Índice
- 1 Resumen
- 2 Abstract
- 3 Introducción
- 4 Marco teórico
- 5 Metodología
- 5.1 Ahorcadura
- 5.2 Estrangulación
- 5.3 Sofocación
- 5.4 Asfixia posicional o postural
- 5.5 Sumersión
- 6 Conclusiones
- 7 Bibliografía
Incluido en la revista Ocronos. Vol. VIII. N.º 2–Febrero 2025. Pág. Inicial: Vol. VIII; N.º 2: 73
Autor principal (primer firmante): María Requejo Martín
Fecha recepción: 20/11/2024
Fecha aceptación: 02/02/2025
Ref.: Ocronos. 2025;8(2): 73
https://doi.org/10.58842/UAGG8318
Categoría: foren
TRABAJO DE FIN DE GRADO EN CRIMINOLOGÍA Curso 2021-2022
Autora
María Requejo Martín
Tutora
Dra. JULIA M. FERNÁNDEZ MARTÍN
Resumen
Al hablar de asfixias mecánicas, no todo el mundo puede saber a qué nos estamos refiriendo. Sin embargo, ver en las noticias muertes accidentales por atragantamiento y ahogamiento está a la orden del día; y así lo confirman los datos tanto del Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes (2021) como de la Organización Mundial de la Salud (2021) al revelar que estos dos tipos de muerte son la segunda y tercera causa de defunción respectivamente.
Pero las asfixias mecánicas no se reducen solo a la sofocación o al ahogamiento, así como tampoco su etiología de muerte se ciñe simplemente a los accidentes, ya que las asfixias son un método recurrente también a la hora de llevar a cabo un suicidio o un homicidio.
En cualquier caso, sea cual sea la clase de fallecimiento, tendrá que realizarse un procedimiento para esclarecer los hechos e identificar a la víctima, así como también determinar la causa y el momento en el que sobrevino la defunción. Para ello, serán las ciencias forenses y policiales las que se encargarán de investigar y ejercer sus respectivas funciones con el fin de averiguar la verdad de todo lo acontecido.
Sin embargo, a veces el diagnóstico de la causa y la forma de la muerte en el caso de las asfixias mecánicas puede ofrecer gran complejidad; de ahí la importancia de una adecuada colaboración entre la medicina forense con otras disciplinas como, en nuestro caso, la criminología, porque tan importante es el estudio del cadáver y sus lesiones como el análisis del lugar en el que se encontró y los testimonios de los posibles testigos y personas cercanas para conseguir un conocimiento más exhaustivo de la vida de la víctima y de la personalidad del presunto autor del crimen.
Palabras clave: asfixias mecánicas, lesiones postmortem, criminología, tanatología forense, medicina legal.
Abstract
When talking about mechanical asphyxia, not everyone may know what we are referring to. However, seeing accidental deaths from choking and drowning in the news is the order of the day; and this is confirmed by data from both the Risk and Accident Prevention Observatory (2021) and the World Health Organization (2021) by revealing that these two types of death are the second and third causes of death, respectively.
But mechanical asphyxia is not only reduced to suffocation or drowning, nor is its etiology of death simply limited to accidents, since asphyxiation is a recurrent method also when carrying out suicide or homicide.
In any case, whatever the type of death, a procedure will have to be carried out to clarify the facts and identify the victim, as well as to determine the cause and the moment in which the death occurred. For this, it will be the forensic and police sciences that will be in charge of investigating and exercising their respective functions in order to find out the truth of everything that happened.
However, sometimes the diagnosis of the cause and manner of death in the case of mechanical asphyxia can be very complex; hence the importance of adequate collaboration between forensic medicine and other disciplines such as, in our case, criminology, because the study of the corpse and its injuries is just as important as the analysis of the place where it was found and the testimonies of the possible witnesses and people close to him to obtain a more exhaustive knowledge of the life of the victim and the personality of the alleged perpetrator of the crime.
Keywords: mechanical asphyxia, postmortem injuries, criminology, forensic thanatology. Legal medicine.
Introducción
Resulta fascinante cómo a través del estudio de los fenómenos cadavéricos es posible averiguar, al menos de una forma aproximada, la hora y el modo en que una persona fallece. Y ya no solo es asombroso, sino que también es esencial para poder llevar a cabo una investigación policial y médico legal completa y competente.
La medicina legal y forense se encarga de aplicar los conocimientos médicos, jurídicos y administrativos para esclarecer o resolver asuntos judiciales y criminológicos. En coordinación con otras disciplinas forenses -como la tanatología, la piscología, la toxicología, la estadística, la criminología, etc.- presta el apoyo científico y técnico a la administración de justicia para determinar las causas, mecanismos y manera de la muerte de origen violento y auxiliar al juez acerca de los fenómenos médico-biológicos relacionados con algún hecho delictivo (Amador- Márquez, Mora-Apolinar y Orozco-Cobos, 2015; Fernández-Martín, 2016).
Por su parte, la patología y la tanatología forenses estudian el cadáver con el fin de esclarecer qué pasó, a qué hora sucedió el hecho, cómo se produjo y otras preguntas que tienen respuesta en la práctica de la autopsia (Mora-Tengono y Álvarez-Barona, 2014); y es que el estudio del cadáver es una fuente importante de evidencia para la investigación policial, puesto que en ocasiones existen dificultades para determinar a simple vista si lo que se produjo fue un homicidio, un suicidio o una muerte accidental.
De entre todos los tipos de óbito, las asfixias mecánicas resultan un tema de gran interés médico forense y de un valor criminológico innegable, ya que es una forma muy frecuente de defunción, tanto en su etiología suicida como accidental y homicida. Según datos extraídos del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2021), en el año 2020 un total de 448 personas (de ambos sexos y rango aproximado de edad de 15 hasta 95 años) se suicidaron mediante algún tipo de asfixia mecánica en España, mientras que las muertes accidentales por uno de estos métodos ascendieron a 2.913, de las cuales 2.511 (1.375 mujeres y 1.136 hombres) fueron precisamente por atragantamientos, por lo que el Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes (OPRA, 2021), apunta que los atragantamientos y sofocación accidental son la segunda causa de muerte accidental en nuestro país, por detrás de las caídas. A su vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) informa de que el ahogamiento es la tercera causa de muerte por traumatismo no intencional, estimando que cada año mueren aproximadamente 236.000 personas por este tipo de asfixia.
En cuanto a la etiología homicida de las asfixias mecánicas, es uno de los puntos más interesantes y complejos a los que se enfrenta la medicina legal, ya que cuando se hace un diagnóstico cierto de muerte por ahorcamiento o sumersión, se suele pensar sistemáticamente en la idea de suicidio, mientras que, en casos de muerte por sofocación o estrangulación, la etiología que toma más fuerza es la del homicidio (Poveda, 1963). Sin embargo, esto no siempre es así, ya que existen casos en los que un asesinato intenta camuflarse o confundirse con una muerte suicida o accidental por parte del propio criminal. Igualmente, en ocasiones también ocurre que los médicos forenses no pueden determinar de forma concluyente la causa ni la etiología de la muerte simplemente con examinar el cadáver, bien porque el estado de descomposición está demasiado avanzado, bien porque -en el caso de las asfixias- la ausencia de signos específicos dificulta el diagnóstico de cada tipo concreto, pues la expresión de anoxia es similar en todas las asfixias (Hervia-Ruiz, 2015). Será en estos casos donde cobre mayor importancia la tarea de la pericia criminológica (Climent-Durán, Garrido- Genovés y Guardiola-García, 2012) en todas sus vertientes.
La Criminología es la ciencia que tiene por objeto el estudio empírico del delito, del delincuente, de la víctima y de las reacciones sociales frente a esos comportamientos delictivos (Redondo y Garrido, 2013) en vistas a explicar cómo surge la delincuencia y de qué maneras se puede reaccionar ante el delito para combatirlo y prevenirlo. Dado su carácter psicosocial e interdisciplinario, la criminología incluye saberes propios de otras disciplinas como la psicología, el derecho, la sociología y las ciencias forenses (Ceballos-Espinoza, 2021), lo que pone de manifiesto su gran relevancia dentro de la función policial y, en particular, de la criminología forense en la investigación de delitos contra las personas.
En este sentido, se puede definir la criminología forense como el estudio científico del delito y los delincuentes con el propósito de orientar actividades de investigación criminal e interés legal. En lo concerniente a la colaboración con la medicina-legal, el criminólogo forense podrá brindar asesoramiento sobre cuestiones relacionadas con: la reconstrucción de los hechos y de la escena del crimen; la determinación de la existencia de tortura; el análisis de vinculación, determinando la conexión entre dos o más casos a través del análisis de la propia escena, entre otras funciones (Camacho-Espinosa, 2022). Asimismo, dentro del proceso penal también podrá este profesional auxiliar a los jueves para una mejor toma de decisiones a través de la elaboración de informes criminológicos, perfiles criminales o en materia de valoración del riesgo de violencia.
En los delitos de homicidio, concretamente, la idea principal del estudio de la criminología es entender qué causas llevaron a un sujeto a cometer el acto delictivo sobre una víctima, en qué circunstancias se realizaron las acciones y las consecuencias a las que conlleva dicho acto en la sociedad. Por ello, la investigación criminal -respaldada tanto por la criminología como por la medicina forense y la criminalística- se valdrá de diferentes recursos y procedimientos que dichas disciplinas le proporcionan con el propósito de determinar la existencia de un delito y dar con el perpetrador, ya que en este tipo de ilícitos tendremos varios elementos que estudiar, tales como: el cadáver; la escena del crimen; los testimonios de posibles testigos o la historia personal de la víctima, entre otros (Norza-Céspedes, Morales-Quintero, Merchán-Rojas y Meléndez Cardona, 2013; Vargas-Lázaro, Cortes-Mendoza y Quintero-Camacho, 2015).
Para que los criminólogos puedan desarrollar adecuadamente su cometido, el instrumento básico y principal que utilizan es el informe criminológico (Germán-Mancebo, 2013), a través del cual ofrecen una perspectiva alternativa y exhaustiva acerca del análisis de las evidencias, de los testimonios y de la criminodinámica delictiva, lo que es útil tanto para la orientación de la investigación policial como para la mejor comprensión de los hechos por parte del juez en el juicio oral (Ciment-Durán, Garrido-Genovés y Guardiola-García, 2012; Mejía-Dueñas, Días, Matamoros y Villanueva, 2018).
Otra de las especialidades del criminólogo en su afán de proporcionar ayuda al tribunal, al jurado y a la investigación criminal consiste en la técnica de perfilación criminológica, a través de la cual recopila y analiza las evidencias físicas y psicológicas extraídas del lugar del hecho -donde se examina el modus operandi y la firma del delincuente- y de la víctima para inferir una estimación acerca de las características conductuales y personales del autor del crimen -cuando este es desconocido-, así como sus posibles motivaciones (Sánchez-Gómez, 2012; Miranda-Díaz, 2017).
Para realizar el perfil, el profesional criminólogo también toma en consideración toda la información que le proporcionan otros especialistas, como los forenses y policías (Garrido, 2012), ya que, como ya hemos podido mencionar, una necropsia completa es un elemento indispensable para la reconstrucción de los movimientos e interacciones de la víctima antes de su muerte y para la documentación de detalles postmortem relevantes para la investigación, tales como lesiones compatibles con ensañamiento, heridas simbólicas, asalto sexual, utilización de más de un procedimiento para causar la muerte, signos de restricción o tortura, mutilaciones, etc.; todas ellas actividades que pueden relacionarse con la conducta que constituye la firma del criminal (Pachar- Lucio y Jurado-Iglesias, 2017).
Por tanto, es evidente que para la perfilación criminológica, es fundamental que el criminólogo y los demás profesionales forenses no solo realicen un estudio exhaustivo de la escena del crimen y un cotejo adecuado con la información testimonial, policial y médico-forense (Torres, 2009), sino también que elaboren una correcta interpretación de todos esos elementos criminógenos.
Por todo ello, con este trabajo se pretende destacar lo más relevante de la literatura existente respecto a las asfixias mecánicas, tanto los signos postmortem clásicos y generales como los fenómenos específicos de cada modalidad, esto es, ahorcamiento, estrangulación, sofocación y sumersión.
Esto no solo resultará útil a la medicina legal y forense en cuanto a poder establecer con mayor precisión tanto la causa de la muerte como su etiología a la hora de enfrentarse a un posible caso de asfixia, sino que también ayudará al campo criminológico y criminalístico en lo referente a la investigación policial -en la búsqueda de sospechosos y pesquisas- y a la elaboración de los informes periciales en el asesoramiento judicial.
Marco teórico
Concepto de asfixia. Generalidades
En un principio, en la época galénica se creó el término “asfixia” para designar a las muertes repentinas acompañadas de paro cardíaco (Rodríguez-Jorge, 2009); de ahí que, etimológicamente, dicho vocablo signifique ausencia o cese del pulso o la palpitación (Solano-González, 2008; Hervi- Ruiz, 2015).
Con el tiempo, tanto la palabra como el uso que se le otorga ha ido evolucionando hasta que, actualmente, se entiende que la asfixia es la suspensión de la corriente de aire o del cese de la función respiratoria, a pesar de que en realidad es el resultado de la falta de oxígeno, lo que también se conoce como anoxia (Poveda, 1963).
Las células de nuestro organismo necesitan oxígeno para el correcto funcionamiento del mismo, cuyo aporte está asegurado por cuatro mecanismos, como son: la ventilación, donde el aire llega desde el exterior a través de las vías respiratorias hasta los bronquios y demás ramificaciones bronquiales; la hemoglobina, que transporta el 97% del oxígeno (el 3% se transporta disuelto en el plasma) y lo introduce por intercambio directo en los capilares de los alvéolos pulmonares; la circulación, que ayuda a transportar la sangre oxigenada por los vasos sanguíneos a todos los tejidos y órganos del cuerpo; y los intercambios gaseosos, mediante los cuales se elimina el dióxido de carbono resultante de la actividad celular. Por ello, para que exista una correcta oxigenación celular y tisular, debe haber un adecuado nivel de oxígeno en el ambiente, deben estar suficientemente libres y despejadas las vías respiratorias, debe estar completo el circuito cardíaco/respiratorio, la circulación debe ser lo suficientemente fluida y debe haber la suficiente capacidad de transporte de oxígeno por parte de los hematíes.
Fisiopatogenia de la asfixia
Cuando alguno o varios de los pasos fisiológicos anteriormente mencionados esté impedido o alterado, se acabará produciendo bien la hipoxia (Si la falta de oxígeno es parcial) O la anoxia o asfixia (Si el déficit es total). Respecto a esta última, dependiendo de dónde ocurra la falta de oxígeno y la duración de la misma, la etiología del proceso asfíctico será diferente; así, Barcroft (1920 citado por Hervia-Ruiz, 2015) dividió la anoxia en tres grupos:
§ Asfixia anémica: La falta de oxígeno se debe a alteraciones en los eritrocitos, la hemoglobina o en el propio transporte del oxígeno a nivel molecular (como en el caso de anemias o de intoxicación por monóxido de carbono, por ejemplo).
§ Asfixia isquémica o circulatoria: Cuando la escasa o nula permeabilidad de los vasos sanguíneos impide una perfusión tisular adecuada de sangre oxigenada (como en el fallo cardíaco o en algún tipo de shock, por ejemplo).
§ Asfixia anóxica: Cuando hay escasez de oxígeno en el ambiente, cuando hay insuficiencia respiratoria (por una enfermedad pulmonar, por ejemplo) o cuando las vías respiratorias no están libres. Este tipo de asfixia se conoce como asfixia mecánica, ya que la falta de oxígeno está provocada por agentes externos y, en ocasiones, por terceras personas. Son las que nos interesan para nuestro trabajo y que desarrollaremos más adelante. Posteriormente, Peters y Van Slyke (1931 citados por Hervia-Ruiz, 2015) añaden otro grupo a esta clasificación:
§ Asfixia histotóxica o tisular: Ocurre cuando, a pesar de haber oxígeno libre y disponible en el entorno, existe incapacidad de ser utilizado adecuadamente por las células y los tejidos, debido a una liberación de moléculas tóxicas en la sangre (como puede ocurrir en la intoxicación por ácido cianhídrico). Dentro de este grupo se desglosan cuatro subtipos:
o Extracelular: representa un fallo en los tejidos del sistema enzimático del oxígeno.
o Peri-celular: el oxígeno no puede acceder a la célula debido a la disminución de la permeabilidad de la membrana celular (como actúan agentes anestésicos solubles y lipoides hidrocarburos halogenados).
o Celular: ineficiente utilización del oxígeno por la célula a causa de insuficiente energía.
o Metabólica: cuando el producto acabado de la respiración celular no puede ser eliminado, como en la uremia o en el envenenamiento por dióxido de carbono (CO2).
A este efecto, Knight (1991 citado por Calabuig, 2004 y Hervia Ruiz, 2015) estableció una serie de situaciones en función de la causa que origine el proceso anóxico:
· Ausencia o reducción de la presión de oxígeno atmosférico o sustitución de este por un gas inerte, como el dióxido de carbono.
· Oclusión de los orificios externos respiratorios.
· Bloqueo del tracto respiratorio, a nivel de la faringe, laringe o tráquea.
· Restricción de los movimientos respiratorios del tórax, impidiendo el paso del aire.
· Enfermedades pulmonares que impiden o reducen el intercambio gaseoso.
· Reducción de la función cardíaca, que conlleva la incapacidad de mantener el flujo circulatorio.
· Disminución de la capacidad de transporte de oxígeno
· Incapacidad de las células para utilizar el oxígeno.
Según autores como Concheiro y Peñaranda (2004), la mayoría de las anoxias que interesan al campo de la medicina legal son encuadradas en el grupo de la anoxia anóxica y, como hemos mencionado anteriormente, se conocen como asfixias mecánicas, a pesar de que algunas de las modalidades asfícticas no son consecuencia de este tipo de anoxia, sino que son resultado de la isquemia encefálica (reducción del flujo sanguíneo que provoca la disminución de la cantidad de oxígeno y nutrientes en los tejidos). Asimismo, hay bastantes asfixias en las que se produce hipercapnia (acumulación de anhídrido carbónico en la sangre y tejidos), que también tiene una acción perjudicial para el organismo, aunque no tan relevante como la anoxia.
Lesiones postmortem comunes en las asfixias
Durante mucho tiempo, el diagnóstico de asfixia se basó en una serie de hallazgos anatomopatológicos conocidos como “síndrome asfíctico” o “signos clásicos de asfixia”, los cuales se ha demostrado no ser específicos ni exclusivos de muertes asfícticas, ya que pueden estar presentes también en muertes producidas por otras patologías, tales como infarto de miocardio, insuficiencia respiratoria, etc. (Calabuig, 2004; Concheiro y Peñaranda, 2004; Solano-González, 2008; Hervia-Ruiz, 2015; Ortíz-Elizalde, Peña-Licea, Fábrega-Corella y Hernández-Pérez, 2019 y Fernández-Martín, 2016). Estos signos post-mórtem tanto macroscópicos como microscópicos son:
· Hemorragias petequiales: Se trata de puntos hemorrágicos puntiformes, de 1-2 milímetros, causados por la distensión y/o rotura de pequeños vasos debido al aumento agudo de la presión venosa cefálica. Pueden apreciarse especialmente en zonas laxas de la piel como los párpados, en la esclerótica o conjuntiva ocular (ver Figuras 1 y 2) y debajo de las membranas serosas viscerales del cerebro (subgaleales), el corazón (subpericárdicas) o los pulmones (subpleurales). Se conocen como manchas de Tardieu, ya que fueron descritas por este autor por primera vez en el siglo XIX.
Para poder relacionar las petequias con la asfixia, debemos asegurarnos de que su aparición, en general, no está producida por otros procesos patológicos (Discrasias sanguíneas, procesos infecciosos, etc.). Asimismo, respecto a las petequias faciales, debemos descartar otros mecanismos por los que pueden aparecer (Que el cadáver tenga la cabeza por debajo del cuerpo o que se hubieran realizado maniobras de reanimación cardiopulmonar); en cuando a las petequias conjuntivales, no es inusual que aparezcan de forma aislada, es decir, en ausencia de las faciales; por su parte, las petequias viscerales pueden desaparecer durante la autopsia o confundirse con lo que se conoce como pseudopetequias, producidas por el engrosamiento de canales venosos.
Figuras 1 y 2. Petequias en interior del párpado y esclerótica
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixiología médico legal [Fotografías]. Samano-Peñuelas, JJ; Sánchez-Castro, JM. 2018
· Congestión visceral: Debido a la lesión vascular y capilar como resultado de la obstrucción del retorno venoso, se pueden apreciar los órganos internos congestionados y llenos de sangre de modo muy evidente.
· Edema pulmonar: Este “encharcamiento pulmonar” es debido al aumento de la presión en la oclusión de las vías aéreas, que produce tanto la rotura de capilares como la lesión alveolar.
· Cianosis cutánea: Es el color azulado o amoratado de la cabeza y el tórax superior principalmente (ver Figura 3). Ello es debido al cúmulo pasivo de sangre reducida en oxígeno y hemoglobina, ya que el color de la sangre dependerá de la cantidad absoluta de oxihemoglobina y hemoglobina en los eritrocitos (con 5 g por cada 100 ml de sangre será evidente la cianosis).
Figura 3. Cianosis evidente
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixias mecánicas [Fotografía]. González-Isea, E; González-Carrero, A. 2011.
· Color y fluidez de la sangre: La sangre obtiene un color menos rojo y más oscuro de lo habitual, así como mayor fluidez, lo cual se le atribuye al resultado de una alta tasa de fibrinólisis producida en las muertes rápidas, posiblemente debido los altos niveles agónicos de catecolaminas.
· Aumento de las cavidades derechas del corazón: Este hallazgo, considerado con signo asfíctico solo por algunos autores (Solano-González, 2008), puede ocurrir cualquier tipo de muerte por congestión, incluyendo insuficiencia cardíaca congestiva primaria producida por muchas enfermedades.
A riesgo de resultar redundantes, no está de más volver a recordar la inespecificidad de estos hallazgos, los cuales debemos considerarlos únicamente sugerentes de un cuadro asfíctico, pero en ningún caso demostrativos de este. Serán las lesiones propias y características de cada modalidad de asfixia las que nos ayudarán a realizar el diagnóstico, puesto que cada tipo de asfixia mecánica cuenta con unos signos específicos (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Metodología
Este trabajo se ha basado en una revisión bibliográfica de la literatura existente sobre el tema de interés a este efecto, la cual se ha realizado a través de la metodología PRISMA. La búsqueda de información la hemos realizado a través de las siguientes bases de datos: Google Académico; ProQuest; Dialnet; y PubMed.
Para poder obtener material concreto referente a la temática de nuestro trabajo, hemos utilizado en cada buscador una estrategia de búsqueda formada por la combinación de palabras clave y los operadores booleanos AND y OR. Debido a que no en todos los buscadores nos daba buen resultado la misma combinación de palabras, optamos por utilizar en cada uno algo diferente, quedando así:
· Google Académico: asfixia AND mecánica AND lesiones postmortem OR post mortem = 660 resultados.
· ProQuest: asfixias mecánicas = 12 resultados.
· Dialnet: Asfixias mecánicas = 70 resultados.
· PubMed: Mechanical asphyxia = 914 resultados (en esta base de datos nos daba la opción de filtrar por “textos completos gratuitos”, por lo que el resultado se nos redujo a 191).
Como criterios de inclusión, aceptamos artículos originales, artículos de revistas, de revisión, estudios de caso. Sin intervalo de tiempo específico y solo artículos en español y en inglés.
Como criterios de exclusión, rechazamos artículos a los que no tengamos acceso por ningún medio al texto completo, aquellos artículos que estén duplicados y aquellos que no estén relacionados con el objetivo de nuestro trabajo, tales como: artículos que traten de asfixias naturales o debidas a otras patologías; aquellos cuyo tema sean las asfixias mecánicas en animales; estudios poblacionales que solo busquen cuantificar la prevalencia de las asfixias, entre otros
Ver diagrama en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Cuestiones médico legales de las asfixias mecánicas
En el contexto médico legal, la clasificación de las asfixias mecánicas y la definición de cada uno de los tipos varía de acuerdo al autor o libro de texto que se consulte (Mejía-Dueñas, Días, Matamoros y Villanueva, 2018). Si bien existe gran discrepancia entre los autores a la hora de clasificarlas bajo un nombre o grupo común, se puede observar que la mayoría de esas agrupaciones engloban, de una forma u otra, las mismas modalidades asfícticas (Poveda, 1963; Concheiro y Peñaranda, 2004; Vásquez-Guerrero, 2012; Hervia-Ruiz, 2015; Mejía-Dueñas, Días, Matamoros y Villanueva, 2018; Sánchez y Perea, 2019).
Una de las clasificaciones que mejor agrupa todas las asfixias mecánicas es la de Sauvageau y Boghossian (2010 citados por Ortiz-Elizalde, Peña-Licea y Fábrega-Corrella, 2019), quienes se basaron en el contexto forense para crear tres grupos con sus respectivos subtipos. Posteriormente, Concheiro y Peñaranda (2004) exponen una clasificación similar, aunque más completa, la cual es:
· Asfixias por compresión externa del cuello
o Ahorcadura
o Estrangulación
1. Estrangulación a lazo
2. Estrangulación manual
3. Estrangulación antebraquial
· Sofocación
o Oclusión de los orificios respiratorios externos
o Obstrucción intrínseca de las vías respiratorias (internas)
o Compresión toracoabdominal
o Carencia de aire respirable
· Sumersión (introducción de un medio líquido en las vías respiratorias).
Como ya mencionamos anteriormente, cada tipo de asfixia mecánica cuenta con unas lesiones específicas en función del mecanismo por el que se produce la muerte, su etiología o los métodos que se siguen para llegar a ella, entre otras circunstancias. Por ello, consideramos relevante para el objetivo de nuestro trabajo desarrollar cada modalidad y conocerlas en profundidad.
Ahorcadura
La ahorcadura o ahorcamiento puede definirse como la muerte producida por la constricción del cuello ejercida por un lazo, soga o similar sujeto a un punto fijo y sobre el cual ejerce tracción el propio peso del cuerpo.
Existen diversos tipos de ahorcaduras, las cuales pueden clasificarse según varios criterios. Por un lado, de acuerdo con la posición del cuerpo encontramos la ahorcadura completa y la incompleta; en la ahorcadura completa el cuerpo se encuentra totalmente suspendido en el aire sin ninguna zona en contacto con objetos o superficies, mientras que en la ahorcadura incompleta sí se produce un mayor o menor contacto del cuerpo con algún punto de apoyo (ver Figura 4). Este tipo de ahorcadura no es tan infrecuente como se pueda pensar, pues, aunque la constricción del lazo se efectúa solo por una parte del peso corporal, ello es suficiente para ocasionar la muerte (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Otra clasificación es según la posición del nudo, donde obtenemos: la ahorcadura simétrica, cuando el nudo se encuentra en la línea media, en una posición submentoniana o en la nuca; y la ahorcadura asimétrica, en los casos en que la situación del nudo es cualquier otra. Este tipo es mucho más frecuente que la simétrica, puesto que lo más común es que el nudo se encuentre por detrás de uno de los ángulos mandibulares (ver Figura 5).
De igual forma, podemos hablar de ahorcadura típica cuando el nudo está ubicado en posición posterior y central al cuello, y de ahorcadura atípica si se encuentra en posición submentoniana o lateral (Sánchez y Perea, 2019).
Por su parte, el lazo utilizado para el colgamiento puede ser de diversos materiales, dependiendo principalmente de disponibilidad, ya que no siempre se contará con la típica soga que nos viene a la mente cuando hablamos de ahorcaduras. Es importante precisar que tanto el material como su consistencia puede ser muy variable y eso acabará reflejado en las características del surco. Por ello, los lazos suelen clasificarse en: blandos y duros o rígidos; y el cierre de los mismos generalmente se efectúa por medio de un nudo fijo o corredizo (ver Figuras 6 y 7).
Figura 4. Tipos de ahorcadura incompleta. Fuente: Medicina Legal y Toxicología [Imagen]. Gisbert-Calabuig, J.A. 2004.
Figura 5. Ahorcadura simétrica y asimétrica. Fuente: Medicina Legal y Toxicología [Imagen]. Gisbert-Calabuig, J.A. 2004.
Figura 6. Surco duro o rígido. Fuente: Asfixiología médico legal [Fotografía]. Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
Figura 7. Surco blando. Fuente: Asfixiología [Fotografía]. Chacón-Chacón, F. 2020
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Etiología
En cuanto a la etiología de la ahorcadura, la suicida es la más frecuente y preponderante de todas las muertes asfícticas de esta etiología, como se refleja en el estudio de Ortiz-Elizalde, Peña-Licea, Fábrega-Corrella y Hernández-Pérez (2019). Por ello, es habitual asociar este tipo de muerte con esta etiología y, de ahí, que algunos criminales lleven a cabo lo que se conoce como ahorcadura simulada (Teijeira Álvarez, 1995; Concheiro y Peñaranda, 2004) con la pretensión de ocultar un homicidio por otro mecanismo.
En mucha menor frecuencia, aunque no por ello de extraña ocurrencia, nos encontramos la etiología accidental, la cual suele corresponder a casos en los que un niño se precipita de la cuna con el cordón del chupete enganchado al cuello, por ejemplo, o en supuestos de las llamadas asfixias sexuales o autoeróticas, donde la persona busca una situación de éxtasis a través de provocar una situación de asfixia. Un claro ejemplo lo podemos encontrar en el caso estudiado por Sibón-Olano, Martínez-García, Quesada-Palacios y Vizcaya-Rojas (2010).
Por su parte, la etiología homicida es excepcional, sobre todo en adultos, pues para que tenga lugar debe existir gran desigualdad de condiciones entre el agresor y la víctima, pudiendo darse en casos como: la diferencia de fuerzas entre un adulto y un niño; la ventaja que conlleva la pérdida de conciencia por parte de la víctima, debido a algún traumatismo previo o al suministro de tóxicos; o cuando el número de agresores es superior (linchamiento).
En último lugar, a pesar de que cada vez es más inusual esta etiología, cabe mencionar la variedad judicial, puesto que en un tiempo la ahorcadura fue una forma de ejecución de la pena capital. Aunque todavía se pueda seguir utilizando en algunos países, cada vez está más obsoleta y el interés que pueda despertar es más bien histórico.
Fisiopatogenia
El mecanismo de la muerte en la ahorcadura puede deberse a cuatro causas, a saber:
· Anoxia anóxica: Cuando el lazo se encuentra situado simétricamente, esto es, el nudo a nivel de la parte posterior de la nuca y el asa por debajo del maxilar inferior, tráquea se comprime y se produce la retropulsión de la lengua, la cual se aplica contra la pared posterior de la faringe y acaba bloqueando las vías respiratorias. Al mismo tiempo, también se comprimen los grandes vasos de la base del cuello, especialmente las carótidas, por lo que se acaba produciendo la asfixia anóxica.
Un hecho reseñable es que se han descrito casos de muerte por ahorcadura en personas con traqueotomía (Concheiro y Peñaranda, 2004; Spitz, 2006 citado por Sánchez y Perea, 2019), por lo que la compresión de la tráquea y la retropulsión de la lengua por sí solos no conducirían al mismo resultado que si ocurre junto a la opresión de las arterias.
· Isquemia encefálica: Ocurre como consecuencia del compromiso vascular, arterial y/o venoso, por la constricción del lazo, lo que provoca una interrupción rápida de la circulación de la sangre al cerebro. Esta compresión tanto de las arterias carótidas y vertebrales como de las venas yugulares explica la pérdida brusca y rápida de la consciencia y la imposibilidad de reacción incluso en casos de ahorcadura incompleta, puesto que en estos últimos solo hace falta el peso de una parte del cuerpo para al alcanzar las presiones necesarias para ocluir las venas yugulares y las arterias carótidas. No obstante, para comprometer las arterias vertebrales son necesarias presiones mucho mayores. A este respecto, hay autores que discrepan, ya que si bien unos hablan que con 3,5 kg basta para comprimir las arterias carótidas y con 16,6 kg las arterias vertebrales (Simonin, 1982 citado por Sánchez y Perea, 2019), otros como Hoffman (1983) consideran que para las carótidas y las venas yugulares se necesitan entre 2 y 5 kg, así como 30 kg para las arterias vertebrales (Gisbert Calabuig, 1983 citado por Concheiro y Peñaranda, 2004).
· Inhibición refleja: La inhibición sería debida a la irritación traumática de los nervios del cuello, como son el nervio simpático pericarotídeo (Sánchez y Perea, 2019), el seno carotídeo directamente (Teijeira-Álvarez, 1995) o del propio neumogástrico (Knight, 1991 citado por Concheiro y Peñaranda, 2004), lo cual provocaría un paro cardíaco. No obstante, este mecanismo de muerte es bastante discutido, ya que se considera posible pero raro, dada la dificultad de comprobar el daño axonal en los nervios.
· Lesión medular: En los casos de ejecución de la pena capital y en las ahorcaduras suicidas o accidentales en las que también se produzca la caída libre del cuerpo, se originan graves lesiones vertebrales con lesión medular concomitante, lo cual ocasiona una muerte muy rápida. El nivel más frecuente de lesión en estos casos es a la altura de las vértebras cervicales C2-C3. Este mecanismo de muerte suele ser el más atípico, pero podemos encontrar un claro ejemplo en el caso presentado por Bayona-Santana y Villalonga-Costa (2019).
Hallazgos necrópsicos
Como en toda autopsia, en el diagnóstico del ahorcamiento encontraremos tanto lesiones internas como externas. Dentro de ellas, agruparemos las lesiones según sean cervicales o extracervicales.
Lesiones externas
En el examen externo, la lesión más representativa es el surco, es decir, la impronta que deja el lazo en el cuello a modo de una depresión longitudinal que lo rodea. El surco suele presentar ciertas características que permiten atribuirlo a la ahorcadura (ver Figura 8), las cuales son:
· Situación: habitualmente por encima de la laringe, sobre el cartílago tiroides.
· Dirección: oblicua ascendente hacia el nudo.
· Profundidad: variable, pero generalmente más marcada en la zona opuesta al nudo.
· Continuidad: alrededor del cuello e interrumpido a la altura del nudo.
· Número: único, por lo general, pero a veces el lazo se ha arrollado más de una vuelta, marcándose varios surcos alrededor del cuello.
· Aspecto del fondo: El aspecto del surco varía según el tipo de lazo y el tiempo que haya durado el individuo suspendido. Así, por lo general, el aspecto es suave y blancuzco (Poveda, 1963), pero si el cadáver ha estado expuesto mucho tiempo al aire, la apariencia del surco se vuelve dura, amarillenta y apergaminada.
Figura 8. Marca surco de ahorcadura
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixiología médico legal [Fotografía]. Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
En el examen del surco es interesante observar la posible presencia en su fondo del dibujo de la trama del lazo (Sánchez y Perea, 2019; Fernández-Martín, 2016) O de crestas hemorrágicas y vesículas de contenido seroso o serosanguinolento; estos dos últimos hallazgos son más frecuentes en la piel pellizcada entre dos surcos. En ocasiones, se observa también que ambos bordes del surco están flanqueados por una fina banda eritematosa. La superior puede ser una forma de lividez cadavérica, pero no la inferior. Estas lesiones, exceptuando la primera, pueden ser útiles como signos de reacción vital en el surco (Concheiro y Peñaranda, 2004).
El rostro de los ahorcados puede estar congestionado o no, dependiendo tanto de la posición del nudo de la soga (tipo de ahorcamiento) como del grado de compromiso vascular. Por tanto, en la ahorcadura simétrica y completa existirá una obstrucción de la circulación arterial y venosa en todos los vasos, por lo que lo más probable es que el rostro esté pálido; por el contrario, en la ahorcadura asimétrica e incompleta la sangre seguiría afluyendo a la cabeza por una de las arterias carótidas y por ambas arterias vertebrales, presentando el cadáver un aspecto congestivo en la parte craneoencefálica y superior del tórax (Fernández-Martín, 2016). Es en este caso, cuando se produce congestión, que puede aparecer otorragia e incrementarse las hemorragias petequiales palpebrales y conjuntivales.
Por la presión del lazo, la lengua se proyecta hacia el exterior quedando atrapada entre los dientes y, debido a la deshidratación postmortem, adquiere una coloración negruzca. De no existir lesiones por mordedura, no debe atribuirse significado de reacción vital a dicho hallazgo.
En los casos de suspensión completa, se pueden apreciar livideces cadavéricas en las zonas distales de las extremidades. Si el tiempo de suspensión es prolongado, es frecuente observar en las zonas de lividez una intensa púrpura hipostática (punteado parecido a la escarlatina) que no debe confundirse con las hemorragias petequiales (ver Figuras 9 y 10).
En ocasiones pueden observarse lesiones traumáticas de tipo contuso o de otra naturaleza, las cuales deben ser cuidadosamente valoradas.
Figura 9. Ahorcadura completa
Fuente: Asfixiología médico legal [Fotografía]. Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
Figura 10. Posición habitual de las livideces en los ahorcados. Fuente: Medicina Legal y Toxicología [Imagen]. Gisbert-Calabuig, J.A. 2004.
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Lesiones internas
Aunque las lesiones cervicales internas de la ahorcadura pueden ser poco frecuentes, no son excepcionales, por lo que conviene conocerlas. Estos signos internos propios de la ahorcadura son:
· Infiltraciones hemorrágicas (Hervia-Ruiz, 2015), así como desgarros o roturas parciales (Poveda, 1963) en los músculos esternocleidomastoideos.
· Línea blanquecina o pálida en la cara interna del cuello coincidente con la posición del surco en su cara externa (línea argentina o línea de plata), como consecuencia de la condensación o resquebrajamiento del tejido celular subcutáneo bajo el surco (ver Figura 11). No tiene significado vital, pero está relacionada con la suspensión prolongada del cuerpo (Sibón-Olano, Martínez- García, Palacios-Granero y Romero-Palanco, 2005).
Figura 11. Línea argentina
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Ahorcamiento legal [Fotografía]. Baez-Baez, JU. 2013
· Infiltración hemorrágica en músculos y adventicia carotídea (signo de Martin). Suele indicar vitalidad
(Sánchez y Perea, 2019) (ver Figura 12).
Figura 12. Signo de Martin
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Ahorcamiento legal [Fotografía]. Baez-Baez, JU. 2013
· Desgarro transversal en la íntima de las arterias carótidas (signo de Amussat) (ver Figura 13) y yugulares internas (signo de Otto).
Figura 13. Signo de Amussat
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Ahorcamiento legal [Fotografía]. Baez-Baez, JU. 2013
· Rupturas de las astas mayores del hioides y de las superiores del cartílago tiroides.
Los desgarros vasculares y las rupturas osteocartilaginosas suelen presentar infiltración hemorrágica en el estudio histológico (Sibón-Olano, Martínez-García, Palacios-Granero y Romero-Palanco, 2005) cuando son consecuencia de una suspensión intravital. Asimismo, cuando la sangre se halla coagulada significa que la hemorragia se produjo todavía en la vida del sujeto (Poveda, 1963).
En ocasiones puede observarse en el tejido conjuntivo prevertebral una infiltración hemorrágica (equimosis retrofaríngea de Brouardel), producida por el choque de la base de la lengua y la laringe contra la faringe. No obstante, suelen verse en casos de ahorcamiento que no sean de etiología judicial (Poveda, 1963; Concheiro y Peñaranda, 2004).
En cuanto a las lesiones extracervicales internas, cabe referirse a las infiltraciones hemorrágicas en los discos intervertebrales. Esta alteración constituye un signo de reacción vital en la ahorcadura. La columna lumbar parece ser la localización más frecuente de las hemorragias, las cuales pueden aparecer tanto en los casos de suspensión completa como incompleta.
En el resto del examen interno se encontrarán las lesiones generales e inespecíficas de asfixia ya descritas, como, por ejemplo, la congestión visceral y las manchas de Tardieu, entre otros.
Cuestiones médico-legales
Las cuestiones médico-legales que plantean las ahorcaduras son principalmente dos: el diagnóstico de la causa de la muerte y la determinación de su etiología (Concheiro y Peñaranda, 2004; Fernández-Martín, 2016).
Respecto a la primera, debemos demostrar la existencia de las lesiones propias y específicas de la ahorcadura, así como su carácter intravital; Ello nos ayudará a excluir cualquier otra causa de muerte violenta, ya sea mecánica o tóxica, sobre todo de la estrangulación y la sofocación por oclusión de los orificios respiratorios, pues muchos de sus signos post mortem pueden resultar similares. En ocasiones, será necesario y recomendable apoyarse en estudios histológicos, toxicológicos y bioquímicos para un mejor esclarecimiento.
En cuanto a la segunda cuestión, debemos llevar una investigación individualizada y cuidadosa de cada caso, y no dar por hecho desde el principio que la etiología del ahorcado sea suicida. Para poder conseguir un diagnóstico etiológico fiable, aparte de la autopsia es necesario realizar un estudio minucioso del lugar de los hechos y de los antecedentes del fallecido (situación sociofamiliar, económica y los antecedentes patológicos, psíquicos y somáticos), así como una investigación toxicológica.
El examen del lugar del hecho es fundamental y debe ser llevado a cabo con total meticulosidad, observando la modalidad de suspensión y la complejidad del mecanismo de ahorcadura, la existencia de posibles cartas de despedida o fotos de contenido erótico, entre otros. En el momento de retirar el lazo o la soga, esto se hará preservando siempre el nudo, ya que nos puede aportar información sobre los conocimientos o profesión de quien lo hizo, así como también contener ADN (células epiteliales) de dicha persona.
La investigación toxicológica puede tener considerable importancia, en particular la del alcohol etílico y otros tóxicos depresores del sistema nervioso central. No es infrecuente detectar en los casos de suicidio por ahorcadura valores elevados de alcoholemia e, incluso, la presencia de otros tóxicos, como se demostró en el estudio de Ortiz-Elizalde, Peña-Licea, Fábrega-Corrella y Hernández-Pérez (2019).
Estrangulación
La estrangulación se define como la muerte producida por la constricción del cuello mediante la aplicación de una fuerza activa que puede actuar por medio de un lazo, las manos, el antebrazo o, incluso, cualquier objeto rígido.
La estrangulación puede ser completa o incompleta, según se efectúe con un lazo o con las manos (Poveda, 1963). Asimismo, en función de lo que se utilice para llevarla a cabo, pueden distinguirse variedades de estrangulación: a lazo, a mano y antebraquial.
Estrangulación a lazo
En esta modalidad, la constricción del cuello se efectúa por intermedio de un lazo que es apretado por algún procedimiento diferente al del peso corporal. La fuerza actúa sobre la totalidad de la circunferencia del cuello o en parte de ella (ver Figura 14).
Por su parte, los lazos utilizados suelen ser muy variados (cuerdas, corbatas, pañuelos, cinturones, medias, cables eléctricos, etc.), debido a que su utilización responde más a una cuestión de oportunidad. Esa diversidad condicionará la morfología del surco (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Figura 14. Estrangulamiento a lazo con brida.
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: La estrangulación a lazo como procedimiento suicida [Fotografía]. Alama-Carrizo, S.; Sánchez- Ugena, F.; Sánchez-Botet, MT.; y Merino-Zamora, MJ. 2013.
Etiología
La etiología de la estrangulación a lazo más frecuente es la homicida, asociada en ocasiones con violencia sexual, ya que la mayoría de las víctimas suelen ser mujeres (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Con menor frecuencia se encuentra la etiología suicida, debido a la dificultad para mantener la presión del lazo una vez pierde el conocimiento (una buena forma sería utilizar un cinturón, ya que puede abrocharse la hebilla).
En cuanto la etiología accidental, es muy infrecuente y casi excepcional, dándose principalmente en niños que se enganchan con cuerdas de cortinas o persianas. Tanto en el suicidio como en la estrangulación accidental, podemos mencionar los casos expuestos por Sánchez-de Ibargüen (2006).
Fisiopatogenia
Los mecanismos de muerte presentes en la estrangulación a lazo son: la anoxia anóxica, la isquemia encefálica o el paro cardíaco por un mecanismo reflejo o inhibitorio.
Por el nivel de constricción, más bajo que en la ahorcadura, la anoxia anóxica puede ser ocasionada en estos casos por el cierre laringotraqueal. La presión necesaria para ocluir estas estructuras se estima en 15-20kg (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Por lo que respecta a los otros dos mecanismos, cabe repetir lo mismo que se señaló en la ahorcadura.
Hallazgos necrópsicos
En este caso, también vamos a apreciar signos post mortem tanto extenos como internos.
Lesiones externas
Al igual que en la ahorcadura, la lesión fundamental en la estrangulación será la marca que dejará el surco (ver Figura 15), cuyas características habituales son:
· Situación: habitualmente a la altura o por debajo del cartílago tiroides.
· Dirección: generalmente horizontal descendente. Raramente se aprecia ascendente.
· Profundidad: uniforme en todo el contorno, a diferencia de la ahorcadura.
· Continuidad: normalmente rodea el cuello por completo.
· Número: único, doble o múltiple.
· Aspecto del fondo: dependerá de la naturaleza del material que se use, la fuerza empleada y la resistencia de la víctima. Predomina el blando y pálido, siendo raro que presente apergaminamiento. Estas características son orientativas y nunca definitivas de este tipo de asfixia, ya que pueden encontrarse casos de estrangulación a lazo con un surco único, oblicuo ascendente e incompleto (Sánchez y Perea, 2019).
Figura 15. Surco de estrangulación.
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixia: Una necesidad de estandarización [Fotografía]. Vásquez-Guerrero, J. 2012.
En los casos de estrangulación homicida, pueden encontrarse estigmas ungueales o pequeñas equimosis redondeadas cerca del surco, pudiendo ser debidas bien a un intento previo de estrangulación a mano bien por los esfuerzos de la propia víctima por defenderse o liberarse del lazo. En este último caso, también pueden encontrarse en otras zonas corporales diversos tipos de lesiones contusas y traumáticas resultantes del forcejeo (Poveda, 1963). Asimismo, los intentos de acallar a la víctima pueden ocasionar estigmas ungueales y equimosis en torno a la boca y la cara interna de los labios.
· En la estrangulación a lazo, la congestión del rostro suele ser muy acusada y las hemorragias petequiales muy abundantes, así como la presencia de hiperemia y de sufusiones conjuntivales. Esto puede ser muy sugerente de estrangulación, especialmente cuando a partir de un cierto nivel hacia abajo en el cuello, haya o no surco reconocible, se aprecie una notoria palidez, lo cual es de gran importancia en aquellas ocasiones en las que, por el tipo de lazo utilizado y por haber sido retirado rápidamente después de la muerte, el reconocimiento del surco puede resultar bastante difícil (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Lesiones internas
En el examen interno del cuello, los hallazgos son cualitativamente similares a los de la ahorcadura y consisten, básicamente, en:
· Infiltraciones hemorrágicas en las partes blandas, cubierta tiroidea y pericondrio laríngeo.
· Traumatismos o roturas osteocartilaginosas, las cuales suelen afectar principalmente el cartílago tiroides, dado el nivel habitual de la constricción. Habitualmente se rompen una o ambas astas superiores, pero en casos de mayor fuerza o violencia también puede haber rotura de láminas, así como rotura del hueso hioides o del cartílago cricoides.
· Ausencia de línea argentina y de roturas a nivel de la íntima vascular, ya que esto requiere una tracción longitudinal que no se da en la estrangulación y sí en la ahorcadura (Concheiro y Peñaranda, 2004).
· Desgarro de la piel y sección de tejidos profundos.
· En ocasiones, pueden evidenciarse lesiones contusas, especialmente en el pericráneo.
Cuestiones médico-legales
Las cuestiones médico-legales son las mismas que en el caso de la ahorcadura. Por un lado, el diagnóstico de la causa de la muerte también implica tanto la identificación de las lesiones asfícticas y de constricción del cuello como la exclusión de cualquier otra posible causa de muerte.
Por otro lado, a la hora de determinar la etiología se debe proceder con mucha cautela, ya que debido a la dificultad de mantener la presión del lazo una vez la persona pierde la conciencia, no suele catalogarse la muerte como suicida y decantarse más por la homicida. Sin embargo, esta pérdida de conocimiento se suele producir después de 10 a 15 segundos de oclusión completa de las arterias carótidas, por lo que hay tiempo suficiente para que el suicida pueda aplicar un mecanismo que mantenga la presión del lazo (cierre de la hebilla, realización de un nudo, aplicación de un torniquete, etc.), a veces de una cierta complejidad (Concheiro y Peñaranda, 2004).
De igual forma, se tendrá que hacer un estudio exhaustivo del lugar de los hechos y de la historia personal del cadáver. También aquí será importante la investigación toxicológica, puesto que un alto nivel de alcohol u otras sustancias podrá indicar una resistencia reducida de la víctima o la posibilidad de una estrangulación accidental.
Estrangulación a mano
Este tipo de asfixia mecánica se produce compresión del cuello con una o ambas manos. En estos casos, la muerte es más lenta (entre 10 a 20 minutos), por lo que la mano del agresor puede llegar a fatigarse tras unos minutos y se hace necesario cambiarla de posición o ayudarse con la otra, lo que produce numerosas marcas. Debido a esto puede ser que, generalmente, la víctima es puesta fuera de combate con anterioridad mediante algún golpe en la cabeza, la cara o la nuca (Poveda, 1963).
Etiología
La etiología es homicida prácticamente siempre, puesto que la suicida es imposible, ya que la mano debe mantener la presión después de haber perdido el conocimiento. Sin embargo, en casos excepcionales, la etiología accidental también puede ocurrir cuando la muerte se produce por un mecanismo inhibitorio por reflejo vaso-vagal en aquellos casos en los que se agarra a la víctima por el cuello sin ejercer una presión mantenida.
Siguiendo con la etiología homicida, es recomendable descartar la agresión sexual (Solano- González, 2008), ya que en muchos casos las víctimas son mujeres. A este respecto podemos mencionar el caso presentado por Batista-Ramón, Escalona-Arzuaga, Medina-Ramírez y Cintra- Pérez (2020).
Fisiopatogenia
Los mecanismos de muerte son los mismos que la estrangulación a lazo. El criminal se esfuerza por comprimir la tráquea o la laringe, pero lo que hace en realidad es echar hacia atrás la base de la lengua, la cual se aplica sobre la pared posterior de la faringe. Al mismo tiempo, se produce la compresión de las dos venas yugulares y sobre una o ambas carótidas (Poveda, 1963).
Respecto al mecanismo inhibitorio por estimulación del seno carotídeo, debido a su gran trascendencia jurídico-penal conviene tener siempre en cuenta esta posibilidad, a pesar de que sea muy poco frecuente o probable, a la hora de admitirla o rechazarla de acuerdo con los datos de autopsia y testificales disponibles (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Hallazgos necrópsicos
Lesiones externas
En esta modalidad vamos a encontrar lesiones externas muy características en diversas zonas del cuerpo, principalmente en el cuello y en la cara, pero también en el resto.
En cuanto al cuello, las lesiones más propias son:
· Presencia de equimosis pequeñas y redondeadas (1-2cm), producidas por el pulpejo de los dedos. Generalmente se sitúan en las partes laterales del cuello (ver Figura 16).
· Excoriaciones ocasionadas por las uñas del agresor, pudiendo ser de forma semilunar (estigmas ungueales) o lineales, cuando la uña no hace presa en la piel y resbala sobre esta.
El número y localización de las lesiones equimóticas y excoriativas dependerán de varios factores, tales como la utilización de una o ambas manos, la posición relativa de agresor y víctima, si ha tenido lugar una sola presa y ha sido mantenida hasta la muerte de la víctima, o bien si esta se ha liberado de la primera u otras presas y la posición de las manos ha cambiado de lugar.
Figura 16. Marcas de dedos en el cuello por estrangulación manual.
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixia: Una necesidad de estandarización [Fotografía]. Vásquez-Guerrero, J. 2012.
Acerca de las lesiones de la cara, podemos encontrar:
· Cianosis: Como la compresión sobre las yugulares y las carótidas no es continua (Poveda, 1963), se produce la congestión del encéfalo y del rostro.
· Equimosis puntiformes
· Sufusiones conjuntivales en los ojos
· Presencia de arañazos en situaciones de mayor forcejeo con la víctima.
Cuando se da el caso de que la víctima ha sido puesta fuera de juego con anterioridad, no es raro que se presenten lesiones contusas (equimosis, hematomas) en otras zonas del cuerpo aparte de la cabeza y la cara. Generalmente, aparecen tanto en las extremidades superiores -si la víctima ha logrado defenderse un mínimo- como en la espalda -al caer al suelo tras haber sido atacada de pie-.
Lesiones internas
Las lesiones cervicales suelen ser muy importantes y del mismo tipo que en la estrangulación a lazo. Por tanto, podemos encontrar:
· Infiltrados hemorrágicos en piel y músculos del cuello
· Fractura de las astas del hueso hioides o de los cuernos del cartílago tiroides.
· Lesión del cartílago cricoides cuando la presión es más baja
· En los pulmones se puede encontrar espuma sanguinolenta en los alvéolos y equimosis subpleurales (equimosis de Tardieu) (ver Figura 17).
Figura 17. Manchas de Tardieu
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixias mecánicas [Fotografía]. González-Isea, E; González-Carrero, A. 2011.
En la estrangulación a mano, en particular, las lesiones osteocartilaginosas son la regla y tan solo un porcentaje mínimo de casos no las presentan. Esto puede suceder en individuos jóvenes en los que no se ha producido la osificación de los cartílagos y su elasticidad impide que se rompan (Concheiro y Peñaranda, 2004; Solano-González, 2008). Un estudio recomendable en este tipo de casos es la radiografía de la laringe.
Las lesiones extracervicales consisten en los signos generales e inespecíficos de asfixia, en general muy marcados, así como lesiones traumáticas indicativas de lucha, en forma de contusiones profundas pericraneales o en otras localizaciones.
Cuestiones médico-legales
El diagnóstico de la causa y etiología médico-legal de la muerte se impone con claridad tras la realización de la autopsia, sobre la base del cuadro anatomopatológico descrito. Sin embargo, seguirá siendo necesario un cuidadoso examen del lugar del hecho.
A la hora de determinar la causa de la muerte, el problema más delicado que se presenta es el relativo al mecanismo de inhibición cardíaca refleja tras una presa sobre el cuello, presa que incluso pudo haberse efectuado como un gesto amistoso o como parte de un juego sexual. Aparte de la prueba testifical, la autopsia demostrará la ausencia de lesiones cervicales tanto externas como internas, así como la carencia de los signos generales de asfixia. Conjugando estos datos de autopsia con una información fidedigna de los testimonios y del examen del escenario, será posible admitir este mecanismo de muerte y situar el hecho en la esfera del caso accidental u homicida.
Estrangulación antebraquial
Como su propio nombre indica, en esta modalidad de estrangulación la constricción del cuello se lleva a cabo normalmente rodeándolo con el brazo y el antebrazo. Cuando se utiliza solamente el antebrazo, la presión actúa sobre la laringe ocluyendo las vías aéreas, mientras que cuando se realiza con el brazo y el antebrazo (la llave conocida como mataleón) la laringe queda situada en el pliegue de flexión del codo, por lo que las vías respiratorias no se afectan y la fuerza recae en la cara lateral del cuello, anulando la circulación carotídea (ver Figura 18 y 19).
Figura 18. Estrangulación antebraquial realizada con el brazo y antebrazo
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixias mecánicas [Fotografía]. Aldaz, M; Capa, C; Caraguay, J; Poma, J; Manosalvas, X; Ríos, R. 2015.
Figura 19. Estrangulación antebraquial realizada con el antebrazo
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Nota. También puede realizarse estando enfrente de la víctima, apoyada en una pared o el suelo, apretando con el brazo su cuello. Fuente: Anoxemia por ahorcamiento y anoxemia por estrangulación [Fotografía]. Tijerina-Bermúdez, JG. 2012.
Etiología
Como es evidente, en ninguna de las dos modalidades es posible la etiología suicida. En cuanto a la etiología accidental, pueden darse supuestos en los que se ha querido reducir a una persona, bien como una acción policial o con intención de atracarla, y que se haya producido la muerte.
Por su parte, la etiología homicida tampoco imposible o inusual, pudiendo encontrar casos como el reportado por Bayona-Santana y Villalonga-Costa (2020), en el que se produjo un homicidio mediante un doble mecanismo de estrangulación: antebraquial y manual.
Fisiopatogenia
En la modalidad del brazo y antebrazo, la compresión de las arterias carótidas hace que se produzca una isquemia cerebral y pérdida de conocimiento en 10-15 segundos. En ocasiones se puede producir la muerte del sujeto debido a un mecanismo de muerte inhibitorio, lo cual suele asociarse a enfermedades cardíacas o a la acción de drogas en combinación con el estrés cardíaco debido al efecto de las catecolaminas (Sánchez y Perea, 2019).
Si, en su caso, la estrangulación se hace mediante un objeto rígido (ver Figura 20), la muerte puede ser consecuencia de las lesiones vertebro medulares, como ocurre en la ahorcadura judicial (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Figura 20. Estrangulación con objeto rígido
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Nota. En la estrangulación con el brazo, en lugar del objeto se utiliza el brazo. Fuente: Asfixias mecánicas
[Fotografía]. González-Isea, E; González-Carrero, A. 2011.
Hallazgos necrópsicos
Lesiones externas
Cuando la estrangulación es con el antebrazo, las lesiones cutáneas son mínimas o están ausentes, excepto cuando se realiza con un objeto rígido (tablilla, barra de hierro, bastón, etc.), en cuyo caso aparecen en la cara lateral del cuello dos líneas equimóticas horizontales y excoriaciones evidentes. Al ser una muerte asfíctica podemos encontrar también petequias en cara y conjuntiva ocular.
En el caso de la estrangulación con brazo y antebrazo, las lesiones en la piel también suelen ser mínimas o nulas.
Lesiones internas
Cuando la estrangulación es con el antebrazo, podemos encontrar fractura de los cartílagos tiroides y cricoides, así como petequias en pleura y pericardio.
Las lesiones internas de la estrangulación con brazo y antebrazo revisten las mismas características que en la estrangulación a mano, si bien pueden ser menos acusadas e incluso inexistentes.
Sofocación
La sofocación puede definirse como la muerte asfíctica producida por la obstrucción de las vías aéreas o por la compresión de las paredes abdominales o torácicas.
Sofocación por oclusión de los orificios respiratorios
La oclusión de los orificios respiratorios (fosas nasales y boca) por cualquier procedimiento origina una dificultad insalvable para el acceso de aire al interior de la vía respiratoria. El agente causal puede ser una tela, un material impermeable (bolsa de plástico), la mano o, incluso, arena o barro. Puede ocurrir cuando el agente obstruye los orificios respiratorios o porque aplican el peso pasivo de la cabeza hacia abajo comprimiendo los mismos (contra una almohada u objeto blando, por ejemplo) (ver Figuras 21 y 22).
Figura 21. Sofocación con manta
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Nota. Se ocluyen los orificios respiratorios poniendo la manta en la cara y apretando. Fuente: Asfixias mecánicas [Fotografía].
González-Isea, E; González-Carrero, A. 2011.
Figura 22. Sofocación boca abajo en colchón
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Nota. Se ocluyen los orificios respiratorios oprimiendo la cara contra el objeto blando. Fuente: Asfixias mecánicas [Fotografía].
González-Isea, E; González-Carrero, A. 2011.
Etiología
La etiología accidental es quizás la modalidad más frecuente, especialmente en niños pequeños que jugando se colocan sobre la cabeza una bolsa de material plástico. Por su parte, en los adultos puede ocurrir en personas borrachas o que sufren una crisis epiléptica y/o desmayo y permanecen en decúbito prono con la cara aplicada contra un objeto blando, como una almohada o cojín (Concheiro y Peñaranda, 2004). Asimismo, la etiología accidental en adultos también se puede dar en casos de juego sexual en los que, de forma similar a la asfixia autoerótica por medio de la ahorcadura, buscan el orgasmo por medio de bolsas de plástico o mordazas.
Con mucha menor frecuencia se observan sucesos de etiología homicida, donde el procedimiento de oclusión utilizado es principalmente la mano u objetos blandos como almohadas.
En cuanto a la etiología suicida, existen muy pocos casos bien documentados en la literatura médico-legal debido a su excepcionalidad.
Fisiopatogenia
El mecanismo de muerte es casi exclusivamente la anoxia anóxica, ya que en estos casos es únicamente la ventilación pulmonar la que está disminuida o suprimida, sin que existan trastornos de la circulación sanguímea. No obstante, en ocasiones en que la muerte sobreviene muy rápidamente, solamente la privación de oxígeno no explica la muerte, por lo que esta puede deberse a un mecanismo reflejo inhibitorio (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Hallazgos necrópsicos
Lesiones externas
En aquellos casos en que se utilicen las manos o un material rudo, podrán quedar vestigios de la acción oclusiva. En el primer caso, se podrán apreciar equimosis redondeadas y excoriaciones, algunas de estas con estigmas ungueales, de localización perinasal y peribucal; mientras que en el segundo supuesto, se podrán apreciar dichos vestigios de forma más imprecisa por equimosis y excoriaciones no figuradas. En ambos casos pueden existir contusiones y desgarros en la cara interna de los labios, producidos al ser comprimidos contra las arcadas dentarias.
Lesiones internas
Al estar obstruidas las vías respiratorias, es probable que el propio cuerpo realice movimientos respiratorios violentos en un intento por respirar, lo que hace aparecer lesiones enfisematosas en los pulmones (Poveda, 1963), así como que puedan encontrarse a lo largo del tracto respiratorio partículas del material asfixiante (plumas, tierra, etc.). A su vez, se podrán observar los signos generales de asfixia y, eventualmente, tumor intracraneal y mordeduras recientes en la lengua, lo que podría explicar la existencia de una crisis epiléptica o indicios de ella.
Cuestiones médico-legales
El diagnóstico de sofocación por oclusión de los orificios respiratorios es bastante complejo cuando no existen lesiones en torno a dichos orificios, el cadáver ha sido movilizado en el lugar del hecho o se le ha retirado el objeto que ocluía los orificios respiratorios. En estos casos es fundamental realizar una cuidadosa diligencia de levantamiento del cadáver y del lugar de los hechos para poder establecer un diagnóstico de presunción en cuanto a la causa de la muerte.
De igual forma que en otros tipos de asfixia, debemos investigar la historia personal y médica de la víctima en busca de antecedentes de epilepsia, hipertrofia gingival, entre otras enfermedades. La investigación toxicológica en estos casos también es de vital importancia, ya que una sobreingesta de antiepilépticos es muy sugerente de la sofocación accidental de una persona afectada por esa enfermedad.
En la autopsia, se recomienda realizar la disección del cuello, ya que se deja totalmente al descubierto la cara interna de ambos labios y de la piel de la cara, en los que se pueden reconocer fácilmente infiltraciones hemorrágicas profundas, únicas alteraciones reveladoras de una presión sobre el rostro. Cuando se encuentran lesiones faciales, puede ser recomendable no descartar una sofocación de carácter homicida.
Sofocación por oclusión intrínseca de las vías respiratorias
En esta modalidad de sofocación, el bloqueo de las vías respiratorias por un cuerpo o cuerpos extraños de diversa naturaleza se produce, generalmente, entre la faringe y la bifurcación de la tráquea (ver Figura 23).
Figura 23. Sofocación por oclusión intrínseca
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Nota. Cadáver con pañuelo introducido dentro de la garganta, ocluyendo las vías respiratorias internamente. Fuente: Asfixias mecánicas [Fotografía]. González-Isea, E; González-Carrero, A. 2011.
Etiología
La forma accidental es, sin duda, la más común. Acontece sobre todo en niños de corta edad que se meten cosas en la boca, en adultos (atragantamientos con comida) y enfermos mentales con dificultad para la masticación y/o trastornos de la deglución. Aunque se han descrito casos de suicidio y homicidio por este procedimiento, estas modalidades etiológicas son excepcionales.
Fisiopatogenia
Puede presentarse hipoxia pura o anoxia anóxica por oclusión total o por un espasmo laríngeo o bronquial asociados cuando el cuerpo extraño es de dimensiones reducidas (Solano-González,
2008). Más raramente, la muerte podría deberse a un reflejo vagal inhibitorio por estimulación de las terminaciones laríngeas del nervio neumogástrico (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Hallazgos necrópsicos
Lesiones externas
Se puede apreciar congestión, cianosis e incluso petequias.
Lesiones internas
En el examen interno podemos encontrar el cuerpo o cuerpos extraños dentro de la vía respiratoria. El lugar de la obstrucción dependerá del tamaño del cuerpo extraño; los cuerpos de tamaño grande normalmente obstruyen la glotis, mientras que los más pequeños suelen quedarse alojados en la bifurcación traqueal, en un bronquio principal o rellenando completamente las vías aéreas (casos de sepultamiento). Si se encuentra un cuerpo extraño único y de pequeño tamaño, debe pensarse en la eventualidad de un descenso postmortem y, en los casos mortales, en la posibilidad de un proceso espástico asociado.
En ocasiones, podemos encontrar en el árbol traqueobronquial restos de vómito, algo bastante frecuente cuando la causa de la muerte es la denominada asfixia por aspiración de vómito. Asimismo, otra situación compleja ocurre cuando el obstáculo al paso del aire podría estar constituido por la caída de la lengua hacia atrás, por pérdida del tono muscular a consecuencia de una crisis epiléptica o de embriaguez.
Cuestiones médico-legales
En esta modalidad de sofocación, si no se han producido en el afectado signos previos (tos, disnea) que indiquen el bloqueo de la vía aérea, resulta difícil realizar el diagnóstico de esta causa de muerte. Es muy frecuente etiquetarla inicialmente como una muerte súbita debida a una cardiopatía, por lo que es recomendable determinar el nivel de alcoholemia y examinar la dentadura del óbito.
En los casos en que se encuentra vómito en las vías respiratorias, debemos observar el volumen de este y la profundidad alcanzada por el aspirado para considerarlo bien un fenómeno agónico de otro tipo de muerte bien como la causa real de la muerte.
Respecto a la oclusión de la vía respiratoria por caída de la lengua hacia atrás, para considerar este hecho como la causa de la muerte debemos observar la posición del fallecido durante el examen del lugar del hecho, así como determinar el nivel de alcoholemia, entre otras circunstancias.
En el supuesto de la introducción forzada del cuerpo extraño, un trozo de tela habitualmente, debemos actuar con mucha cautela a la hora de diagnosticar la etiología de las muertes como accidental u homicida. En esta última será más probable encontrar equimosis u otras lesiones contusas en la boca y faringe.
En los casos de sepultamiento debe pensarse en la posibilidad de que se trate del intento de ocultación de un cadáver. La cuantía y profundidad del medio sepultante en la vía aérea permitirán el diagnóstico diferencial.
Sofocación por compresión toracoabdominal
También se conoce como asfixia traumática, y se produce por cualquier compresión extrínseca (aplastamiento por vehículos, multitudes, derrumbamientos) de las paredes torácica y abdominal que compromete la dinámica ventilatoria y conlleva la muerte por asfixia (ver Figura 24).
Figura 24. Sofocación por compresión toracoabdominal
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixia: Una necesidad de estandarización [Fotografía]. Vásquez-Guerrero, J. 2012.
Etiología
La etiología accidental es prácticamente la única que existe. Algunas de estas situaciones son: el sepultamiento por los escombros en grandes catástrofes, la muerte de un bebé que duerme en la misma cama que el adulto y acaba aplastado por él, etc. Un caso muy mediático fue el suceso del Madrid Arena (2012), en el que murieron varias personas asfixiadas debido a la avalancha provocada en el recinto.
Fisiopatogenia
El mecanismo de la muerte es habitualmente una anoxia anóxica, aunque en algunos casos tendrá que valorarse el componente traumático. Generalmente, la anoxia se produce por la compresión del pecho y el abdomen, que impide la expansión torácica y el descenso del diafragma.
Hallazgos necrópsicos
Lesiones externas
La alteración más característica en este tipo de asfixia es la denominada “mascarilla equimótica”, caracterizada por una intensa congestión de la cara, cuello y parte superior del tronco, además de la estasis sanguínea en el territorio de la vena cava superior.
Asimismo, las hemorragias petequiales en la piel de la cara y párpados, así como en las conjuntivas, son muy abundantes. Pueden existir también tanto otorragia como rinorragia.
Lesiones internas
Aparte de las lesiones generales de asfixia y las eventuales lesiones traumáticas, podemos encontrar traumatismos óseos debido al propio peso y la presión del agente compresor.
Cuestiones médico-legales
El único problema que se plantea en la mayoría de estas asfixias es el relativo al mecanismo de la muerte. Solo una cuidadosa valoración de los resultados de la autopsia podrá aclarar si aquella ha sido consecuencia de un mecanismo asfíctico o de una hemorragia o destrucción de un órgano vital por la acción traumática.
En el supuesto de la muerte de un niño en la cama de un adulto, tan solo una cuidadosa valoración de las circunstancias y una autopsia meticulosa que excluyese categóricamente cualquier otra causa de muerte permitirían admitir tal posibilidad.
También se hace necesario en algunos casos hacer un diagnóstico diferencial con una muerte súbita.
Sofocación por carencia de aire respirable
Este tipo de sofocación se produce como resultado de quedar atrapado en un espacio de reducidas dimensiones, en el que progresivamente disminuye el oxígeno hasta agotarse completamente.; esto se conoce como confinamiento.
También puede ocurrir en espacios cerrados, en cuyo interior tiene lugar algún proceso que consuma oxígeno (oxidación, desarrollo de hongos) o que lo sustituya por otro gas. Cuando una persona entra en esa atmósfera viciada, sin precauciones, puede morir por falta de oxígeno (Concheiro y Peñaranda, 2004; Solano-González, 2008).
Etiología
La etiología predominante suele ser la accidental, y más concretamente, en el ámbito laboral. En casos excepcionales el confinamiento puede ser un suicidio o un homicidio.
Fisiopatogenia
El mecanismo letal es, en todos los casos, la anoxia anóxica, ya que cuando la disminución del oxígeno se encuentra entre un 8 a 10%, se produce la pérdida de conciencia; mientras que si baja más del 8%, el resultado es la muerte. Por otro lado, si la concentración es de un 4 a un 8%, hay una pérdida rápida de conciencia (40 segundas) y la muerte tendrá lugar en pocos minutos.
En algunas de estas situaciones, como el confinamiento en la galería de una mina, puede haber liberación de gases tóxicos, en particular monóxido de carbono, lo que situaría el problema en otra dimensión. En estos casos, la muerte puede presumirse debida a una inhibición cardíaca refleja por estimulación del sistema parasimpático (Solano-González, 1963).
Hallazgos necrópsicos
Lo habitual es encontrar en la autopsia de estos casos tan solo las lesiones generales de asfixia. Si se trata de verdaderas hipoxias, puede encontrarse congestión y edema.
En el caso del confinamiento, los hallazgos característicos son: la humedad de los objetos, de los vestidos y de la piel; lesiones de defensa; el desgaste de las uñas; y el emplazamiento de las deyecciones (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Cuestiones médico-legales
La autopsia, por sí sola, no puede aportar la prueba de la causa de la muerte en estas asfixias, por lo que será la inspección del lugar del hecho la que, en todo caso, permita tanto determinar la causa de la muerte como también averiguar la etiología médico-legal del suceso. Se deberá llevar a cabo la investigación toxicológica para descartar que se trate de una intoxicación gaseosa y no de una asfixia por carencia de aire respirable.
Asfixia posicional o postural
Existen ciertas muertes en las que la posición en la que se encuentra el cuerpo compromete seriamente la ventilación pulmonar, provocando con el paso del tiempo la muerte por asfixia. Este tipo de muertes pueden ocurrir en personas colocadas en posición prona con las manos atadas detrás de la espalda, los tobillos atados entre sí y a su vez atados a las muñecas (ver Figura 25).
Otro tipo de asfixia posicional es la crucifixión (ver Figura 26), donde el paso del tiempo instaura la fatiga pulmonar, provocando la muerte por el propio agotamiento y parálisis de los músculos respiratorios (Vásquez-Guerrero, 2012).
Figura 25. Tipo de asfixia posicional
Figura 26. Asfixia posicional por crucifixión
Fuente: Asfixia: una necesidad de estandarización. [Imagen]. Vásquez-Guerrero, J. 2012
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Etiología
No existen muchos casos documentados sobre este tipo de muertes, aunque puede deducirse que las etiologías más producidas son tanto la homicida como la accidental. Respecto a la etiología accidental, podemos mencionar el caso presentado por Giménez-de Azcarate, de León-Robles y Ramírez-Álava (2001)
Fisiopatogenia
El mecanismo de muerte tiene bastante semejanza con el de la crucifixión, especialmente cuando esta se realiza cabeza abajo. En este caso, los efectos circulatorios de la inversión prolongada deben ser tenidos en cuenta en tales situaciones, pero por lo general, la muerte aparece por anoxia anóxica. Es casi una constante la participación del alcohol etílico en la génesis del accidente, de hecho, todos los casos se adscriben a esta modalidad etiológica, y en la imposibilidad de la víctima para librarse de una comprometida situación.
Hallazgos necrópsicos
Lesiones externas
En los casos en los que el cadáver aparece atado, pueden encontrarse lesiones traumáticas derivadas de la estructura que mantiene sujeta a la víctima o de los intentos infructuosos de esta por liberarse, así como una notable congestión del polo cefálico.
Cuando el cadáver es encontrado suspendido cabeza abajo (Giménez-de Azcarate, de León-Robles y Ramírez-Álava, 2001), puede apreciarse una hiperemia conjuntival, así como petequias o equimosis en la zona de la cabeza.
Lesiones internas
En el examen interno se apreciarán los signos generales e inespecíficos de la asfixia, siendo la congestión encefálica y de las cubiertas meníngeas especialmente intensa. En algunos casos se pueden observar úlceras gástricas agudas que, unido a las circunstancias del caso, sugieren la participación de la hipotermia en la muerte.
Cuestiones médico-legales
Los criterios para definir la causa de la muerte como asfixia posicional (Bell y cols., 1992 citados por Concheiro y Peñaranda, 2004)) son:
· El cadáver debe ser hallado en posición que interfiera con una adecuada ventilación pulmonar.
· Debe explicarse la incapacidad de la persona para liberarse o modificar aquella posición.
· Debe excluirse, por la autopsia, con un grado razonable de certeza, cualquier otra causa de muerte natural o violenta.
Por otro lado, también se deben realizar estudios toxicológicos complementarios, así como el estudio del escenario de los hechos.
Sumersión
Son muchas las definiciones que en la literatura se pueden encontrar sobre este tipo de asfixia, si bien algunas pueden resultar incorrectas o incompletas. Desde el punto de vista médico legal, la sumersión puede definirse como la muerte o el trastorno patológico producido por la insuficiencia respiratoria al introducirse un medio líquido, habitualmente agua, en las vías respiratorias, impidiendo a su vez la hematosis (Poveda, 1963; Sibón-Olano, Martínez-García, Vizcaya-Rojas y Romero-Palanco, 2005; Romero-Palanco, 2007; Rodríguez-Jorge, 2009; Mejía-Dueñas, Días, Matamoros y Villanueva, 2018).
Una precisión conceptual en relación con la sumersión es la conveniencia de no incluir en ella la penetración de material semilíquido o pastoso en la vía aérea. No solo la consistencia del medio sino especialmente el trastorno fisiopatológico producido, aproxima estas situaciones a la sofocación por oclusión intrínseca de las vías respiratorias (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Existen varias clasificaciones de la sumersión en función de diversos aspectos. En primer lugar, de acuerdo con la superficie corporal que está cubierta por el agua, podemos distinguir entre: sumersión completa, cuando la totalidad del cuerpo está inmerso en el agua; y sumersión incompleta, cuando solamente la cabeza o, en los casos más extremos, los orificios respiratorios (nariz y boca) se encuentran cubiertos por aquella.
Por otro lado, también podemos encontrar diferencias según la clase de agua en la que se realiza la sumersión, existiendo el agua salada y el agua dulce, lo que aportará leves diferencias en el estudio de anatomía patológica.
Otra clasificación relevante es la que diferencia entre: sumersión primaria, cuando la muerte sigue inmediatamente a la sumersión; y sumersión secundaria, si el resultado de la penetración líquida es tan solo un trastorno patológico, aunque eventualmente puede ocasionar también la muerte en un momento posterior (Concheiro y Peñaranda, 2004).
Respecto a la sumersión secundaria, cuando la persona sobrevive al ahogamiento, habiendo muerte o trastorno posterior, este hecho se conoce como “síndrome de casi ahogado” (Solano-González, 2008). Por el contrario, cuando no hay sobrevida se considera que es muerte por sumersión.
Etiología
La forma etiológica más común es la accidental, con especial incidencia en niños pequeños y adolescentes (ONU, 2016) y con un claro predominio en los meses veraniegos (Concheiro y Peñaranda, 2004; Romero-Palanco, 2007) en lugares de baño y ocio.
La etiología suicida es la segunda modalidad en cuanto a frecuencia, aunque con una incidencia significativamente menor que la accidental. Por su parte, la etiología homicida es muy poco frecuente, requiriendo una gran desproporción de fuerzas entre el agresor y la víctima o bien que esta última se encuentra indefensa y privada de conciencia, bien por traumatismos previos o por la administración de alcohol o drogas tóxicas.
Fisiopatogenia
El mecanismo clásico por el que se explica la muerte por sumersión es la anoxia anóxica (Concheiro y Peñaranda, 2004; Romero-Palanco, 2007; Solano-González, 2008; Mejía Dueñas, Días, Matamoros y Villanueva, 2018; Fernández-Martín, 2016), la cual se produce cuando el individuo que está en el agua realiza una inspiración profunda antes de hundirse como previa reacción, para luego hacer una apnea voluntaria hasta que el aumento de la concentración de dióxido de carbono y la disminución del oxígeno la obligan a hacer una inspiración forzada, la cual conlleva la inhalación de agua. Tras esto, aparecen convulsiones e inspiraciones espasmódicas, hasta que la respiración cesa y se instaura una anoxia cerebral irreversible que origina la muerte (ver Figura 27).
Figura 27. Fases de la sumersión
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Nota. Etiopatogenia de anoxia anóxica: (I) Inspiración profunda; (II) Apnea voluntaria; (III) Inspiración forzada con inhalación de agua; (IV) Convulsiones; (V) Cese de respiración y muerte. Fuente: Introducción a la Medicina Legal y Forense [Imagen]. Fernández-Martín, J. 2013.
La irreversibilidad de esta anoxia depende de la edad de la persona y la temperatura del agua, considerándose un límite promedio de 3 a 10 minutos que puede aumentar en niños pequeños y agua muy fría.
Sin embargo, la anoxia anóxica no es el único mecanismo de muerte en la sumersión, sino que podemos encontrar cuatro tipos más (Sibón-Olano, Martínez-García, Vizcaya-Rojas y Romero- Palanco, 2005; Rodríguez-Jorge, 2009), que son:
· Sumersión inhibición: También llamada hidrocución (ahogados blancos), ocurre cuando el individuo queda en muerte aparente dentro del agua debido a un reflejo inhibitorio vagal, el cual produce una una respuesta que puede ir en dos direcciones: bien una parada cardíaca o arritmia cardíaca, ya sea auricular o ventricular; o bien una parálisis de los centros respiratorios que inutilizan la acción mecánica de los músculos que intervienen en la respiración.
· Sumersión asfixia: Se produce por la entrada de agua de forma brusca y a gran velocidad por los orificios respiratorios que, penetrando en las vías aéreas inferiores, impacta directamente sobre el alvéolo pulmonar y desplaza una sustancia que se denomina surfactante, que le proporciona la elasticidad a esta estructura permitiendo el intercambio gaseoso con la sangre, impidiendo el colapso alveolar en circunstancias normales. Esto se conoce como shock alveolar.
· Sumersión simple: Se debe a una respuesta reflexógena (receptores carotídeos) que no llega a desencadenar estímulos superiores, sino que queda localmente a nivel del cuello, provocando un cierre brusco anterior de la epiglotis e impidiendo la entrada de aire a las vías aéreas inferiores, pero la víctima en su agitación por la supervivencia traga enormes cantidades de agua y pasan a la vía digestiva. En este tipo de asfixia mecánica se observa un pulmón seco sin agua o con escaso o nulo enfisema hidroaéreo (Romero-Palanco, 2007).
· Sumersión traumática: El trauma puede ser antes de entrar al agua o durante la tirada al agua. Si se lanza un cadáver al agua, los signos que determinan la sumersión no deben de existir, siempre que haya transcurrido el periodo vital postmortem.
Hallazgos necrópsicos
Lesiones externas
· Hongo de espuma: Su identificación sobre los orificios nasales y la boca constituye un elemento indicativo de este tipo de asfixia. Es típicamente aparece de color blanquecino o sonrosado (ver Figura 28) y está constituido por burbujas homogéneas de pequeño calibre. Su presencia no es constante, puesto que, si se recupera el cadáver de forma inmediata al fallecimiento, es posible que no haya aflorado todavía al exterior, mientras que, si la recuperación se hace de forma tardía, lo probable es que se haya producido el limpiamiento o arrastre del mismo por la acción del agua. Aun así, este signo pone de manifiesto la existencia de edema pulmonar, por lo que es normal observarlo también en otros tipos de muerte que cursan con un fallo agudo del ventrículo izquierdo.
Figura 28. Hongo de espuma sanguinolento
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixiología [Fotografía]. Chacón-Chacón, F. 2020
· Espasmo cadavérico: Puede apreciarse a nivel de las manos, cuyos dedos, fuertemente flexionados, suelen retener restos vegetales, arena, algas o cualquier elemento compatible con el lugar de hallazgo o de donde se produjo la sumersión. Tiene un claro significado de reacción vital que muestra los últimos momentos de la vida del ahogado.
· Livideces cadavéricas: Tienen una coloración más clara de lo habitual, lo cual puede deberse a la hemodilución (al penetrar el líquido en el torrente sanguíneo) y a la baja temperatura del medio. Pueden no estar claramente definidas si el cadáver se encontraba en aguas vivas con fuertes corrientes, debido a la continua movilidad y a no tener un plano declive fijo.
· Cutis anserina: este aspecto de la piel se debe a la rigidez que sufren los músculos erectores del pelo, la cual se ve favorecida por la baja temperatura del medio de sumersión.
· Enfriamiento corporal precoz: el contacto entre el agua y la superficie corporal provoca una rápida nivelación de la temperatura, la cual no se ve interferida por la presencia del ropaje. Este enfriamiento será más rápido cuanto más baja sea la temperatura del medio.
· Maceración cutánea: en los momentos iniciales aparece como blanqueamiento, engrosamiento y arrugamiento de la epidermis, pero cuando la permanencia en el agua se prolonga, acaba desprendiéndose con facilidad, así como también lo hacen los pelos y las uñas. Este fenómeno es más evidente en las palmas de las manos -de ahí que se lo conozca como “manos de lavandera”- y las plantas de los pies (ver Figura 29).
Figura 29. Mano macerada por el agua
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixiología médico legal [Fotografía]. Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
· Evolución de la putrefacción cadavérica: La putrefacción está influenciada por la temperatura del medio de sumersión, aunque generalmente parece seguir un ritmo más lento que si el cadáver estuviera al aire libre. Una vez se recupera el cuerpo del agua, la putrefacción se acelera considerablemente. En los casos en los que el cadáver alcanza la fase enfisematosa aún en el agua, el desarrollo de los gases dentro del cuerpo harán que este salga a la superficie.
Asimismo, al sobrevenir la putrefacción, las livideces de la cara que antes eran rosadas, desarrollan un tono oscuro que da nombre a lo que se conoce como “cara de negro” (Vargas- Alvarado, 1972) (ver Figuras 30 y 31).
Figuras 30 y 31. Fenómeno de “cara de negro”
Ver imágenes en: Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología, al final del artículo.
Fuente: Asfixiología médico legal [Fotografía]. Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
Fuente: Asfixia por sumersión [Fotografía]. Aldaz, M; Poma, J; Ríos, R; Capa, C; Caraguay, J; Manosalvas, X;. 2015
· Saponificación: Cuando el cadáver se encuentra en agua estancada durante un periodo prolongado y empieza la fase de putrefacción, los albuminiodes de los tejidos son reemplazados por grasas, las cuales son saponificadas bajo la acción del amoniaco producido por la putrefacción, dando origen a la adipocera. Esta transformación y saponificación de los músculos y tejidos que comienzan a nivel de la cara, se observa en los ahogados que han permanecido en el agua, por lo menos un mes y no es total, sino al cabo de tres meses de permanencia en el agua (Poveda, 1963).
· Lesiones contusas y excoriaciones: golpes debidos al arrastre y desplazamiento del cuerpo por acción de la corriente, así como heridas por acción de los peces o fauna local, etc.
Lesiones internas
Aparato respiratorio
· Los pulmones aparecen ordinariamente congestivos, con acusada hiperemia y aumentados de volumen. A la palpación y al corte se comprueba un cierto grado de edema. Hay también un enfisema, tanto alveolar generalizado como intersticial localizado, que proceden de los grandes esfuerzos respiratorios. En el espesor del parénquima se observan núcleos apopléticos, que resultan de la ruptura de tabiques interalveolares por los mismos esfuerzos, a los que acompañarían desgarros capilares y el consiguiente derrame de sangre en el pulmón.
· Equimosis de Tardieu: Aparecen bajo dos formas: equimosis punteadas, es decir, especie de manchitas redondeadas de color rojo oscuro, de tamaño variable entre una cabeza de alfiler y una lenteja, bien circunscritas; y sufusiones hemorrágicas, irregulares, en líneas o estrellas, de tamaño más grande. Ambos tipos de equimosis están constituidas por un derrame de sangre coagulada e íntimamente adherida al tejido. Se observan especialmente bajo la pleura, preferentemente en la base, el borde cortante del lóbulo inferior y el hilio, pero pueden verse por toda la superficie pulmonar.
· Manchas de Paltauf: Son manchas asfícticas que se han hemolizado por el agua de la sumersión, de mayor tamaño que las anteriores y de color más claro (ver Figura 32). Constituyen un signo directo de asfixia mecánica por sumersión, pues aparecen de forma exclusiva en el pulmón en estos casos. Se trata de. Su coloración rosado pálido, así como su diseminación por la pleura visceral pulmonar indica la vitalidad del evento asfíctico.
Figura 32. Manchas de Paltauf
Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
Fuente: Asfixia: Una necesidad de estandarización [Fotografía]. Vásquez-Guerrero, J. 2012.
· Espuma aireada: de burbujas finas y sanguinolentas en laringe, tráquea y bronquios (ver Figura 33).
Figura 33. Espuma traqueobronquial
Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
Fuente: Asfixia por sumersión [Fotografía]. Aldaz, M; Poma, J; Ríos, R; Capa, C; Caraguay, J; Manosalvas, X;. 2015
Aparato circulatorio
· Hemorragias intramusculares: A nivel del cuello, tronco y extremidades superiores, cuyo mecanismo se ha atribuido a las convulsiones agónicas y al sobreesfuerzo realizado por los músculos durante la anoxia, aunque no tiene por qué guardar relación con la causa de la muerte (Romero-Palanco, 2007).
· Estasis sanguínea: en las cavidades derechas del corazón, que aparecen dilatadas y repletas de sangre. La repleción sanguínea se prolonga en las yugulares y cavas.
· Estasis venosa: es generalizada y se traduce en una congestión visceral, con dilatación venoso capilar, que se extiende a las tres cavidades. Es un fenómeno inespecífico, frecuente en las muertes rápidas anóxicas e hipóxicas, pero también en las muertes por shock, en la muerte por inhibición y en muchos otros tipos de muerte de causa natural.
Sistema nervioso
En el encéfalo se observa una hiperemia venosa, más o menos intensa, pero inespecífica. Las meninges aparecen también hiperémicas. En el parénquima nervioso se ven hemorragias esparcidas, en número y tamaño variables. El enarenado hemorrágico resulta de la formación de múltiples foquitos hemorrágicos esparcidos. Es posible encontrar un estado de hinchazón cerebral (edema) consecutivo a los trastornos circulatorios.
Vísceras abdominales
Congestión visceral generalizada, muy acentuada en este territorio:
· Equimosis subcutánea: son análogas en cuanto a forma y patogenia a la subserosas de Tardieu (lesión vascular asfíctica). Se localizan debajo de la mucosa del estómago, duodeno y yeyuno.
· Hígado congestivo: si se da un corte a la glándula hepática, se puede ver que el parénquima aparece coloreado de forma desigual; en los lóbulos la porción central es roja, mientras que la periferia es amarilla o pardo amarillenta.
· Bazo: en contraste con el resto de las vísceras abdominales, aparece pequeño, con la cápsula arrugada y con el parénquima pobre en sangre.
Existen otros signos postmortem que, si bien son inespecíficos, pueden resultar relevantes para el forense cuando se encuentra con un cadáver en estado de putrefacción recuperado del agua (Mejía- Dueña, Díaz, Matamoros y Villanueva, 2018), los cuales son:
· Presencia de agua en los senos esfenoidales (signo Svechnikov), la cual puede considerarse como respuesta vital, es decir, que la víctima estaba viva antes de la sumersión. No obstante, no es determinante para establecer el ahogamiento como causa de la muerte.
· Presencia de hemorragia timpanomastoidea y edema severo de la submucosa (signo de Niles), la cual, en ausencia de otitis media, traumatismo craneal o accidente cerebrovascular, entre otros, puede ser una fuerte evidencia de la muerte por sumersión. Se muestra como una zona azulada en la cara anterosuperior de la porción petroso del hueso temporal (ver Figura 34).
Figura 34. Signo de Niles
Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
Fuente: Asfixia por sumersión [Fotografía]. Aldaz, M; Poma, J; Ríos, R; Capa, C; Caraguay, J; Manosalvas, X;. 2015
· Diente rosado. Se produce tanto por la degradación de la hemoglobina que se filtra a la dentina, aunque también puede ocurrir por el incremento de la presión intracapilar causada por la congestión de la sangre en zonas donde no hay pulpa dentaria, especialmente en los incisivos, caninos y premolares (ver Figura 35). Se ha observado en muertes por deficiencia de oxígeno, pero no es un fenómeno específico de asfixia (Villalobos-León y Fernández-Chaves, 2016).
Figura 35. Fenómeno del diente rosado
Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
Fuente: Fenómeno de diente rosado en asfixia por sumersión [Fotografía]. Villalobos-León, K; Fernández-Chaves, JM. 2016
· Infiltración hemorrágica en las láminas cribosas del hueso etmoides (signo de Vargas Alvarado). Manifestándose como zonas azuladas en el compartimento anterior de la base del cráneo a cada lado de la apófisis Crista Galli (ver Figura 36).
Figura 36. Signo de Vargas Alvarado
Samano, JJ; Sánchez, JM. 2018.
Fuente: Fenómeno de diente rosado en asfixia por sumersión [Fotografía].
Villalobos-León, K; Fernández-Chaves, JM. 2016
Cuestiones médico-legales
Las cuestiones médico-legales que nos encontramos en los casos de sumersión son, como en todas las asfixias anteriores, determinar la causa de la muerte y la etiología de la misma. No obstante, de todas estas modalidades expuestas, la sumersión es la que requiere con mayor frecuencia el recurso a exámenes complementarios, tanto radiológicos (para observar la opacidad de los senos paranasales, que puede indicar sumersión intravital), microscópicos (del tejido pulmonar y los marcadores biológicos, sobre todo con descubrimiento de diatomeas -las cuales podrán decirnos si la víctima fue ahogada en agua dulce o salada, aunque no es concluyente, por lo que debemos estudiarlas con cuidado-), así como exámenes bioquímicos y químicos de los elementos del fluido que puedan estar en cavidades cardíacas. Todo ello va dirigido a dictaminar la causa de la muerte, la data de la misma y la etiología médico-legal, según los requisitos de las diligencias judiciales.
Respecto a la causa del fallecimiento, ante un cadáver retirado del agua no siempre es fácil su diagnóstico de muerte. En ocasiones, los signos anatomopatológicos externos no son lo suficientemente concluyentes, ni tampoco lo son los resultados de los exámenes complementarios. Y las dificultades aumentan cuando se trata de un cadáver putrefacto.
El diagnóstico habrá de apoyarse en una autopsia meticulosa y en la realización del mayor número posible de exámenes complementarios. Aun así, debe tenerse en cuenta que el diagnóstico de muerte por sumersión se establece a veces por exclusión.
En lo relativo a la data, debemos determinar si la muerte ocurrió antes de la sumersión o si, al contrario, la muerte se produjo realmente por la inmersión dentro del agua, como sucede en la mayoría de las veces. Esto irá relacionado con el esclarecimiento de la etiología.
Es importante, a la hora de investigar la etiología, que no demos por hecho que pueda tratarse de un accidente a pesar de la gran frecuencia de accidentes que ocurren en la sumersión. El análisis toxicológico podrá ayudarnos con los niveles de alcoholemia y tóxicos, así como la búsqueda de traumas, contusiones y demás posibles lesiones defensivas, así como desgarros en la ropa de la víctima. Si la víctima cae al agua con vida, ya sea por una agresión fuera del agua o bien por una sumersión traumática, los mecanismos asfícticos se desencadenan, aunque atenuados.
Conclusiones
A raíz de todo lo investigado y expuesto, hay una serie de conclusiones que podemos sacar en claro a modo de resumen, como son:
1. Existe una serie de lesiones postmortem comunes a todas las asfixias, pero no exclusivas de este tipo de muerte, ya que pueden aparecer en muertes producidas por otro tipo de causa. No obstante, sí pueden ser indicativas de anoxia, por lo que, si nos encontramos dichas lesiones en un cadáver, debemos buscar otros signos característicos de cada tipo de asfixia mecánica para especificar la causa de la muerte.
2. Cada tipo de asfixia mecánica tiene lesiones propias -externas e internas- que ayudan a determinar el mecanismo de defunción, las cuales están relacionadas tanto con el medio en el que se produce la muerte (como la existencia de agua en la sumersión, por ejemplo) como con la forma elegida para provocarla (como las marcas de ligaduras en la ahorcadura o la estrangulación).
3. La etiología presente en las muertes por asfixia mecánica puede ser tanto suicida como homicida y accidental, a excepción de las producidas mediante estrangulación a mano y estrangulación antebraquial, en las cuales resulta imposible encontrar la clase de muerte suicida. A pesar de que la anoxia/asfixia signifique ausencia de oxígeno, en algunas asfixias mecánicas la muerte puede sobrevenir de otras formas distintas a la falta de aire y oxígeno por la obstrucción de las vías respiratorias (anoxia anóxica), pues también puede ocurrir por asfixia a través del corte de irrigación sanguínea al cerebro (isquemia encefálica), por lesión medular cervical o por un paro cardíaco (debido a la inhibición refleja de los nervios cerebrales).
4. Las lesiones postmortem internas producidas por la estrangulación a lazo son similares a las que se observan en la ahorcadura, pero existen algunas diferencias en la apariencia del surco que nos permiten distinguir cada tipo de asfixia, tales como: la situación del surco, habitualmente sobre el tiroides en la ahorcadura y por debajo de él en la estrangulación; la dirección, la cual suele ser oblicua ascendente hacia el nudo en la ahorcadura y horizontal descendente en la estrangulación; o la continuidad de la marca, que en la ahorcadura se interrumpe a la altura del nudo y en la estrangulación generalmente rodea el cuello por completo. Sin embargo, pueden existir casos de estrangulación a lazo de etiología homicida en la que el agresor asfixia a la víctima con la ligadura sin usar ningún nudo corredizo ni otro medio para estrecharla, sino que lo que hace es tirar de ella con fuerza hacia atrás o hacia arriba; en estos casos, la marca del surco puede tener una dirección más ascendente o una continuidad más incompleta.
5. En las muertes por sumersión no tiene por qué encontrarse necesariamente agua en los pulmones del cadáver, ya que puede ocurrir que la persona muera por un trauma al entrar al agua (sumersión traumática, sería también debido a una lesión medular a la altura del cuello) o que se le cierre la epíglotis y el agua pase a la vía digestiva (sumersión simple).
6. El estudio tanatológico y médico forense del cadáver -así como de las lesiones postmortem- es una parte fundamental e imprescindible en la investigación criminal. Sin embargo, en las asfixias mecánicas -como en la ahorcadura o en la sumersión, por ejemplo- puede resultar muy complicado establecer un diagnóstico de muerte, especialmente cuando el estado de putrefacción del cuerpo está muy avanzado. Por ello, la investigación no debe basarse únicamente en la información proveniente
7. De los hallazgos revelados en la necropsia, sino que debe apoyarse también de otras fuentes como: análisis microscópicos, pruebas bioquímicas y toxicológicas, el estudio de la escena del crimen, la información testimonial, etc.
8. La literatura revisada confirma la relevancia de la criminología dentro de la función policial y, en particular, de la criminología forense en la investigación de delitos contra las personas (en nuestro caso, los homicidios y asesinatos). los profesionales criminólogos tienen la capacidad y el conocimiento de orientar y asesorar a los investigadores y jueces en cuestiones relacionadas con: la reconstrucción de hechos y de la escena del crimen; la autopsia psicológica, en casos de aparente suicidio; perfilación criminal, a través de la inferencia de las características del presunto responsable; entre otros temas.
9. La relación más directa y patente entre la medicina forense y la criminología puede observarse a la hora de estudiar los fenómenos lesionales en orden a establecer el origen y causa de los mismos, así como determinar la etiología de la muerte. Por parte de la medicina y la tanatología, se podrá valorar el momento en que se produjeron las lesiones o la muerte, mientras que la criminología se encargará de cotejar dicha información con los hallazgos procedentes de los testimonios de testigos y del lugar de los hechos, así como con el estudio de la historia personal de la víctima (antecedentes médicos, psicológicos, familiares, laborales, etc.).
10.Tanto en la elaboración de informes criminológicos como en la técnica de perfilación criminal, el profesional criminólogo se puede servir y apoyar de la medicina forense, ya que del tipo de muerte y el modo en que se han producido las lesiones se puede inferir, entre otras cosas, la personalidad, las motivaciones o los patrones conductuales del sospechoso y presunto autor. Por ejemplo, en los casos de estrangulación a mano se puede deducir que ha habido una relación personal y cercana entre agresor y víctima. Asimismo, cuando encontramos un cadáver ahorcado con todo el cuerpo suspendido (ahorcadura completa) no tenemos que dar por hecho que la etiología es suicida, especialmente porque la postura más frecuente en el ahorcamiento suicida es estar arrodillado (ahorcadura incompleta).
Anexos – Estudio médico legal de las asfixias mecánicas y su aportación a la criminología.pdf
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