Errores preanalíticos y su impacto en la calidad de los resultados del laboratorio

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 9–Septiembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 9: 80

Autor principal (primer firmante): Ángel Sánchez Caro

Fecha recepción: 04/08/2026

Fecha aceptación: 31/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(9): 80

Autores:

  1. Ángel Sánchez Caro
  2. Ana Mulero Carrero
  3. Alicia Magallon Artigas
  4. Samuel Roa Mejía
  5. María Asunción Pascual Anadón
  6. María del Mar Martínez Millán

Categoría profesional:

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Resumen

El laboratorio de diagnóstico ya sea en su vertiente clínica o de anatomía patológica, constituye una pieza angular en el engranaje del sistema sanitario actual. Se estima que más del 70% de las decisiones clínicas, incluyendo ingresos hospitalarios, prescripción de tratamientos y altas médicas, se fundamentan de manera directa en los informes emitidos por estos servicios. A pesar de la altísima fiabilidad de la tecnología actual, la calidad de estos resultados está subordinada a la correcta ejecución de los procesos previos al análisis. La fase preanalítica, que comprende todas las acciones desde que el facultativo solicita la prueba hasta que la muestra biológica es preparada para su procesamiento o análisis, concentra actualmente entre el 60% y el 75% de los errores totales del laboratorio.

Este artículo de revisión exhaustiva aborda la etiología y tipología de los errores preanalíticos más prevalentes, evaluando su impacto directo tanto en la seguridad del paciente como en la eficiencia económica y operativa de los centros sanitarios. Asimismo, se profundiza en las estrategias de prevención y control de calidad, reivindicando el papel crítico y central del técnico de laboratorio. Como profesionales situados en la primera línea de recepción y procesamiento, los técnicos actúan como el principal filtro de calidad, garantizando la trazabilidad, detectando no conformidades y asegurando la idoneidad analítica y morfológica de las muestras antes de su paso a la fase analítica.

Palabras clave:

Fase preanalítica, errores de laboratorio, control de calidad, seguridad del paciente, anatomía patológica, técnico superior de laboratorio, gestión de muestras biológicas.

Introducción

El ciclo de las pruebas de laboratorio, a menudo denominado "brain-to-brain loop" (ciclo de cerebro a cerebro), describe el recorrido completo desde que surge una duda clínica en la mente del médico hasta que este mismo profesional recibe e interpreta el resultado para tomar una decisión terapéutica.

Históricamente, el foco de los programas de control de calidad se centraba de forma casi exclusiva en la fase analítica. Sin embargo, en las últimas tres décadas, la introducción de analizadores de alto rendimiento, la robótica, los sistemas expertos de validación y la estandarización de reactivos han provocado que la tasa de error en la fase analítica caiga a niveles inferiores al 10%.

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Ante este escenario de excelencia analítica, la vulnerabilidad del proceso diagnóstico se ha desplazado hacia sus extremos, siendo la fase preanalítica el eslabón más frágil de la cadena. Esta etapa es intrínsecamente compleja debido a su naturaleza manual, descentralizada y altamente dependiente del factor humano. Involucra a múltiples profesionales de distintos departamentos (médicos, personal de Enfermería, auxiliares, celadores, transportistas y técnicos de laboratorio), lo que multiplica exponencialmente el riesgo de incidencias.

La fase preanalítica puede subdividirse en dos grandes áreas. Por un lado, la preanalítica extra-laboratorio, que abarca la preparación del paciente, la técnica de extracción o biopsia, el etiquetado a pie de cama y el transporte. Por otro lado, la preanalítica intra-laboratorio, en la que el técnico superior de laboratorio asume el protagonismo total realizando la recepción, verificación de criterios de aceptación, centrifugación, alicuotado, fijación, decalcificación o tallado preliminar, dependiendo de la naturaleza de la muestra.

Comprender a fondo las dinámicas de error en estas etapas es imperativo para cualquier técnico comprometido con la excelencia asistencial.

Objetivos

Objetivo principal

  • Analizar de forma integral la incidencia, naturaleza y repercusión de los errores preanalíticos sobre la fiabilidad de los resultados diagnósticos y la seguridad clínica del paciente.

Objetivos específicos

  • Identificar y clasificar las causas más frecuentes de fallos durante la fase preanalítica, diferenciando entre las muestras de fluidos corporales (laboratorio clínico) y las muestras de tejidos y células (anatomía patológica y citodiagnóstico).
  • Evaluar las consecuencias clínicas, éticas y económicas que se derivan del procesamiento de muestras biológicas no idóneas y de la emisión de resultados discordantes o erróneos.
  • Proponer protocolos de actuación y estrategias de estandarización desde la perspectiva del técnico de laboratorio para minimizar la tasa de rechazo de muestras y optimizar el flujo de trabajo intra-laboratorio.
  • Fomentar la importancia de la comunicación interdisciplinar entre los servicios clínicos de extracción, los equipos quirúrgicos y el personal técnico del laboratorio.

Tipología y origen de los errores preanalíticos

Los errores en esta fase presentan características distintas según la disciplina del laboratorio. Desde el punto de vista del técnico, es vital conocer los fallos específicos que alteran las propiedades físicas, químicas o morfológicas de la muestra.

Errores en laboratorio clínico (bioquímica, hematología y microbiología)

En el procesamiento de fluidos, la calidad de la muestra depende de factores muy medibles. Los errores más frecuentes que el técnico debe identificar incluyen:

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  • Identificación deficiente: Muestras sin etiquetar, etiquetas mal colocadas que impiden la lectura del código de barras por parte del software, o discrepancias entre la petición informática y el tubo físico. Este error, aunque puramente administrativo, es el que mayor riesgo vital conlleva para el paciente.
  • Hemólisis in vitro: Representa la principal causa de rechazo de muestras de sangre. Suele producirse por extracciones dificultosas, uso de agujas de calibre inadecuado, agitación vigorosa del tubo o mantenimiento prolongado del compresor. La lisis de los eritrocitos libera componentes intracelulares que alteran críticamente mediciones como el potasio, la lactato deshidrogenasa (LDH) o las transaminasas.
  • Coagulación en tubos con anticoagulante: Frecuente en hematología (tubos EDTA), derivado de un mezclado insuficiente por inversión inmediatamente tras la extracción. Provoca falsas trombopenias y altera los recuentos celulares.
  • Proporción muestra/aditivo incorrecta: Especialmente grave en los estudios de coagulación (tubos de citrato sódico). El tubo debe llenarse hasta la marca exacta para mantener la proporción de 1:9. Un volumen insuficiente diluye el plasma y prolonga falsamente los tiempos de coagulación del paciente.

Errores en anatomía patológica y citodiagnóstico

Dada la naturaleza única y a menudo irrepetible de los tejidos (biopsias, piezas quirúrgicas) y citologías, los errores preanalíticos en este ámbito tienen un impacto que puede ser irreversible y devastador, ya que comprometen el diagnóstico de patologías graves como el cáncer.

  • Defectos en la fijación: Es el error preanalítico más grave en histopatología. El retraso en la inmersión del tejido en formol tamponado al 10% genera isquemia fría y autólisis, destruyendo la arquitectura celular. Igualmente, perjudicial es utilizar un recipiente demasiado pequeño; la proporción de volumen entre el formol y la pieza debe ser de 10:1 para asegurar una penetración adecuada. Una mala fijación no solo dificulta el diagnóstico morfológico clásico con Hematoxilina-Eosina, sino que destruye las proteínas y los ácidos nucleicos, imposibilitando el uso de técnicas modernas de inmunohistoquímica o biología molecular (como la secuenciación para buscar mutaciones diana en oncología).
  • Errores en citodiagnóstico: En citología exfoliativa o punciones con aguja fina (PAAF), el extendido deficiente sobre el portaobjetos (muestras muy gruesas o con coágulos) y el secado al aire antes de aplicar el fijador alcohólico causan artefactos de desecación. Esto deforma los núcleos celulares, simulando falsas atipias que pueden confundir al patólogo.
  • Fragmentación o aplastamiento: La manipulación brusca de pequeñas biopsias (como las endoscópicas o las biopsias con aguja gruesa) con pinzas sin dientes provoca artefactos de compresión que impiden evaluar la verdadera estructura de la lesión.

Impacto clínico y económico de la variabilidad preanalítica

El impacto de un error preanalítico no detectado desencadena el llamado "efecto cascada". Desde una perspectiva clínica, emitir un informe sobre una muestra deficiente genera una falsa sensación de seguridad si el resultado parece normal, o un alarmismo injustificado si el resultado es patológico. Esto puede derivar en la cancelación de cirugías, la administración de transfusiones innecesarias, la prescripción de dosis tóxicas de medicamentos o el retraso en el diagnóstico de una neoplasia debido a una muestra de tejido no valorable.

Desde la óptica económica y de gestión, el rechazo de muestras supone una carga financiera importante para el hospital. Requiere contactar con las plantas de hospitalización, movilizar de nuevo al personal para realizar una segunda extracción o, en el peor de los casos, someter al paciente a una nueva intervención quirúrgica para obtener tejido. A esto hay que sumar el coste de los reactivos desperdiciados, el tiempo del personal técnico invertido en gestionar la no conformidad y el aumento en el tiempo de estancia hospitalaria del paciente a la espera de un diagnóstico definitivo.

Estrategias preventivas y el rol del técnico de laboratorio

La minimización de los errores preanalíticos pasa ineludiblemente por la estandarización de los procesos y la educación continua. Como técnicos de laboratorio, nuestra responsabilidad no se limita a operar equipos, sino a actuar como garantes de la calidad desde el primer momento en que la muestra cruza la puerta del laboratorio.

Para ello, es fundamental la aplicación estricta de los manuales de toma y envío de muestras, y el establecimiento de criterios de rechazo claros y objetivos. El técnico debe tener la capacidad crítica y la autoridad para rechazar, de forma documentada, aquellas muestras que no cumplan con los estándares de idoneidad, evitando que un material defectuoso avance por la cadena de procesamiento.

Además, la implementación de tecnologías de la información, como la petición electrónica, la impresión de etiquetas con códigos de barras bidimensionales a pie de cama y el uso de sistemas de transporte automatizados controlados, reduce significativamente el margen de error humano. Sin embargo, ninguna tecnología sustituye la comunicación fluida y proactiva del personal técnico del laboratorio con el personal de Enfermería y los médicos peticionarios. Impartir formación desde el laboratorio hacia las plantas sobre cómo manipular un tubo o cómo sumergir una biopsia es una de las estrategias más rentables a medio plazo.

Conclusiones

La garantía de calidad en el diagnóstico clínico y anatomopatológico es un esfuerzo multidisciplinar donde el control de la fase preanalítica representa el mayor reto organizativo de los laboratorios modernos. A pesar de los avances técnicos, un diagnóstico preciso seguirá dependiendo de una extracción cuidadosa, una correcta identificación y un acondicionamiento óptimo de la muestra.

En este paradigma, la figura del técnico superior asume un rol protagonista. La atención meticulosa al detalle en la recepción, la identificación temprana de anomalías como la hemólisis o la mala fijación tisular, y la adherencia estricta a los protocolos de calidad, son barreras indispensables para prevenir el daño.

Trabajar en el laboratorio significa comprender que detrás de cada tubo de ensayo, citología o casete de inclusión, existe un paciente esperando respuestas. Asegurar que la muestra que va a ser analizada es el fiel reflejo biológico de ese paciente no es solo un indicador de calidad técnica, sino un compromiso ético ineludible con la salud y la vida humana.

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