Dieta FODMAP para el síndrome del intestino irritable

Autores: Senén García Miranda, Irene González Alonso, María Inmaculada Peña González

Introducción

El síndrome del intestino irritable (SII) es un trastorno digestivo funcional, crónico, recurrente y de patogenia multifactorial, que produce una serie de síntomas inespecíficos, como hipersensibilidad visceral, dolor, hinchazón y distensión abdominales, modificaciones del patrón evacuatorio (motilidad, textura…), e incluso alteraciones psicológicas (depresión, ansiedad…), entre otros.

Según los criterios de Roma lV, y dependiendo de los síntomas, el síndrome del intestino irritable (SII) puede clasificarse en cuatro tipos: SII-E (con estreñimiento habitual), SII- D (predomina la diarrea), SII- M (mixto, alternancia de estreñimiento y diarrea) y SII-NC (no clasificado, distinto a los anteriores). A menudo, los enfermos pueden pasar de un subgrupo a otro. También se puede clasificar el SII atendiendo a los hechos desencadenantes (tras la ingesta de determinados alimentos, después de un proceso infeccioso, situaciones de estrés, etc), o a la sintomatología predominante (distensión, dolor, disfunción intestinal…).

Es conveniente establecer una buena relación médico-paciente, con el fin de recoger una historia clínica completa y realizar un diagnóstico certero, que permita descartar otras enfermedades y establecer un tratamiento eficaz para el alivio de los síntomas.

Hay cierta controversia en cuanto a la estrategia a seguir:

  • Un diagnóstico basado en la sintomatología compatible con el síndrome del intestino irritable (SII), en la información recogida en la historia médica y el examen físico; reduce los costes sanitarios, pero también la precisión diagnóstica.
  • Un diagnóstico que aboga por la realización de analíticas y pruebas complementarias específicas (analítica elemental, gastroscopia, colonoscopia, pruebas de imagen, de heces, de alergias y genéticas, test respiratorios de malabsorción de hidratos de carbono, biomarcadores…) para excluir cualquier patología orgánica.

Hasta hace unos años, se consideraba el SII un trastorno de etiología desconocida. Tras numerosos estudios, cada vez es más evidente que el SII no es sólo un trastorno funcional, sino que puede haber una o varias causas orgánicas que lo originen, como alteraciones de la serotonina, del eje neurodigestivo y la microbiota intestinal, microinflamación del intestino, sensibilidad a algunos alimentos, etc. También es probable que haya un componente genético en el desarrollo del síndrome, así como factores ambientales que lo propicien (estrés laboral, malos tratos o abusos sexuales en la infancia, etc.).

El síndrome del intestino irritable (SII) es un trastorno benigno, pero en la mayoría de los casos es crónico, con períodos alternos de remisión y exacerbación de los síntomas, que afectan negativamente a la calidad de vida de los pacientes. Puede aparecer a cualquier edad, pero es más frecuente en la adolescencia o en la edad adulta temprana, y más habitual en mujeres.

El tratamiento tiene como finalidad aliviar los síntomas, y se establece teniendo en cuenta el tipo, la intensidad y la frecuencia de los mismos, así como los efectos psicológicos que producen y la repercusión sobre el bienestar de los afectados.

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Algunos pacientes necesitan tratamiento farmacológico para controlar el dolor (analgésicos, espasmolíticos, anticolinérgicos, antidepresivos, etc), el estreñimiento (fibra soluble, laxantes estimulantes y osmóticos, enemas en casos más severos…), la diarrea (antidiarreicos, como loperamida, alosetrón, colestiramina, colestipol, etc.), la hinchazón y distensión abdominal (probióticos, antibióticos con rifaximina…), fármacos que actúan sobre los receptores de serotonina, etc.

Las terapias psicosociales pueden ser útiles en pacientes con síntomas severos, comorbilidad con patologías psiquiátricas, mala adaptación psicológica a la enfermedad o factores ambientales que influyan negativamente en la sintomatología. Las más recomendadas son las terapias cognitivo-conductuales, las técnicas de relajación, terapias psicodinámicas, meditación, hipnosis, etc.

Los hábitos saludables de vida, como realizar ejercicio físico moderado, seguir una dieta adecuada y establecer una rutina para la defecación, dedicándole el tiempo necesario, pueden aliviar las molestias y contribuir al bienestar del enfermo.

Se han hecho numerosos estudios que vinculan la dieta con ciertos síntomas gastrointestinales. Actualmente, hay una tendencia creciente a aplicar dietas especializadas que restringen determinados alimentos para el tratamiento de pacientes que padecen el Síndrome del Intestino Irritable. Sería útil que éstos llevaran un control diario de los síntomas, para identificar qué alimentos los provocan y reducir o eliminar su ingesta. Es preciso tener en cuenta que los alimentos no son la causa de la enfermedad, sino el factor desencadenante de la sintomatología.

Está suficientemente probado que la restricción de algunos alimentos, como gluten, lactosa, cafeína, fructosa, sorbitol, etc., alivian los síntomas del síndrome del intestino irritable (SII). Sin embargo, la dieta aparentemente más eficaz para este trastorno es la llamada dieta FODMAP, que limita los carbohidratos de cadena corta (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables).

Objetivos

El objetivo de este estudio es analizar la dieta baja en FODMAP y sus efectos sobre el Síndrome del Intestino Irritable.

Metodología

Para realizar este trabajo se ha llevado a cabo una búsqueda en diversas bases de datos, como Elsevier, Scielo, Medline, Cochrane, Mayo Clinic, y se han revisado artículos publicados en Universidades y Organizaciones mundiales relacionados con patologías gastrointestinales.

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Palabras clave: Síndrome del Intestino Irritable, dieta FODMAP, hipersensibilidad visceral, Roma lV.

Resumen

La dieta FODMAP (término derivado de Fermentable, Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols), se desarrolló originalmente por el equipo de investigación del Departamento de Gastroenterología de la Universidad de Monash, en Melbourne (Australia). En ella se proponía la restricción de ciertos carbohidratos fermentables que, al ser ingeridos, producían trastornos gastrointestinales en personas afectadas por el Síndrome del Intestino Irritable.

Los alimentos ricos en FODMAP son:

  • Oligosacáridos => fructanos y galactanos (inulina, trigo, centeno y cebada, vegetales flatulentos, legumbres, frutos secos, algunas frutas, etc.).
  • Disacáridos => lactosa (leche, yogur, postres lácteos, quesos blandos…).
  • Monosacáridos => fructosa (frutas, verduras, miel, jarabe de maíz rico en fructosa, aditivos…).
  • Polioles => alcoholes derivados del azúcar, como sorbitol, xilitol, manitol, isomaltosa, etc. Se pueden encontrar en algunos alimentos procesados (golosinas, pasteles, helados, chocolate…), en ciertas frutas y vegetales, e incluso en colutorios y dentífricos.

Según la Asociación Española de Gastroenterología (AEG), ante la dificultad de los pacientes para identificar exactamente qué alimentos o sus componentes son los causantes de los síntomas del SII, y la falta de pruebas fiables para realizar un diagnóstico certero, el único sistema para determinar los elementos desencadenantes de dichos síntomas consiste en la eliminación y reintroducción de los alimentos sospechosos de provocar las molestias.

Las restricciones alimentarias no deben mantenerse durante un período prolongado, ya que existe riesgo de provocar carencias nutricionales y alteraciones en la macrobiota intestinal. Algunos alimentos, como los lácteos y los vegetales ricos en fibra, mantienen el equilibrio de la flora y la salud gastroentérica. Para evitar, dentro de lo posible, los efectos negativos de la dieta, se intentaría sustituir los alimentos eliminados por otros del mismo grupo alimentario que tengan propiedades similares. Las legumbres son las más difíciles de reemplazar, mientras que las frutas, verduras y lácteos se pueden compensar con suplementos de vitaminas y minerales.

En la dieta FODMAP se irán reintroduciendo los alimentos por grupos: con alto contenido en fructosa y polioles, lactosa, oligosacáridos y fructanos, para determinar qué alimento y cuánta cantidad del mismo puede ingerir el paciente.

Grupos de alimentos

La Asociación Española de Gastroenterología (AEG), basándose en las recomendaciones de tres expertas dietistas que trabajan habitualmente con este tipo de pacientes, ha elaborado una serie de dietas empíricas para el tratamiento del SII, partiendo de una tabla de grupos de alimentos, dentro de los cuales unos están permitidos y otros limitados o totalmente prohibidos.

Cereales, legumbres y tubérculos

  • Permitidos -> espelta y avena, y sus derivados. Cereales y alimentos sin gluten, lactosa ni fructosa. Patatas, arroz, mijo, maíz, quinoa, semillas de lino, tapioca, trigo sarraceno, etc, y todos sus derivados.
  • Prohibidos -> legumbres, soja; trigo, centeno y cebada, y sus derivados. Boniatos, malta, salvado de trigo…

Lácteos

  • Permitidos -> leche y derivados sin lactosa, bebidas de avena, de almendras (sin fructosa ni lactosa), de arroz, leche de coco, quesos curados…
  • Prohibidos -> todo tipo de leches y derivados que contengan lactosa.

Verduras y hortalizas

  • Permitidas -> lechuga, escarola, tomate, pimiento, pepino, endivias, zanahorias, berenjena, calabacín, calabaza (menos de media taza al día), cebollino, espinacas, acelgas, judías verdes, etc.
  • Prohibidas -> ajo, cebolla, puerros, chalotas, hinojo, todo tipo de coles, repollo y brócoli, guisantes, alcachofas, espárragos, champiñones y setas, etc.

Frutas

  • Permitidas -> una pieza mediana por comida, no más de tres en todo el día, incluidos los zumos (naturales y de una sola pieza). Plátano, cítricos, fresas, melón, arándanos, frambuesas, uvas, coco, piña, maracuyá, kiwi… Frutos secos (máximo: 10 almendras o avellanas, 4 o 5 nueces, una cucharada sopera de pipas de calabaza o girasol, piñones, cacahuetes).
  • Prohibidas -> todas las desecadas (higos, uvas, dátiles…), los zumos industriales, las frutas en conserva y el dulce de membrillo. Pistachos, castañas y anacardos. Melocotón, albaricoque, nectarina, paraguayo, manzana, pera, membrillo, cerezas, ciruelas, sandía, granada, moras, caquis, chirimoyas, aguacate…

Proteínas

  • Permitidas -> todas las carnes y derivados (longaniza, jamón serrano o cocido), pescados y mariscos, tofu, huevos, etc.
  • Prohibidas -> surimi y seitán.

Azúcares y edulcorantes

  • Permitidos -> azúcar (blanco y moreno), edulcorantes naturales o artificiales no polioles, chocolate sin leche ni fructosa, mermeladas y confituras de frutas permitidas (no más de dos cucharaditas), dextrinas y maltodextrinas.
  • Prohibidos -> fructosa y derivados, miel y melaza, chucherías, chocolate con leche o fructosa, edulcorantes con polioles.

Bebidas

  • Permitidas -> agua, infusiones y café. Bebidas sin fructosa ni polioles, zumos naturales de frutas permitidas (1 pieza). Vino, cava, cerveza normal o sin gluten (no más de una lata diaria), vodka, ginebra.
  • Prohibidas -> zumos industriales de frutas, o naturales elaborados con más de una pieza o con frutas prohibidas, bebidas edulcoradas con fructosa o polioles, té oolong, infusiones de hinojo, horchata, vinos y licores dulces, coñac, ron, whisky, sidra, y más de una lata de cerveza al día.

Otros

  • Permitidos -> especias y hierbas aromáticas, aceitunas, vinagre, salsas vinagreta, de tomate natural, de soja, mayonesa sin ajo y mostaza, todo en pequeñas cantidades.
  • Prohibidos -> todo tipo de alimento precocinado que contenga fructosa o lactosa, o esté elaborado con alguna sustancia prohibida. Prebióticos (inulina y fructanos).

Durante el tiempo que se siga la dieta no es conveniente administrar fármacos procinéticos, antiflatulentos ni fibra. Sí se admite, en cambio, tomar protectores estomacales, loperamida para controlar la diarrea, bisacodilo para facilitar la defecación y buscapina para el dolor, anotándolo en el diario de control de los síntomas.

Conclusiones

En los últimos años, se han realizado gran cantidad de estudios sobre los efectos de la dieta FODMAP en los pacientes que sufren el SII. La mayoría de ellos afirman que la restricción de los alimentos que se indica en dicha dieta contribuye a controlar los síntomas a corto plazo, pero algunos sostienen que su seguimiento puede producir efectos negativos en la microbiota intestinal e impedir una adecuada ingesta de nutrientes a largo plazo. Por ello, sólo debe aplicarse durante un breve período de tiempo, y siempre bajo el estricto control de un especialista en nutrición.

Los FODMAP pueden ocasionar ciertas molestias gastroentéricas, pero no causan inflamación en el intestino, sino al contrario, puesto que alteran favorablemente la flora intestinal y producen ácidos grasos de cadena corta, que ejercen un efecto antiinflamatorio y protector del intestino, además de tener propiedades anticancerígenas.

Actualmente, tras los estudios realizados se genera un debate sobre la conveniencia de aplicar o no la dieta baja en FODMAP. Una de las causas de la controversia es la calidad de dichos estudios y la eficacia de la metodología empleada. La conclusión general es que son necesarios más estudios que verifiquen la efectividad de este modelo de dieta, así como la posibilidad de identificación de los pacientes que no van a experimentar alivio de los síntomas tras el seguimiento de la misma.

No obstante, y a pesar de la polémica, la dieta FODMAP es, hoy por hoy, uno de los recursos fundamentales en el tratamiento del Síndrome del Intestino Irritable.

Bibliografía

– Dietas empíricas para el tratamiento del Síndrome del Intestino irritable (Asociación Española de Gastroenterología).

– R. Castañeda-Sepúlveda. Síndrome del Intestino Irritable (Medicina Universitaria, vol.12, nº 46, pág. 39-46, enero 2010, Elsevier).

– E. Moreno-Osset. Síndrome del Intestino Irritable (Revista Española de Enfermedades Digestivas, vol.97, nº1, Madrid, enero 2005, Scielo).

– Síndrome del intestino irritable. Guía de práctica clínica. (Asociación Española de Gastroenterología, Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria y Centro Cochrane Iberoamericano, 2005).

– A. Zugasti Murillo, F. Estremera Arévalo, E. Petrina Jáuregui.. Dieta pobre en FODMAPs (fermentable oligosaccharides, disaccharides, monosaccharides and polyols) en el síndrome de intestino irritable: indicación y forma de elaboración (Endocrinología y Nutrición, vol. 63, nº 3, pág. 132-138, marzo 2016, Elsevier).

– Tratamiento para el síndrome de intestino irritable (National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Deseases, noviembre 2017).