Escala de conductas indicadoras de dolor

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 10–Octubre 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº10: 163

Autor principal (primer firmante): Miranda Roy Natalia

Fecha recepción: 27 de Septiembre, 2021

Fecha aceptación: 21 de Octubre, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(10) 163

Scale of behavior indicators of pain

Autoras:

  • Miranda Roy, Natalia (1).
  • Ortin de Pedro, Sara (2).
  • Rubio García, Verónica (3).
  • Salas Lahoz, Marta Elena (4).
  • Abad Martin, Yasmina (5).
  • Belles Gasulla, Sandra (6).
  1. Graduado de Enfermería. Hospital General de la Defensa. Zaragoza.
  2. Máster de Gerontología Social. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
  3. Graduado de Enfermería. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
  4. Máster de Gerontología Social. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza.
  5. Graduado de Enfermería. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.
  6. Máster de Enfermería Quirúrgica Oftálmica. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza.

Resumen

El dolor es una experiencia subjetiva que a la vez se ve reflejada a nivel fisiológico en nuestro organismo. Una persona consciente y orientada es capaz de expresarnos verbalmente el grado de dolor que presenta, y hay numerosas escalas que nos permiten evaluarlo, ya que el umbral del dolor difiere de unos a otros.

Tras numerosos estudios se elaboró una escala de conductas indicadoras de dolor para todas aquellas personas que se encuentran en coma, en unidades de cuidados intensivos conectadas a ventilación mecánica, y por lo tanto son incapaces de comunicarse.

El personal de Enfermería es el que está en contacto continuo con el paciente y por tanto cuenta con una gran responsabilidad para garantizar que se encuentre lo más confortable posible.

Palabras clave

“ESCID”, “dolor”, “paciente crítico”, “escalas de valoración”.

El dolor es definido desde el año 1979 por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) como “la experiencia subjetiva, sensorial y emocional desagradable que se asocia a un daño real o potencial de los tejidos”.

Sin embargo, el dolor en el paciente crítico puede tener diferentes orígenes, que abarcan desde la propia patología que motiva el ingreso del paciente hasta las técnicas y cuidados necesarios para su manejo.

Una adecuada valoración y control del dolor constituye un pilar básico en el cuidado y tratamiento del paciente crítico. Cuando el dolor no es tratado adecuadamente, puede desencadenar un estado hiperadrenérgico y provoca efectos adversos fisiológicos, como taquicardia, aumento del consumo miocárdico, reducción de la capacidad pulmonar y del peristaltismo, inmunosupresión e hipercoagulabilidad. Asimismo, puede ocasionar complicaciones pulmonares, infecciones quirúrgicas, aumento del nivel de ansiedad, insomnio, desorientación, agitación y delirio y, en definitiva, incrementar la morbilidad y mortalidad del paciente crítico.

La Escala de Conductas Indicadoras de Dolor (ESCID) fue desarrollada por Nacho Latorre en 2010, y se basa en la observación de comportamientos y conductas de dolor en pacientes críticos, no comunicativos y con ventilación mecánica. Consta de 5 ítems: Musculatura facial (relajada, ceño fruncido, dientes apretados), Tranquilidad (relajado, movimientos ocasionales de inquietud, movimientos frecuentes de cabeza o extremidades), Tono muscular (normal, aumento de flexión en dedos de manos y/o pies, rigidez), Adaptación a la ventilación mecánica (tolera la ventilación, tose, lucha con el respirador) y Confortabilidad (confortable, se tranquiliza al tacto y/o voz, difícil de controlar al taco o hablándole).

Esta escala se valora en tres tiempos: 5 minutos antes, durante y 15 minutos después de realizar al paciente algún procedimiento.

El rango de puntuación es de 0 a 10, y cada ítem recibe una puntuación máxima de 2, siendo el rango de puntuación total de 0 cuando no presenta dolor, 1-3 si presenta dolor leve/moderado, 4-6 un dolor moderado/grave y una puntuación mayor de 6 que indicaría un dolor muy intenso (1,2,3).

Objetivos

Principal

  • Garantizar la ausencia de dolor en pacientes en coma, conectados a ventilación mecánica en las unidades de cuidados intensivos.

Secundarios

  • Realizar una correcta valoración del dolor mediante el uso de la Escala de Conductas Indicadoras de Dolor.
  • Detectar las situaciones desencadenantes de dolor para poder adecuar la analgesia de manera individualizada a cada paciente.

ESCID

Al hacer una revisión en diferentes estudios, muestran que hay una variación significativa ante estímulos dolorosos en todos los ítems de la escala ESCID, siendo el más alterado el correspondiente a la musculatura/expresión facial. También influye que es el indicador considerado más objetivo para valorar el dolor en pacientes no comunicativos.

Los procedimientos que más se suelen analizar son la movilización del paciente, la realización de cambios posturales, la aspiración de secreciones y la realización de curas. Todos ellos procedimientos frecuentes en las unidades de cuidados intensivos y que modifican significativamente las constantes hemodinámicas del paciente con su realización.

El analgésico más empleado es el cloruro mórfico, administrando fentanilo como refuerzo antes o durante los procedimientos. El midazolam y el propofol son los sedantes más comunes. Aunque todos los procedimientos resultan dolorosos, no se administra la misma analgesia en todos ellos, en la aspiración de secreciones, por ejemplo, no se suele administrar analgesia previa ya que se considera una técnica frecuente y de corta duración.

Uno de los inconvenientes que presenta el ESCID, es que se ha demostrado que la fiabilidad disminuye cuando el paciente presenta una sedación profunda (valorado mediante la escala Richmond Agitation Scale -5).

El registro de Enfermería nos permite dar continuidad en la información y en el cuidado del paciente. A su vez, nos permite documentar el dolor que refiere el paciente, realizando una valoración lo más objetiva posible mediante la escala correspondiente, y monitorizar su respuesta a la analgesia, todo ello clave para manejar el dolor de manera adecuada (4,5,6).

Mediante esta escala se puede objetivar un aumento de dolor durante la realización de determinados procedimientos, una manifestación que a pesar de tratarse de una persona sedoanalgesiada e incapaz de comunicarse, se aprecia en la musculatura facial, la tranquilidad… Del mismo modo, se observan modificaciones en las variables hemodinámicas (Tensión Arterial, Frecuencia Cardiaca…) durante la realización de los procedimientos.

A pesar de la analgesia de base pautada, en muchas ocasiones, es necesario adecuar esa analgesia con bolos de medicación, ajustándola en el tiempo a los distintos procedimientos.

Para conseguir que ese paciente crítico se encuentre lo más confortable posible y se disminuya así la morbilidad e incluso mortalidad de los mimos, Enfermería desempeña una labor transcendental ya que es la persona que está en contacto directo con el paciente en cada uno de los procedimientos anteriormente citados. Siendo la encargada de avisar al médico responsable en el caso de que aprecie signos de dolor para poder reajustar la analgesia.

Mediante esta escala se puede objetivar en personas sedoanalgesiadas e incapaces de comunicarse, un aumento de dolor durante la realización de determinadas técnicas.

Bibliografía

  1. C. López López, M.A. Murillo Pérez, S. Torrente Vela, C. Cornejo Bauer, M. García Iglesias, M. Orejana Martín, et al. Aplicación de la Escala de conductas indicadoras de dolor (ESCID) en el paciente con trauma grave no comunicativo y ventilación mecánica. Enfermería intensiva. 2013; 24 (4.):137-144.
  2. Latorre Marco I, Solís Muñoz M, Falero Ruiz T, Larrasquitu Sánchez A, Romay Pérez AB, Millán Santos I; grupo del proyecto de Investigación ESCID. Validación de la Escala de Conductas Indicadoras de Dolor para valorar el dolor en pacientes críticos, no comunicativos y sometidos a ventilación mecánica: resultados del proyecto ESCID. Enfermería Intensiva. 2011; 22(1): 3-12. doi: 10.1016/j.enfi. 2010.09.005.
  3. C. Pardo, T. Muñoz, C. Chamorro. Monitorización del dolor. Recomendaciones del grupo de trabajo de analgesia y sedación de la SEMICYUC. Medicina intensiva. 2006; 30 (8): 379-385.
  4. C. López López, C. Morales Sánchez, S. Torrente Vela, M.A. Murillo Pérez, I. Palomino Sánchez, R. Vinagre Gaspar, et al. Análisis del registro de la atención inicial al paciente con trauma grave. Metas de Enfermería, 2011; 14: 8-12.
  5. J. Young, J. Siffleet, S. Nikoletti, T. Shaw. Use of a Behavioural Pain Scale to assess pain in ventilated, unconscious and/or sedated patients. Intensive Crit Care Nurs, 2006; 22: 32-39. Disponible en:
    http://dx.doi.org/10. 1016/j.iccn.2005.04.004
  6. C.N. Sessler, M. Gosnell, M.J. Grap, C.M. Brophy, P.V. O‘Neal, K.A. Keane, et al. The Richmond Agitation-Sedation Scale: Validity and reliability in adult intensive care patients. Am J Respir Crit Care Med. 2002; 22: 1338-1344. Disponible en: http://dx.doi.org/ 10.1164/rccm.2107138
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