Ocronos – Editorial Científico-Técnica

Efectos secundarios a largo plazo de la enfermedad COVID-19

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 2–Febrero 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº2: 84

Autor principal (primer firmante): Lorena Álvarez Guerrero

Fecha recepción: 21 de Enero, 2021

Fecha aceptación: 16 de Febrero, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(2): 84

Primera autora: Lorena Álvarez Guerrero. Auxiliar Administrativo del Servicio de Salud del Principado de Asturias.

Segunda autora: Sandra Álvarez Guerrero. Enfermera del Servicio de Salud del Principado de Asturias.

Resumen

El COVID-19 es una enfermedad infecciosa, predominantemente respiratoria, producida por el virus SARS-CoV-2, cuya transmisión se produce por contacto con las secreciones respiratorias de una persona contagiada o enferma. Presenta un alto índice de contagio y se ha demostrado que, para prevenirlo, y evitar así su propagación, es necesario un aislamiento social. Tal y como ha alertado la Organización Mundial de la Salud, muchas de las personas que han padecido la enfermedad experimentan efectos secundarios a largo plazo, que pueden resultar graves en algunas ocasiones. Por ello, el objetivo del presente estudio es identificar los distintos signos y síntomas que produce el virus SARS-CoV-2 y analizar los efectos secundarios derivados de la enfermedad.

Para ello, se ha realizado una revisión bibliográfica de publicaciones registradas en distintas bases de datos (Google Académico, PubMed), libros y revistas, seleccionando artículos científicos relacionados con la COVID-19, publicados en inglés y español, para el periodo 2019-2020.

Entre los signos y síntomas más comunes de la enfermedad COVID-19, cabe mencionar la fatiga, la falta de aire al respirar, la tos, el dolor en las articulaciones y el dolor en el pecho. Otros signos y síntomas que pueden ocurrir a largo plazo son: dolores musculares o dolor de cabeza, palpitaciones, pérdida del olfato y/o del gusto, problemas de memoria y de concentración, dificultad para dormir, erupciones cutáneas y pérdida del cabello. Aunque la COVID-19 se considera una enfermedad que primariamente afecta los pulmones, también puede dañar a muchos otros órganos.

Los que más frecuentemente se ven afectados, además de los pulmones, son el corazón y el cerebro. Asimismo, también pueden producirse problemas en los vasos sanguíneos, y problemas de estado de ánimo y de fatiga. En la mayoría de los casos, los signos y síntomas desarrollados por la enfermedad son leves; no obstante, existen otros casos en los que el virus provoca graves secuelas que, a menudo, precisan de asistencia médica continuada por parte de las personas que lo padecen.

Por todo ello, resulta imprescindible adoptar todas las medidas exigidas (uso de mascarilla, distancia interpersonal mínima de dos metros, higiene de manos), con el fin de evitar todos los efectos secundarios que puede generar la aparición del virus en las personas.

Palabras clave: virus, COVID-19, efectos secundarios, problemas de salud.

Introducción

El SARS-CoV-2 es un nuevo tipo de coronavirus que se detectó en diciembre de 2019 en Wuhan, una ciudad de la provincia de Hubei en la República Popular China. Este virus produce una enfermedad infecciosa denominada COVID-19 (acrónimo de «coronavirus disease 2019»).

El 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la COVID-19 como pandemia. Además de su elevada morbilidad y mortalidad, las repercusiones económicas están siendo enormemente graves. El Gobierno de España aprobó un Real Decreto (RD 463/2020, de 14 de marzo) por el que se declaraba el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19, cuyo objetivo era proteger la salud de la ciudadanía, contener la progresión de la enfermedad y reforzar el sistema de salud pública.

Según los conocimientos disponibles hasta el momento, la transmisión se produce por contacto con las secreciones respiratorias de una persona contagiada o enferma, y se considera poco probable la transmisión por el aire a distancias mayores de 2 metros. Su contagiosidad es alta y depende de la cantidad del virus en las vías respiratorias del transmisor.

Si bien la mayoría de los casos son leves, en otros la enfermedad puede resultar grave y cursar con dificultad respiratoria, neumonía, fracaso renal y otras complicaciones que pueden suponer, incluso, la muerte. Esto sucede, en la mayoría de las ocasiones, en personas que presentan factores de riesgo como diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades pulmonares crónicas, cáncer, inmunodeficiencias o embarazo.

Los síntomas de COVID-19, a veces, pueden persistir durante meses. El virus puede dañar órganos como los pulmones, el corazón y el cerebro, lo que aumenta el riesgo de problemas de salud a largo plazo. Aquellos que tienen mayor probabilidad de presentar síntomas persistentes de la COVID-19 son los adultos mayores y las personas con muchas afecciones graves, pero incluso las personas jóvenes y sanas pueden sentir malestar durante semanas a meses después de la infección.

La mayor parte de las personas que padecen la enfermedad, se recupera completamente en unas semanas. Pero algunos, aun aquellos que han tenido una enfermedad leve, continúan presentando síntomas después de su recuperación inicial. En ocasiones, estas personas se autodescriben como «enfermos a largo plazo», enfermedad que se conoce como “síndrome post- COVID-19” o «COVID-19 larga».

Objetivos

Metodología

Revisión bibliográfica de publicaciones registradas en distintas bases de datos (Google Académico, PubMed), libros y revistas electrónicas, seleccionando aquellos artículos científicos procedentes de publicaciones académicas revisadas. Se incluyeron todos aquellos estudios relacionados con la COVID-19, publicados en inglés y español, para el periodo 2019-2020.

Resultados

El director general de la OMS ha alertado de que muchos pacientes con COVID-19, hayan o no estado hospitalizados, pueden experimentar efectos secundarios graves a largo plazo derivados de esta enfermedad.

Entre los síntomas y secuelas que se producen a largo plazo, cabe mencionar: dificultad para pensar y concentrarse, depresión, dolores musculares y de cabeza, fiebre intermitente, palpitaciones y aceleramiento del ritmo cardiaco. De acuerdo a las investigaciones realizadas por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, la COVID-19 puede provocar, además, consecuencias más graves, como son: la inflamación del músculo cardiaco, anomalías en la función pulmonar, lesión renal aguda, erupciones cutáneas, caída del cabello, problemas persistentes de olfato y gusto, dificultad para conciliar el sueño, ansiedad y cambios de humor.

No obstante, a la hora de señalar con precisión cuáles serán las secuelas que puede producir el virus a largo plazo, los expertos coinciden en que es demasiado pronto para conocerlo con certeza, debido a la novedad del virus. Así, su preocupación se focaliza en la posibilidad de que la pandemia incremente significativamente el número de personas que luchan contra enfermedades y discapacidades duraderas. De todas formas, las investigaciones basadas en los anteriores coronavirus sugieren que el virus puede dañar múltiples órganos y causar síntomas sorprendentes.

Así, las personas que han cursado la infección de forma grave pueden experimentar daños a largo plazo no solo en los pulmones, sino también en el corazón, el sistema inmunológico o el cerebro. La evidencia científica reportada por los brotes de anteriores coronavirus, especialmente de la epidemia del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), sugiere que estos efectos pueden durar años. Incluso, las personas que han cursado la COVID-19 de forma leve o asintomática, pueden experimentar efectos y secuelas a largo plazo, como malestar persistente similar al síndrome de fatiga crónica.

La mayor parte de los estudios que están en marcha centran la atención en los pulmones, puesto que se trata de una enfermedad respiratoria. Pero, a menudo, no son los órganos más afectados, ya que las células de muchos órganos del cuerpo albergan el receptor ACE2, principal objetivo del virus, y la infección puede dañar el sistema inmunológico e invadir todo el cuerpo. Además, el virus también puede hiperactivar partes del sistema inmunológico y provocar una inflamación generalizada, con los consecuentes daños en diferentes órganos, como el corazón.

Los signos y síntomas más comunes que persisten con el tiempo incluyen:

Otros signos y síntomas a largo plazo pueden incluir:

Como ya se ha mencionado anteriormente, aunque la COVID-19 se considera una enfermedad que primariamente afecta los pulmones, también puede dañar a muchos otros órganos, lo que aumenta el riesgo de problemas de salud a largo plazo. Los órganos que más frecuentemente se ven afectados por la COVID-19 son:

Además de todos los efectos secundarios descritos, merecen una especial atención los problemas en los vasos sanguíneos y los problemas en el estado de ánimo, que se explican a continuación:

La COVID-19 puede incrementar la posibilidad de que las células sanguíneas se aglomeren y formen coágulos. Mientras que los coágulos grandes pueden causar ataques al corazón y accidentes cardiovasculares, se piensa que mucho del daño al corazón causado por la COVID-19 viene de coágulos muy pequeños que bloquean los diminutos vasos sanguíneos (capilares) presentes en el músculo del corazón.

Otras partes del cuerpo que pueden verse afectadas por los coágulos sanguíneos son los pulmones, las extremidades inferiores, el hígado y los riñones. Además, la COVID-19 también puede debilitar los vasos sanguíneos, lo que contribuye a la aparición de otros problemas posiblemente duraderos en órganos como el hígado y los riñones.

Las personas con síntomas graves de la COVID-19 con frecuencia necesitan hospitalización y tratamiento en unidades de cuidados intensivos, precisando de asistencia mecánica (como la de un respirador). Simplemente con sobrevivir a esta experiencia puede hacer que, más tarde, la persona tenga más posibilidades de desarrollar síndrome de estrés postraumático, depresión, y ansiedad.

Como es difícil predecir resultados a largo plazo respecto al nuevo virus que causa la COVID-19, los científicos están estudiando y comparando los efectos que se han visto a largo plazo con virus relacionados, como el que causa el síndrome respiratorio agudo grave (SARS). Así, muchas personas que se han recuperado del SARS han desarrollado el síndrome de fatiga crónica, un trastorno complejo caracterizado por fatiga extrema que empeora con la actividad física o mental, pero no mejora con el descanso. De este modo, lo mismo puede darse entre las personas que han tenido la COVID-19.

A pesar de todo lo descrito anteriormente, todavía no se sabe mucho sobre cómo la COVID-19 puede afectar a las personas que lo han padecido con el tiempo. No obstante, los investigadores recomiendan que los médicos vigilen de forma estrecha a las personas que han tenido la COVID-19, con el fin de observar la evolución de sus órganos después de la recuperación.

Actualmente, grandes centros médicos están inaugurando clínicas especializadas para brindar atención médica a las personas que se han recuperado de la COVID-19, pero que presentan síntomas persistentes o enfermedades relacionadas.

De todas formas, es importante recordar que la mayoría de las personas que padecen la COVID-19 se recuperan rápidamente. Aun así, los posibles problemas duraderos de la COVID-19 hacen que sea aún más importante reducir la trasmisión de la enfermedad, para lo que deben tomarse las precauciones exigidas, como el uso de mascarillas, el lavado de manos y la evasión de multitudes.

Por todo ello, se puede afirmar que este virus plantea un riesgo importante para la salud, y la mayoría de las personas que lo padecen precisan de una atención médica a largo plazo para recuperarse completamente de la enfermedad. Esto evidencia que la inmunidad de grupo no es eficaz y, por consiguiente, puede provocar el enfrentamiento a una larga recuperación de un número muy importante de personas.

Conclusiones

El COVID-19 es una enfermedad infecciosa, predominantemente respiratoria, que puede tener múltiples efectos secundarios a largo plazo. Además, en muchas ocasiones, las complicaciones que produce la enfermedad no son solo pulmonares, sino que diferentes órganos, como son el corazón y el cerebro, pueden verse afectados.

En la mayoría de los casos, los signos y síntomas desarrollados por la enfermedad son leves; no obstante, existen otros casos en los que el virus provoca secuelas graves en las personas que lo han padecido, precisando estas de asistencia médica continuada.

Por ello, es importante señalar que para evitar el virus y, por consiguiente, sus posibles efectos secundarios a largo plazo, se deben reducir las relaciones sociales, mantener un distancia de seguridad mínima de dos metros entre personas, usar de forma constante mascarilla homologada, y realizar una buena higiene de manos.

Bibliografía

  1. ConSalud.es. Síntomas persistentes y secuelas: la gran e incierta preocupación sobre los efectos de la COVID-19.
  2. Ministerio de Sanidad del Gobierno de España. Especial coronavirus COVID’19.
  3. Organización Mundial de La Salud. Nuevo Coronavirus 2019.
  4. MayoClinic. COVID’19 Coronavirus. Efectos a largo plazo.
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