Epidemiología de la tuberculosis

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 11–Noviembre 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº 11: 27

Autor principal (primer firmante): Georgina Cano Herrero

Fecha recepción: 07/10/2023

Fecha aceptación: 03/11/2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(11): 27

Autores:

  1. Georgina Cano Herrero (Enfermera)
  2. Francisco José Zamudio Moya (Médico Especialista en Medicina Interna)
  3. Ascensión Gil Martínez (Enfermera)
  4. José Antonio Jiménez Jiménez (Enfermero)
  5. María Elena Ruiz Marco (Enfermera).
  6. María Esther Delso Hernández (Enfermera).

Resumen

La tuberculosis es una enfermedad de origen bacteriano que afecta principalmente a los pulmones, pudiendo afectar a otros órganos como riñones, columna vertebral y cerebro.

Su transmisión es de persona a persona a través del aire. Los síntomas principales de una tuberculosis activa incluyen fiebre, tos, dolor torácico, pérdida de peso, debilidad y sudores nocturnos.

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En personas sanas, la infección no suele producir síntomas, ya que el sistema inmune es capaz de bloquear la bacteria. Sin embargo, en aquellas personas en que sí han llegado a desarrollar síntomas es necesario seguir un tratamiento.

Si se consigue una buena adherencia terapéutica, la enfermedad puede evolucionar favorablemente y curarse.

Palabras clave: tuberculosis, tuberculosis latente, tuberculosis activa, bacilo de Koch.

Introducción

La tuberculosis (TBC) es una enfermedad de origen bacteriano que afecta principalmente a los pulmones. Sin embargo, puede llegar a afectar a otras zonas, como por ejemplo riñones, columna vertebral y cerebro. (1)

En 2021, se estima que en todo el mundo enfermaron de tuberculosis 10,6 millones de personas. De entre todos ellos, 1,6 millones fallecieron como consecuencia de esta enfermedad. Pese a estos datos, se estima que entre los años 2000 y 2021 unos 74 millones de personas salvaron sus vidas gracias al diagnóstico y tratamiento precoz. (2)

La bacteria responsable de producir la TBC es el Mycobacterium tuberculosis, también conocido como el bacilo de Koch. Estos microorganismos se propagan de persona a persona a través del aire al hablar, toser o estornudar, pudiendo así infectar a otras personas. No son mecanismos de transmisión el contacto directo con la piel, los besos o compartir platos o alimentos.

Generalmente, para que se produzca la infección es necesario mantener un contacto estrecho y prolongado con la persona infectada. No obstante, tienen más probabilidad de contraer la enfermedad personas que viajen con frecuencia a países donde la tuberculosis es común, trabajadores de la salud o personas que frecuenten lugares donde la TBC es más habitual, como refugios para personas sin vivienda, cárceles o residencias para personas mayores. (1) (3)

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Hay personas que por su situación social y de salud presentan más riesgo de enfermar de TBC.

En este grupo se incluyen: (1)

  • VIH positivos.
  • Tuberculosis pasada los dos años anteriores.
  • Pluripatológicos.
  • Consumo de sustancias nocivas (alcohol, drogas).
  • TBC pasada sin recibir el tratamiento correcto.
  • Menores de 5 años.
  • Edad avanzada.

La gran mayoría de individuos que tienen Mycobacterium tuberculosis en el organismo no desarrollan la enfermedad. Es la llamada tuberculosis latente. De todas estas personas, tan solo un 10% desarrollarán la TBC. Algunos de ellos podrían tardar hasta varios años en desarrollarla. Por tanto, estas personas no presentan síntomas, no son contagiosas y no necesitan tratamiento. (1) (3)

Si por el contrario, los gérmenes de la tuberculosis están activos multiplicándose en el interior del organismo, producen sintomatología y ahí es cuando las personas infectadas sí pueden contagiar a otras.

Los síntomas van a depender de la región del cuerpo afectada. En términos generales, los síntomas incluyen: (1)

  • Fiebre.
  • Sudores nocturnos.
  • Pérdida de peso.
  • Pérdida de apetito.
  • Debilidad y/o fatiga.

Como acabamos de comentar, la sintomatología específica va a variar en función del tipo de tuberculosis que presente el paciente: (3)

  • Tuberculosis pulmonar: Tos (normalmente productiva), hemoptisis y fiebre elevada. En ocasiones se acompaña de dolor pleural.
  • Tuberculosis miliar (por diseminación hematógena): este tipo de tuberculosis se produce cuando el bacilo de Koch se extiende al resto de órganos vía sanguínea. Los síntomas característicos son síndrome constitucional y aparición de adenopatías y lesiones cutáneas.
  • Tuberculosis ósea: principalmente se ven afectados cuerpos vertebrales, produciendo dolor.
  • Tuberculosis genitourinaria: suele ser asintomática, pero en ocasiones puede producir disuria, urgencia de orinar y dolor lumbar.
  • Tuberculosis meníngea: aparecen síntomas como cefalea, rigidez de nuca, hipertensión intracraneal y signos focales neurológicos.

Objetivo

Conocer el diagnóstico, tratamiento y prevención de la tuberculosis.

Metodología

Para realizar este artículo hemos analizado varios trabajos de investigación, consultando el buscador Google Scholar y páginas web científicas como MedlinePlus, WHO y la Clínica Universitaria de Navarra.

Las palabras clave empleadas han sido “tuberculosis”, “tuberculosis activa” “tuberculosis latente” y “bacilo de Koch” y el operador booleano utilizado ha sido “AND”.

Tras una aparición de muchos estudios, hemos seleccionado un artículo reciente y varias páginas web.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico de la tuberculosis latente se puede realizar a través de dos métodos: la prueba de la tuberculina (técnica de Mantoux) y las pruebas de determinación de la producción de interferón gamma (IGRA).

La prueba del Mantoux consiste en inyectar por vía intradérmica en la cara anterior del antebrazo 0,1cc de la dilución de tuberculina. A las 48 – 72 horas se realiza una lectura del diámetro transversal de la induración, sin tener en cuenta el eritema.

La prueba se considera positiva cuando el diámetro de la induración es igual o superior a 5mm en personas no vacunadas. La repetición de la prueba puede actuar a modo de estímulo en personas ya infectadas por el bacilo de Koch.

Las pruebas de diagnóstico IGRA son más precisas, siendo capaces de distinguir entre individuos afectados por la Mycobacterium tuberculosis de los vacunados con la vacuna antituberculosa. Además, pueden excluir a los falsos negativos y a los falsos positivos, pudiéndose repetir sin existir riesgo de estimulación de la inmunidad.

El inconveniente principal de esta técnica es su mayor coste, con respecto a la técnica del Mantoux.

Una sospecha de tuberculosis debe ir siempre acompañada de una radiografía de tórax, en la que pueden observarse condensaciones en los segmentos posteriores de los lóbulos superiores o derrame pleural. Sin embargo, en niños, la atelectasia segmentaria es el hallazgo más frecuente. Pruebas con la resonancia magnética y la tomografía computarizada se utilizan para el diagnóstico de la tuberculosis extrapulmonar.

Las técnicas de microscopía más relevantes que se emplean son la técnica de tinción de Ziehl- Neelsen y la técnica de tinción fluorescente de auramina-rodamina. Esta última es la que recomienda la Organización Mundial de la Salud, ya que necesita un menor número de aumentos para su valoración y es más rápida.

Finalmente, es conveniente realizar un cultivo a todo paciente con sospecha de infección tuberculosa. El cultivo es considerado la prueba de referencia, pues permite aislar la micobacteria, pudiendo así diferenciar las micobacterias tuberculosas de las que no lo son. (4)

Con respecto al tratamiento, los medicamentos que se emplean para esta infección pueden dividirse en dos grupos: (4)

  • Tratamiento de primera elección: son compuestos que combinan el máximo nivel de eficacia con un grado de toxicidad aceptable. Estos medicamentos son la isoniazida, rifampicina, etambutol, pirazinamida y estreptomicina. La isoniazida es el fármaco que se emplea de manera más habitual.
  • Tratamiento de segunda elección: en este grupo se encuentran la etionamida, ácido aminosalicílico, cicloserina o amikacina. Estos medicamentos se utilizan si aparece resistencia a algún medicamento del grupo de primera elección. Para su empleo, es necesario ajustar de manera precisa la dosis en cada paciente de forma individualizada, para evitar posibles resistencias.

La duración del tratamiento dependerá del tipo de tuberculosis y de cada caso en particular. Cabe destacar que es fundamental tener una buena adherencia terapéutica, pues de lo contrario podrían generarse resistencias antibióticas, dejar de funcionar el tratamiento y volverse una enfermedad difícil de curar. (1) (3)

El cabecero elevado 45º para mantener la permeabilidad de la vía aérea, realizar ejercicios respiratorios que favorezcan la expectoración, desarrollar ejercicios de movilización activa y una correcta aportación de nutrientes son los cuidados esenciales que necesitan las personas con esta patología. (4)

Control y prevención

Para la prevención de la enfermedad de la tuberculosis (TBC) existe una vacuna denominada Vacuna BCG. Se trata de una vacuna de virus atenuados que es capaz de conseguir que el organismo genere una respuesta inmunológica. Sin embargo, solamente ha demostrado ser eficaz frente a la tuberculosis meníngea o diseminada en niños. En el caso de la tuberculosis pulmonar, la efectividad de la vacuna está en torno al 50%.

En España no se recomienda su administración general, ya que la Organización Mundial de la Salud lo desaconseja en países con una baja incidencia de la enfermedad. No obstante, algunas organizaciones científicas sí aconsejan su administración en personal sanitario y en países donde la prevalencia de la enfermedad es elevada.

Con respecto a los cuidados generales, las personas infectadas deben llevar a cabo un aislamiento respiratorio en una habitación con la puerta cerrada y bien ventilada. El personal sanitario que se encargue de su cuidado, debe protegerse con mascarillas FFP2 o KN95, ya que es la medida fundamental para evitar contagiarse.

También las secreciones y fluidos corporales deben considerarse como material infeccioso, pues un contacto estrecho puede llegar a ser contagiar.

Además de lo anterior, es conveniente permanecer en el hogar, preferiblemente en una habitación para evitar el contacto con más personas, restringir las visitas y cubrirse la boca al toser y estornudar. (4)

Conclusiones

  • La tuberculosis es una enfermedad de origen bacteriano que afecta principalmente a los pulmones, pudiendo afectar a otros órganos como riñones, columna vertebral y cerebro.
  • Las pruebas de diagnóstico IGRA son el método diagnóstico más preciso.
  • La tuberculosis activa debe tratarse con medicación y con unos cuidados generales para fomentar la curación de la enfermedad.
  • La duración del tratamiento dependerá del tipo de tuberculosis y de cada caso en particular.
  • Es fundamental tener una buena adherencia terapéutica, pues de lo contrario podrían generarse resistencias antibióticas, dejar de funcionar el tratamiento y volverse una enfermedad difícil de curar.
  • La Vacuna BCG es una vacuna de virus atenuados que se recomienda su administración en personal sanitario y en países donde la incidencia de la enfermedad es elevada.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

Bibliografía

  1.         Tuberculosis [Internet]. Medline Plus: [revisado 12 agosto 2022; consultado 27 julio 2023]. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/tubercul osis.html
  2.         Tuberculosis [Internet]. WHO: [revisado 21 abril 2023; consultado 27 julio 2023]. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sh eets/detail/tuberculosis
  3.         Pérez Warnisher MT. Tuberculosis [Internet]. CUN: Universidad de Navarra. [revisado 01 enero 2023; consultado 28 julio 2023]. Disponible en: https://www.cun.es/enfermedades- tratamientos/enfermedades/tuberculosis
  4.         Guixá Piñol M, Alarcón Sisamón S, Viñuales Aranda MD. La tuberculosis. Artículo monográfico. Revista Sanitaria de Investigación [Internet] 2023 [consultado 10 agosto 2023]. Disponible en: https://revistasanitariadeinvestigacion. com/la-tuberculosis-artículo-monografi co/