Fast Brain MRI en la evaluación de hidrocefalia en pacientes pediátricos: evidencia actual y perspectivas futuras

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1004

Autor principal (primer firmante): Gabriela Anaís Andrade Navas

Fecha recepción: 28/07/2026

Fecha aceptación: 24/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1004

https://doi.org/10.58842/ZGKP2393

Autores:

Gabriela Anaís Andrade Navas

Código: https://orcid.org/0000-0001-9567-9287

Universidad de Cuenca, Cuenca, Ecuador

Ramon Patricio Dominguez Cambizaca

Código: https://orcid.org/0009-0003-3508-0610

Universidad de Cuenca, Cuenca, Ecuador

Fabián André Andrade Navas

Publica TFG cuadrado 1200 x 1200

Código: https://orcid.org/0009-0006-4090-0232

Investigador Independiente

Hugo Hernán Mina Romero

Código: https://orcid.org/0009-0009-3604-8034

Universidad de Cuenca, Cuenca, Ecuador

publica-articulo-revista-ocronos

Daniela Elizabeth Angamarca Coello

Código: https://orcid.org/0000-0003-4930-5086

Universidad de Cuenca, Cuenca, Ecuador

Rosa Alexandra Pineda Orellana

Código: https://orcid.org/0009-0009-6512-0082

Universidad de Cuenca, Cuenca, Ecuador

Resumen

  • Introducción La hidrocefalia pediátrica requiere un seguimiento imagenológico frecuente debido a la elevada incidencia de disfunción de los sistemas de derivación ventriculoperitoneal. La tomografía computarizada ha sido tradicionalmente la modalidad utilizada en escenarios urgentes; sin embargo, la exposición acumulativa a radiación ionizante ha impulsado la búsqueda de alternativas más seguras. El Fast Brain MRI ha emergido como una técnica rápida, libre de radiación y con adecuada precisión diagnóstica para la evaluación ventricular en pacientes pediátricos.
  • Objetivo general: Analizar la evidencia científica disponible sobre la utilidad del Fast Brain MRI en la evaluación y seguimiento de la hidrocefalia en pacientes pediátricos.
  • Métodos: Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica publicada en bases de datos biomédicas, incluyendo estudios comparativos, revisiones y artículos originales.
  • Resultados La evidencia actual demuestra que el Fast Brain MRI presenta un rendimiento diagnóstico comparable al de la tomografía computarizada en el seguimiento de la hidrocefalia y la sospecha de mal función valvular, con la ventaja adicional de evitar la exposición a radiación ionizante y reducir la necesidad de sedación. Su incorporación progresiva en la práctica clínica representa un cambio de paradigma en la neuroimagen pediátrica.

Palabras clave: Imagen por Resonancia Magnética, Hidrocefalia, Neuroimagen, Derivación ventriculoperitoneal, Cerebro

Introducción

La hidrocefalia constituye una de las enfermedades neuroquirúrgicas más frecuentes en la población pediátrica y representa una causa importante de morbimortalidad infantil cuando no es diagnosticada y tratada oportunamente. Se caracteriza por una alteración en la producción, circulación o absorción del líquido cefalorraquídeo, lo que ocasiona dilatación progresiva del sistema ventricular y aumento de la presión intracraneal, con potencial compromiso del desarrollo neurológico y la calidad de vida del paciente (1,2). El tratamiento suele consistir en la colocación de una derivación ventriculoperitoneal o, en pacientes seleccionados, en la realización de una ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo; ambas estrategias requieren un seguimiento clínico e imagenológico estrecho debido a la posibilidad de complicaciones y fallas del tratamiento (3).

La neuroimagen desempeña un papel fundamental durante todas las etapas del manejo de la hidrocefalia pediátrica. Además de confirmar el diagnóstico inicial, permite evaluar el tamaño ventricular, identificar la etiología de la obstrucción del flujo del líquido cefalorraquídeo, verificar la adecuada posición de los sistemas de derivación y detectar precozmente complicaciones como la mal función valvular o la recurrencia de la hidrocefalia (3,4). Debido a que estos pacientes suelen requerir múltiples controles a lo largo de la infancia, la elección de la modalidad de imagen adquiere una importancia clínica considerable.

Históricamente, la tomografía computarizada (TC) ha sido el método de elección para la evaluación urgente de estos pacientes por su amplia disponibilidad, rapidez de adquisición y elevada precisión diagnóstica. Sin embargo, la necesidad de realizar estudios seriados implica una exposición acumulativa a radiación ionizante que no es despreciable, especialmente durante la infancia, etapa caracterizada por una mayor radiosensibilidad y una expectativa de vida prolongada. Diversos estudios han demostrado que los niños portadores de derivación ventriculoperitoneal pueden acumular múltiples exploraciones tomográficas durante su seguimiento, incrementando el riesgo estimado de efectos estocásticos relacionados con la radiación (1,2). Esta situación ha impulsado la búsqueda de estrategias diagnósticas que mantengan la precisión clínica reduciendo al mismo tiempo la exposición radiológica.

En este contexto ha surgido el Fast Brain MRI, un conjunto de protocolos de resonancia magnética basados en secuencias ultrarrápidas, predominantemente potenciadas en T2, capaces de evaluar el sistema ventricular en pocos minutos e incluso en menos de un minuto en protocolos recientes (5). Su principal fortaleza radica en combinar una adecuada precisión diagnóstica con la ausencia de radiación ionizante y una escasa necesidad de sedación, características especialmente valiosas en la población pediátrica (6).

Durante la última década, el desarrollo tecnológico de nuevas secuencias de adquisición, la creciente disponibilidad de resonancia magnética y la consolidación del principio ALARA (As Low As Reasonably Achievable) han favorecido un cambio progresivo en los algoritmos de evaluación de la hidrocefalia, promoviendo la sustitución de la tomografía computarizada por protocolos rápidos de resonancia en un número creciente de instituciones (7). No obstante, persisten interrogantes relacionados con sus limitaciones técnicas, disponibilidad, costos, estandarización de protocolos e indicaciones precisas en distintos escenarios clínicos.

Objetivos

Objetivo general

Analizar la evidencia científica disponible sobre la utilidad del Fast Brain MRI en la evaluación y seguimiento de la hidrocefalia en pacientes pediátricos.

Objetivos específicos

  1. Describir las principales características técnicas del Fast Brain MRI.
  2. Comparar su rendimiento diagnóstico con la tomografía computarizada.
  3. Identificar sus aplicaciones clínicas actuales en la hidrocefalia pediátrica.
  4. Analizar sus limitaciones y las perspectivas futuras de su implementación clínica.

Métodos

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa de la literatura científica publicada en idioma inglés y español sobre el uso del Fast Brain MRI en pacientes pediátricos con hidrocefalia. La búsqueda se efectuó en las bases de datos PubMed, Scopus y Google Scholar, incluyendo artículos originales, revisiones sistemáticas y estudios observacionales publicados entre 2004 y 2026. Se utilizaron los términos de búsqueda "Fast Brain MRI", "Hydrocephalus", "Pediatric" y "Rapid Sequence MRI". Se seleccionaron los estudios que abordaban el rendimiento diagnóstico, aplicaciones clínicas, limitaciones y su comparación con la tomografía computarizada.

Resultados

Hidrocefalia pediátrica y necesidad del seguimiento imagenológico

La hidrocefalia pediátrica es una de las condiciones neuroquirúrgicas más frecuentes en la infancia y suele requerir derivación ventriculoperitoneal como tratamiento definitivo (1). La disfunción valvular ocurre hasta en el 40-60% de los pacientes derivados, con mayor incidencia durante el primer año posterior a la implantación (1). Más de 125.000 sistemas de derivación se implantan cada año en Estados Unidos, con un costo cercano a los 2.000 millones de dólares, casi la mitad por revisiones quirúrgicas; esta alta tasa de falla obliga a un seguimiento imagenológico estrecho y a disponer de estudios urgentes (2). Las válvulas programables permiten ajustar de forma no invasiva la presión de apertura, aunque su exposición a campos magnéticos externos puede alterar la configuración (2). La ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo, como alternativa a la derivación, depende también de una adecuada selección de pacientes guiada por neuroimagen (3). En este contexto, la evaluación urgente ante cambios en el tamaño ventricular o sospecha de mal función valvular plantea un problema recurrente: qué modalidad de imagen equilibra mejor rapidez diagnóstica y seguridad en el paciente pediátrico.

Para situar este problema en su justa dimensión, conviene precisar primero qué se entiende por hidrocefalia y qué papel cumple la neuroimagen en su abordaje. La hidrocefalia se define como la acumulación anómala de líquido cefalorraquídeo en el sistema ventricular, secundaria a trastornos congénitos o adquiridos de su producción, circulación o absorción (1). Su diagnóstico y seguimiento dependen de la neuroimagen, que documenta el grado de dilatación ventricular y orienta la etiología del cuadro (3). La resonancia magnética ofrece la mejor caracterización de la vía del líquido cefalorraquídeo; secuencias como 3D CISS, cine de contraste de fase, TSE y GRE T2* identifican el nivel exacto de la obstrucción, información que puede modificar la conducta terapéutica y, en algunos casos, evitar la colocación de una derivación (3). De forma complementaria, la secuencia volumétrica 3D-SPACE se ha señalado como una de las técnicas más eficientes para evaluar la hidrocefalia y la ventriculostomía, mientras que secuencias como el contraste de fase, las imágenes fuertemente ponderadas en T2 y la cisternografía por resonancia con contraste ayudan a evitar falsos resultados en casos complejos (4). La evaluación por imagen documenta además signos indirectos relevantes, como la posición del catéter, el edema transependimario y los cambios morfológicos ventriculares previos a la sintomatología clínica (1). De forma complementaria, la marcación de spin arterial muestra reducción de la perfusión cerebral en la hidrocefalia descompensada, que se revierte tras la cirugía (5).

Frente a este marco conceptual, la elección de la modalidad de imagen adquiere particular relevancia. La tomografía computarizada ha sido tradicionalmente la modalidad de elección en urgencias por su amplia disponibilidad, rapidez y facilidad de interpretación, lo que explica su papel histórico en la valoración inicial del tamaño ventricular (6). Sin embargo, los pacientes con hidrocefalia derivada requieren estudios repetidos durante toda la infancia, con carga acumulada de radiación e implicaciones a largo plazo (1).

Comparación con la tomografía computarizada vs MRI

Un estudio unicéntrico documentó un promedio de 3,33 tomografías craneales por niño, equivalente a 1,31 mSv por año de derivación (1); en un servicio de urgencias de Arabia Saudita, la mediana fue de siete tomografías por paciente, con hallazgos anormales en poco más de la mitad de los casos (7). En una serie de pacientes con hidrocefalia, la mitad había sido sometida a más de cuatro estudios de imagen (CT o resonancia) a lo largo de la vida, y en quienes acumularon más de quince estudios el riesgo estimado de mortalidad atribuible a cáncer por radiación fue de al menos 0,35% (8). La estimación del riesgo atribuible es concordante entre centros: con dosis estándar y dos estudios anuales, se calculó un exceso de cáncer fatal por cada 97 pacientes, cifra que mejora a 1 por cada 230 con protocolos de baja dosis, lo que sustenta la necesidad de estrategias alternativas (9).

Ante esta necesidad, la resonancia magnética rápida se consolidó como alternativa a la tomografía bajo distintas denominaciones: Fast Brain MRI, Quick Brain MRI, Rapid Sequence MRI, Rapid Cranial MRI, HASTE MRI, SSFSE MRI o Ultrafast Brain MRI, diversidad que refleja el desarrollo paralelo de protocolos similares más que diferencias sustanciales en su fundamento técnico (10). Los primeros trabajos establecieron la viabilidad de la resonancia rápida en el seguimiento de la hidrocefalia derivada (11). Una serie de 67 exámenes de resonancia de secuencia rápida sin sedación, con una duración media de 22 minutos, mostró catéter visible de forma buena o excelente en más del 75% de los estudios y calidad de imagen buena o excelente en más del 60%, lo que confirmó que esta técnica limita la exposición a radiación sin sacrificar el detalle anatómico (8).

La incorporación de secuencias SS-GRE permitió, además, localizar el extremo del catéter con mayor precisión que las secuencias TSE-T2 convencionales, con mejor delineación en el 79% de los pacientes (12). Una serie del Seattle Children’s Hospital encontró tiempos de adquisición de 12 a 19 segundos por secuencia, calidad de imagen muy buena o excelente en el 94% de los estudios, artefacto de movimiento significativo en solo el 7% y visualización del catéter buena o excelente en el 57%, deficiente en el 36% y engañosa en el 7%, con una correlación entre ventrículos pequeños y peor visualización del catéter (r=0,586; p<0,00001) (13,14). En conjunto, esta línea de evidencia mostró de forma consistente menor radiación, menor sedación y tiempos compatibles con la falta de cooperación propia de la edad pediátrica (14).

Esta evidencia comparativa se ha traducido, a su vez, en cambios efectivos de la práctica clínica y en un cambio de paradigma en la seguridad radiológica pediátrica. Una encuesta a neurocirujanos pediátricos de 101 instituciones de Estados Unidos y Canadá, con 56 respuestas, encontró que el 79% de los centros contaba ya con un protocolo de resonancia rápida para evaluar el tamaño ventricular y el 64% lo empleaba de forma rutinaria, la mayoría desarrollado en los cinco años previos (19). Un análisis de más de 36.000 encuentros hospitalarios documentó, de forma paralela, un incremento en el uso de resonancia del 1,7% al 19,8% entre 2007 y 2014, con notable variabilidad entre centros (6). En un centro académico, los volúmenes de estudios por indicaciones relacionadas con hidrocefalia se duplicaron en siete años, y la resonancia rápida, introducida en 2009, llegó a representar cerca de siete de cada ocho estudios transversales al final del periodo analizado (18). En un hospital universitario alemán, un protocolo ultrarrápido en menores de seis años se asoció con una reducción del 41% en el uso de tomografía respecto al periodo previo (10). Este cambio de paradigma es consistente con el principio ALARA (as low as reasonably achievable), que orienta la práctica radiológica pediátrica hacia la mínima dosis acumulada posible sin sacrificar la calidad diagnóstica, combinando resonancia rápida con protocolos de tomografía de dosis optimizada cuando la CT resulta indispensable (20). La sustitución sistemática de la CT por resonancia rápida, sobre todo en horarios de disponibilidad técnica, permitiría reducciones adicionales, dado que hasta el 83,3% de las tomografías por hidrocefalia derivada se realizan en horarios con disponibilidad de resonancia (9).

Aspectos técnicos, protocolos de adquisición y Limitaciones del Fast Brain MRI

Sostener esta transición clínica exige, sin embargo, precisar los fundamentos técnicos que sustentan a los protocolos rápidos. Estos se sustentan en secuencias fuertemente ponderadas en T2, como HASTE y SSFSE, que permiten adquisiciones del orden de segundos sin comprometer sustancialmente la valoración ventricular (10,14). El protocolo de un minuto de Ha et al. redujo la adquisición a 1 minuto y 11 segundos frente a los 9 minutos y 51 segundos de un protocolo convencional de cinco secuencias, con calidad de imagen inferior pero suficiente para uso diagnóstico (21). En la práctica académica no urgente, la duración mediana de los protocolos rápidos fue de 4,43 minutos, con un rango intercuartílico de 4,42 a 5,88 minutos, sin diferencias relevantes según la edad salvo en pacientes con alteración del estado de conciencia, en quienes el estudio se prolongó en promedio 1,77 minutos (18). Las secuencias SS-GRE mejoran la delineación del catéter intracraneal, con tiempos de apenas 30 segundos (12). Entre las secuencias volumétricas y funcionales complementarias, el 3D-SPACE, el contraste de fase y la cisternografía por resonancia contribuyen a caracterizar mejor la dinámica del líquido cefalorraquídeo cuando el protocolo básico resulta insuficiente (4). La ausencia de sedación es una de las ventajas más consistentes, con tasas inferiores al 5% en múltiples series (10,22), y la mayoría de las instituciones que cuentan con protocolo rápido no la utiliza de forma rutinaria (19). El objetivo principal no es sustituir una resonancia cerebral completa en todos los escenarios, sino ofrecer una valoración dirigida y suficiente del sistema ventricular (3,10).

Estas ventajas técnicas coexisten, sin embargo, con limitaciones que deben reconocerse con rigor. La calidad de imagen de los protocolos ultrarrápidos es inferior a la de la resonancia convencional, con puntuaciones entre 2,0 y 4,8 sobre 5 frente a 4,8-5,0 en los protocolos estándar; los artefactos de movimiento y susceptibilidad afectan la interpretación, en particular en secuencias FLAIR con técnica eco-planar (23). La visualización del extremo del catéter sigue siendo un punto débil: en la serie de Seattle fue deficiente o engañosa en el 43% de los casos, sobre todo con ventrículos pequeños (14). La mayoría de los protocolos ultrarrápidos no incluye de forma rutinaria secuencias de eco de gradiente, lo que limita la sensibilidad para hemorragias pequeñas o hallazgos traumáticos sutiles (22). En cuanto a barreras operativas, la encuesta norteamericana identificó la falta de acceso urgente a resonancia y de personal técnico disponible fuera de horario como los principales obstáculos, tanto en instituciones con protocolo establecido (41% y 27%, respectivamente) como en aquellas sin él (67% y 58%); la imposibilidad de facturar adecuadamente el estudio también se mencionó como barrera relevante (19). Los aspectos económicos no son desdeñables: un análisis institucional encontró que el reembolso pagado por el asegurador fue menor para la resonancia rápida que para la resonancia convencional (1.986 frente a 2.760 dólares, p<0,001), aunque el gasto de bolsillo del paciente fue similar entre ambas modalidades, y en el 43% de los estudios rápidos el asegurador no reconoció el código de modificador limitado, lo que evidencia inconsistencias administrativas en su facturación (24). La resonancia rápida también puede resultar más costosa que la CT en algunos entornos, con un sobrecosto estimado de alrededor de 650 dólares por estudio (14). Estas limitaciones no invalidan la utilidad clínica del Fast Brain MRI, pero exigen definir con precisión sus indicaciones (22).

Aplicaciones clínicas

Pese a estas limitaciones, el Fast Brain MRI ha consolidado un conjunto de aplicaciones clínicas específicas. La más asentada es la evaluación urgente ante sospecha de mal función del sistema de derivación, con exactitud comparable a la de la CT (15,16). En el seguimiento de la hidrocefalia tratada, la vigilancia del tamaño ventricular es la indicación más frecuente, presente en más del 90% de los estudios en series pediátricas de neurocirugía (22), y en la práctica académica no urgente ha llegado a sustituir a la CT en la mayoría de los controles seriados (18). La selección de candidatos a ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo también se beneficia de una caracterización precisa de la vía del líquido cefalorraquídeo por resonancia, y la resonancia rápida resulta particularmente útil en el seguimiento de los pacientes ya sometidos a este procedimiento (3,20). En urgencias pediátricas generales, más allá de la hidrocefalia, el Fast Brain MRI ha permitido decisiones clínicas inmediatas, incluida la cirugía o el ajuste valvular, en más de un tercio de los estudios (22). De forma complementaria, secuencias de difusión rápida cuantifican cambios microestructurales de la sustancia blanca periventricular en lactantes con hidrocefalia posthemorrágica, con reducción de la difusividad media tras la cirugía hacia valores similares a los de controles sanos (25), biomarcadores que podrían complementar la valoración morfológica del sistema ventricular (26).

La literatura también evidencia que el Fast Brain MRI no debe interpretarse como un sustituto universal de la resonancia magnética convencional. Su principal objetivo consiste en responder preguntas clínicas concretas relacionadas con el tamaño ventricular, la posición del catéter y la sospecha de mal función del sistema derivativo (3,20). Cuando existe sospecha de hemorragia aguda, lesiones traumáticas complejas, infecciones intracraneales o patologías parenquimatosas que requieren caracterización detallada, la resonancia convencional o la tomografía computarizada continúan desempeñando un papel fundamental (17,22,23). En consecuencia, la selección de la modalidad de imagen debe individualizarse según el contexto clínico y no basarse exclusivamente en la disponibilidad tecnológica.

Perspectivas futuras

A partir de este panorama de aplicaciones ya consolidadas, es posible proyectar hacia dónde avanza el campo. El desarrollo de protocolos cada vez más breves, de hasta un minuto, sugiere que la reducción del tiempo de adquisición seguirá siendo una línea prioritaria (21). La incorporación de secuencias de difusión rápida abre una perspectiva adicional: complementar la evaluación anatómica con información cuantitativa sobre la integridad de la sustancia blanca periventricular, de utilidad potencial en el pronóstico neurológico (25,26). La resonancia portátil ha comenzado a explorarse en el cuidado neurocrítico pediátrico en general, aunque su papel específico en la hidrocefalia derivada aún requiere mayor evidencia (5). La estandarización institucional de los protocolos, con criterios explícitos sobre cuándo emplear secuencias de difusión, eco de gradiente o técnicas volumétricas complementarias, es una necesidad señalada de forma reiterada (4,10,22). Los primeros análisis de costos institucionales, aunque todavía limitados a un solo centro, sugieren que la relación entre reembolso, gasto del paciente y codificación administrativa del Fast Brain MRI requiere mayor atención antes de una adopción generalizada (24). En contextos de recursos limitados, la ausencia de un protocolo nacional de imagen es un vacío que podría beneficiarse de guías estandarizadas y mayor disponibilidad de resonancia rápida (7). La segmentación automática y la inteligencia artificial aplicadas a la cuantificación ventricular son una posibilidad razonable, aunque la evidencia específica permanece limitada y requiere mayor desarrollo antes de su adopción clínica.

Discusión

La evidencia analizada demuestra que el Fast Brain MRI ha evolucionado desde una técnica alternativa utilizada en centros especializados hasta convertirse en una modalidad diagnóstica cada vez más integrada en la práctica clínica para la evaluación de la hidrocefalia pediátrica. Los estudios publicados durante las dos últimas décadas muestran una tendencia consistente hacia la sustitución progresiva de la tomografía computarizada (TC) en pacientes portadores de derivación ventriculoperitoneal, motivada principalmente por la necesidad de disminuir la exposición acumulativa a radiación ionizante sin comprometer la precisión diagnóstica (6,9,18).

Uno de los hallazgos más consistentes encontrados en la literatura revisada es que la principal fortaleza del Fast Brain MRI radica en su excelente balance entre seguridad y rendimiento diagnóstico. Diversos estudios comparativos han demostrado que la precisión para detectar cambios en el tamaño ventricular y sospechar malfunción del sistema de derivación es comparable a la obtenida mediante tomografía computarizada (15,16). Incluso, Forman et al. (17) reportan una sensibilidad superior para la resonancia rápida en el contexto de urgencias neurológicas pediátricas, con menor proporción de patologías no detectadas, lo que refuerza la creciente confianza clínica en esta modalidad de imagen.

Estos resultados adquieren especial importancia si se considera la historia natural de la hidrocefalia pediátrica. La elevada frecuencia de revisiones quirúrgicas de los sistemas de derivación obliga a muchos pacientes a someterse a numerosos estudios de neuroimagen durante toda la infancia (1,2). En este contexto, la reducción de la radiación acumulativa deja de ser únicamente un beneficio potencial para convertirse en un objetivo prioritario de salud pública. Dobson et al. (1) y Koral et al. (9) demostraron que la repetición sistemática de estudios tomográficos incrementa el riesgo atribuible de cáncer inducido por radiación, riesgo que puede reducirse significativamente cuando el seguimiento se realiza mediante protocolos rápidos de resonancia magnética. Estos hallazgos respaldan plenamente la aplicación del principio ALARA (As Low As Reasonably Achievable) como fundamento de la práctica radiológica pediátrica moderna (20).

Otro aspecto relevante identificado durante la revisión es la constante evolución tecnológica de los protocolos de adquisición. Inicialmente, la resonancia rápida se limitaba a secuencias T2 obtenidas en pocos minutos (11,14); sin embargo, el desarrollo progresivo de secuencias HASTE, SSFSE, SS-GRE y protocolos ultrarrápidos ha permitido reducir el tiempo total de exploración hasta aproximadamente un minuto en determinadas instituciones (21). Esta disminución sustancial del tiempo de adquisición constituye uno de los principales factores responsables de la baja necesidad de sedación descrita en múltiples series (10,22), aspecto especialmente importante en lactantes y niños pequeños, donde la sedación implica riesgos adicionales, incremento de costos y prolongación de la estancia hospitalaria.

No obstante, la revisión también pone de manifiesto limitaciones que todavía condicionan la implementación universal del Fast Brain MRI. Desde el punto de vista técnico, persisten dificultades para la adecuada visualización del extremo distal de algunos catéteres ventriculares, especialmente en pacientes con ventrículos de pequeño tamaño, situación descrita por O’Neill et al. (14). Asimismo, la menor resolución espacial de algunos protocolos ultrarrápidos puede limitar la detección de lesiones pequeñas o de alteraciones hemorrágicas sutiles, particularmente cuando no se incluyen secuencias sensibles a susceptibilidad magnética (22,23).

Finalmente, las perspectivas futuras del Fast Brain MRI parecen especialmente prometedoras. El desarrollo de protocolos ultrarrápidos inferiores a un minuto (21), la incorporación de secuencias avanzadas de difusión para cuantificar lesión de la sustancia blanca (25,26), el empleo de técnicas volumétricas tridimensionales y la futura integración de algoritmos de inteligencia artificial para la segmentación automática del sistema ventricular podrían ampliar considerablemente las capacidades diagnósticas de esta modalidad. Estas innovaciones permitirían que la resonancia rápida evolucionara desde una herramienta destinada exclusivamente al seguimiento ventricular hacia un método más completo para la evaluación funcional y estructural del cerebro pediátrico.

En conjunto, la literatura disponible respalda que el Fast Brain MRI representa actualmente la alternativa de elección para el seguimiento imagenológico de muchos pacientes pediátricos con hidrocefalia, siempre que existan disponibilidad técnica y protocolos institucionales adecuados. No obstante, la consolidación definitiva de esta estrategia requerirá estudios prospectivos multicéntricos, estandarización internacional de los protocolos de adquisición y análisis robustos de costo-efectividad que permitan optimizar su implementación en distintos sistemas de salud.

Conclusiones

La evidencia revisada permite concluir que el Fast Brain MRI constituye una alternativa segura, eficaz y clínicamente útil para la evaluación y el seguimiento de la hidrocefalia pediátrica, especialmente en pacientes que requieren controles imagenológicos repetidos a lo largo de la infancia. Su principal ventaja frente a la tomografía computarizada es la ausencia de radiación ionizante, aspecto particularmente relevante en una población vulnerable y con elevada probabilidad de exposición acumulativa.

Los estudios comparativos incluidos muestran que la resonancia rápida presenta un rendimiento diagnóstico comparable al de la tomografía para valorar el tamaño ventricular y detectar cambios sugestivos de disfunción del sistema de derivación. En determinados escenarios de urgencia pediátrica, incluso se han comunicado una mayor sensibilidad y una menor proporción de hallazgos no detectados. No obstante, estos resultados deben interpretarse considerando la heterogeneidad de los protocolos, el diseño predominantemente retrospectivo de los estudios y las diferencias institucionales en disponibilidad tecnológica.

Desde el punto de vista radiológico, el Fast Brain MRI debe entenderse como un estudio dirigido y no como un reemplazo universal de la resonancia cerebral convencional. Su mayor utilidad se concentra en el control del tamaño ventricular, la evaluación de pacientes con derivación ventriculoperitoneal y el seguimiento posterior a ventriculostomía endoscópica del tercer ventrículo. La inclusión de secuencias rápidas sensibles a susceptibilidad, difusión o técnicas volumétricas puede ampliar su capacidad diagnóstica, aunque incrementa el tiempo de adquisición y requiere protocolos adaptados a la indicación clínica.

Persisten limitaciones relevantes. La visualización del trayecto o del extremo del catéter puede ser deficiente, especialmente en pacientes con ventrículos pequeños; además, los protocolos ultrarrápidos pueden presentar menor resolución y sensibilidad limitada para hemorragias pequeñas, lesiones traumáticas sutiles o alteraciones parenquimatosas complejas. Por ello, ante sospecha de sangrado agudo, trauma, infección o patología estructural no explicada, la tomografía computarizada o la resonancia magnética convencional continúan siendo necesarias.

La implementación exitosa de esta técnica depende no solo de su rendimiento diagnóstico, sino también de factores operativos, como la disponibilidad de resonancia fuera del horario habitual, la capacitación del personal, la estandarización de las secuencias y la coordinación entre radiología, urgencias, pediatría y neurocirugía. Las barreras económicas y administrativas descritas en algunos centros indican que su adopción debe acompañarse de análisis locales de costos, tiempos de atención y facturación.

En conjunto, el Fast Brain MRI puede considerarse la modalidad preferente para el seguimiento programado y para numerosos episodios de sospecha de mal función valvular en pacientes pediátricos clínicamente estables, siempre que exista disponibilidad inmediata y un protocolo institucional validado. La tomografía debe reservarse para situaciones en las que la rapidez extrema, la inestabilidad clínica, la sospecha de hemorragia o las limitaciones de la resonancia hagan necesario su empleo.

Finalmente, el futuro de esta técnica estará determinado por la reducción adicional de los tiempos de adquisición, la incorporación de biomarcadores cuantitativos de difusión, la segmentación ventricular automatizada y la inteligencia artificial. Sin embargo, antes de una adopción universal se requieren estudios prospectivos multicéntricos, protocolos comparables entre instituciones y evaluaciones robustas de costo-efectividad que permitan definir con mayor precisión su impacto sobre los resultados clínicos.

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