Apuntes sobre el diagnóstico social en el trabajo social sanitario

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IV. Nº 1– Enero 2021. Pág. Inicial: Vol. IV; nº1:69

Autor principal (primer firmante): Benito Otero del Castillo

Fecha recepción: 24 de diciembre, 2020

Fecha aceptación: 16 de enero, 2021

Ref.: Ocronos. 2021;4(1):69

Autores: Benito Otero del Castillo, Beatriz García Meré, Moisés Álvarez Alonso, Rebeca Juesas Celorio.

Categoría profesional: Diplomados en Trabajo Social.

Resumen

Las realidades en las que tenemos que intervenir los trabajadores sociales sanitarios y que justifican la elaboración de un diagnóstico social, son extraordinariamente complejas y dinámicas. Por ello, se requiere un tratamiento técnico adecuado, mediante la rigurosidad en la aplicación de sus diversas fases, y fomentando la participación de las personas en torno a quienes realizamos el diagnóstico, con el fin de cotejar las hipótesis que se vayan planteando y favoreciendo su empoderamiento en el proceso de intervención, en aras de conseguir una mejora en la situación abordada.

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Palabras clave

Trabajo Social Sanitario, diagnóstico social, hipótesis, salud, participación, metodología e interdisciplinar.

El diagnóstico social

El diagnóstico social es la fase cardinal del método básico del trabajo social, donde culmina el estudio o conocimiento global del campo y en la que se sustenta la planificación estratégica de la intervención social.

Para Mary E. Richmond “el diagnóstico social es el intento de hacer una definición, lo más exacta posible, de la situación y personalidad de un ser humano con alguna necesidad social, de su situación y personalidad. Ello es, en relación con otros seres humanos de los que de alguna manera depende, o los que de alguna manera dependen de él, y en relación también con las instituciones sociales de su comunidad” 1

María José Aguilar Idañez y Ezequiel Ander-Egg aunaron conocimientos y experiencia para conceptualizarlo de esta manera: “El diagnóstico social es un proceso de elaboración y sistematización de información que implica conocer y comprender los problemas y necesidades dentro de un contexto determinado, sus causas y evolución a lo largo del tiempo, así como los factores condicionantes y de riesgo y sus tendencias previsibles; permitiendo una discriminación de los mismos según su importancia, de cara al establecimiento de prioridades y estrategias de intervención, de manera que pueda determinarse de antemano su grado de viabilidad y factibilidad, considerando tanto los medios disponibles como las fuerzas y actores sociales involucrados en las mismas” .2

Siguiendo una de las premisas de las que parte esta última definición, es razonable afirmar que el diagnóstico social no es algo estático ni un momento puntual en la intervención en el que se vierte una hipótesis de forma espontánea en base al trabajo previo de estudio-investigación; se trata de un proceso de construcción gradual y de análisis técnico que recorre diversas fases:

  • Identificativa, donde se recogen los datos básicos de la persona o familia con quien se interviene, así como los del profesional e institución a la que este pertenece y la fecha.
  • Metodológica: se expone con rigor el proceso metodológico empleado tanto para la recogida de información, como para su evaluación e inferencia.
  • Descriptiva. Fase en la que se debe relatar de forma legible y objetiva, la información obtenida de la situación objeto de análisis.
  • Evaluativo-Diagnóstica. El profesional emite su juicio técnico sobre la situación y determina la problemática existente, los factores que esta presenta y un pronóstico.
  • Prescriptiva. En base al diagnóstico alcanzado, se formula una propuesta de intervención.
  • Prospectiva. Previsión, a través de criterio técnico, de cómo evolucionaría el caso si se llevara a cabo o no una actuación profesional.

“La necesidad de realizar un diagnóstico está basada en el principio de que es necesario conocer para actuar con eficacia”. El diagnóstico “constituye uno de los elementos clave de toda práctica social, en la medida en que procura un conocimiento real y concreto de una situación sobre la que se va a realizar una intervención social”. 3

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No obstante, el diagnóstico no puede ser una labor individual, sino que requiere la concurrencia de un equipo. Supone interdisciplinariedad, entendida como un ensamblaje integrado de conocimientos y técnicas que permitan actuar de forma global, lo que implica una práctica social compartida, siendo necesaria una visión integral de la situación de la persona sobre la que se interviene. Es decir, debemos destacar que, ante la complejidad de los problemas sociales, se impone un talante interdisciplinar en el abordaje de la situación.

El diagnóstico social en el ámbito sanitario viene precedido de un previo diagnóstico médico y/o enfermero, a razón de una consulta sanitaria por parte del paciente. De lo que se puede inferir, por un lado, que el eje vertebrador del diagnóstico social es la enfermedad o problema médico que lleva a la persona a hacer una demanda del sistema sanitario, y por otro lado, que los distintos profesionales del equipo deben saber detectar, aunque sea de forma superficial, cuándo puede ser oportuna la participación del trabajador social sanitario; siendo esta una de las razones por la que se debe dar una visión integral e interdisciplinar a la intervención.

Se afirma que la enfermedad debe ser el eje central del diagnóstico social, puesto que parece evidente que el plan de actuación en trabajo social va a diferir si el problema de base a abordar es el de una persona que hace uso de los servicios de salud por presentar hipercolesterolemia, que de una persona diagnosticada de Parkinson o de otra que se ha fracturado la cadera. “Aunque todas ellas presenten variables sociales iguales –estado civil, ingresos económicos, problemas de trabajo, características de la vivienda, demanda de ayuda, la enfermedad particular imprime particulares itinerarios” .4

La aceptación consciente e implicación activa de las personas a las que se refiere el diagnóstico social, son condición sine qua non para su adecuada elaboración y desarrollo. No es suficiente que la persona o personas afectadas acepten que se haga un diagnóstico de la situación en la que se encuentran inmersas, sino que es imprescindible que ellas mismas se impliquen activamente en su proceso.

El diagnóstico implica la formulación de hipótesis, y la persona a la que acompañamos debe participar verificando o no esas hipótesis. En la medida en que ésta conozca y comprenda el motivo de la intervención, la relación de ayuda será clara y facilitadora, y permitirá una mejor y mayor participación en el proceso de cara a conseguir los objetivos planteados. No obstante, el autodiagnóstico no debe en ningún momento sustituir al diagnóstico social profesional.

Conclusiones

Mediante la aplicación del diagnóstico social en trabajo social sanitario, debemos tratar de definir con claridad cuál es la situación objeto de intervención, focalizando la demanda relativa a la salud que plantea el paciente como base para su elaboración, promoviendo su implicación en todo el proceso y respetando su voluntad y deseos. Todo ello, a través de un abordaje interdisciplinar, de manera que se tengan en consideración todos los aspectos relativos a la salud según el modelo biopsicosocial que promueve la OMS, así como mediante la aplicación de la metodología profesional de manera rigurosa.

Bibliografía

1 Richmond, M. E., Social Diagnosis. New York. Russell Sage Foundation. 1917; 357

2-3 Ander-Egg, E., Aguilar Idañez, M.j., Diagnóstico Social. Conceptos y metodología. 2th. Buenos Aires – Mexico. Lumen; 2001

4 Dolors Colom Masfret. El trabajo social sanitario en el marco de la optimización y sostenibilidad del sistema sanitario. Zerbitzuan. 2010; 47. 109-119