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Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 8–Agosto 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 8: 1443
Autor principal (primer firmante): Helena Mombiela Arceiz
Fecha recepción: 02/08/2025
Fecha aceptación: 29/08/2025
Ref.: Ocronos. 2025;8(8): 1443
Autores:
Helena Mombiela Arceiz
Mª Ángeles García Roche
Aitor Sn Martín Mateo
Madalina Anca María Stoica
Azahara Sánchez Durán
Rut Capapey Mayorga
Categoría profesional:
Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería
Palabras clave:
Epilepsia, tratamiento, abordaje psicosocial, calidad de vida, atención integral.
Resumen
La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica que afecta a millones de personas en todo el mundo. Su manejo clínico no solo implica el control de las crisis epilépticas mediante fármacos antiepilépticos, sino también el abordaje psicosocial de las múltiples dimensiones que afectan la calidad de vida de los pacientes. Este artículo aborda de manera integral el manejo de la epilepsia desde una perspectiva clínica y psicosocial, destacando la importancia del diagnóstico temprano, el seguimiento terapéutico y el acompañamiento psicológico, educativo y social. Se enfatiza el rol del equipo multidisciplinar y de la Atención Primaria en la mejora del pronóstico y el bienestar general de las personas con epilepsia.
Introducción
La epilepsia es una alteración neurológica caracterizada por la predisposición del cerebro a generar crisis epilépticas recurrentes. Afecta aproximadamente al 1% de la población mundial y puede presentarse a cualquier edad, aunque es más común en la infancia y en adultos mayores. Las crisis epilépticas pueden manifestarse de diversas formas, desde ausencias breves hasta convulsiones generalizadas tónico-clónicas, y pueden generar un fuerte impacto en la vida cotidiana de quienes la padecen.
Además del control médico, la epilepsia requiere un enfoque integral que contemple el abordaje psicosocial, debido a las consecuencias emocionales, sociales, educativas y laborales que conlleva. El estigma, la discriminación y la ansiedad son factores frecuentes que afectan la calidad de vida de estos pacientes. Por ello, es fundamental promover una atención centrada en la persona, integrando las dimensiones clínicas y sociales del cuidado.
Clasificación y diagnóstico de la epilepsia
Según la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE), se clasifica en epilepsia focal, generalizada o de origen desconocido. El diagnóstico se basa en la historia clínica detallada, la observación de las crisis, el electroencefalograma (EEG) y estudios de neuroimagen como la resonancia magnética.
Es fundamental descartar otras causas de crisis no epilépticas (síndrome convulsivo febril, síncope, trastornos psicógenos) y determinar si se trata de una epilepsia idiopática, estructural, genética o secundaria a otra enfermedad.
Tratamiento farmacológico
El tratamiento principal consiste en la administración de fármacos antiepilépticos (FAEs), cuyo objetivo es prevenir nuevas crisis y mejorar la calidad de vida. Entre los más utilizados se encuentran:
- Ácido valproico
- Carbamazepina
- Lamotrigina
- Levetiracetam
- Topiramato
La elección del fármaco depende del tipo de epilepsia, la edad del paciente, el perfil de efectos secundarios y otras comorbilidades. Se inicia con monoterapia y se ajusta progresivamente. Aproximadamente el 70% de los pacientes logra buen control con FAEs, mientras que el resto puede requerir terapias combinadas o incluso cirugía en casos refractarios.
Manejo clínico integral
El seguimiento clínico debe incluir:
- Monitoreo de niveles plasmáticos de los fármacos.
- Control de efectos adversos (somnolencia, alteraciones cognitivas, alteraciones hepáticas).
- Valoración neurológica periódica.
- Identificación de factores desencadenantes (estrés, privación de sueño, consumo de alcohol).
En casos de epilepsia resistente al tratamiento, se pueden considerar opciones como estimulación del nervio vago, cirugía de resección o dietas cetogénicas.
Las personas con epilepsia frecuentemente enfrentan desafíos emocionales y sociales, como:
- Estigmatización: muchos pacientes sufren discriminación en entornos laborales y educativos.
- Ansiedad y depresión: la imprevisibilidad de las crisis y el miedo a perder el control generan angustia.
- Aislamiento social: algunas personas limitan sus actividades por temor a una crisis en público.
- Dificultades académicas y laborales: problemas de concentración, estigma o restricciones legales para conducir o trabajar en ciertos oficios.
Para mejorar el pronóstico y el bienestar de los pacientes con epilepsia, es clave incluir intervenciones psicosociales:
- Apoyo psicológico individual y familiar: manejo de la ansiedad, adherencia al tratamiento, afrontamiento del diagnóstico.
- Educación al paciente y entorno: desmitificar la enfermedad, instruir sobre primeros auxilios ante crisis, fomentar la autonomía.
- Adaptaciones escolares o laborales: flexibilización de horarios, acompañamiento educativo, políticas antidiscriminatorias.
- Grupos de apoyo y asociaciones de pacientes: fortalecen la red social, promueven el empoderamiento y combaten el estigma.
Rol del equipo multidisciplinar y la Atención Primaria
El abordaje ideal de la epilepsia debe realizarse desde una red de profesionales: médicos de familia, neurólogos, psicólogos, Enfermería, trabajadores sociales y educadores.
El equipo de Atención Primaria tiene una función esencial en:
- El seguimiento del tratamiento.
- La vigilancia de comorbilidades.
- La educación sanitaria.
- La coordinación con especialistas.
Este enfoque colaborativo mejora la adherencia al tratamiento, la detección de complicaciones y la integración social del paciente.
Conclusión
La epilepsia es una enfermedad compleja que requiere un manejo integral que combine el tratamiento clínico con el abordaje psicosocial. El control adecuado de las crisis mediante fármacos debe complementarse con acciones orientadas a mejorar la calidad de vida del paciente, su salud mental y su inclusión social. La participación activa de la Atención Primaria, en coordinación con otros profesionales, resulta fundamental para ofrecer una atención centrada en la persona, reducir el estigma y favorecer la autonomía de quienes viven con epilepsia.
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