Desgarros cutáneos en piel frágil

Incluido en la revista Ocronos. Vol. VII. N.º 7–Julio 2024. Pág. Inicial: Vol. VII; N.º 7: 325

Autor principal (primer firmante): Luis Carlos Royo Sierra

Fecha recepción: 10/06/2024

Fecha aceptación: 06/07/2024

Ref.: Ocronos. 2024;7(7): 325

Autores:

  1. Luis Carlos Royo Sierra. Enfermero en Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
  2. Alicia Fayed Coca. Enfermera en Medicina Interna del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
  3. Inés Abad Lausín. Enfermera en Hospital de Día del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza.
  4. Wendy Yadira Pinango Pilla. Enfermera en Consultas Externa del Hospital Clínico de Zaragoza.
  5. María Gandara Martín. Enfermera en Medicina Interna del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.
  6. Marta García Corona. Enfermera en Medicina Interna del Hospital Miguel Servet de Zaragoza.

Resumen

Los desgarros cutáneos son heridas traumáticas causadas por fuerzas mecánicas, incluida la retirada de adhesivos. Pueden ser complicados o no complicados en función del tiempo de curación. El grupo de riesgo más vulnerable son ancianos con piel frágil y seca que sufren dermatoporosis.

El objetivo de este trabajo es realizar una revisión bibliográfica sobre los desgarros cutáneos, el impacto que genera en la sociedad y cómo podemos realizar el tratamiento más actualizado.

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En muchas ocasiones no se llegan a notificar o están infradiagnosticados, por lo que dificulta valorar la carga asistencial y económica que suponen.

El International Skin Tear Advisory Panel (ISTAP) publicó un manual que sirve de guía para los profesionales sanitarios y ayuda a un correcto abordaje y tratamiento de este problema.

Palabras clave: “desgarro cutáneo”, “skin tear”, “fragilidad”, “tratamiento”. Introducción

El modelo de categorización de los diferentes tipos de heridas ha sufrido modificaciones con el paso del tiempo, condicionado por la necesidad de un nuevo ordenamiento que de luz a mejorados y actualizados planteamientos sobre la prevención y abordaje de las lesiones (1).

El International Skin Tear Advisory Panel (ISTAP) publicó un documento con las recomendaciones de las mejores prácticas para la prevención y tratamiento de los desgarros cutáneos. La definición más actualizada por este grupo de expertos es de 2018, como “Herida traumática causada por fuerzas mecánicas, incluida la retirada de adhesivos. La gravedad puede varias según la profundidad, no se extiende a través de la capa subcutánea”. Indicaban que debían ser reconocidos como una etiología de herida única y compleja, distinta de otros tipos de heridas (2).

Los desgarros de piel pueden ser «no complicados» o «complicados». Un desgarro no complicado es una herida aguda que se curará en aproximadamente 4 semanas. Un desgarro de piel complicado es más complejo, particularmente, en las extremidades inferiores y/o en pacientes con múltiples comorbilidades; si no cicatriza en 4 semanas, se convierte en una herida crónica que puede definirse como complicada (1-3).

Tienen una alta prevalencia en personas con la piel frágil y seca. Los grandes afectados son los ancianos o personas dependientes (1,4-6). En la piel envejecida, las heridas tardan más en cicatrizar y están asociadas con un mayor riesgo de deterioro. También se ven afectados prematuros, recién nacidos, niños e inmunodeprimidos (4,6).

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Objetivo

Realizar una revisión bibliográfica sobre los desgarros cutáneos, el impacto que genera en la sociedad y cómo podemos realizar el tratamiento más actualizado.

Magnitud del problema

No existen suficientes estudios sobre la prevalencia e incidencia de los desgarros cutáneos. Se estimó que en Estados Unidos 1,5 millones de personas institucionalizadas sufrían algún desgarro cutáneo al año (3). En función de los entornos asistenciales las cifras varían, desde un 2,23-92% en centros de larga estancia o un 4.5-19.5% en la comunidad.

Un estudio sobre la prevalencia de lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia en 43 residencias de mayores y Centros Sociosanitarios de 6 comunidades autónomas de España obtuvo que del total de los residentes con lesiones, un 13, 7% eran desgarros (7).

En muchas ocasiones los desgarros cutáneos no se llegan a notificar o están infradiagnosticados, por lo que existe una gran dificultad para valorar el alcance de la carga asistencial y coste económico que suponen (2).

Etiología y factores de riesgo

La principal causa de los desgarros cutáneos son los traumatismos (golpes, realizando actividades de la vida diaria o caídas), en numerosas ocasiones micro traumatismos como la retirada de apósitos y adhesivos en pieles de alta fragilidad, esta fragilidad cutánea se debe a la dermatoporosis (1).

Dermatoporosis fue definido en 2007 por Gürkan Kaya y Jean-Hilaire Saurat como un “nuevo síndrome que describe la piel que presenta signos de atrofia y fragilidad extrema en relación con la edad y las consecuencias funcionales” (1).

Además de la edad avanzada existe más población de riesgo para sufrir un desgarro cutáneo: bebés, personas con deterioro cognitivo, con deterioro funcional, con alteraciones cutáneas como piel seca, púrpura senil, antecedentes de desgarro, edemas, mujeres postmenopáusicas, el uso de corticoides de forma prolongada, presentar patología cardiaca, pulmonar y/o vascular (6,8,9).

Clasificación y lugar anatómico más frecuente

Los desgarros pueden producirse en casi cualquier parte del cuerpo, pero es cierto que las zonas anatómicas más frecuentes suelen ser las extremidades superiores, región pretibial, pantorrillas y manos (6,10).

ISTAP clasifica los desgarros cutáneos mediante la escala Skin Tear Classification System. Teniendo en cuenta la gravedad se distribuyen en tres tipos de lesiones: (2)

Categoría 1: No hay pérdida cutánea. Se produce un desgarro lineal o con colgajo, se puede recolocar en posición anatómica.

Categoría 2: El colgajo cubre de forma parcial el lecho. Hay pérdida cutánea (25%).

Categoría 3: Lecho de la herida totalmente expuesto por un traumatismo inicial o por necrosis del colgajo. No hay colgajo.

Tratamiento

El tratamiento de los desgarros cutáneos, al igual que el resto de heridas, debe de ser individualizado y valorar de forma global al paciente. El objetivo principal, siempre que sea posible, se enfoca en preservar el colgajo y mantener el tejido perilesional, aproximar los bordes y evitar infecciones y lesiones adicionales (2).

LeBlanc et al. En 2013 publicó un Algoritmo para facilitar la toma de decisiones en el abordaje de un desgarro cutáneo.

El algoritmo se centra en un continuo círculo entre la prevención, evaluación y el tratamiento del desgarro. Los pasos a realizar se basan en: (2)

  • Control de la hemorragia: Mediante hemostasia manual o con la utilización de apósitos o productos hemostáticos.
  • Limpieza y desbridamiento: Limpiar el desgarro siguiendo las recomendaciones y protocolos del servicio y según los productos disponibles. Aproximar el colgajo sin llegar a estirar la piel, si no es viable por necrosis, es posible que sea necesario desbridarlo.
  • Tratamiento de la infección/inflamación: Diferenciar la inflamación propia de un traumatismo con la infección de la herida es primordial para su correcto tratamiento. La infección en el desgarro puede provocar dolor y retrasar su proceso de curación. Es importante también comprobar que existe una vacunación correcta antitetánica.
  • Humedad y exudado: Normalmente los desgarros no se manifiestan con abundante exudado, pero si es así, se debe buscar un equilibrio para favorecer la cicatrización y evitar la maceración de la piel perilesional.
  • Bordes y cierre de la herida: Por normal general los desgarros son heridas agudas que acaban cicatrizando a los 14-21 días. Para una buena evolución de la cicatrización hay que asegurarse que se han abordado todos los factores que podrían retrasar el cierre.

El ISTAP recomienda los apósitos indicados para la recuperación cutánea de los diferentes tipos de desgarros cutáneos (8,11). Destacar:

  • Apósitos de alginato de calcio, indicados para heridas exudativas, reducen el riesgo de infección. Como apósito secundario se recomienda una espuma para ayudar al control del exudado.
  • Apósitos de hidrogel, promueven el desbridamiento autolítico. El uso de apósito secundario se valorará según la lesión y será necesario proteger la piel perilesional. La combinación con espumas no se recomienda por su poder absorbente.
  • Apósitos lipocoloídes: favorecen la cicatrización de heridas crónicas, como los desgarros cutáneos. Estos apósitos promueven la curación en ambiente húmedo. Asimismo, su retirada es no provoca nuevas lesiones.

Productos no recomendados: (2)

  • Apósitos a base de yodo: Provocan sequedad de la herida y de la piel perilesional.
  • Las películas y los hidrocoloides: tienen un fuerte componente adhesivo y se ha descrito que contribuyen a los desgarros de piel.
  • Tiras para el cierre de la piel: pueden provocar nuevo desgarro o necrosis alrededor
  • gasas: No aseguran el colgajo y existe riesgo de desplazamiento cuando se cambia e apósito secundario.

Conclusiones

  1. Los desgarros cutáneos son heridas traumáticas causadas por fuerzas mecánicas, incluida la retirada de adhesivos. Afectan mayoritariamente a personas de edad avanzada, frágiles y con dermatoporosis.
  2. La prevalencia e incidencia de los desgarros no se puede saber con exactitud ante la falta de estudios y notificación o infradiagnóstico de los mismos en muchas ocasiones
  3. Una correcta valoración y abordaje siguiendo las recomendaciones más actualizadas, entre ellas las de ISTAP, favorecen a el correcto cierre y cicatrización de los desgarros.

Bibliografía

  1. García-Fernández, FP; Soldevilla-Ágreda, JJ; Pancorbo-Hidalgo, PL; Verdú Soriano, J; López- Casanova, P; Rodríguez-Palma, M; Torra i Bou, JE. Clasificación-categorización de las lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia. Serie Documentos Técnicos GNEAUPP no II. 3a Edición. Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Úlceras por Presión y Heridas Crónicas. Logroño. 2021.
  2. LeBlanc K et al. Recomendaciones de prácticas óptimas para la prevención y el tratamiento de los desgarros cutáneos en el paciente anciano. Wounds International 2018.
  3. Gayol Fernández M, Sánchez Arguiano J, Vicente Antón MJ, Alonso Lorenzo JC. Incidencia de desgarros cutáneos en una Zona Básica de Salud. Enfermería comunitaria (revista de SEAPA). 2019 noviembre; 7 (4): 24-34.
  4. Rumbo Prieto JM, Palomar Llatas F. Lesiones cutáneas laceradas (skin tears), ¿qué sabemos sobre ellas? Enfermería dermatológica [internet].2015 [citado 20 de marzo de 2023;9(24):7-10.
  5. Azcona oses a. skin-tears o heridas laceradas. actuación enfermera a propósito de un caso clínico. rev electrónica portales médicos [internet]. 2021 [citado 20 de marzo de 2023];16(5):212.
  6. Mölnlycke: Desgarros cutáneos [Internet]. Mölnlycke Health Care AB; [citado 20 de marzo de 2023]. Disponible en: https://www.molnlycke.es/nuestro- conocimiento/desgarros-cutaneos/
  7. Soldevi lla Agreda JJ, García Fernández FP, Rodríguez Palma M, Torra I Bou JE, Pancorbo- Hidalgo Pl. Prevalencia de lesiones por presión y otras lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia en residencias de mayores y centros sociosanitarios de espala en 2017. gerokomos. 2019;30(4):192-199.
  8. Verywellheatlh: How to Treat and Prevent Skin Tears: Thin, Delicate Skin Can
  9. Tear Even While You Try to Treat It [Internet].Dotdash Media, Inc.;2021 [actualizado el 12 de abril de 2022; citado 20 de marzo de 2023].
  10. Serra R, Lelapi N, Barbetta A, de Franciscis S. Skin tears and risk factors assessment: a systematic review on evidence-based medicine. Int Wound J [Internet]. 2018 [citado 20 de marzo de 20212];15(1):38-42.
  11. Mcinulty L. Prevention and management of skin tears in older people Prevalence of skin tears. Emerg Nurse [Internet]. 2017 [citado 20 de marzo de 2023];25(3):32-39.
  12. LeBlanc K, Langemo D, Woo K, Campos HMH, Santos V, Holloway S. Skin tears: Prevention and management. Br J Community Nurs [Internet]. 2019 [citado 20 de marzo de 2023];24(9):13-8