Incluido en la revista Ocronos. Vol. III. Nº 8– Diciembre 2020. Pág. Inicial: Vol. III;nº8:247
Autor principal (primer firmante): José Méndez Nozaleda
Fecha recepción: 14 de diciembre, 2020
Fecha aceptación: 23 de diciembre, 2020
Ref.: Ocronos. 2020;3(8):247
Primer Autor: José Méndez Nozaleda
Segundo Autor: Andrea Fernández Vázquez
Introducción
A lo largo de la historia de la humanidad tal y como hoy la conocemos, han surgido infinidad de patologías con una capacidad de contagio y transmisión capaces de desafiar nuestra capacidad de protegernos a nosotros mismos y a las personas que nos rodean. Existen muchas maneras a través de las cuales una enfermedad puede ser transmitida de un individuo a otro pero sin duda algunas de ellas tienen una impresionante capacidad para ello. Una de estas formas de transmisión y que actualmente está de rabiosa actualidad es el contagio por vía respiratoria, como sucede con el COVID-19.
Un individuo que presente dicha enfermedad puede suponer un importante foco de contagio ya que mediante la respiración, habla, tos, estornudos y demás actos que supongan la expulsión de partículas del virus al exterior, puede contagiar a un gran número de personas. La vía de entrada seria directamente a través de las vías respiratorias o de las mucosas.
No es nada nuevo que cierto tipo de patologías requieren una serie de medidas estrictas de protección y aislamiento, los profesionales sanitarios pueden dar buena cuenta de ello ya que en su día a día se ven expuestos a tratar con muchos de estos casos. Uno de los colectivos más expuestos y que corren el riesgo de actuar también como medio de transporte de la enfermedad es el de los Técnicos en Cuidado Auxiliares de Enfermería. Este grupo de profesionales a menudo realiza las tareas que más contacto requieren con el paciente y con las secreciones del mismo, por tanto en su formación deben estar bien preparados para lidiar con este tipo de situaciones tan peligrosas.
Objetivos
El objetivo de esta publicación es el de repasar para todos aquellos profesionales que ejerzan como Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería y se vean expuestos ante enfermedades de este tipo como deben protegerse utilizando los Equipos de Protección Individual. Es muy común que a menudo, a pesar de encontrarnos diariamente con este tipo de situaciones en las que debemos enfrentarnos a pacientes con COVID-19, se nos olvide la forma correcta de ponernos y quitarnos los EPI, incurriendo así sin darnos cuenta en una situación de riesgo para nuestra propia salud y la de los que nos rodean.
Resultados
Cuando nos encontramos ante pacientes con sintomatología compatible con el COVID-19 o que ya hayan sido diagnosticados positivamente tras una prueba PCR debemos tener claro que han de ser aislados del resto de pacientes y del personal que no lleve la protección correcta. Es importante que realicemos un aislamiento estricto que nos evite tener cualquier tipo de contacto con el sujeto afectado.
Los medios empleados, más conocidos como Equipos de Protección Individual, que vamos a necesitar consisten en una bata desechable que nos proteja contra salpicaduras, unas calzas para los zapatos, doble guante, mascarilla autofiltrante de tipo FPP2, pantalla o gafas para la zona de los ojos y un gorro para la cabeza.
Preferentemente todo material de protección que vayamos a emplear debe ser de un solo uso para posteriormente ser desechado y así garantizar una protección eficaz frente al COVID-19. En cualquier caso lo único que podríamos volver a utilizar tras una exposición serían las gafas o la pantalla protectora, tras una correcta desinfección y limpieza con productos homologados y acreditados para ello.
Lo primero que debemos hacer en la secuencia de puesta de un EPI frente al COVID-19 es un buen lavado de manos, siguiendo uno a uno todos los pasos y empleando un jabón antiséptico. Después de lavado de manos nos colocamos el gorro de forma que cubra todo el pelo y también nos ponemos las calzas. En tercer lugar debemos colocarnos la bata con la abertura hacia detrás y haciendo una lazada que nos permita desatarla tirando de uno solo de los estribos, debemos dejar fijado el velcro que se encuentra en la parte posterior de detrás del cuello. Posteriormente debemos ponernos la mascarilla de tipo autofiltrante y ajustarla en la parte superior de la nariz de manera que nos quede lo más «hermética» posible.
A continuación podemos colocarnos las gafas o en su defecto la pantalla protectora. Una vez hecho todo esto debemos poner los guantes, estos deben quedar por encima de la manga de la bata de forma que no quede ninguna zona del cuerpo expuesta. A menudo y como método más fiable se emplea la técnica del doble guante para garantizar una mayor protección en caso de rotura del mismo.
Conclusión
Lo que a priori puede parecer muy sencillo y no entrañar ninguna dificultad, a menudo puede convertirse en un arma de doble filo ya que la rutina y los malos hábitos que adquirimos con el paso del tiempo pueden hacer que cometamos errores que pongan en peligro nuestra salud.
Bibliografía
- (2020). Retrieved 15 December 2020, from https://www.semes.org/
- López, A. (2012). Higiene del medio hospitalario y limpieza del material. Madrid: Macmillan Profesional.


