Índice
- 1 Resumen
- 2 Abstract
- 3 Introducción cuando la masculinidad se convierte en variable de gestión
- 4 Diseño, alcance y método: revisión narrativa integrativa y construcción conceptual
- 5 Estado del arte: de la masculinidad hegemónica a las masculinidades positivas, cuidadoras e inclusivas
- 6 Por qué los guiones masculinos rígidos generan costes ocultos
- 7 Definición del constructo y delimitación analítica
- 8 Arquitectura del modelo HOMBRE+
- 8.1 H – Dignidad intrínseca y conciencia reflexiva de sí
- 8.2 O – respeto operativo del otro
- 8.3 M – madurez en la responsabilidad activa y reparadora
- 8.4 B – buen cuidado sin posesión
- 8.5 R – rectitud en la ética del poder
- 8.6 E – elevación con propósito generativo
- 8.7 El signo + – coherencia integradora y propósito
- 9 Integración con el IMC+: índice de madurez de coherencia plus
- 10 Operacionalización robusta: dimensiones, subdimensiones, indicadores y proposiciones
- 11 Implementación: del discurso a los sistemas
- 12 Discusión: qué aporta HOMBRE+ y cómo defenderlo frente a objeciones duras
- 13 Limitaciones y agenda de investigación
- 14 Conclusión
- 15 Validación empírica, falsabilidad y escalabilidad organizacional
- 16 Referencias
- 17 Anexos: PDF
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 5–Mayo 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 5: 687
Autor principal (primer firmante): Ignacio Bonasa Alzuria
Fecha recepción: 02/05/2026
Fecha aceptación: 29/05/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(5): 687
https://doi.org/10.58842/CFDK9950
Artículo teórico-propositivo con revisión narrativa integrativa, operacionalización y agenda de validación
Dr. Ignacio Bonasa Alzuria
Liderarte – Madrid, España
ORCID: 0009-0001-3940-4278
Resumen
Este artículo desarrolla el modelo HOMBRE+ como una arquitectura de nueva masculinidad consciente aplicable al liderazgo, a la cultura organizacional y al desarrollo humano. La tesis central sostiene que numerosas organizaciones siguen reguladas por guiones masculinos rígidos —invulnerabilidad, control defensivo, autosuficiencia extrema, dominación y rendimiento a cualquier precio— que operan como variables ocultas de gestión. Dichos guiones no solo afectan a los hombres, sino a la cultura organizacional en su conjunto: erosionan la seguridad psicológica, endurecen la responsabilidad hasta convertirla en castigo, empobrecen la conversación emocional, normalizan el silencio y elevan el coste humano del rendimiento.
Frente a ello, el artículo propone comprender HOMBRE+ no como una etiqueta identitaria cerrada ni como un discurso moralizante, sino como un marco formativo y operativo. Su núcleo normativo se apoya en cinco no negociables del dossier matriz —dignidad intrínseca, respeto operativo, responsabilidad activa, cuidado sin posesión y ética del poder— y su despliegue analítico se concreta en seis dimensiones: conciencia reflexiva de sí, respeto operativo del otro, responsabilidad activa y reparadora, cuidado no posesivo, ética del poder y propósito generativo. Para mantener fidelidad al modelo, cada letra se ancla aquí en sus contenidos reales: H, de hombre afirmado en su dignidad intrínseca y en la conciencia reflexiva de sí; O, de respeto operativo del otro; M, de madurez en la responsabilidad activa y reparadora; B, de buen cuidado sin posesión; R, de rectitud en la ética del poder; E, de elevación con propósito generativo y servicio al bien común. El signo + expresa coherencia integradora, propósito y consistencia ética, y se operacionaliza mediante el IMC+ como índice preliminar de madurez, coherencia, seguimiento y validación.
El trabajo ofrece cinco contribuciones principales: delimita el constructo HOMBRE+ sin esencializar la identidad masculina; traduce el documento matriz a un lenguaje académico y operacional; propone dimensiones, subdimensiones, indicadores y proposiciones falsables; incorpora el signo + como dimensión integradora explícita; y formula el IMC+ como índice preliminar para medir progresivamente madurez, coherencia y transferencia organizacional.
Palabras clave: HOMBRE+; IMC+; masculinidad consciente; desarrollo humano; liderazgo; cultura organizacional; seguridad psicológica; ética del poder; bienestar.
Abstract
This article develops the HOMBRE+ model as an architecture of conscious new masculinity applicable to leadership, organizational culture, and human development. Its central thesis is that many organizations remain governed by rigid masculine scripts —invulnerability, defensive control, extreme self-reliance, dominance, and performance at any cost— which operate as hidden management variables. These scripts do not affect men alone; they shape the wider organizational culture by eroding psychological safety, turning accountability into punishment, impoverishing emotional conversation, normalizing silence, and increasing the human cost of performance.
In response, the article defines HOMBRE+ not as a closed identity label or a moralizing discourse, but as a formative and operational framework. Its normative core rests on five non-negotiables from the source dossier —intrinsic dignity, operational respect, active responsibility, non-possessive care, and ethics of power— and its analytical deployment is specified through six dimensions: reflective self-awareness, operational respect for others, active and reparative responsibility, non-possessive care, ethics of power, and generative purpose. To remain faithful to the model, each letter is anchored in its actual contents: H, man grounded in intrinsic dignity and reflective self-awareness; O, operational respect for others; M, maturity expressed as active and reparative responsibility; B, benevolent non-possessive care; R, rectitude in the ethics of power; E, elevation through generative purpose and service to the common good. The plus sign conveys integrative coherence, purpose, and ethical consistency, and is operationalized through the IMC+ as a preliminary index of maturity, coherence, follow-up, and validation.
The paper makes five main contributions: it delimits the HOMBRE+ construct without essentializing male identity; it translates the source document into academic and operational language; it proposes dimensions, subdimensions, indicators, and falsifiable propositions; it explicitly incorporates the plus sign as an integrative dimension; and it formulates the IMC+ as a preliminary index to progressively assess maturity, coherence, and organizational transfer.
Introducción cuando la masculinidad se convierte en variable de gestión
Algo importante se rompe en muchas organizaciones antes de que el problema aparezca en los indicadores. Se rompe en el modo de hablar en las reuniones, en la velocidad con la que se toma una decisión para no parecer débil, en la dificultad para reconocer cansancio, en la alergia a pedir ayuda y en la transformación silenciosa de la responsabilidad en miedo. Ese quiebre suele nombrarse como clima, cultura, tensión generacional o desgaste. Sin embargo, una parte de ese problema puede entenderse mejor si se examinan los guiones masculinos que actúan como sistemas de gestión invisibles.
Por guiones masculinos se entiende aquí un conjunto de expectativas aprendidas sobre lo que supuestamente equivale a ser fuerte, fiable o digno de autoridad. En la práctica organizacional, dichos guiones suelen premiar la autosuficiencia extrema, la dureza emocional, el control rígido, la aversión a mostrar vulnerabilidad y la asociación entre intensidad y excelencia. No son simples rasgos individuales: influyen en quién asciende, qué conductas se premian, cómo se gestiona el error y qué emociones tienen permiso para entrar en la conversación.
La hipótesis de fondo de este trabajo es sencilla, pero exigente: cuando un determinado guion de masculinidad se naturaliza como definición de liderazgo, deja de ser un asunto privado y se convierte en una variable de gestión. Desde ese momento afecta a la seguridad psicológica, a la calidad de las conversaciones difíciles, a la ética de la ejecución y al modo en que las personas sostienen el rendimiento a lo largo del tiempo. Por eso el problema no se reduce a la identidad masculina; se ubica en el código cultural que gobierna la organización.
En coherencia con el documento matriz HOMBRE+, este artículo no pretende demonizar a los hombres ni sustituir una caricatura por otra. Busca proponer un marco de transformación. La pregunta ya no es si la masculinidad existe o no en la empresa, sino qué tipo de masculinidad está siendo premiada y qué coste humano, cultural y estratégico tiene esa elección.
Diseño, alcance y método: revisión narrativa integrativa y construcción conceptual
Este trabajo adopta la forma de un artículo teórico-propositivo con revisión narrativa integrativa y propuesta de modelo. Su objetivo no es estimar efectos con metaanálisis ni presentar una revisión sistemática exhaustiva, sino articular de forma intelectualmente controlada varios campos de evidencia que suelen estudiarse por separado: masculinidades, salud mental masculina, liderazgo, cultura organizacional, seguridad psicológica, burnout y motivación con sentido.
La construcción del corpus fue deliberadamente selectiva, crítica y acumulativa. Se priorizaron trabajos con alta relevancia teórica o empírica sobre masculinidad hegemónica, gender role strain, precarious manhood, helping-seeking masculino, caring masculinities, liderazgo ético, engagement, clima de seguridad psicológica y salud organizacional. El criterio rector fue construir una síntesis conceptualmente nítida, operativamente útil y suficientemente dialogante con la literatura internacional.
Estrategia de búsqueda, criterios de inclusión y delimitación analítica
La estrategia de búsqueda se organizó alrededor de ocho núcleos temáticos: masculinidad hegemónica, conflicto/strain de rol de género, precarious manhood, normas masculinas y salud mental, help-seeking masculino, caring masculinities, liderazgo ético y clima de seguridad psicológica, y bienestar-engagement-burnout en contextos organizacionales. Se privilegiaron artículos indexados, revisiones de alcance o sistemáticas, textos clásicos imprescindibles y documentos institucionales con autoridad conceptual.
Como criterios de inclusión se utilizaron la centralidad teórica para el problema, la recurrencia en la literatura especializada, la utilidad para operacionalizar el modelo y la posibilidad de tender puentes entre psicología de los hombres y estudios organizacionales. Se excluyeron textos meramente opinativos, ensayos sin anclaje bibliográfico y materiales cuya relación con el constructo propuesto fuera tangencial.
Lógica de síntesis y criterios de calidad conceptual
La calidad conceptual del artículo se juzga por cinco criterios: precisión definicional, coherencia interna entre dimensiones, diferenciación frente a marcos adyacentes, capacidad de operacionalización y posibilidad de refutación empírica. Estos criterios son especialmente relevantes en artículos conceptuales de alto nivel, donde la originalidad solo resulta defendible si puede convertirse en programa de investigación y en lenguaje de intervención.
El procedimiento analítico siguió tres movimientos. Primero, se identificaron regularidades conceptuales en la literatura sobre normas masculinas rígidas y sus costes subjetivos, relacionales y organizacionales. Segundo, esas regularidades se reordenaron a la luz del documento base HOMBRE+ para traducirlas a un marco operativo de liderazgo. Tercero, se sometió ese marco a una prueba de consistencia interna: delimitación conceptual, distinción frente a modelos vecinos, posibilidad de medición y formulación de proposiciones falsables.
Esta aclaración metodológica es importante por honestidad académica. El artículo no ofrece pruebas causales propias; ofrece una síntesis conceptual rigurosa y una propuesta falsable. Su aspiración no es cerrar el debate, sino elevar su precisión analítica y volverlo investigable y aplicable.
Estado del arte: de la masculinidad hegemónica a las masculinidades positivas, cuidadoras e inclusivas
La conversación contemporánea sobre masculinidades ha estado marcada durante décadas por el peso explicativo de la masculinidad hegemónica. Este concepto permitió mostrar que no existe una sola manera de ser hombre, sino una forma dominante que organiza jerarquías, define legitimidades y convierte determinados modos de presencia – control, superioridad, dureza, heterosexualidad normativa, distancia del cuidado – en patrón de normalidad. Su gran aporte fue revelar que la masculinidad no es esencia, sino orden social y práctica relacional.
La psicología de los hombres añadió después una segunda capa analítica decisiva: el gender role strain paradigm. Desde esta perspectiva, el problema no es únicamente que existan normas de género, sino que la presión para encarnar ciertos ideales masculinos genera tensión, conflicto y costes psicológicos. No todos los hombres viven esa presión igual, pero la idea de strain resulta clave para entender por qué muchas conductas aparentemente valoradas – aguantar, callar, no pedir ayuda, no mostrar miedo – pueden convertirse en mecanismos de sufrimiento y desconexión.
La teoría del precarious manhood profundizó todavía más al mostrar que la hombría se percibe a menudo como estatus frágil, arduamente ganado y fácilmente perdido. Esa percepción favorece respuestas de sobrecompensación, exhibiciones de dureza y rechazo a conductas interpretadas como amenaza de feminización o debilidad. Desde un punto de vista organizacional, esta aportación resulta especialmente importante: ayuda a explicar por qué ciertos líderes aceleran, endurecen o dominan no porque ese sea su mejor modo de dirigir, sino porque sienten que deben demostrar continuamente que merecen el lugar que ocupan.
Más recientemente, la literatura ha abierto desplazamientos esperanzadores. Las caring masculinities invitan a pensar formas masculinas de cuidado no basadas en la renuncia a la fortaleza, sino en una reconfiguración de la fortaleza misma. La positive masculinity, por su parte, intenta rescatar recursos valiosos – coraje, protección, compromiso, sentido del deber, generatividad – sin quedar atrapada en sus expresiones dominadoras. Inclusive masculinity theory ha contribuido asimismo a mostrar que, bajo ciertos cambios culturales, se amplía el repertorio emocional y relacional disponible para los hombres. HOMBRE+ se sitúa precisamente en ese cruce: no niega la tradición, pero la somete a una cirugía ética y funcional.
Por qué los guiones masculinos rígidos generan costes ocultos
La primera consecuencia de los guiones rígidos es el deterioro de la seguridad psicológica. Cuando la autoridad se asocia con invulnerabilidad y certeza rápida, las preguntas disminuyen, el desacuerdo se vuelve costoso y los errores empiezan a esconderse. La organización puede parecer fuerte desde fuera, pero por dentro se llena de silencio táctico. La consecuencia no es solo humana; también es estratégica: empeora la calidad de decisión, se ralentiza el aprendizaje y aumentan los errores evitables.
La segunda consecuencia es la pobreza emocional. La supresión no elimina la emoción; simplemente la desplaza. Lo que no se puede nombrar se filtra como irritación, sarcasmo, frialdad o violencia defensiva. De este modo, la llamada racionalidad profesional puede convertirse en una máscara de desregulación. Desde esta perspectiva, la alfabetización emocional no es un lujo terapéutico, sino una competencia de gobierno.
La tercera consecuencia es el falseamiento de la responsabilidad. Allí donde reconocer error equivale a perder estatus, la rendición de cuentas degenera en cultura de culpa. Los líderes protegen su imagen, los equipos maquillan la información y el sistema premia la apariencia de control por encima de la verdad útil. El resultado no es más exigencia, sino menos aprendizaje.
La cuarta consecuencia es el desgaste. Los guiones de autosuficiencia y heroísmo convierten la sobrecarga en medalla. Las personas siguen funcionando, pero a costa de agotamiento crónico, aislamiento y pérdida de sentido. La quinta es la deriva ética: cuando el rendimiento a cualquier precio se normaliza, la organización se vuelve más eficiente para entregar y más torpe para cuidar la dignidad de quienes hacen posible la entrega.
Definición del constructo y delimitación analítica
En este trabajo, HOMBRE+ designa una arquitectura de nueva masculinidad consciente capaz de integrar fortaleza y humanidad sin caer ni en la dureza defensiva ni en la blandura irresponsable. No remite a una esencia masculina eterna, ni a una superioridad moral, ni a un ideal espiritual despegado de la práctica. Su significado es operativo: ejercer autoridad, vínculo y rendimiento desde una combinación de coherencia, dignidad, cuidado, verdad y propósito.
Para evitar cualquier lectura aislada o excluyente, HOMBRE+ no crea superioridad identitaria: transforma guiones rígidos de poder, invulnerabilidad y autosuficiencia en capacidades de dignidad, respeto, reparación, cuidado, rectitud y propósito.
La referencia al alma dentro de HOMBRE+ exige una delimitación precisa para no convertirse en metáfora vacía. En términos funcionales, alma significa aquí coherencia entre discurso y conducta, reconocimiento de la dignidad propia y ajena, capacidad de cuidado que no degrada el estándar, disposición a la verdad incluso cuando incomoda y orientación hacia un propósito que trascienda la mera exhibición de poder. Por eso HOMBRE+ no idealiza la sensibilidad ni debilita la exigencia, sino que reconfigura la definición misma de fuerza.
Esta formulación también necesita defenderse frente a un malentendido frecuente: no pretende crear una nueva ortodoxia contra los hombres. La propuesta no se dirige solo a varones ni acusa a todo rasgo tradicional de ser dañino. De hecho, rescata algunos recursos históricamente valorados en lo masculino – coraje, temple, disciplina, responsabilidad, sentido de protección – para someterlos a una relectura más consciente, relacional y sostenible. HOMBRE+ no borra la fuerza; la depura.
Arquitectura del modelo HOMBRE+
El documento base HOMBRE+ ofrece la gramática más clara para esta traducción. Su valor reside en que no se limita a diagnosticar el daño de los guiones rígidos, sino que organiza una alternativa concreta, memorizable y medible. Su núcleo normativo se sostiene en cinco no negociables —dignidad intrínseca, respeto operativo, responsabilidad activa, cuidado sin posesión y ética del poder—, mientras que su despliegue analítico se hace visible en seis dimensiones entrenables que añaden conciencia reflexiva y propósito generativo. En esta versión, el nombre HOMBRE+ no se despliega con etiquetas externas al dossier, sino desde sus contenidos reales: H, de hombre afirmado en su dignidad intrínseca y en la conciencia reflexiva de sí; O, de respeto operativo del otro; M, de madurez en la responsabilidad activa y reparadora; B, de buen cuidado sin posesión; R, de rectitud en la ética del poder; E, de elevación con propósito generativo y servicio al bien común; y el signo + expresa crecimiento, apertura, alma y transformación.
Esta explicitación pedagógica no sustituye las seis dimensiones sustantivas del modelo; las ordena de manera más legible y muestra la continuidad entre el dossier estratégico y su desarrollo académico. Así, la H recoge la dignidad intrínseca y la conciencia reflexiva de sí; la O, el respeto operativo del otro; la M, la responsabilidad activa y reparadora; la B, el cuidado sin posesión; la R, la ética del poder; y la E, el propósito generativo como elevación al servicio de la vida y del bien común. De este modo, HOMBRE+ deja de ser solo un nombre potente y se convierte en una arquitectura conceptual recordable, enseñable y aplicable en la vida personal, educativa, organizacional y social.
H – Dignidad intrínseca y conciencia reflexiva de sí
La H de HOMBRE+ remite al hombre afirmado en su dignidad intrínseca y capaz de conciencia reflexiva de sí. No se define por su éxito, su dureza o su rendimiento, sino por su valor esencial como persona y por su capacidad de reconocerse, nombrar su mundo interno, identificar sesgos, advertir automatismos aprendidos y gobernar la propia reacción antes de descargarla sobre otros. Sin esta base no hay cambio sostenible, solo performance de autocontrol.
O – respeto operativo del otro
La O representa el respeto operativo del otro. La nueva masculinidad no se valida imponiéndose, sino traduciendo la dignidad ajena en escucha, límite, lenguaje y trato no instrumental. Esta dimensión convierte el respeto en conducta verificable: no humillar, no invadir, no cosificar, no utilizar el poder relacional para colonizar la libertad ajena. Sin respeto operativo, la masculinidad vuelve a encerrarse en sí misma.
M – madurez en la responsabilidad activa y reparadora
La M nombra la madurez expresada como responsabilidad activa y reparadora: la disposición a responder, asumir consecuencias, reparar daño y sostener compromisos. HOMBRE+ no entiende la responsabilidad como simple obediencia ni como culpa estéril, sino como una ética adulta de la fiabilidad. Aquí la fuerza masculina se mide menos por la capacidad de imponerse y más por la capacidad de hacerse cargo, pedir perdón cuando corresponde y traducir el reconocimiento del error en cambios verificables.
B – buen cuidado sin posesión
La B expresa el buen cuidado sin posesión. No se trata de blandura ingenua ni de paternalismo protector, sino de un cuidado que protege la dignidad sin invadir la libertad y sostiene estándares sin recurrir a la dureza humillante. Esta dimensión reorganiza la idea de fortaleza: el hombre no demuestra valor afectivo controlando al otro, sino creando condiciones de seguridad, crecimiento y exigencia sostenible.
R – rectitud en la ética del poder
La R remite a la rectitud en la ética del poder. Todo hombre ejerce algún tipo de influencia, autoridad o asimetría; la cuestión ética no es negarla, sino gobernarla con límite, justicia y servicio. Rectitud significa no convertir la autoridad en impunidad, no blindarse frente a la crítica y no usar la fuerza simbólica, organizacional o afectiva para degradar, silenciar o dominar. Donde esta dimensión falta, el poder se vuelve arbitrario.
E – elevación con propósito generativo
La E corresponde a la elevación con propósito generativo y orientación al bien común. La masculinidad madura no se agota en contenerse ni en cumplir; necesita orientarse a contribuir, servir, elevar y dejar huella útil. Por eso el modelo culmina en un propósito generativo: una dirección de vida y liderazgo que transforma la fuerza en servicio, el logro en sentido y la presencia masculina en capacidad de construcción cultural. El signo + amplía esta dimensión y recuerda que el proceso nunca se cierra: siempre cabe más alma, más conciencia y más contribución.
El signo + – coherencia integradora y propósito
El signo + merece un apartado propio porque no es un adorno gráfico ni un recurso de marca. Es la pieza que evita que las seis competencias queden dispersas. H, O, M, B, R y E nombran dimensiones necesarias; el + las integra, las sostiene en el tiempo y las orienta hacia una vida con sentido.
El + significa, en primer lugar, coherencia integradora. Un hombre puede mostrar humildad en un ámbito, observación consciente en otro, madurez emocional en una conversación, bondad firme ante una decisión, responsabilidad afectiva tras un error y empatía aplicada en una relación concreta. Pero HOMBRE+ solo aparece plenamente cuando esas competencias dialogan entre sí y forman una identidad ética estable.
El + significa, en segundo lugar, propósito. No como sustituto técnico de la coherencia, sino como horizonte de sentido: ¿Para qué quiero ser más consciente?, ¿Qué tipo de presencia dejo en mi familia, mi equipo y mi comunidad?, ¿Qué legado relacional construyo con mi forma de ejercer poder, cuidar y reparar?
Por eso el + no debe confundirse con superioridad. No significa “más que otros”; significa más unidad interior, más responsabilidad sobre el impacto, más consistencia entre palabra y conducta y más orientación a una contribución que deje dignidad, confianza y menos daño.
Trabajar el + implica formular tres preguntas de revisión: ¿Vivo las seis competencias solo en algunos contextos o también cuando me incomoda?, ¿Qué incoherencia se repite en mi forma de vincularme?, ¿Qué propósito humano sostiene mi voluntad de cambiar?
Ejemplo práctico: un hombre puede haber aprendido a pedir perdón, pero si repite el mismo daño, su disculpa no contiene plus. El + aparece cuando transforma la disculpa en cambio verificable, cuando deja de usar la intención como refugio y empieza a cuidar el impacto como responsabilidad.
Sin el +, HOMBRE sería una suma de competencias. Con el +, HOMBRE+ se convierte en arquitectura de transformación: coherencia integradora, propósito, legado y servicio.
Integración con el IMC+: índice de madurez de coherencia plus
El modelo HOMBRE+ define qué tipo de liderazgo masculino conviene construir; el IMC+ explica cómo observarlo, medirlo y acompañarlo en el tiempo. No se plantea como un test cerrado ni como una puntuación definitiva de valor personal, sino como un índice preliminar de madurez y coherencia que permite traducir las seis dimensiones del modelo y el signo + en evidencias conductuales, relacionales y organizacionales.
El IMC+ cumple tres funciones. Primero, función diagnóstica: identifica brechas entre intención, discurso e impacto real. Segundo, función formativa: ayuda a priorizar hábitos de mejora en humildad segura, observación consciente, madurez emocional, bondad firme, responsabilidad afectiva, empatía aplicada y coherencia integradora. Tercero, función investigadora: abre una vía de validación empírica mediante autoinforme, evaluación 360, observación de reuniones, entrevistas, indicadores de clima y seguimiento longitudinal. De este modo, HOMBRE+ deja de ser solo una arquitectura conceptual y se convierte en un modelo operacionalizable, medible y falsable.
Operacionalización robusta: dimensiones, subdimensiones, indicadores y proposiciones
Uno de los puntos débiles habituales de los artículos conceptuales sobre masculinidades es su escasa traducibilidad a observables organizacionales. Esta versión corrige ese problema al proponer una matriz más rigurosa. Cada dimensión de HOMBRE+ puede desplegarse en subdimensiones concretas, comportamientos visibles e indicadores susceptibles de seguimiento mediante evaluación 360, escalas validadas, análisis de incidentes, entrevistas y datos duros de clima, rotación o absentismo.
El modelo también permite formular proposiciones de investigación. Primera: una mayor conciencia reflexiva de sí estará asociada con mejor regulación emocional y menor reactividad defensiva. Segunda: un mayor respeto operativo del otro se relacionará con más seguridad psicológica y menor silencio estratégico. Tercera: una mayor responsabilidad activa y reparadora incrementará la confianza interpersonal y el aprendizaje del error. Cuarta: un mayor cuidado no posesivo predecirá relaciones más seguras y menor tolerancia a prácticas de control relacional u organizacional. Quinta: una mayor ética del poder estará asociada con legitimidad del liderazgo y menor abuso simbólico o jerárquico. Sexta: un mayor propósito generativo incrementará el sentido del trabajo y la orientación al bien común. Séptima: una mayor puntuación en el IMC+ debería asociarse con mayor coherencia entre discurso, conducta, reparación y propósito, potenciando la transferencia del modelo desde la formación hacia la cultura cotidiana.
Estas proposiciones no sustituyen la evidencia; preparan su producción. Precisamente por eso resultan valiosas en un artículo que aspira a inaugurar una agenda de investigación y no solo a emitir una declaración normativa.
Estrategia preliminar de medición y construcción de escala
Desde una perspectiva psicométrica, el paso lógico siguiente consiste en desarrollar un banco inicial de ítems por subdimensión, someterlo a juicio de expertos, realizar entrevistas cognitivas y explorar su estructura mediante análisis factorial exploratorio y confirmatorio. La escala resultante no debería limitarse a medir rasgos individuales; convendría combinar autoinforme, evaluación 360 y señales organizacionales objetivas para evitar sesgos de deseabilidad social y capturar el carácter situado del modelo.
Esta combinación multimétodo permitiría contrastar si HOMBRE+ funciona mejor como disposición personal, como repertorio conductual aprendido, como clima de liderazgo percibido o como fenómeno multinivel. Precisamente esa apertura analítica constituye una de sus fortalezas: el modelo no obliga a reducir la masculinidad a esencia, sino que la trata como script modificable, práctica observable y variable de gestión.
Implementación: del discurso a los sistemas
La implementación fracasa cuando se limita a una charla inspiradora. Un modelo como HOMBRE+ solo se consolida cuando altera sistemas de reunión, criterios de promoción, reglas de feedback, rituales de reparación y métricas de liderazgo. La primera fase debe ser diagnóstica: identificar cómo se manifiestan hoy los guiones rígidos en la organización. La segunda exige alineamiento del comité de dirección; sin ejemplaridad, el cambio se vuelve propaganda. La tercera reclama entrenamiento de mandos en microconductas: escuchar, pedir perspectiva, reparar, dar feedback útil, cuidar la carga y explicar el propósito. La cuarta instala rituales. La quinta mide y refuerza.
Este enfoque sistémico permite además evitar el principal riesgo reputacional del modelo: que HOMBRE+ sea percibido como una etiqueta bonita sin consecuencias operativas. Cuando las promociones siguen premiando miedo, dureza y agotamiento, ninguna narrativa ética se sostiene. Cuando, en cambio, la organización liga liderazgo a desarrollo de otros, verdad útil, seguridad psicológica y rendimiento sostenible, el modelo gana credibilidad cultural.
Discusión: qué aporta HOMBRE+ y cómo defenderlo frente a objeciones duras
La primera aportación del modelo consiste en traducir un debate cultural difuso a lenguaje de gestión. En lugar de limitarse a denunciar la masculinidad hegemónica, HOMBRE+ reorganiza la conversación en torno a capacidades observables. Eso le permite dialogar con la investigación organizacional sin renunciar al espesor ético.
La segunda aportación es su posición intermedia entre dos extremos estériles: por un lado, la romantización de la masculinidad tradicional; por otro, la patologización general del hecho de ser hombre. HOMBRE+ no canoniza ni condena en bloque. Discrimina entre recursos valiosos y expresiones rígidas, y propone una cirugía de lo masculino, no una abolición simbólica de la masculinidad.
La tercera aportación es diferencial respecto a marcos vecinos. Authentic leadership se centra en autenticidad, autoconocimiento y transparencia; ethical leadership, en justicia, integridad y ejemplo moral; servant leadership, en servicio y crecimiento del otro. HOMBRE+ dialoga con todos ellos, pero añade un ángulo específico: identifica los guiones masculinos rígidos como código cultural oculto y ofrece una reescritura explícita de ese código. Su novedad no reside solo en las cualidades que propone, sino en el problema que decide nombrar.
Distinción frente a marcos adyacentes
HOMBRE+ converge con el authentic leadership en la importancia de la congruencia, con el ethical leadership en la centralidad de la integridad y con el servant leadership en la dimensión de servicio. Sin embargo, no se agota en ninguno de ellos. Su especificidad consiste en introducir los guiones masculinos como variable explicativa del funcionamiento organizacional y en proponer una reescritura de esos guiones mediante seis dimensiones explícitas: dignidad intrínseca y conciencia reflexiva de sí; respeto operativo del otro; responsabilidad activa y reparadora; cuidado no posesivo; ética del poder; y propósito generativo.
Esa especificidad añade una ventaja estratégica: permite hablar de liderazgo masculino sin caer ni en la glorificación acrítica de la masculinidad tradicional ni en la descalificación indiferenciada de lo masculino. El modelo no pide menos exigencia, sino otra forma de entender la fuerza: una fuerza compatible con dignidad, regulación emocional, reparación, desarrollo del otro y dirección ética.
Las objeciones previsibles son conocidas. Puede decirse que el modelo es ideológico. La respuesta es que está formulado en términos de conducta, no de adhesión política. Puede decirse que es blando. La respuesta es que cuidar con estándares es más exigente que humillar para producir obediencia. Puede decirse que es excluyente por usar un lenguaje masculino. La respuesta es que el modelo nombra un guion histórico, pero su utilidad práctica es transversal: cualquier persona puede encarnar o sufrir ese código. Puede decirse, finalmente, que el concepto de alma es vaporoso. La respuesta es que en este artículo alma ha sido delimitada funcionalmente como coherencia, dignidad, cuidado, verdad y propósito; es decir, como arquitectura ética del ejercicio del poder.
Objeciones previsibles y respuesta argumentada
La objeción de esencialismo se desactiva porque el modelo define la masculinidad como guion aprendido y no como esencia biológica. La objeción de ideologización se debilita porque la propuesta se apoya en constructos ya validados —seguridad psicológica, liderazgo ético, engagement, burnout, búsqueda de ayuda y normas masculinas— y porque formula hipótesis falsables. La objeción de exclusión también pierde fuerza: aunque el foco se sitúe en el liderazgo masculino, las capacidades propuestas son universalizables y pueden ser encarnadas por cualquier persona.
La crítica más seria sigue siendo otra: que el término alma resulte demasiado normativo o metafórico. Precisamente por ello el artículo lo redefine de manera funcional y austera como coherencia, dignidad, cuidado, verdad y propósito. No se trata de espiritualizar la gestión, sino de nombrar el núcleo ético-relacional sin el cual la eficacia acaba comprándose a costa de la persona.
Implicaciones teóricas y prácticas
En el plano teórico, HOMBRE+ aporta un puente entre estudios críticos sobre masculinidades y literatura de liderazgo organizacional, dos campos que a menudo se citan poco entre sí. En el plano práctico, ofrece una gramática manejable para selección, desarrollo directivo, evaluación 360, mentoring, prevención del burnout y diseño cultural. Esa doble inscripción —crítica y aplicada— refuerza su potencial de publicación y su utilidad real.
Limitaciones y agenda de investigación
Este trabajo tiene límites claros. No presenta evidencia empírica propia ni compara sectores, países o niveles jerárquicos mediante datos originales. Además, la semántica de la masculinidad varía entre contextos nacionales y organizacionales; por tanto, no cabe trasladar sin más un repertorio cultural a cualquier entorno. Del mismo modo, el uso de un acrónimo potente puede volverse superficial si la organización lo adopta como marca sin modificar sistemas, incentivos, hábitos conversacionales y criterios de promoción.
Precisamente por ello, la agenda de investigación resulta central. Sería deseable diseñar una escala específica HOMBRE+ o un módulo derivado del modelo que permitiera evaluar sus dimensiones con validez discriminante respecto a authentic, ethical y servant leadership. También convendría explorar diseños longitudinales que examinen si las intervenciones basadas en HOMBRE+ reducen burnout, mejoran seguridad psicológica y disminuyen incidentes de silencio defensivo. Otra línea prometedora sería analizar mediadores – seguridad psicológica, justicia percibida, clima ético – y moderadores como sector, edad, nacionalidad, estatus jerárquico o intensidad competitiva del contexto.
Conclusión
La pregunta relevante para las organizaciones ya no es si pueden permitirse hablar de masculinidades, sino si pueden permitirse seguir ignorando el modo en que determinados guiones masculinos ordenan el poder, la comunicación, el conflicto y el desgaste. Allí donde esos guiones permanecen intactos, la cultura se vuelve cara: cuesta talento, verdad, aprendizaje, salud y legitimidad.
HOMBRE+ propone una alternativa exigente y verificable: una nueva masculinidad consciente capaz de unir presencia, responsabilidad, cuidado y propósito sin renunciar al rendimiento ni a la firmeza. Su mayor valor no reside en ofrecer una consigna, sino en abrir un programa de investigación, formación e intervención cultural donde la fuerza deja de medirse por dureza y empieza a medirse por la calidad humana, ética y generativa del impacto que produce.
Figura 1. Arquitectura del modelo HOMBRE+: núcleo normativo, seis dimensiones, signo + y operacionalización con el IMC+.
Ver figura al final del artículo.
Tabla 1. Corrientes teóricas que alimentan la construcción del modelo.
Tabla 2. Despliegue letra por letra del modelo HOMBRE+: significado, conductas observables e indicadores.
Tabla 3. Proposiciones de investigación derivadas del modelo.
Tabla 4. Hoja de ruta de implementación.
Tabla 5. Diferenciación frente a marcos vecinos de liderazgo.
Ver tablas al final del artículo.
Validación empírica, falsabilidad y escalabilidad organizacional
Para que HOMBRE+ alcance estatus de modelo fuerte en revistas de alto impacto no basta con que resulte inspirador, coherente o útil en intervención. Debe demostrar validez discriminante frente a marcos vecinos, capacidad predictiva sobre variables relevantes y posibilidad de ser refutado empíricamente. Esa exigencia no debilita el modelo; al contrario, lo fortalece. Un marco conceptual madura cuando convierte sus intuiciones éticas en afirmaciones contrastables. Desde esa lógica, HOMBRE+ debe poder mostrar que no es una simple reformulación estética de authentic leadership, ethical leadership o servant leadership, sino una arquitectura específica que opera sobre un mecanismo causal propio: la reescritura de guiones masculinos rígidos que colonizan la cultura organizacional y deterioran seguridad psicológica, responsabilidad, aprendizaje y sostenibilidad humana.
La falsabilidad del modelo exige formular predicciones claras. Si la intervención HOMBRE+ es sólida, debería observarse, tras su implantación, un aumento significativo de la seguridad psicológica, de la disposición a reconocer errores, de la calidad relacional de la retroalimentación y de la conexión entre desempeño y propósito; al mismo tiempo, deberían disminuir el silencio defensivo, la normalización del sobreesfuerzo heroico, las escaladas de conflicto y la tolerancia informal a la humillación. Además, el modelo tendría que mostrar validez incremental: explicar parte de la varianza de esos resultados incluso cuando se controlen variables asociadas a liderazgo ético, liderazgo auténtico, rasgos de personalidad y clima previo. Esta es la prueba decisiva de madurez científica.
Programa de validación propuesto
Se propone un itinerario de validación en cuatro fases. En una primera fase, conviene desarrollar y depurar una escala HOMBRE+ con subescalas alineadas con conciencia y autogobierno, responsabilidad y reparación, cuidado con estándares y desarrollo del otro, y propósito ético y dirección, incluyendo análisis factorial exploratorio y confirmatorio, fiabilidad interna y validez convergente y discriminante con CMNI, MRNI, escalas de liderazgo y medidas de seguridad psicológica. En una segunda fase, resultan prioritarios estudios multigrupo y multinivel que examinen diferencias por sector, nivel jerárquico, género, edad y país, evitando universalizar sin contraste un repertorio cultural concreto. En una tercera fase, deberían implementarse diseños longitudinales y cuasiexperimentales que permitan evaluar efectos pretest-postest en burnout, engagement, incidentes de silencio, rotación y clima de aprendizaje. Finalmente, una cuarta fase debería concentrarse en estudios de transferencia: qué condiciones facilitan o bloquean la adopción del modelo, qué resistencias aparecen y cómo se sostienen los cambios cuando desaparece el impulso inicial del programa.
Este programa de validación dialoga con desarrollos previos sobre conflicto de rol de género, conformidad con normas masculinas y aproximaciones de masculinidad positiva. En particular, la agenda puede enriquecerse con la tradición del Gender Role Conflict de O’Neil, con las herramientas CMNI refinadas por Parent y Moradi, y con la perspectiva de fortalezas masculinas de Kiselica y Englar-Carlson, que permite evitar que la crítica de los guiones rígidos derive en patologización del hecho de ser hombre. Integrar esas líneas no diluye a HOMBRE+; le da mayor densidad, precisión y capacidad de conversación internacional.
Tabla 6. Programa de validación empírica, transferencia y escalabilidad del modelo.
Ver tabla al final del artículo.
Transferencia organizacional y condiciones de escalabilidad
La transferencia del modelo debe juzgarse por su capacidad para generar lenguaje común, criterios de conducta y sistemas consistentes de desarrollo. Un modelo como HOMBRE+ resulta escalable cuando puede traducirse a procesos de onboarding, liderazgo de mandos intermedios, evaluación 360, protocolos de feedback, prevención de culturas de miedo y programas de bienestar sin perder densidad conceptual.
Desde el punto de vista organizacional, la escalabilidad exige tres condiciones. Primera, patrocinio visible de la alta dirección para evitar que el modelo quede reducido a lenguaje inspiracional. Segunda, indicadores claros que vinculen el marco con resultados observables: seguridad psicológica, calidad del feedback, absentismo, rotación, conductas de reparación y percepción de justicia. Tercera, adaptación contextual por sector y cultura nacional, ya que los guiones masculinos se expresan de forma distinta en entornos sanitarios, industriales, educativos, financieros o creativos.
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