Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 892
Autor principal (primer firmante): Carol Vanessa Ramírez Duarte
Fecha recepción: 26/07/2026
Fecha aceptación: 22/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 892
Autores:
- Carol Vanessa Ramírez Duarte
- Maida Alejandra Coraspe Piedra
- María del Carmen Molina Molina
- Mihaela Mihailovici Mihailovici
- Yolanda de la Iglesia Ibáñez
- Héctor Yarza Ibarzo
Categoría: Enfermería, TCAE, TSIDMN, Celador, Administrativo, Farmacia, Telefonista, Servicios generales
Palabras clave: Envejecimiento, sistema digestivo, intestino, bacterias.
Introducción
Pseudomonas aeruginosa es uno de los principales patógenos oportunistas responsables de infecciones tanto hospitalarias como comunitarias. Su importancia clínica radica en su capacidad para colonizar múltiples tejidos, producir una amplia variedad de factores de virulencia, formar biopelículas y desarrollar mecanismos de resistencia frente a numerosos antibióticos. Aunque rara vez produce enfermedad en personas completamente sanas, representa una causa frecuente de infecciones graves en pacientes inmunodeprimidos, hospitalizados, sometidos a procedimientos invasivos o afectados por enfermedades crónicas. Las manifestaciones clínicas son muy variadas y pueden comprometer prácticamente cualquier órgano del organismo.
Desarrollo
Las infecciones respiratorias constituyen una de las formas más frecuentes y graves de enfermedad producida por Pseudomonas aeruginosa. La bacteria representa una de las principales causas de neumonía nosocomial y de neumonía asociada a ventilación mecánica en unidades de cuidados intensivos. En estos pacientes, la colonización de los tubos endotraqueales y la formación de biopelículas facilitan el acceso del microorganismo al árbol respiratorio inferior.
La neumonía causada por Pseudomonas aeruginosa suele presentarse con fiebre elevada, tos productiva, disnea, hipoxemia y abundante secreción bronquial. En los estudios radiológicos pueden observarse infiltrados multilobares, consolidaciones extensas e incluso cavitaciones en los casos más graves. La elevada producción de toxinas y enzimas proteolíticas favorece una rápida destrucción del tejido pulmonar, incrementando la mortalidad cuando el tratamiento adecuado se retrasa.
Una situación clínica especialmente importante ocurre en pacientes con fibrosis quística. En estos enfermos, las alteraciones del transporte de cloro producen secreciones respiratorias espesas que favorecen la colonización persistente por Pseudomonas aeruginosa.
Inicialmente la infección puede ser intermitente, pero con el paso del tiempo la bacteria desarrolla biopelículas y produce alginato, adoptando un fenotipo mucoide que dificulta enormemente su eliminación.
La colonización crónica del pulmón en la fibrosis quística provoca inflamación persistente, destrucción progresiva del parénquima pulmonar, bronquiectasias, insuficiencia respiratoria y deterioro gradual de la función pulmonar. En estos pacientes constituye una de las principales causas de morbimortalidad.
Las infecciones urinarias representan otra manifestación frecuente, especialmente en el ámbito hospitalario. Generalmente aparecen asociadas al uso prolongado de sondas vesicales, procedimientos urológicos o alteraciones estructurales del aparato urinario.
Pseudomonas aeruginosa puede producir cistitis, pielonefritis y bacteriuria asociada a catéter. Los síntomas incluyen fiebre, disuria, polaquiuria, dolor lumbar y alteraciones del estado general. La formación de biopelículas sobre las superficies de los catéteres urinarios favorece la persistencia de la infección y dificulta la erradicación bacteriana.
Las infecciones de piel y tejidos blandos constituyen otro grupo importante de enfermedades. Los pacientes con quemaduras extensas presentan un riesgo especialmente elevado debido a la pérdida de la barrera cutánea protectora. En estos casos, la bacteria coloniza rápidamente la superficie quemada y puede invadir tejidos profundos produciendo necrosis extensa.
Las lesiones adquieren frecuentemente una coloración verde azulada debido a la producción de piocianina y otros pigmentos bacterianos. El exudado suele presentar un olor característico descrito como afrutado o similar al de las uvas. Si no se instaura un tratamiento precoz, la infección puede progresar hacia bacteriemia y sepsis.
Otra manifestación relativamente frecuente es la foliculitis asociada a piscinas o jacuzzis contaminados, conocida como foliculitis de las piscinas. La infección aparece tras el contacto con agua insuficientemente clorada que contiene elevadas concentraciones de Pseudomonas aeruginosa.
Las lesiones consisten en pápulas y pústulas pruriginosas localizadas principalmente en zonas cubiertas por el bañador. Aunque suele tratarse de una infección autolimitada, puede requerir tratamiento antibiótico en pacientes inmunodeprimidos o cuando las lesiones son extensas.
Pseudomonas aeruginosa también puede producir ectima gangrenoso, una lesión cutánea altamente característica observada principalmente en pacientes con neutropenia grave o bacteriemia. Inicialmente aparece una mácula eritematosa que evoluciona rápidamente hacia una ampolla hemorrágica y posteriormente desarrolla una úlcera necrótica con centro negro rodeado por un halo inflamatorio.
El ectima gangrenoso constituye una manifestación de invasión vascular bacteriana y suele asociarse a infecciones sistémicas graves que requieren tratamiento urgente.
Las infecciones del oído representan otra localización frecuente. La otitis externa causada por Pseudomonas aeruginosa suele aparecer tras la exposición prolongada al agua o la manipulación repetida del conducto auditivo externo. Los pacientes presentan dolor intenso, edema del conducto auditivo, secreción purulenta y disminución de la audición.
En personas diabéticas y pacientes inmunodeprimidos puede desarrollarse una forma especialmente grave denominada otitis externa maligna. En esta enfermedad, la infección progresa desde el conducto auditivo hacia la base del cráneo, produciendo osteomielitis y afectación de múltiples pares craneales. Se trata de una infección potencialmente mortal que requiere tratamiento antibiótico prolongado.
Las infecciones oculares constituyen otra manifestación clínica importante. La queratitis por Pseudomonas aeruginosa aparece con frecuencia en usuarios de lentes de contacto, especialmente cuando no se respetan las medidas adecuadas de higiene.
La bacteria invade rápidamente la córnea produciendo dolor intenso, fotofobia, lagrimeo, disminución de la agudeza visual y ulceración corneal. Debido a la elevada producción de proteasas y toxinas, la destrucción del tejido corneal puede progresar rápidamente y ocasionar perforación ocular o pérdida permanente de visión si no se instaura tratamiento inmediato.
También puede producir conjuntivitis, endoftalmitis y otras infecciones intraoculares tras traumatismos o intervenciones quirúrgicas.
Las infecciones del sistema nervioso central son menos frecuentes, pero presentan elevada gravedad. Generalmente aparecen tras neurocirugía, traumatismos craneales penetrantes, derivaciones ventriculares o procedimientos invasivos.
Pseudomonas aeruginosa puede producir meningitis, ventriculitis y abscesos cerebrales. Los pacientes presentan fiebre, cefalea intensa, alteración del nivel de conciencia, rigidez de nuca y signos neurológicos focales. La mortalidad continúa siendo elevada pese al tratamiento adecuado.
La bacteriemia constituye una de las complicaciones más graves de la infección por Pseudomonas aeruginosa. Suele originarse a partir de infecciones respiratorias, urinarias, cutáneas o relacionadas con catéteres vasculares.
Una vez en el torrente sanguíneo, la bacteria puede diseminarse rápidamente a múltiples órganos, desencadenando una intensa respuesta inflamatoria sistémica mediada por el lipopolisacárido y diversas exotoxinas. Los pacientes desarrollan fiebre elevada, hipotensión, alteraciones de la coagulación, insuficiencia multiorgánica y shock séptico.
Las infecciones cardiovasculares son menos frecuentes, aunque pueden afectar válvulas cardíacas, especialmente en consumidores de drogas por vía intravenosa o pacientes portadores de dispositivos intravasculares. La endocarditis por Pseudomonas aeruginosa presenta una elevada mortalidad debido a la destrucción valvular y al elevado riesgo de embolias sépticas.
El aparato osteoarticular también puede verse afectado. La bacteria produce osteomielitis mediante diseminación hematógena o tras traumatismos, heridas penetrantes y cirugía ortopédica. La formación de biopelículas sobre prótesis articulares dificulta enormemente la erradicación de la infección y, en muchos casos, obliga a retirar el implante.
Las artritis sépticas causadas por pseudomonas aeruginosa aparecen principalmente en pacientes inmunodeprimidos, consumidores de drogas intravenosas o tras infiltraciones articulares. Las articulaciones presentan dolor intenso, tumefacción, calor local y limitación funcional.
Las infecciones gastrointestinales son menos frecuentes, aunque pueden producir enterocolitis, especialmente en pacientes neutropénicos sometidos a tratamiento quimioterápico. En estos casos puede desarrollarse tiflitis o enterocolitis neutropénica, una complicación potencialmente mortal.
En recién nacidos prematuros y pacientes con inmunodeficiencias graves, Pseudomonas aeruginosa puede producir infecciones generalizadas extremadamente agresivas debido a la inmadurez o alteración del sistema inmunitario.
Diversos factores predisponen al desarrollo de estas enfermedades. Entre ellos destacan la hospitalización prolongada, ingreso en unidades de cuidados intensivos, ventilación mecánica, sondas urinarias, catéteres venosos centrales, quemaduras extensas, neutropenia, diabetes mellitus, fibrosis quística, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, tratamiento inmunosupresor, trasplantes de órganos y edad avanzada.
El diagnóstico de las infecciones producidas por Pseudomonas aeruginosa se basa en el aislamiento microbiológico mediante cultivo de muestras clínicas adecuadas, identificación mediante pruebas bioquímicas o espectrometría MALDI-TOF y realización obligatoria de antibiograma debido a la elevada frecuencia de resistencia antimicrobiana.
El tratamiento depende de la localización de la infección, la gravedad clínica y el perfil de sensibilidad antibiótica. Entre los antibióticos habitualmente utilizados destacan piperacilina-tazobactam, ceftazidima, cefepima, ceftolozano-tazobactam, ceftazidima-avibactam, carbapenémicos activos frente a Pseudomonas, aztreonam, aminoglucósidos y fluoroquinolonas cuando existe sensibilidad demostrada.
La prevención constituye un aspecto fundamental debido a la elevada incidencia de infecciones nosocomiales. Las principales medidas incluyen una adecuada higiene de manos, esterilización del material sanitario, control de dispositivos invasivos, vigilancia microbiológica hospitalaria y uso racional de antibióticos para limitar la aparición de cepas multirresistentes.
Conclusión
En conclusión, Pseudomonas aeruginosa es responsable de una amplia variedad de enfermedades que afectan prácticamente a todos los órganos del organismo, especialmente en pacientes vulnerables. Sus principales manifestaciones incluyen neumonía, infecciones urinarias, infecciones cutáneas, otitis, queratitis, bacteriemia, sepsis, osteomielitis, endocarditis e infecciones relacionadas con dispositivos médicos. La combinación de múltiples factores de virulencia, capacidad para formar biopelículas y elevada resistencia antimicrobiana convierte a este microorganismo en uno de los mayores desafíos para la Medicina moderna, haciendo imprescindible un diagnóstico precoz, un tratamiento adecuado y la aplicación rigurosa de medidas preventivas.
Bibliografía
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