Rol de Enfermería en los trastornos de la conducta alimentaria

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 5–Mayo 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº5: 159

Autor principal (primer firmante): Almudena Lara García

Fecha recepción: 25 de Abril, 2021

Fecha aceptación: 18 de Mayo, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(5): 159

Autora: Almudena Lara García (Enfermera)

Resumen

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) actualmente son un problema de salud pública puesto que su incidencia y prevalencia han sufrido un considerable aumento en la infancia y adolescencia, tanto es así que se ha convertido en la tercera enfermedad crónica más frecuente en este grupo de edad.

En la presente revisión bibliográfica se realiza un análisis de los diferentes tipos de TCA así como de sus factores de riesgo y herramientas para su terapia, así como se describe la importancia del rol del personal de Enfermería en el abordaje del proceso de detección, tratamiento y prevención.

Palabras clave

Atención de Enfermería, trastornos alimentarios, adolescentes, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa.

Introducción

Los trastornos de conducta alimentaria (TCA) son un problema de gran importancia en la salud pública puesto que están alcanzando una prevalencia e incidencia muy elevada en un grupo de la población que cada vez es más amplio, lo cual es alarmante (Garrote, 2012).

Se entiende por trastorno de conducta alimentaria aquella enfermedad psiquiátrica que está relacionada con una percepción distorsionada del propio cuerpo, existiendo una insatisfacción corporal y caracterizándose por alteraciones en el comportamiento que se asocian a preocupación por el peso y por la forma del cuerpo (Martínez, et. al. 2014).

Estos trastornos han estado presentes en la sociedad desde hace mucho tiempo y a lo largo de la historia. Tanto es así que ya Hipócrates, en su obra “Aforismos”, hablaba de cuerpos impuros caracterizados estos por rechazar cualquier tipo de alimento y por negarse a probar bocado alguno. En la Edad Media cambió su denominación y se conocía este tipo de trastornos como “santa anorexia”, en este caso rechazar los alimentos era una cuestión de pureza, en esta época esta enfermedad se encontraba ligada a la religión (Martínez, et. al., 2014).

Estos trastornos están relacionados con la desnutrición o la obesidad, así como con la baja calidad de vida, el riesgo de mortalidad prematura, de depresión y/o ansiedad y de consumo de sustancias (Martínez, et.al., 2014).

Este tipo de trastornos afecta mayoritariamente a individuos en edad infantil y adolescencia, sobre todo al sexo femenino puesto que en esta etapa de la vida los individuos se encuentran en una etapa de crecimiento personal en el cual hay gran cantidad de cambios físicos, cognitivos emocionales y sociales, por lo que son una población vulnerable (Garrote, 2012).

Estos trastornos alimentarios desencadenan alteraciones que están relacionadas con las conductas alimentarias y dan lugar a la aparición de perjuicios físicos, psicológicos y de funcionamiento. Entre las que destacan la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa o el conocido como trastorno por atracón (Castro-López, et. al., 2015).

La anorexia nerviosa (AN) se caracteriza por la pérdida de peso autoimpuesta, asociada a evaluaciones exageradas del propio peso o de la figura del cuerpo (Chaulet, et. al., 2015).

La bulimia nerviosa es un trastorno consiste en atracones regulares, seguidas de vómitos y creencia distorsionada del peso corporal. Mientras que el trastorno por atracón se caracteriza exclusivamente por atracones con regularidad (Hay, 2013).

El origen de este tipo de trastornos es multicausal implicando factores de tipo social, cultural, psicológico y genético, requieren de un diagnóstico precoz (Hay, 2013).

Para el correcto tratamiento de los trastornos de conducta alimentaria es necesario que se incluyan tanto la integración de la complejidad biopsicosocial de la enfermedad como las características de la adolescencia, lo cual requiere del trabajo conjunto de un equipo multidisciplinar, en el cual se incluye el personal de Enfermería entrenado en el manejo de este tipo de trastornos, se trata de trastornos complicados que tienen alto riesgo de recaída (Gaete, López y Matamala, 2012).

El abordaje inicial de este tipo de pacientes, cuando no existe riesgo biológico ni psiquiátrico, se realiza a nivel ambulatorio pero cuando no se consigue alcanzar los objetivos planteados por los profesionales, se contempla la posibilidad de ser ingresado en la unidad de agudos, con el fin de recibir una atención más especializada en hospital, permitiendo así una mayor intensidad de la intervención del personal de Enfermería, en lo que a la supervisión de comidas e implementación de pautas psicoeducativas en los diferentes aspectos del trastorno alimentario se refiere (Martínez ,et. al., 2015).

Objetivos

  • Definición de los Trastornos de la Conducta Alimentaria tanto clásicos como aparecidos actualmente.
  • Descripción de las intervenciones del personal de Enfermería en pacientes con trastornos de conducta alimentaria.

Métodos

La presente revisión bibliográfica se ha realizado consultando bases de datos como Scielo, Dialnet, Google Scholar, Cuiden Plus, Cinahl, Dialnet, Medline y PubMed. Las búsquedas se han limitado a los últimos 10 años.

Utilizando como palabras clave: atención de Enfermería, trastornos alimentarios, adolescentes, anorexia nerviosa, bulimia nerviosa.

 Los criterios de exclusión han sido:

  • Artículos no disponibles en texto completo.
  • Artículos que no trataban de los trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes.

Resultados

Los trastornos de conducta alimentaria (TCA) cuando aparecen suelen afectar a la población adolescente. Esto lleva asociado complicaciones graves tanto a nivel somático como psicológico y social (Chaulet, et.al., 2015). Entre los factores que predisponen a su aparición se encuentran los biológicos, psicológicos y la disfunción familiar, este último sobre todo para los casos de desarrollo de bulimia (Leijia, Sauceda y Ulloa, 2011).

Una de las causas que mayor peso tienen en el desarrollo de estos trastornos es la presión social, esto puede desencadenar que un adolescente con un adecuado índice de masa corporal (IMC) pase a ser víctima de un trastorno alimentario (Losada, Leonardi y Magliola, 2015).

Un diagnóstico precoz es fundamental para aumentar la eficacia de los tratamientos y favorecer la evolución de los síntomas físicos, psiquiátricos y psicológicos (Castro, 2015).

El personal de Enfermería tiene un papel esencial en el proceso de detección de signos y síntomas asociados al TCA como son la amenorrea, la osteoporosis, el descenso de los niveles de potasio en la analítica, alteraciones en la curva ponderal o los retrasos en el crecimiento (Loran, Sánchez, 2013).

El personal de Enfermería también tiene un rol esencial en el ámbito comunitario, con una función preventiva frente a los trastornos de conducta alimentaria en los centros escolares, con ayuda del personal docente que están al lado de los adolescentes comprobando tanto su desarrollo físico como mental, en una etapa muy vulnerable como es la adolescencia. El personal de Enfermería se encarga de que se reconozca correctamente (Gismero, 2012):

  • Las características de los TCA y las consecuencias tan graves que a él se asocian.
  • Los factores tanto predisponentes como precipitantes de los trastornos de conducta alimentaria (TCA).
  • Cuáles son los signos de alarma que pueden hacer sospechar que existe un TCA en fase precoz, con el fin de favorecer su detección para la valoración sanitaria temprana.

Los pasos a seguir por el personal de Enfermería con pacientes de TCA en consultas de atención primaria, atención especializada o bien en unidad de pacientes agudos en hospital son los siguientes (GPCTCA, 2009):

  • Correcta identificación de las personas con riesgo de padecer TCA, realizando un diagnostico que ha de ser lo más rápido y eficaz posible.
  • Elección adecuada del lugar de seguimiento y/o tratamiento: atención primaria o especializada. Para la elección será necesario conocer: tipo de trastorno de conducta alimentaria, edad del paciente, nivel de gravedad y conciencia de enfermedad, así como estado físico y mental.
  • Si se toma la decisión de tratamiento en atención primaria, comienza el tratamiento nutricional: control ponderal, corrección de malnutrición, control de complicaciones médicas, educación nutricional para conseguir corregir los patrones dietéticos disfuncionales tanto en el paciente como en la familia, y prevención – control de las recaídas.
  • En el caso de pacientes con Anorexia nerviosa se solicitará registro de ingesta diaria, nivel de hiperactividad, uso de laxantes y/o diuréticos, se realizará también registro del peso.
  • En pacientes con Bulimia Nerviosa, estudio de presencia o cese de atracones y/o purgas, control de autoconsumo de fármacos, control de posibles recaídas.
  • Información e instrucción de familiares que conviven con el paciente, con el fin de que conozcan como intervenir para saber que hacer o no en función del curso de la enfermedad.

Discusión

Por tanto, se considera clave el papel del personal de Enfermería en Atención Primaria puesto que realiza funciones esenciales con los pacientes como son (Torralbas, 2011):

  • Refuerzo de conductas positivas.
  • Aumento del grado de empatía y confianza.
  • Determinación en la evolución del paciente como un todo: ponderal, psicológica, social y afectiva.
  • Ayuda del mantenimiento de una postura firme sin realizar críticas ni menosprecio.
  • Integración de los familiares en el día a día, asesoramiento y seguimiento personalizado.

Para mejorar los problemas asociados a los trastornos de conducta alimentaria es necesario el entrenamiento de la asertividad, que incluye la ayuda para conseguir mejorar la expresión afectiva de los sentimientos, necesidades e ideas. Para ello es necesario (Bustamante, 2012; Bulecheck, 2014):

  • Potenciar el reconocimiento y reducción de las distorsiones a nivel cognitivo que produzcan bloqueo en la afirmación.
  • Aprender a diferenciar entre conductas afirmativas, agresivas y pasivas.
  • Contribuir al proceso de identificación de los derechos personales, responsabilidades y normas que desencadenen conflicto.
  • Promover la expresión de pensamientos y sentimientos tanto positivos como negativos.
  • Ayudar a que los pacientes distingan entre pensamientos y realidad.
  • Instruir en la práctica de habilidades tanto de conversación como sociales.

Conclusiones

  • Es esencial la detección de la población que tiene problemas que le llevan a estar preocupados por su patrón de alimentación y su imagen corporal, con el fin de evitar que adopten conductas alimentarias de tipo disfuncional, que supongan una amenaza para su vida, con lo que esto supone, la frustración de esferas sociales, personales y profesionales.
  • Es fundamental un abordaje multidisciplinar de los trastornos de conducta alimentaria (TCA), pero el personal de Enfermería es fundamental para establecer estrategias que permitan una prevención efectiva.
  • Es muy importante seguir estudiando para aumentar los conocimientos de Enfermería en lo que a trastornos de alimentación se refiere, con el fin de garantizar una valoración integral, esto hará posible una detección precoz, aumentando la probabilidad de que la evolución sea favorable.
  • Es necesario entrenar y potenciar el desarrollo de habilidades psicosociales para abordar el ámbito emocional del paciente, dentro de las competencias de la profesión.
  • Tanto la educación como la promoción de la salud, que son roles del personal de Enfermería comunitaria, se deben centrar en la motivación de la población para el seguimiento de hábitos de vida saludables, hábitos de gestión emocional y fortalecimiento de la autoestima, que tan debilitada está en estos casos.

Bibliografía

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