Infecciones urinarias recurrentes asociadas a divertículo uretral

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 5–Mayo 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 5: 689

Autor principal (primer firmante): Diana Laura Padilla Osornio

Fecha recepción: 02/05/2026

Fecha aceptación: 29/05/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(5): 689

https://doi.org/10.58842/LDQC2740

Padilla Osornio Diana Laura1, Morales Flores Adán3, Martínez Cabrales Filiberto2, Rivas Penilla Luisa Fernanda2, Durán Moreno Karla1, Rivera Beltrán Mitzi1.

  1. Médico Residente de la Subespecialidad de Urología Ginecológica. Hospital Regional Materno Infantil de Alta Especialidad.
  2. Médico adscrito de la Unidad de Urología Ginecológica. Hospital Regional Materno Infantil de Alta Especialidad.
  3. Médico Residente de Ginecología y Obstetricia

Dra Diana Padilla: ORCID: 0009-0002-3676-0469

Dra. Mitzi Rivera: ORCID: 0009-0003-0218-5926

Resumen

El divertículo uretral (DU) es una protrusión epitelizada de la uretra hacia el tejido periuretral que comunica con la luz. Su prevalencia se estima entre 0,6 y 5% en mujeres adultas, siendo más frecuente entre la tercera y sexta década de la vida. La presentación clínica es heterogénea y a menudo inespecífica, con síntomas urinarios irritativos como disuria, frecuencia, goteo posmiccional, dispareunia y episodios recurrentes de infecciones del tracto urinario, lo que retrasa el diagnóstico. La tríada clásica de disuria, dispareunia y goteo posmiccional se observa en pocos casos, por lo que se requiere alta sospecha clínica.

Se reporta el caso de una mujer de 22 años con masa uretral recurrente y antecedentes de múltiples infecciones urinarias no resueltas con antibióticos ni punciones aspirativas. La ultrasonografía pélvica y transvaginal mostró lesión quística anecoica, de 3 × 2 cm, adyacente a la uretra distal, con expresión de líquido durante digitopresión, sugiriendo comunicación con la luz uretral. Debido a la recurrencia y la sintomatología persistente, se realizó diverticulectomía uretral transvaginal completa. La paciente evolucionó sin complicaciones postoperatorias y, a los seis meses, permanecía asintomática, sin recurrencia ni dispareunia.

La diverticulectomía transvaginal sigue siendo el tratamiento definitivo, con tasas de éxito de hasta 90%, aunque con riesgo de recurrencia de 10–20% y posibilidad de incontinencia urinaria de novo. Este caso enfatiza la importancia de considerar DU en mujeres con síntomas urinarios persistentes o masas vaginales anteriores, utilizando evaluación clínica e imagenología adecuada para optimizar resultados funcionales y evitar tratamientos empíricos ineficaces.

Abstract

Urethral diverticulum (UD) is an epithelialized outpouching of the urethra into the periurethral tissue that communicates with the urethral lumen. Its prevalence is estimated between 0.6% and 5% in adult women, most commonly occurring between the third and sixth decades of life. Clinical presentation is heterogeneous and often nonspecific, including irritative urinary symptoms such as dysuria, frequency, post-void dribbling, dyspareunia, and recurrent urinary tract infections, which can delay diagnosis. The classic triad of dysuria, dyspareunia, and post-void dribbling is observed in only a minority of cases, highlighting the need for high clinical suspicion.

We report the case of a 22-year-old woman with a recurrent urethral mass and a history of multiple urinary tract infections unresponsive to antibiotics and aspiration attempts. Pelvic and transvaginal ultrasonography revealed a well-defined, anechoic cystic lesion measuring 3 × 2 cm adjacent to the distal urethra, with fluid expression on palpation, suggesting communication with the urethral lumen. Due to lesion recurrence and persistent symptoms, the patient underwent complete transvaginal urethral diverticulectomy. Postoperatively, she had an uneventful recovery and, at six months follow-up, remained asymptomatic, with no recurrence or dyspareunia.

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Transvaginal diverticulectomy remains the definitive treatment, with reported success rates up to 90%, though recurrence occurs in 10–20% of cases, and de novo urinary incontinence may develop. This case underscores the importance of considering UD in women with persistent urinary symptoms or anterior vaginal masses and demonstrates that careful clinical evaluation combined with appropriate imaging is essential to optimize functional outcomes and avoid ineffective empirical treatments.

Introducción

El divertículo uretral (DU) es una protrusión epitelizada de la uretra hacia el tejido periuretral que comunica con la luz. Su prevalencia se estima entre 0,6% y 5% en mujeres adultas, siendo más frecuente entre la tercera y sexta década de vida. 1,2 La presentación clínica es heterogénea y suele imitar otras patologías del tracto urinario inferior, lo que contribuye a diagnósticos tardíos. La tríada clásica de disuria, dispareunia y goteo posmiccional se observa en un porcentaje reducido de casos, por lo que el DU requiere alta sospecha diagnóstica para su identificación. 3

A pesar de la disponibilidad de múltiples modalidades de imagen como cistouretrografía miccional, ultrasonografía y resonancia magnética (RM), no existe consenso sobre un estándar de oro diagnóstico. La RM ha demostrado ser especialmente útil para caracterizar la anatomía del divertículo y planificar el manejo quirúrgico definitivo. 4,5

El presente caso clínico destaca un ejemplo atípico de un DU en una paciente joven, con recurrente sintomatología urinaria e historia prolongada de infecciones confirmadas por urocultivo, cuya evaluación detallada permitió el diagnóstico y abordaje terapéutico exitoso.

Caso clínico

Paciente femenina de 22 años. Antecedentes heredofamiliares y personales negados.

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Antecedentes ginecoobstétricos: menarquia a los 12 años; ritmo regular de 30 x 6 días, nulípara, niega método de planificación familiar. Paciente es referida a nuestro servicio por antecedentes de infecciones urinarias recurrentes. Al interrogatorio directo refiere inició de padecimiento dos años previos a su valoración actual, caracterizado por la aparición de una tumoración en región suburetral. Durante ese periodo recibió múltiples esquemas antibióticos y tratado en varias ocasiones con punción-aspiración de la lesión, sin lograr resolución definitiva en conjunto de aproximadamente ocho episodios referidos de infección urinaria multitratados sin mejorar sintomatología.

Al año refiere recurrencia progresiva de la masa, asociada a sintomatología urinaria baja consistente en disuria, goteo posmiccional y dispareunia, lo que motivó su referencia para evaluación especializada.

A la exploración ginecológica se identificó una masa de aproximadamente 2 × 2 cm, localizada en la porción distal de la cara inferior de la uretra. Lesión de consistencia blanda, dolorosa a la palpación y movilización, sin datos clínicos de inflamación aguda (Sin eritema ni aumento de temperatura local). A la digitopresión se evidenció salida de secreción blanquecino-amarillenta, no fétida, a través del meato uretral. (Figura 1, al final del artículo)

Como parte del abordaje diagnóstico se realizó ultrasonido pélvico y transvaginal, que evidenció una lesión quística bien delimitada, anecoica, de aproximadamente 3 × 2 cm, ubicada en la pared anterior de la vagina, adyacente a la uretra distal. La lesión presenta pared fina y contenido líquido homogéneo, sin signos de vascularización interna en modo Doppler (Figura 2, al final del artículo). La evaluación dinámica mediante digitopresión mostró la expresión de líquido claro desde la zona de contacto con la uretra, lo que sugiere una posible comunicación con la luz uretral. No se observaron masas sólidas, septos complejos ni signos de inflamación aguda alrededor de la lesión. Se complementó el estudio con resonancia magnética pélvica, la cual confirmó la presencia de un divertículo uretral, observándose una lesión quística bien delimitada, hiperintensa en T2, sin componentes sólidos ni datos de malignidad, que comunica con la uretra distal, definiendo con precisión su localización y extensión.

Dada la recurrencia de la lesión, la persistencia de la sintomatología y los hallazgos imagenológicos, se decidió manejo quirúrgico mediante diverticulectomía uretral transvaginal completa. (Figura 3, al final del artículo) Posterior al procedimiento se realizó cistouretroscopía para descartar compromiso intraluminal.

Durante la evaluación endoscópica, la uretra se observó permeable, con mucosa de aspecto conservado, sin lesiones exofíticas, áreas de inflamación, estenosis ni defectos mucosos intraluminales evidentes. La vejiga presentó mucosa íntegra, sin lesiones papilares ni alteraciones estructurales. Los meatos ureterales se observaron ortotópicos, con emisión bilateral de jets urinarios.

La paciente evolucionó satisfactoriamente en el postoperatorio inmediato, sin complicaciones transoperatorias ni evidencia de lesión uretral residual, se da de alta con antibiótico, analgésico y sonda Foley. En el seguimiento inicial una semana después no se presentan complicaciones y se realiza retiro de sonda Foley. (Figura 4)

A los seis meses del procedimiento, paciente presenta una evolución satisfactoria, sin recurrencia del divertículo, niega síntomas urinarios y/o dispareunia, reflejando un resultado postquirúrgico exitoso.

Discusión

La formación del divertículo uretral femenino se relaciona principalmente con la obstrucción crónica de los conductos de las glándulas periuretrales, que son estructuras tubuloalveolares situadas en la submucosa de la uretra. 6 La obstrucción de estos ductos puede dar lugar a retención de secreciones, inflamación repetida y formación de abscesos. Cuando estos abscesos se comunican con la luz uretral, se forma una cavidad epitelizada que puede expandirse con el tiempo. Este mecanismo explica la localización frecuente de los divertículos en el tercio distal y medio de la uretra y su asociación con secreciones persistentes y estasis urinaria. 6,7

También se ha propuesto que traumatismos vaginales durante el parto, instrumentación uretral previa o procedimientos periuretrales (incluidas inyecciones de agentes de relleno para incontinencia) pueden contribuir al desarrollo o agravamiento de divertículos por alteración de la arquitectura de la fascia periuretral y daño glandular. 7–9

El espectro clínico del DU es amplio, lo que dificulta su diagnóstico. La tríada clásica descrita históricamente no es un hallazgo común en la práctica contemporánea, y los síntomas más frecuentes suelen ser irritativos (urgencia, frecuencia, disuria), infecciones urinarias recurrentes y dolor pélvico. 10–12 En muchos casos, la masa suburetral detectable en el examen físico puede pasar desapercibida si no se realiza una evaluación genital completa, especialmente en pacientes jóvenes o nulíparas con baja sospecha clínica inicial. 10,11

No existe una modalidad de imagen universalmente aceptada como estándar de oro para evaluar el DU. La cistouretrografía miccional ha sido tradicionalmente utilizada para evaluar la anatomía del divertículo uretral, ya que permite visualizar su localización y posibles comunicaciones con la luz uretral. Su disponibilidad y familiaridad entre los radiólogos la hacen accesible en muchos centros clínicos. Sin embargo, su rendimiento diagnóstico es variable, con sensibilidades reportadas que oscilan entre el 40 al 90%, lo que limita su confiabilidad como prueba única. Una de las principales limitaciones es que requiere que la paciente orine durante el estudio, lo que puede ser incómodo o difícil, especialmente en presencia de dolor, retención urinaria, traumatismos previos por catéter o disfunción del detrusor. Además, factores como la ansiedad o la dificultad al miccionar frente a personal sanitario pueden afectar la calidad de las imágenes. Por estas razones, una cistouretrografía miccional negativa no descarta la presencia de un divertículo uretral. 3,13

La ecografía transvaginal o translabial es una herramienta accesible y no invasiva, útil como examen inicial, pero su precisión depende de la experiencia del operador y puede subestimar lesiones profundas o complejas. 14,15

Por su parte, la RM multiplanar de alta resolución proporciona una caracterización tridimensional detallada de la anatomía diverticular, su relación con el esfínter uretral y la vejiga y permite identificar configuraciones complejas como divertículos multiloculados o en herradura. 16–18 Esto convierte a la RM en una herramienta valiosa para la planificación quirúrgica y la predicción de posibles complicaciones quirúrgicas, como injuria esfinteriana.

La diverticulectomía transvaginal completa es el tratamiento definitivo para pacientes que presentan síntomas significativos o complicaciones, como infecciones recurrentes o dolor persistente, con tasas de éxito de hasta el 90%. 3,19 El abordaje quirúrgico se basa en la resección del divertículo, sutura uretral sin tensión y reconstrucción de los planos periuretrales, con el objetivo de restablecer la anatomía y función normal del tracto urinario.

Las complicaciones postoperatorias incluyen incontinencia urinaria de esfuerzo de novo, estenosis uretral, fístulas uretrovaginales y recurrencia. 20,21 La tasa de recurrencia después de diverticulectomía transvaginal puede llegar a 10–20%, y la incidencia de incontinencia urinaria de novo varía según la extensión y localización del divertículo, así como la experiencia quirúrgica. 22

Este caso resalta la importancia de considerar el DU como diagnóstico diferencial en mujeres con síntomas urinarios persistentes, incluso en ausencia de la tríada clásica. La integración de evaluación física cuidadosa, técnicas de imagen apropiadas y correlación anatómica es esencial para un diagnóstico oportuno, evitando tratamientos empíricos ineficaces y reduciendo la morbilidad asociada al retraso diagnóstico.

Conclusión

El divertículo uretral femenino sigue siendo una entidad subdiagnosticada debido a la inespecificidad de sus síntomas y la baja sospecha clínica. Mantener alerta ante masas vaginales anteriores y síntomas urinarios recurrentes es crucial, ya que la identificación temprana mediante resonancia magnética permite un abordaje quirúrgico planificado, mejora los resultados funcionales y evita tratamientos inadecuados.

Anexos

Figura 1. Exploración ginecológica donde se evidencia masa suburetral.

Figura 2. Ultrasonido transvaginal en planos sagital (A) y transversal (B) muestra imagen quística periuretral anecoica, bien delimitada, localizada en la pared anterior vaginal, adyacente a la uretra.

Figura 3. Apariencia intraoperatoria durante diverticulectomía uretral. Se identifica y diseca el saco diverticular periuretral, delimitando su relación anatómica con la uretra. La adecuada exposición permite la resección completa del divertículo con preservación de la integridad uretral.

Figura 4. Evolución posoperatoria a los 7 días con adecuada evolución.

Ver imágenes al final del artículo.

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