este sentido, las más sensibles a los cambios producidos por el envejecimiento son las neuronas dopaminérgicas. (1)
Los radicales libres son moléculas que se producen diariamente en nuestro organismo como consecuencia de las reacciones biológicas que se realizan dentro de las células.
Como se ha determinado en puntos anteriores, los radicales libres provocan daño oxidativo lo cual influye en la aparición y desarrollo de diversas patologías. (2,7)
Actúan como potentes oxidantes y se encuentran en equilibrio con el sistema antioxidante, pero en el proceso de envejecimiento el nivel de antioxidantes se ve disminuido, poniéndose en funcionamiento los radicales libres ocasionando una reacción molecular cuyo papel biológico es de gran importancia para el cuerpo humano. (1)
Éstos, a través de procesos de oxidación-reducción producen reacciones bioquímicas de oxidación y peroxidación de lípidos, desactivación de proteínas y despolimerización de polisacáridos, causando la alteración del ADN, rotura de las membranas celulares, inactivación de enzimas e influyen en la inmunogenicidad, dando como resultado una lesión celular. Dichos procesos se aceleran por la presencia de metales como el hierro y el cobre cuando se relacionan con el oxígeno. (2,3,4)
Existe un modelo que hace referencia a los radicales libres sustentado sobre el de daños acumulados en el organismo, donde se ponen en evidencia los cambios, mutaciones y daños producidos por la conversión de oxígeno en energía, que lleva a la formación de radicales libres.
En cantidades normales colaboran en el mantenimiento de un organismo sano con la eliminación de toxinas pero si se producen en cantidades excesivas producen daño, pudiendo ocasionar muerte celular además de otros perjuicios como puede ser el estrés oxidativo.
Se denomina estrés oxidativo al desequilibrio entre las defensas antioxidantes y las fuerzas oxidantes en los organismos aerobios que utilizan el oxígeno como fuente de energía y que se relaciona con distintas enfermedades, así como con el proceso de envejecimiento. (8,9,10)
Entre las patologías relacionadas con este desequilibrio podemos nombrar procesos degenerativos, enfermedades y síndromes como la enfermedad de Alzheimer, cáncer, diabetes mellitus, enfermedades inflamatorias crónicas y autoinmunes, síndrome de distrés respiratorio, aterosclerosis, etc. (8)
Sistema antioxidante
La respuesta oxidativa que se produce en los procesos metabólicos celulares es de especial importancia e incluye la transferencia de electrones que da lugar a los radicales libres. (11)
La formación en exceso de radicales libres es una situación incompatible con la vida. Por ello tenemos un sistema antioxidante que los neutraliza actuando como sistema defensivo, entendiéndolo como el compuesto químico que nuestro cuerpo utiliza para destruirlos.
El antioxidante cuando se encuentra con el radical libre, le cede un electrón. De esta manera lo oxida y lo convierte en un radical libre no tóxico para el organismo. (8,11,12,13,14)
Existen tres tipos de antioxidantes y cada uno de ellos actúa con un mecanismo diferente. Así podemos nombrar los primarios, secundarios y terciarios.
En el primer grupo tenemos los enzimáticos entre los que se encuentran:
- superóxido dismutasa (SOD), que convierte el oxígeno en peróxido de hidrógeno.
- glutatión peroxidasa (GPX), que transforma el peróxido de hidrógeno y lipídico en moléculas inocuas antes de que puedan formar radicales libres.
- catalasa.
- proteínas de unión a metales (GR) que moderan la cantidad de hierro disponible, imprescindible para la formación del radical OH.
En el segundo grupo encontramos los no enzimáticos, denominados de esa manera porque necesitan ser incorporados a través de la dieta como:
- antioxidantes hidrofílicos. Son la vitamina C, bilirrubina, albúmina y ácido úrico.
La vitamina C es hidrosoluble e imprescindible en la capacidad de respuesta inmune e interviene en la reabsorción del hierro.
- antioxidantes lipofílicos, como betacarotenos, ubiquinonas y vitamina E.
Los betacarotenos actúan de forma independiente en diferentes funciones celulares y son precursores de la vitamina A.
Una sola molécula de vitamina E protege 500 moléculas de fosfolípidos. Se considera la primera línea de defensa contra el daño oxidativo, así como protectora de los efectos que provocan los RL implicados en el envejecimiento, en el desarrollo de anomalías cardiocirculatorias, artritis, cáncer, Alzheimer, Parkinson, enfermedad de Lou Gering, cataratas y aterosclerosis, entre otras, debido al descenso de la competencia de los sistemas antioxidantes.
- los oligoelementos, como el zinc, cobre, manganeso, selenio y hierro, constituyen la parte dinámica de las enzimas antioxidantes.
Y, por último, en el tercer grupo tenemos la metionina sulfóxido reductasa y las proteasas reparadoras de ADN que tienen como función reparar las moléculas dañadas por los radicales libres. (15).
Varios estudios han demostrado la eficacia obtenida en la suplementación de estos antioxidantes que influyen en la menor incidencia de aparición y sucesión de ciertas enfermedades, así como en la reducción de los efectos secundarios ocasionados por los tratamientos a los que está sometido nuestro organismo para frenar la progresión de las mismas, en la mejora del estado de salud en los ancianos y por consiguiente en su calidad de vida. (15,16)
Conclusiones
Diversos estudios concluyen que mejorando los hábitos higiénico-dietéticos se lograría disminuir los procesos oxidativos, aumentando las defensas antioxidantes que nos protegen del estrés oxidativo y alargando la expectativa de vida.
La aparición de patologías asociadas a los procesos oxidativos representa un problema a nivel mundial. La aterosclerosis junto con el cáncer son las enfermedades de mayor prevalencia y están directamente relacionadas con el desequilibrio oxidativo.
Realizar una evaluación o control de oxidantes y antioxidantes arroja un dato esperanzador sobre el riesgo individual de padecer ciertas enfermedades.
Por ello se hace especialmente importante reseñar que los alimentos ricos en vitamina A, C, D y E, entre otros, ayudan al aumento de las defensas antioxidantes.
Bibliografía
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