Diagnóstico del hígado graso no alcohólico

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 997

Autor principal (primer firmante): Cristina Morago Lausin

Fecha recepción: 28/07/2026

Fecha aceptación: 24/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 997

Autores:

  1. Cristina Morago Lausin
  2. María Elena Morago Fuentes
  3. Maida Alejandra Coraspe Piedra
  4. Mónica López Suárez
  5. María del Carmen Huertas Aguayo
  6. Erica Morago Fuentes

Categoría: Enfermería, TCAE, Administración, Técnico en documentación y administración sanitaria, telefonista, servicios generales.

Palabras clave: Hígado, envejecimiento, cambios, sistema digestivo.

Introducción

El diagnóstico del hígado graso no alcohólico (HGNA), actualmente denominado enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés), constituye un proceso integral que combina la historia clínica, la exploración física, las pruebas de laboratorio, las técnicas de imagen y, en casos seleccionados, la biopsia hepática. El objetivo del diagnóstico no solo es confirmar la presencia de acumulación de grasa en el hígado, sino también determinar el grado de inflamación, la existencia de fibrosis, la posible progresión hacia cirrosis y descartar otras enfermedades hepáticas que puedan presentar manifestaciones similares.

Desarrollo

El HGNA representa la enfermedad hepática crónica más frecuente en el mundo y suele desarrollarse de forma silenciosa durante años. La mayoría de los pacientes permanecen asintomáticos en las fases iniciales, lo que hace que el diagnóstico sea frecuentemente incidental durante estudios realizados por otras causas, como análisis de sangre rutinarios o ecografías abdominales.

El primer paso diagnóstico consiste en una adecuada valoración clínica. Es fundamental realizar una historia médica detallada que incluya antecedentes personales, familiares y hábitos de vida. El profesional sanitario debe investigar la presencia de factores de riesgo metabólicos como obesidad, sobrepeso, diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemia y síndrome metabólico, ya que estos constituyen los principales determinantes para el desarrollo de la enfermedad.

También es importante conocer el patrón de consumo de alcohol. El diagnóstico de hígado graso no alcohólico requiere descartar que la acumulación de grasa hepática sea consecuencia del consumo excesivo de bebidas alcohólicas. Aunque actualmente la nueva nomenclatura MASLD pone mayor énfasis en la disfunción metabólica, continúa siendo necesario valorar cuidadosamente la ingesta de alcohol para establecer un diagnóstico correcto y diferenciarla de la enfermedad hepática relacionada con el alcohol.

Durante la anamnesis también deben investigarse medicamentos potencialmente hepatotóxicos que puedan producir esteatosis hepática, entre ellos amiodarona, tamoxifeno, metotrexato, glucocorticoides y algunos antirretrovirales. Asimismo, deben descartarse enfermedades hereditarias, trastornos endocrinos y otras patologías capaces de provocar infiltración grasa hepática.

La exploración física suele ser poco específica en fases iniciales. Muchos pacientes presentan únicamente sobrepeso u obesidad, especialmente con distribución central de la grasa corporal. Es frecuente observar un aumento del perímetro abdominal, indicador de adiposidad visceral, estrechamente relacionado con la resistencia a la insulina.

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En algunos pacientes puede detectarse hepatomegalia durante la palpación abdominal, aunque este hallazgo no siempre está presente. En estadios avanzados, cuando la enfermedad ha evolucionado hacia cirrosis, pueden aparecer signos de hipertensión portal, ascitis, circulación colateral, esplenomegalia o ictericia.

Las pruebas analíticas constituyen una herramienta importante para la sospecha diagnóstica, aunque presentan limitaciones. Las alteraciones más frecuentes son elevaciones leves o moderadas de las aminotransferasas, especialmente alanina aminotransferasa (ALT) y aspartato aminotransferasa (AST). Habitualmente la ALT es superior a la AST en las fases iniciales, mientras que en presencia de fibrosis avanzada o cirrosis esta relación puede invertirse.

Sin embargo, es importante destacar que un número considerable de pacientes con HGNA presenta concentraciones normales de transaminasas. Por ello, valores analíticos normales no excluyen la presencia de enfermedad hepática significativa.

Otras alteraciones bioquímicas pueden incluir elevación de la gamma-glutamil transferasa (GGT) y, con menor frecuencia, aumento de la fosfatasa alcalina. En fases avanzadas pueden observarse disminución de albúmina, alteraciones en el tiempo de protrombina y trombocitopenia como consecuencia del deterioro funcional hepático y la hipertensión portal.

Además del estudio hepático, es imprescindible evaluar el perfil metabólico del paciente. Deben solicitarse glucemia en ayunas, hemoglobina glucosilada, perfil lipídico completo, índice de masa corporal, perímetro abdominal y presión arterial. Estas variables permiten identificar la presencia de síndrome metabólico y valorar el riesgo cardiovascular asociado.

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El diagnóstico también exige excluir otras enfermedades hepáticas crónicas. Para ello suelen realizarse serologías para hepatitis B y hepatitis C, determinación de autoanticuerpos cuando existe sospecha de hepatitis autoinmune, estudio del metabolismo del hierro para descartar hemocromatosis, determinación de ceruloplasmina en pacientes jóvenes con sospecha de enfermedad de Wilson y valoración de alfa-1 antitripsina cuando esté clínicamente indicado.

Las técnicas de imagen representan uno de los pilares fundamentales del diagnóstico. La ecografía abdominal constituye el método inicial más utilizado debido a su amplia disponibilidad, bajo coste y ausencia de radiación. La ecografía puede detectar infiltración grasa cuando aproximadamente más del 20 al 30% de los hepatocitos contienen grasa.

En la ecografía, el hígado graso presenta un aumento difuso de la ecogenicidad, conocido como hígado brillante. También puede observarse una disminución de la visualización de las estructuras vasculares y una menor penetración del ultrasonido en el tejido hepático.

Aunque la ecografía posee buena sensibilidad para detectar esteatosis moderada o grave, presenta menor rendimiento diagnóstico en casos leves y en pacientes con obesidad severa. Además, no permite diferenciar con precisión la esteatosis simple de la esteatohepatitis ni cuantificar adecuadamente el grado de fibrosis.

La tomografía computarizada también puede identificar infiltración grasa hepática mediante la disminución de la densidad del parénquima hepático respecto al bazo. Sin embargo, debido a la exposición a radiación y a su menor sensibilidad para detectar esteatosis leve, actualmente no constituye la técnica de elección para el diagnóstico inicial.

La resonancia magnética ofrece una sensibilidad mucho mayor para cuantificar la grasa hepática. Las técnicas de cuantificación de la fracción grasa mediante resonancia permiten medir de forma precisa el contenido lipídico del hígado incluso en fases iniciales. Estas técnicas son especialmente útiles en investigación y en el seguimiento de pacientes sometidos a tratamiento.

En los últimos años ha adquirido gran importancia la elastografía hepática. Esta técnica permite estimar la rigidez del tejido hepático como marcador indirecto de fibrosis. La elastografía de transición, conocida ampliamente por el nombre comercial FibroScan, es actualmente una de las herramientas no invasivas más utilizadas para evaluar la progresión de la enfermedad.

La elastografía combina la medición de la rigidez hepática con la determinación del parámetro de atenuación controlada, que permite estimar simultáneamente el contenido de grasa del hígado. Esta combinación facilita tanto el diagnóstico de esteatosis como la valoración del riesgo de fibrosis significativa.

El desarrollo de métodos no invasivos ha reducido considerablemente la necesidad de realizar biopsias hepáticas. Diversos índices bioquímicos permiten estimar la probabilidad de fibrosis utilizando variables clínicas y analíticas fácilmente disponibles.

Entre los índices más utilizados se encuentran el FIB-4 y el NAFLD Fibrosis Score. Ambos incorporan parámetros como edad, aminotransferasas, recuento plaquetario y otras variables clínicas para clasificar a los pacientes según el riesgo de fibrosis avanzada.

Estos modelos permiten seleccionar qué pacientes requieren estudios adicionales mediante elastografía o derivación a hepatología especializada. Los pacientes con bajo riesgo pueden continuar seguimiento clínico periódico, mientras que aquellos con riesgo intermedio o alto requieren una evaluación más exhaustiva.

La biopsia hepática continúa siendo el patrón de referencia para el diagnóstico definitivo. Aunque actualmente se reserva para casos seleccionados, sigue siendo la única prueba capaz de diferenciar con absoluta certeza entre esteatosis simple y esteatohepatitis, así como de establecer el grado exacto de inflamación y fibrosis.

Durante la biopsia se obtiene un pequeño fragmento de tejido hepático mediante una aguja especial. Posteriormente, el estudio histopatológico permite valorar diversos hallazgos característicos.

El primer hallazgo corresponde a la esteatosis macrovesicular, caracterizada por grandes vacuolas de grasa que desplazan el núcleo hacia la periferia del hepatocito. Esta acumulación grasa constituye el criterio básico para establecer el diagnóstico histológico.

Otro hallazgo importante es la degeneración balonizante de los hepatocitos. Estas células aumentan de tamaño y presentan alteraciones estructurales que reflejan daño celular significativo. La presencia de hepatocitos balonizados constituye uno de los principales criterios diagnósticos de esteatohepatitis.

También se evalúa la inflamación lobulillar, caracterizada por infiltrados de células inflamatorias dispersas dentro del parénquima hepático. La intensidad de esta inflamación permite estimar la actividad de la enfermedad.

La fibrosis representa el aspecto pronóstico más importante. Inicialmente aparece alrededor de los sinusoides, especialmente en la zona centrolobulillar. Conforme progresa la enfermedad, la fibrosis se extiende formando puentes fibrosos hasta evolucionar finalmente hacia cirrosis.

Para estandarizar la evaluación histológica se utilizan sistemas de puntuación como el NAFLD Activity Score (NAS), que valora conjuntamente la esteatosis, la inflamación y la degeneración balonizante. Aunque este sistema resulta útil para investigación y seguimiento, el diagnóstico definitivo siempre debe integrarse con la valoración clínica completa.

En la actualidad también se investigan nuevos biomarcadores séricos relacionados con apoptosis hepatocitaria, inflamación, fibrosis y metabolismo lipídico. Moléculas como los fragmentos de citoqueratina-18, diversos microARN y proteínas relacionadas con la matriz extracelular muestran resultados prometedores para mejorar el diagnóstico no invasivo en el futuro.

El seguimiento de los pacientes diagnosticados depende del grado de afectación hepática. Aquellos con esteatosis simple requieren control periódico de factores de riesgo metabólicos y evaluación de la progresión mediante pruebas no invasivas. Los pacientes con fibrosis avanzada necesitan vigilancia más estrecha para detectar precozmente complicaciones como cirrosis o carcinoma hepatocelular.

Conclusión

En conclusión, el diagnóstico del hígado graso no alcohólico requiere una evaluación multidisciplinaria que integra la historia clínica, la identificación de factores de riesgo metabólicos, las pruebas analíticas, las técnicas de imagen y los métodos no invasivos para valorar la fibrosis. La biopsia hepática continúa siendo el patrón de referencia cuando existen dudas diagnósticas o es necesario establecer con precisión el grado de lesión hepática. El desarrollo de nuevas herramientas diagnósticas ha permitido identificar la enfermedad de forma más precoz, favoreciendo la instauración de medidas terapéuticas destinadas a prevenir su progresión hacia fibrosis avanzada, cirrosis y carcinoma hepatocelular.

Bibliografía

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  2. American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease. Disponible en: https://www.aasld.org.
  3. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIDDK). Nonalcoholic Fatty Liver Disease. Disponible en: https://www.niddk.nih.gov/health-information/liver -disease/nafld-nash.
  4. Younossi ZM, Golabi P, Paik JM, et al. The epidemiology, diagnosis and management of nonalcoholic fatty liver disease. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC10029 944/.