Índice
- 1 Resumen
- 2 Abstract
- 3 Introducción
- 4 Adaptaciones cardiovasculares al ejercicio
- 5 Ejercicio y factores de riesgo cardiovascular
- 6 Tipos de ejercicio más efectivos
- 7 Recomendaciones para la prescripción desde Atención Primaria
- 8 Ejercicio en la rehabilitación cardiovascular
- 9 Barreras y estrategias para fomentar el ejercicio
- 10 Conclusión
- 11 Bibliografía
Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 7–Julio 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 7: 669
Autor principal (primer firmante): Ángela Ruiz Molés
Fecha recepción: 22/06/2025
Fecha aceptación: 19/07/2025
Ref.: Ocronos. 2025;8(7): 669
Autores:
Ángela Ruiz Molés
Eduardo Blasco Lozano
Elisabet Lanau Torres
Mariela de Jesús Jiménez Giraldo
Mónica Alda Lamarca
Ana Luz Sierra Pérez
Palabras clave: Ejercicio físico, Salud cardiovascular, Actividad física, Prevención, Riesgo cardiovascular, Rehabilitación cardíaca.
Resumen
La actividad física regular se ha consolidado como una herramienta fundamental en la prevención, tratamiento y control de las enfermedades cardiovasculares. Numerosos estudios han demostrado que el ejercicio aeróbico y de resistencia mejora la función endotelial, disminuye la presión arterial, regula los lípidos plasmáticos y reduce la inflamación crónica. Este artículo explora los mecanismos fisiológicos mediante los cuales el ejercicio beneficia la salud del sistema cardiovascular, analiza los tipos de actividad más efectivos, su prescripción desde Atención Primaria y su papel clave en los programas de rehabilitación cardíaca.
Abstract
Regular physical activity has become a fundamental strategy in the prevention, treatment, and management of cardiovascular diseases. Aerobic and resistance exercises have shown to improve endothelial function, lower blood pressure, regulate plasma lipids, and reduce chronic inflammation. This article explores the physiological mechanisms through which exercise benefits cardiovascular health, discusses the most effective types of physical activity, their medical prescription, and the central role they play in cardiac rehabilitation programs.
Introducción
El corazón no es únicamente un músculo vital, sino también un reflejo de nuestro estilo de vida. Entre los múltiples factores que influyen en su funcionamiento, la actividad física ocupa un lugar destacado. Las evidencias científicas avalan desde hace décadas el poder preventivo y terapéutico del ejercicio en relación con las enfermedades cardiovasculares. Mientras el sedentarismo actúa como un potente factor de riesgo, moverse con regularidad puede marcar la diferencia entre la salud y la enfermedad. Desde caminar treinta minutos al día hasta participar en programas de entrenamiento estructurado, cada esfuerzo cuenta en la protección del sistema cardiovascular.
Adaptaciones cardiovasculares al ejercicio
El ejercicio físico genera múltiples adaptaciones fisiológicas que benefician la función cardiovascular. A nivel del sistema vascular, mejora la vasodilatación por aumento de la producción de óxido nítrico, un potente vasodilatador endógeno. También incrementa la elasticidad arterial, reduce la rigidez vascular y mejora la perfusión miocárdica.
En el corazón, el ejercicio aumenta la eficiencia del gasto cardíaco, disminuye la frecuencia cardíaca basal y favorece la hipertrofia cardíaca fisiológica (no patológica). Estas adaptaciones permiten que el corazón trabaje con menos esfuerzo en reposo y durante el esfuerzo, lo que reduce el riesgo de eventos como el infarto de miocardio o la insuficiencia cardíaca.
Ejercicio y factores de riesgo cardiovascular
La práctica regular de ejercicio físico tiene un impacto directo en la mayoría de los factores de riesgo cardiovascular modificables. Disminuye la presión arterial sistólica y diastólica, especialmente en pacientes con hipertensión leve o moderada. También mejora el perfil lipídico, aumentando el colesterol HDL (el llamado colesterol “bueno”) y reduciendo el colesterol LDL y los triglicéridos.
En pacientes con diabetes tipo 2 o resistencia a la insulina, el ejercicio contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina y a regular la glucemia. Además, el ejercicio tiene un efecto positivo sobre el peso y la composición corporales, reduciendo el porcentaje de grasa visceral, estrechamente vinculado con la inflamación crónica y el riesgo cardiovascular.
Tipos de ejercicio más efectivos
La actividad física más beneficiosa para la salud cardiovascular es la aeróbica moderada, como caminar, nadar, montar en bicicleta o bailar, realizada de forma regular (al menos 150 minutos semanales). El entrenamiento de resistencia o fuerza, por su parte, también ha demostrado beneficios complementarios al mejorar la masa muscular y el metabolismo basal.
Una combinación de ejercicio aeróbico y de fuerza se considera actualmente el enfoque óptimo. También se ha investigado el entrenamiento en intervalos de alta intensidad (HIIT), especialmente útil en rehabilitación cardíaca bajo supervisión médica, con resultados prometedores en la mejora de la capacidad funcional y la reducción de eventos adversos.
Recomendaciones para la prescripción desde Atención Primaria
El papel de los profesionales de Atención Primaria es fundamental en la promoción de la actividad física. Se recomienda realizar un cribado de la actividad física en todas las visitas de salud y prescribir ejercicio de forma individualizada según el estado de salud, nivel de condición física y preferencias del paciente.
El consejo debe incluir recomendaciones concretas sobre tipo, frecuencia, duración e intensidad del ejercicio. Por ejemplo, indicar “caminar 30 minutos cinco días a la semana a paso ligero” es más eficaz que simplemente sugerir “hacer ejercicio”. En pacientes con patología cardíaca establecida, la prescripción debe ir acompañada de una evaluación de riesgos previa y, si es posible, formar parte de un programa estructurado de rehabilitación cardíaca.
Ejercicio en la rehabilitación cardiovascular
La rehabilitación cardíaca es un componente esencial en la recuperación tras un evento cardiovascular como el infarto agudo de miocardio, la cirugía de revascularización o el implante de stent. Los programas incluyen entrenamiento físico supervisado, educación en salud, apoyo psicológico y control de factores de riesgo. Diversos estudios han demostrado que estos programas reducen la mortalidad, disminuyen las hospitalizaciones y mejoran la calidad de vida.
El ejercicio en este contexto se adapta a la capacidad funcional de cada paciente y se ajusta progresivamente. Además del beneficio físico, participar en estas actividades mejora el estado anímico, la adherencia a los tratamientos y la motivación para adoptar otros hábitos saludables como dejar de fumar o seguir una dieta adecuada.
Barreras y estrategias para fomentar el ejercicio
A pesar de los beneficios conocidos, muchas personas no alcanzan los niveles mínimos recomendados de actividad física. Entre las principales barreras se encuentran la falta de tiempo, la baja motivación, el desconocimiento de cómo empezar o la inseguridad física (dolores articulares, fatiga, miedo al esfuerzo). Desde los sistemas de salud es necesario generar entornos que faciliten la práctica de ejercicio: parques accesibles, circuitos urbanos, clases grupales y actividades comunitarias.
Además, la educación sanitaria y las campañas de concienciación son claves para romper el círculo del sedentarismo. Promover el movimiento desde la infancia, integrarlo en la rutina diaria y valorarlo como una herramienta terapéutica es una inversión en salud a largo plazo.
Conclusión
El ejercicio físico no es solo un hábito saludable, sino una poderosa herramienta de Medicina preventiva y terapéutica frente a las enfermedades cardiovasculares. Sus beneficios abarcan desde la reducción de los factores de riesgo hasta la mejora de la función cardíaca y la calidad de vida.
Incorporar la actividad física como parte esencial de la rutina diaria, tanto en personas sanas como en pacientes con enfermedades crónicas, debería ser una prioridad sanitaria. El papel de los profesionales de Atención Primaria, las instituciones educativas y las políticas públicas es fundamental para crear una sociedad activa, resiliente y con un corazón más fuerte.
Bibliografía
- Fundación Española del Corazón. Actividad física y corazón. Recomendaciones para una vida activa. 2021. Disponible en: https://fundaciondelcorazon.com/actividad-fisica.
- Ministerio de Sanidad. Recomendaciones de actividad física para la salud. Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención. 2022. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/ actividadfisica.
- Sociedad Española de Cardiología. Guía de práctica clínica sobre ejercicio y prevención cardiovascular. Rev Esp Cardiol. 2023;76(4):275–285. Disponible en: https:// secardiologia.es/guias/ejercicio.
- Servicio Andaluz de Salud. Guía de prescripción de ejercicio físico en Atención Primaria. 2021. Disponible en: https://www.sspa.juntadeandalucia.es/ejercicio-ap.
- Instituto de Salud Carlos III. Proyecto PASOS sobre niveles de actividad física en población española. 2020. Disponible en: https://www.isciii.es/pasos.
- Sociedad Española de Medicina del Deporte. Posicionamiento sobre ejercicio físico y salud cardiovascular. 2023. Disponible en: https://femede.es/posicionamientos.



