Actuación de Enfermería en la fase terminal y duelo

https://doi.org/10.58842/KMTE3614

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VI. Nº 7–Julio 2023. Pág. Inicial: Vol. VI; nº7: 184

Autor principal (primer firmante): Elisa Giménez Gil

Fecha recepción: 22 de junio, 2023

Fecha aceptación: 18 de julio, 2023

Ref.: Ocronos. 2023;6(7) 184

Autores

  1. Elisa Giménez Gil. Graduada en Enfermería por la Universidad de La Rioja
  2. Silvia Trueba Santiago. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza
  3. Andrea Serrano Muñoz. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza
  4. Elvira Llombart Centelles. Graduada en Enfermería por la Universidad de Zaragoza
  5. Elena Pilar Millán Paricio. Graduada en Enfermería por la Universidad San Jorge de Zaragoza
  6. Javier Usón Magaña. Graduado en Enfermería por la Universidad San Jorge de Zaragoza

Resumen

La muerte es un proceso vital que supone el cese de la vida por lo cual ha traído consigo muchos cambios socioculturales, así como una ansiedad hacia ella.

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En la antigüedad, la muerte se consideraba algo inevitable que debía afrontarse con esperanza y paz, mientras que, con el paso de los años, cambió la percepción sobre el final de la vida.

Mediante diferentes experimentos realizados al personal de Enfermería durante las prácticas clínicas o durante su rutina laboral diaria, comprenderemos la importancia de obtener unas determinadas cualidades para afrontar el duelo de la muerte en el paciente terminal.

Cuando una persona se enfrenta a la muerte, entra en contacto con diferentes fases, aunque no siempre todos los pacientes pasan obligatoriamente por ellas.

Son etapas emocionales que alarmarán a los familiares y podrán afectar a las emociones del profesional de Enfermería que los esté atendiendo.

Las actitudes que debe tener el profesional ante esto es favorecer la calidad de vida del paciente y promocionar su salud, así será más sencillo lograr que el paciente pase a la etapa de aceptación y superación.

Los estudios y pruebas mencionados en este trabajo explican factores como la edad y la experiencia laboral y vital como herramientas para asumir la muerte de un paciente.

Palabras clave

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Muerte, afrontamiento, ansiedad, atención y cuidados.

Introducción

Tanto la muerte como el nacimiento son procesos que forman parte del ciclo vital de todo ser humano. Sucesos que comparten aspectos biológicos, sociales, culturales, y psicológico-emocionales. Estos últimos, son probablemente los que más impacto emocional generan de forma individual en el entorno personal y sanitario (1).

La vida y la muerte siempre han sido motivo de reflexión en el ámbito filosófico, religioso y científico, generando una gran diversidad de opiniones. Estos comportamientos generan emociones, por un lado, basadas en la aceptación y afrontamiento, y por otro, basadas en temores y negación (1).

La Real Academia Española (RAE) define la muerte como la cesación o término de la vida. En nuestra sociedad occidental, se concibe como algo negativo, imprevisto, algo en lo que nadie quiere pensar (1).

En lo que respecta al sector sanitario la muerte tiene una gran importancia, ya que el principal objetivo de este ámbito es evitar este proceso.

La manera de afrontarlo es tratando las enfermedades o afecciones que pueden llegar a mermar la calidad de vida del paciente o incluso su vida en totalidad.

Esta confrontación puede llegar a ser dolorosa, por ello, es necesaria una formación específica en cuidados, aspectos relacionados con la muerte, la enfermedad terminal, el duelo del paciente y los cuidados paliativos.

Sin embargo, como hemos dicho anteriormente la muerte se experimenta de manera individual en cada uno, es por eso, que no se puede acuñar un tratamiento general para poder afrontarla (1).

Cambios socioculturales respecto a la concepción de la muerte

La concepción de la muerte y las actitudes hacia ella han sufrido una evolución en los últimos siglos. Si nos remontamos a la época de la Grecia clásica, al mundo romano, paleocristiano y a la Edad Media; veremos que la muerte era percibida como algo lógico, asumible, tolerable y no desesperanzadora (2).

Para el mundo medieval la muerte era un acto solemne y público, en el que el moribundo era el protagonista, y él podía mostrar el verdadero valor de su vida.

Por ello, aunque la muerte sea personal e intransferible, la forma de recibir esta y el sentido que tiene, está marcada por la cultura, y como no, por la religión. La religión llega allá donde no llega a experimentar la ciencia, y donde no llega a comprender la filosofía.

Como dijeron Tomás Sábado y Gómez Benito, “no existe idea alguna, por extraña que parezca, en la que los hombres no estén dispuestos a creer con profunda devoción, con tal de que les proporcione alivio ante el conocimiento de que un día ya no existirán con tal de que les ofrezca la esperanza de una forma de eternidad para su existencia” (2).

En occidente podemos diferenciar dos momentos en la forma de vivencia de la muerte, previo a su institucionalización hospitalaria, la muerte no difunde miedo porque es aceptada como parte del proceso natural de la existencia y a partir de 1930 cuando el hospital empieza a ser un lugar reservado para morir (2).

Antes había un mayor contacto con la muerte, la mayoría moría en casa, con familiares y amigos alrededor y en un proceso de agonía más corto donde los rituales del duelo se hacían más patentes. Era el final de la fase de la vida, no algo amenazador y extraño.

Ahora, en la sociedad moderna no hay tiempo ni ganas de pensar en la muerte, por ello, intentamos apartarla creando tanatorios y alejando los cementerios del medio urbano (3).

La sociedad ha incorporado la idea de la muerte desde una visión religiosa, filosófica, médico-clínica, demográfica y estadística.

Las dos primeras asumen la muerte como una idea trascendental, la tercera desde un enfoque biológico en el que se observa la suspensión de los signos vitales del organismo humano y la última como la frecuencia de una ocurrencia de muerte representada en una estadística como la proporción de ocurrencias entre un cierto número de miembros de una sociedad en relación con el total de sus integrantes (3).

Fases del proceso enfermo terminal

Es muy difícil hacer frente a un paciente que sabemos que tiene una enfermedad incurable. El profesional sanitario debe informar sin utilizar sinónimos ni palabras parecidas a la muerte, sea cual sea el resultado de la batalla que debe librar, hay que hacerle comprender que lo haremos juntos, paciente, familiares y personal sanitario (4).

Hay 5 fases en el proceso terminal las cuales enumeraremos a continuación.

1ª Fase: Negación y aislamiento

Es habitual en todos los pacientes la negación o al menos la negación parcial, y no sólo durante las primeras fases de la enfermedad o cuando se enteran del diagnóstico, si no también más adelante. La negación moviliza otras defensas más radicales y funciona como amortiguador.

Todos los pacientes necesitan la negación alguna vez, tendrán idas y venidas y cuando estén dispuestas a hablar se abrirán, compartirán la soledad que ha generado la desafortunada noticia ya sea con palabras, pequeños gestos o comunicación no verbal (4).

2ª Fase. Ira

La primera fase se sustituye por la ira cuando la negación no se puede seguir manteniendo. Surge la pregunta: “¿Por qué yo?”. Para la familia y el profesional sanitario es muy difícil de llevar esta fase ya que la ira del paciente recae sobre aquellas personas que están a su alrededor (4).

3ª Fase. Pacto

Esta fase es un intento de posponer los hechos, es realizar un pacto consigo mismo y fijar un plazo de “vencimiento” (4).

4ª Fase. Depresión

Cuando el paciente no puede seguir negando la enfermedad, la ira o la insensibilidad, estas serán sustituidas por una gran sensación de pérdida que le causará un dolor preparatorio por el que debe de pasar para salir de ese mundo.

Si se les permite expresar el dolor que sienten, encontrarán de manera mucho más fácil la aceptación.

En el dolor preparatorio no se necesitan palabras, son más necesarios los sentimientos que a menudo se logra mejor con gestos de apoyo (4).

5ª Fase. Aceptación

Cuando pasa tiempo y el paciente asume la situación y por lo tanto ha pasado por todas las anteriores fases, no se deprimirá ni se enfadará, sino que se sentirá cansado y débil.

Esto no significa que sea una fase feliz, sino que está absenta de sentimientos y los que más apoyo necesitan son los familiares. Lo único que necesitará el paciente es alguien a su lado (4).

Un enfermo terminal no tiene por qué pasar por todas las fases, cada persona reacciona de forma diferente, algunas personas necesitan más tiempo que otras e incluso hay algunos pacientes que se saltan algunas de estas fases. Lo que sí se sabe es que el hecho de pasar por estas 5 fases ayuda a la aceptación de la muerte del paciente, a él y a sus familiares también (4).

Incluso aquellos pacientes que encajan bien el hecho de que les haya llegado su hora, mantienen una pequeña esperanza de mejoría o del descubrimiento de un medicamento nuevo que pueda ayudarles a sobrevivir. Es importante que el personal sanitario comparta ese hilo de esperanza con el paciente, no debemos mentirles, pero si escuchar y apoyarles (4).

Cuidados y actitudes de profesionales de Enfermería hacia el paciente terminal

Uno de los aspectos más difíciles con los que se encuentra tanto la familia, como los profesionales sanitarios, es la atención y los cuidados que hay que ofrecer al paciente que se encuentra durante “el proceso de morir”.

Concretamente, el papel de Enfermería es crucial, puesto que son los responsables directos que brindan una atención plenamente individualizada (5).

Los cuidados paliativos, son aquellos destinados a ayudar a los enfermos que se encuentran en esta fase, definidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “Atención específica, activa e integral que deben recibir los enfermos una enfermedad avanzada, progresiva e incurable y sus familias, atendiendo a todas sus necesidades”.

Hay que ver estos cuidados desde la perspectiva en la cual las propias personas son las máximas responsables de su salud, de manera que la actividad por parte de Enfermería no es aislada.

El profesional, debe favorecer el autocuidado, la participación del enfermo y familiares en la toma de decisiones sobre su asistencia, el eje de sus actividades… De tal manera, que queden proporcionados todos los cuidados que cumplan las necesidades de los pacientes (5).

El dolor, supone uno de los principales retos a los que se enfrentan los profesionales, sobre todo cuando la enfermedad ya no tiene cura.

La mayoría de los síntomas pueden ser controlados mediante el uso de fármacos que se pueden administrar por vía oral, o cualquier otra que favorezca la autonomía del paciente, o sea de su preferencia (5).

Hay que saber acompañar al paciente durante el proceso ante la muerte, factor, que no se improvisa, es importante formar la actitud adecuada en el personal de salud.

Tanto al personal de medicina como de Enfermería, hay que enseñarles que, dentro de todas sus labores, una muy importante es la de comunicación al paciente, dejarle claro que no está solo, puesto que es la mayor esperanza que necesita (6).

El primer objetivo al que se enfrenta el personal de salud es proporcionar cuidados paliativos suficientes que aseguren una reducción del sufrimiento físico. Además, tiene que estar capacitado para resolver y manejar, así como encauzar, el dolor emocional o moral, puesto que en muchos casos es más difícil de suprimir (6).

El segundo objetivo, establecer consciencia de que cada paciente requiere un acercamiento distinto, ya que cada uno vive este proceso de manera única.

El reto está en identificar el qué es una muerte digna para el paciente, para ello, hay que conocerlo, interesarse por sus cosas y establecer cierta amistad con él (6).

El profesional de Salud puede sentir que ha perdido como persona al no acompañar al paciente en este momento crítico, puesto que el valor de la muerte no recae solo en que la persona que fallece sea digna, sino que también identifique a los que han estado a su alrededor.

La familia tiene un papel primordial, así como los amigos y compañeros deben estar presentes y acompañar. Pero, aunque ellos falten, los profesionales también pueden hacer sentir su presencia, su calidez, su compañía, respetando el ámbito de sus costumbres y creencias (6).

Actitudes del profesional de Enfermería ante el duelo

Para prestar la mejor atención posible al paciente en situación de enfermedad avanzada y terminal y a sus familiares, es necesaria una formación específica en Enfermería, en los aspectos vinculados con la muerte, la enfermedad terminal, el duelo y los cuidados paliativos, tanto en su formación de pregrado como durante su desempeño profesional.

El conocer las actitudes del profesional de Enfermería ante la muerte reviste gran importancia por la forma en cómo éstas influyen en la relación interpersonal y atención de Enfermería con pacientes y familiares (7).

Dentro de las instituciones hospitalarias, el profesional de Enfermería, ante la muerte de un paciente, es el responsable de brindar los cuidados post mortem, entendidos éstos como la serie de atenciones que se prestan a la persona fallecida, entre las cuales están: el registro de la hora del fallecimiento, establecimiento de la identidad de quien falleció, retiro de tubos, catéteres, drenes, etc. (8)

Si el profesional de Enfermería entiende el proceso de duelo que afecta al paciente y la familia, puede apoyar a ambos y a sí mismo a redefinir las situaciones que se generan previa y posteriormente a la muerte.

Contar con un espíritu humanístico, estar sensibilizado, concienciado, familiarizado y sobre todo, capacitado para poder otorgar cuidados especializados, lo cual favorecería cumplir el compromiso ético con cada uno de los pacientes, de acompañarlos, brindarles cuidados de calidad y asimismo, aliviar los síntomas adversos que se presentan durante el trayecto de su enfermedad; y en los momentos finales respetar la autonomía del paciente y permitirle que parta en compañía de sus seres queridos, en un ambiente agradable de amor y calidez (9).

Con respecto a la actitud ante la muerte, se puede concluir que los factores que influyen en que el profesional de Enfermería tenga una actitud negativa o positiva están dados por las variables: edad de los encuestados, edad de su primer contacto con la muerte, años de experiencia profesional y preparación de pregrado en relación a la muerte.

Cuánta menos edad y experiencia, más vulnerables son los profesionales de Enfermería a la hora de enfrentarse al proceso (10).

Conclusiones

  • La muerte como concepto ha sido modificado con el transcurso de la historia, pasando de una percepción honorable y valerosa a un miedo irracional hacia ella. La razón de este cambio engloba muchos factores como lo pueden ser el aumento de la esperanza de vida, la intrascendencia de la muerte y las ganas por vivir.

  • La actitud de la familia y el profesional de Enfermería debe ser favorable para el paciente, nuestro principal objetivo es proporcionarle una buena calidad de vida mientras le acompañamos hacia el final de la vida.

  • El profesional de Enfermería se verá afectado por la muerte de su paciente dependiendo de factores como la edad, su propia percepción de la muerte y su experiencia en el sector laboral.

  • La profesionalidad es fundamental para no dejarse llevar por las emociones de ansiedad que produce el duelo hacia la enfermedad terminal.

Bibliografía

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  8. Orozco-González, M. Á., Tello-Sánchez, G. O., Sierra-Aguillón, R., Gallegos-Torres, R. M., Xeque-Morales, Á. S., Reyes-Rocha, B. L., & Zamora-Mendoza, A.. (2013). Experiencias y conocimientos de los estudiantes de Enfermería, ante la muerte del paciente hospitalizado. Enfermería universitaria, 10(1), 8-13. Recuperado en 6 de junio de 2023, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?scri pt=sci_arttext&pid=S1665-7063201300010 0003 &lng=es&tlng=pt
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