La tuberculosis, cuidados de Enfermería

https://doi.org/10.58842/WILP4157

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 7–Julio 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº7: 183

Autor principal (primer firmante): Andrea Serrano Muñoz

Fecha recepción: 22 de junio, 2023

Fecha aceptación: 18 de julio, 2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(7) 183

Autores:

  1. Andrea Serrano Muñoz. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza.
  2. Elvira Llombart Centelles. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza
  3. Silvia Trueba Santiago. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza
  4. Elisa Giménez Gil. Graduada en Enfermería por la Universidad de La Rioja
  5. Elena Pilar Millán Paricio. Graduada en Enfermería por la Universidad San Jorge de Zaragoza
  6. Javier Usón Magaña. Graduado en Enfermería por la Universidad San Jorge de Zaragoza

Resumen

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa de declaración obligatoria producida por Mycobacterium tuberculosis cuya transmisión es aérea.

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La prevención, diagnóstico y tratamiento son las herramientas necesarias para disminuir su incidencia, ya que diagnosticar a tiempo, es convertir los casos infecciosos en no infecciosos.

En la mayor parte de los casos la primoinfección de la Tuberculosis es asintomática, si presenta síntomas suele cursar con síndrome febril, afectación pulmonar y pérdida de peso. Principalmente afecta a los pulmones, aunque también puede haber afectación extrapulmonar con diferentes manifestaciones clínicas.

Actualmente, los fármacos de primera línea son: rifampicina, pirazinamida, etambutol e isoniazida.

El personal de Enfermería es el responsable de aplicar estrategias de prevención, como la educación para la salud y la vacunación; promoviendo así la salud y limitar el impacto de la tuberculosis en la población.

Palabras clave: “tuberculosis”, “cuidados”, “Enfermería”, “infección».

Introducción

La tuberculosis (TBC) es una enfermedad infecciosa producida por el agente bacteriano Mycobacterium tuberculosis.

Su presentación más común es la enfermedad pulmonar, ya que principalmente afecta a los pulmones. La transmisión se realiza a través del aire, una persona se contagia al inhalar los bacilos que un enfermo de tuberculosis ha expulsado al toser.

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Según los cálculos, una cuarta parte de la población ha sido contagiada de tuberculosis, pero no han desarrollado la enfermedad y por lo tanto tampoco pueden transmitirla aún.

Es una enfermedad curable y prevenible, en los últimos años se ha hecho un esfuerzo a nivel mundial para poner fin a esta enfermedad, además, es uno de los objetivos de desarrollo sostenible (1).

La prevención, diagnóstico y tratamiento son las herramientas necesarias para disminuir su incidencia. Diagnosticar a tiempo, es convertir los casos infecciosos en no infecciosos, rompiendo así la cadena de transmisión. Por ello, la tuberculosis es una enfermedad de declaración obligatoria (EDO) en España (2).

La tuberculosis no solo requiere atención clínica y farmacológica, necesita un enfoque integrado, social y cultural, ya que es una compleja situación en la que la desigualdad social cobra importancia (3).

En este artículo se pretende dar una explicación generalizada de una enfermedad que a día de hoy es uno de los mayores problemas de salud pública y por lo tanto un problema prioritario para la OMS.

Etiopatogenia

El mycobacterium tuberculosis fue descubierto en 1882 por Robert Koch, son bacterias ácido-alcohol resistentes (BAAR) que no se pueden teñir con Gram (4).

La tuberculosis se transmite por el aire, mediante las partículas aerosolizadas dispersadas a través de las espiraciones (tos, habla…) de personas contagiadas. Al toser se generan aerosoles de pequeñas partículas líquidas (gotas de Flügge), en cuyo interior se encierran uno o dos bacilos y al evaporarse puede ser aspirado por otras personas (5).

La mayoría de las personas contagiadas son asintomáticas y se recuperan sin inconveniente; la enfermedad, también puede permanecer latente durante años y reactivarse en un futuro (6).

En menor medida la transmisión se origina debido al contacto con heridas. Por otro lado, la transmisión a través de ingestión de productos lácteos contaminados con M. bovis se ha eliminado, gracias a la pasteurización, en los países desarrollados (5); no así en países subdesarrollados o en vías de desarrollo, donde la TBC bovina es endémica (América Latina, África…) (6).

Clínica

En la mayor parte de los casos la primoinfección de la tuberculosis es asintomática. En caso de presentar síntomas, suele cursar con síndrome febril, afectación pulmonar y pérdida de peso (7).

Por un lado, si hablamos de tuberculosis intrapulmonar, se presenta como una neumonía tuberculosa, siendo los principales síntomas: tos productiva con esputo de coloración verdosa acompañada o no de sangre, dolor torácico en puntos intercostales que empeora con la inspiración profunda, astenia, pérdida de peso y otros síntomas generales como cefalea, mialgias o febrícula (7).

Por otro lado, el otro 25% corresponde a la afectación de otras zonas por la diseminación del bacilo. Dependiendo de la zona afectada, las manifestaciones clínicas variarán.

La tuberculosis miliar se produce por una amplia diseminación de la enfermedad que afecta normalmente a hígado, bazo, ganglios, médula ósea y suprarrenales. Pudiendo variar los síntomas desde malestar general, hasta shock séptico o fallo multiorgánico.

Entre un 30-40% de las tuberculosis extrapulmonares se produce a nivel ganglionar, presentándose como una masa rígida e indolora a nivel laterocervical y supracervical, sin otros síntomas sistémicos; que puede derivar en necrosis o formación de úlceras y fistulización).

El 11% de las tuberculosis extrapulmonares afectan a nivel osteoarticular, suele comenzar en los cuerpos vertebrales y extenderse a los discos y cuerpos adyacentes, para posteriormente afectar tejidos blandos provocando abscesos paravertebrales, que pueden originar compresión medular. El síntoma más característico es el dolor, o en el caso de que se produzca en otras articulaciones, impotencia funcional y destrucción de la articulación con deformidad.

En un porcentaje menor de pacientes, puede presentarse a nivel intestinal síntomas inespecíficos como: dolor abdominal, anorexia, sudoración, diarrea, fiebre, ascitis. En el sistema nervioso central (SNC): cefalea, astenia, malestar, somnolencia, confusión, coma y muerte. También podemos encontrar: disfonía, estridor, tos y hemoptisis (8).

Tratamiento

Actualmente, los fármacos de primera línea son: rifampicina (R), pirazinamida (Z), etambutol (E) e isoniazida (H) (13). La pauta estándar se divide en dos fases: la primera dura 2 meses, y se administran R, Z, E y H.

La segunda es de mantenimiento, con una duración de 4 meses, durante la que se administran R y H. Existen situaciones clínicas especiales, como hepatopatías o insuficiencia renal, que requieren una modificación de la pauta farmacológica (9).

En casos de meningitis tuberculosa, trastornos en la ventilación por compresión bronquial, pleuritis, pericarditis o en casos en los que la tuberculosis se asocia con un compromiso respiratorio o abdominal se añadirán corticoides (10).

Respecto a las reacciones adversas la más frecuente es la intolerancia digestiva. También es frecuente que aparezca hepatotoxicidad, acné, exantema, urticaria, o fiebre persistente.

El tratamiento con isoniazida puede producir neuropatía periférica, por lo que administraremos piridoxina de forma profiláctica en pacientes alcohólicos, embarazadas, desnutridos, diabéticos, VIH + o con insuficiencia renal (9).

Es importante destacar que a todo tratamiento farmacológico debe asociarse el aislamiento respiratorio, puesto que se trata de una enfermedad contagiosa (11).

Existen dos situaciones que precisan tratamiento, aunque la persona no presente infección o infección y clínica de TBC.

El primer caso se da cuando el individuo no está infectado, pero si expuesto de forma estrecha o contínua. Se administrará el tratamiento de la infección probable (TIP) indicado en personas con prueba cutánea de PPD de cualquier edad y obligado en niños.

El tratamiento de la infección probable consiste en isoniazida en dosis única en ayunas, hasta 2-3 meses tras cesar el contacto con el enfermo o hasta que deje de ser contagioso.

Se repite el PPD en ese momento, suspendiendo el tratamiento si: el resultado es negativo, es un niño de más de seis meses o la segunda prueba se ha efectuado al menos diez semanas después de la primera.

En el segundo caso, el sujeto está infectado, pero no presenta la enfermedad. Se administra tratamiento de la infección tuberculosa latente (TIL), cuya eficacia preventiva es superior al 90% en los siguientes casos: PPD positiva tras descartar enfermedad o cuando existen factores de riesgo, como, por ejemplo, la infección por VIH.

Consiste en administrar isoniazida una vez al día, con una duración óptima de nueve meses, excepto en infectados por VIH, cuya duración será hasta de 12 meses.

El tratamiento de la infección tuberculosa latente L no está indicado en individuos PPD+ ya tratados con tuberculostáticos, aun de forma incorrecta o incompleta, sea por infección o por enfermedad TBC (12).

Cuidados de Enfermería

El personal de Enfermería es el responsable de aplicar estrategias de prevención, como la educación para la salud y la vacunación; promoviendo así la salud y limitar el impacto de la tuberculosis (TBC) en la población.

La educación para la salud tiene como objetivo fomentar el autocuidado de la población ante la TBC:

  • Informar a la población sobre la existencia, prevención, riesgo de contagio, diagnóstico y tratamiento de la tuberculosis.

    Sensibilizar a la población sobre la importancia de la aplicación de vacuna TBC (BCG).

  • Orientar sobre el desarrollo de actividades de saneamiento básico a nivel familiar, a fin de mejorar las condiciones sanitarias de la vivienda y promover el desarrollo de hábitos nutricionales saludables, de acuerdo con las posibilidades y características de cada región.

  • Prevenir a la población sobre riesgos ambientales en el trabajo, como polvos, fibras, humos o trabajar en contacto con animales bovinos enfermos, etc. que pueden asociarse con el contagio de tratamiento de la infección probable pulmonar.

  • Manual de Procedimientos en Tuberculosis para Personal de Enfermería.

  • Promover la demanda de atención en los servicios de salud, ante la aparición de signos y síntomas que incluyen tos y flemas por más de dos semanas.

Asegurar que el paciente comprenda la importancia de la adherencia al tratamiento hasta completarlo según la prescripción médica, a fin de disminuir el riesgo de abandono y la aparición de farmacorresistencia (3).

El tratamiento de la TBC es prolongado, lo que favorece que determinados individuos lo abandonen.

Esto tiene consecuencias graves “como son el deterioro físico de la salud del paciente, la posibilidad de estimular los mecanismos de resistencia bacteriana, la reducción de las tasas de curación y la continuación de la propagación de la infección” (13).

Por ello es un objetivo fundamental de Enfermería el control de cumplimiento del tratamiento; para facilitar la adherencia al tratamiento y detectar precozmente efectos secundarios.

Los factores asociados al abandono terapéutico más frecuentes en nuestro país son el “aislamiento social y la inmigración, destacando los casos de alcoholismo, indigencia y toxicomanía” (13); por lo que se tendrá en cuenta para instaurar un tratamiento supervisado.

La instauración del tratamiento para la infección y para la enfermedad debe llevar asociada la pertinente valoración de la adherencia potencial del paciente al mismo y la puesta en marcha de medidas de acompañamiento y seguimiento cuando sea necesario.

Para facilitar la adherencia en cualquiera de las formas se sugiere:

  • Lugares y horarios flexibles para recibir el tratamiento.
  • Personal entrenado.
  • Envío de mensajes al teléfono móvil, llamadas telefónicas.
  • Intervenciones educativas.
  • Acompañamiento a las citas clínicas si fuera necesario
  • Medidas para eliminar la barrera del idioma o cultural: mediadores sociales, socioculturales, trabajadores sociales, etc.
  • Facilitar la medicación gratuita de la enfermedad y profilaxis en sus contactos (11).

Una buena educación para la salud al paciente desde el inicio del tratamiento y en cada revisión, sobre la importancia de seguir el tratamiento y los posibles efectos secundarios que este conlleva evitará abandonos del tratamiento.

La rifampicina es uno de los medicamentos utilizados contra la tuberculosis; si utilizan este fármaco se debe advertir al paciente que puede que su orina, lágrimas y otras secreciones se tornen color naranja cuando lo están tomando (14).

Un efecto adverso común a todos los fármacos antituberculosos son las molestias digestivas; esto se puede corregir administrando la medicación 2 horas después de las comidas y en general con un tratamiento sintomático (antieméticos, ranitidina, famotidina y omeprazol) (15).

Conclusiones

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa de declaración obligatoria producida por el agente bacteriano Mycobacterium tuberculosis cuya presentación más común es la enfermedad pulmonar.

La transmisión se realiza a través del aire (gotas Flügge); su prevención, diagnóstico y tratamiento son las herramientas necesarias para disminuir su incidencia. Actualmente, los fármacos de primera línea son: rifampicina, pirazinamida, etambutol e isoniazida.

La tuberculosis no solo requiere atención clínica y farmacológica, necesita un enfoque integrado, social y cultural; a día de hoy es uno de los mayores problemas de salud pública y por lo tanto un problema prioritario para la OMS.

En la mayor parte de los casos la primoinfección de la Tuberculosis es asintomática, si presenta síntomas suele cursar con síndrome febril, afectación pulmonar y pérdida de peso. Principalmente afecta a los pulmones, aunque también puede haber afectación extrapulmonar con diferentes manifestaciones clínicas.

Los cuidados de Enfermería se centran en aplicar estrategias de prevención, como la educación para la salud y la vacunación; promoviendo así la salud y limitar el impacto de la tuberculosis en la población; así como encargarse en favorecer la adherencia al tratamiento.

Bibliografía

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